LA DEMOCRACIA

0.INTRODUCCIÓN. 

La Política nació en la Grecia antigua como una extensión de la Ética. Pero hoy la relación entre ética y política no es nada evidente. Siglos de prácticas dudosas en sociedades que se llaman democráticas han separado en esferas distintas lo “ético” de lo “político”, tanto que hoy se consideran poco menos que opuestas en casi todo el mundo. Porque la ética es igualitaria, pero la política no lo es. La ética se basa en valores humanos universales; la política, en cambio, suele basarse en la defensa de los intereses de un grupo- partido, clase social, país- y en la exclusión de la mayoría de las tareas colectivas de gobierno. Por eso hay que volver a hablar de participación activa y de una nueva moralidad, para que esa participación y renovación morales recuperen de nuevo el contenido que proclama el Artículo 21 de la DUDH.

ACTIVIDAD: Copia el artículo 21 de la DUDH y expón tu opinión.

1. ÉTICA Y POLÍTICA.

1.1. LA POLÍTICA, LA CIENCIA “MÁS HERMOSA”.


“Y puesto que la política se sirve de las demás ciencias y prescribe qué se debe hacer y qué se debe evitar, el fin de ella incluirá los fines de las otras ciencias, de modo que constituirá el bien del hombre. Pues aunque sea el mismo el bien del individuo y el de la ciudad, es evidente que es mucho más grande y más perfecto alcanzar y salvaguardar el de la ciudad; porque procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo y para ciudades”( Aristóteles. Ética a Nicómaco)

“Los Estados modernos organizados en gobiernos democráticos [...] no han encontrado la manera de prescindir de las desigualdades de riqueza y poder [...] Con todo, la vida del hombre transcurrió durante 30.000 años sin necesidad de reyes ni reinas, primeros ministros, presidentes, parlamentos, congresos, gobernadores, jueces, fiscales cárceles ni penitenciarias. ¿Cómo se las arreglaron nuestros antepasados sin todo esto? (Marvin Harris. Nuestra especie).

La antigua tradición griega nos enseña que no es sólo posible sino deseable y necesario hacer de la política “la más perfecta de las ciencias” para garantizar la justicia y el bien en la polis (ciudad-estado, sociedad). La política y los derechos políticos nacen pues, con la polis, una polis democrática donde todos los ciudadanos varones y libres participan y deliberan activamente. Pero al mismo tiempo la política nacía como una ética, puesto que concebía el bien (y el fin) del ciudadano como algo estrechamente unido al bien (y al fin) de la sociedad. La política era una tarea noble, la única capaz de trascender los egoísmos humanos y garantizar los derechos ciudadanos: “Es ciudadano- decía Aristóteles- todo aquel que es capaz de gobernar y de ser gobernado”. De modo que en todos los escritos fundacionales de “la política” aparecen ya, implícitamente, dos factores que serán esenciales en ese arte o ciencia que llamamos política: la relación entre individuo y sociedad- o entre individuo y estado-; y la relación entre gobernantes y gobernados.

1.2. INDIVIDUO, SOCIEDAD Y ESTADO.

El ser humano desarrolla sus valores morales sólo en relación con los demás. La ciudad- la sociedad- es, pues, algo muy real. Pero ¿es más importante que la persona individual, como asegura Aristóteles? Hay quienes creen en la prioridad absoluta del individuo y se desinteresan del bien común y de los demás (es el principio del individualismo); y hay quienes subordinan el ser humano a los intereses de la sociedad o del estado (es el caso del totalitarismo). Pero ni la sociedad es una simple suma de personas, como afirma el individualismo, ni el individuo es mero apéndice del estado, como quiere el totalitarismo.

Es evidente que los seres humanos nos socializamos en el seno de una sociedad concreta, con sus valores y sus costumbres. Cuando estoy en casa, visto y hago lo que quiero sin pensar en los demás. Pero cuando cruzo la puerta, el mundo que encuentro allí fuera me obliga a unas determinadas conductas; no podré dar clase vestida de largo, ni ir a una recepción en bañador. La sociedad, pues, es algo real, una autoridad “anónima” que influye en nuestra conducta y en nuestra forma de pensar.

La idea de estado se asocia a un territorio delimitado donde existen unas leyes y unos gobernantes con poder para obligar a la población a cumplirlas. Por eso casi siempre se ha asociado “el estado” a la idea de un poder político alejado del conjunto de ciudadanos y ciudadanas que, por oposición a ese poder, llamamos sociedad civil.

1.3. GOBERNANTES, GOBERNADOS Y POLÍTICOS.

¿Cómo se ha llegado a la idea de estado dominados y de población “gobernada”? En realidad, si surgió en Grecia una ética política basada en la participación y en los derechos políticos de los ciudadanos, es porque allí había o hubo también poderes tiránicos. Puede decirse, pues, que desde antiguo existen dos formas principales de entender la política: quienes la entienden como una lucha de intereses entre individuos, donde unos logran imponerse por la fuerza y exigir obediencia a los demás gobernados, y quienes la entienden como un esfuerzo individual y colectivo parta que triunfe la razón, la moralidad y la justicia, sin “gobernados”.

