La escuela de Frankfurt se centró en el estudio de la sociedad industrializada moderna y en la crítica a la razón instrumental surgida del triunfo del positivismo y el cientificismo.

Este centro de investigación de las ciencias sociales fue más allá del estudio teórico y se convirtió en un termómetro de lo que estaba sucediendo en Europa. De este modo, consiguió traspasar lo meramente teórico para alcanzar la praxis.

 

El advenimiento del nazismo en Alemania en 1934 provocó el cierre de la Escuela de Frankfurt y la huida de sus intelectuales, la gran mayoría de origen judío, a Estados Unidos. El instituto se traslada a la Universidad de Columbia (Nueva York), pero en 1949 regresa de nuevo a Frankfurt, encabezado por Adorno, aunque algunos de sus componentes, como Marcuse, preferirán quedarse en Estados Unidos.

De hecho, en la Escuela de Frankfurt se pueden distinguir dos generaciones muy diferenciadas:

*La primera generación. Está formada por Max Horkheimer, Theodor Adorno y Herbert Marcuse. Todos ellos estaban influidos por un marxismo básico, pero lo criticaron abiertamente y nunca se comprometieron políticamente con él.

*La segunda generación. Encabezada por Jürgen Habermas, se centra en la clasificación de los sistemas de saber de la sociedad actual y plantea la reconstrucción de la historia a través del proyecto filosófico de la razón dialógica.

Este centro de investigaciones de las ciencias sociales guarda un estrecho vínculo con el marxismo, que se convierte en el vehículo teórico para realizar el análisis y la crítica de la sociedad. Aun así, todos sus miembros son críticos con el marxismo y  cuestionan los conceptos básicos del materialismo dialéctico, la lucha de clases como motor de la historia o la supremacía de la infraestructura económica. Todos centran su investigación en el análisis de la sociedad industrializada avanzada en toda su amplitud (filosofía, arte, ciencia, tecnología) y no solo en el análisis de la economía burguesa capitalista como hizo Marx.

Aparte del marxismo estos autores se inspiraron también en otros filósofos y pensadores como Hegel, Kant, Hegel, Weber, Schopenhauer, Nietzsche y Freud.

Su pensamiento configura ante todo una teoría, la teoría crítica, que disecciona odas las formas de la sociedad para su posterior superación. En este sentido, la crítica de la sociedad que hacen los pensadores de la Escuela de Frankfurt está guiada por un deseo de emancipación y de liberalización de toda barbarie humana.

En suma, la filosofía crítica de la escuela de Frankfurt desvela cómo la sociedad actual, surgida de las ideas liberales del siglo XVIII y de las reivindicaciones obreras de los movimientos sociales de los siglos XIX y XX, ha devenido en una sociedad alienada. Con ello, se oponen al tipo de racionalidad imperante que, en vez de humanizar, cosifica, es decir, convierte a las personas en cosas y las valora solo en función de criterios de eficacia según las leyes del mercado.

Esta razón crítica cuestiona las relaciones y estructuras sociales y también las relaciones entre los diversos saberes establecidos para posteriormente transformar la realidad y lograr la emancipación del ser humano.

En este sentido, la función emancipadora del pensamiento implica:

*El intento de desenmascarar las falsas racionalidades e irracionalidades que proliferan en la sociedad industrializada avanzada, con el fin de poner en evidencia sus desviaciones con respecto a una sociedad realmente humana.

*La superación de la ideología, al servicio de la razón instrumental, que institucionaliza la barbarie dentro del sistema y nos impide construir la historia como seres humanos conscientes de nuestra auténtica esencia humana.

No obstante, resulta cada vez más difícil explicar qué es la teoría crítica porque la tradición crítica está siempre cambiando y evolucionando, y permite un espacio para el desacuerdo entre los teóricos críticos. De ahí que haya surgido una teoría crítica reconceptualizada y revisada en las dos últimas décadas del siglo XX por los discursos postmodernos. Este revisionismo postmoderno cuestiona que las sociedades occidentales (como las de Estados Unidos, Canadá y las naciones de la Unión Europea) sean democráticas y libres, ya que en ellas los individuos han pasado por un proceso de aculturación, de tal modo que están más cómodos en las relaciones de dominación y subordinación que en las de igualdad y libertad.

Aún así, la influencia que la Escuela de Frankfurt presenta en la actualidad se refleja, sin duda, en la continuidad con la que se ha desarrollado el trabajo de esta institución y en la relevancia que ha tenido a la hora de ofrecer un marco interpretativo de los procesos económicos y psicológicos que adoptan los productos culturales para servir de vehículo de dominación social.

(Amparo Zacarés Pamblanco, Clara Fuster González, Andrea Belenchón Marco. Historia de la Filosofía. 2º Bachillerato. Editorial Mc Graw Hill. Madrid. 2016)