Para los primeros, dominar a la mayoría es un arte reservado a unos pocos, los políticos profesionales, cuya labor es convencer a la ciudadanía de que debe confiar sus asuntos a los expertos, que son ellos. En este caso, los derechos políticos se reducen a la mínima expresión. Para los segundos, en cambio, la política debe priorizar el bien individual y colectivo sobre todo lo demás, y presupone la capacidad de todos los ciudadanos y ciudadanas para gobernar, sin exclusión de nadie. La “política”, pues, sólo se justifica moralmente si significa participación activa de todos y todas a la hora de tomar iniciativa, votar propuestas o proponer acciones, participar en tareas deliberativas, de gobierno y también judiciales. Esa participación activa exige que todo el mundo se habitúe desde joven a ejercer toda clase de responsabilidades, lo que significa educación, poder popular (democracia) y derechos políticos reales, no sólo formales.

ACTIVIDADES:

1. Define con tus palabras qué significa “política” y “ciudadano” en Aristóteles.

2. ¿Qué te sugiere la palabra individualismo?

3. ¿Crees que la relación entre individuo y sociedad es de interdependencia o crees que la sociedad ejerce una influencia mayor sobre ti que tú sobre ella? Razona tu respuesta.

4.”La sociedad occidental en la que vivimos ha sustituido poco a poco la idea de bien general por la de la felicidad individual, y la idea de felicidad individual por la satisfacción de deseos materiales: poseer objetos, dinero, diversiones”. ¿Estás de acuerdo? ¿Por qué?

5. Intenta explicar las diferencias entre la idea de “política” en la Grecia antigua y la idea de “política” que tienes tú actualmente.

6. Tanto el individualismo como el totalitarismo tienen consecuencias graves desde el punto de vista de la ética. ¿Cuáles crees que son esas consecuencias?

7.¿Crees que puede haber fines nobles valiéndose de medios innobles o injustos? Razona tu respuesta y pon algún ejemplo.

2. LA PERVERSIÓN DE LA POLÍTICA.

2.1. LA DISTINTAS FORMAS DE GOBIERNO.

La idea de la ciudad-estado democrática, que en Aristóteles era la asociación que mejor satisfacía las necesidades individuales y colectivas y mejor garantizaba los derechos ciudadanos, se desvaneció en el tiempo. Poco a poco se fue perdiendo de vista el interés general, y la mayoría “desaprendió” a participar y a gobernar. La política se convirtió en monopolio de unos pocos y se hizo antiigualitaria e injusta, alejándose profundamente de la ética, y los ciudadanos perdieron gran parte de sus derechos. Se instauraron gobiernos aristocráticos- de unos pocos poderosos- y tiranías. Pero lo que prevaleció durante muchos siglos fue la monarquía, un régimen basado en la autoridad de una sola persona, que a veces llegaba a confundirse con el propio estado y se convertía en autocracia. Es el caso de los zares de Rusia o de los monarcas franceses: “El estado soy yo”, diría el rey francés Luis XIV, resumiendo perfectamente la idea autocrática. La mayoría de esos monarcas o emperadores, para legitimar su poder, decían que estaban emparentados con la divinidad o que gobernaban por “voluntad divina”. Y muchas monarquías se convirtieron en teocracias, una forma de gobierno que fusiona en una sola persona el poder político y el poder religioso (y que aún rige en Irán, Afganistán, Israel y en el Vaticano). Pasaría tiempo antes de que la política volviera a sus orígenes.

2.3. LA IZQUIERDA Y LA DERECHA.

Estos logros parecían culminar una vieja aspiración humana contra la arbitrariedad y el abuso. Lo cierto es que el ideal de justicia y de igualdad había ganado una batalla, pero no la guerra, pues los ideales de la Revolución francesa pronto mostrarían sus límites. Unos, sentados a la izquierda de la nueva Asamblea, querían proseguir con el proceso y las reformas revolucionarias, mientras que otros, sentados a la derecha, sostenían que lo esencial ya estaba hecho y que había que poner fin a los cambios. Unos y otros tenían además maneras distintas de entender los derechos ciudadanos y la voluntad general: la derecha tendía a recortarlos, la izquierda a ampliarlos. Y poco a poco reapareció el acceso desigual a “dignidades, puestos y empleos públicos”, contra lo que garantizaba el Artículo VI de la Declaración de 1789. De todos modos, con la derrota de Napoleón (1815) se interrumpía la experiencia republicana y se restauraba el orden político antiguo. Volvieron los monarcas, se abolieron los parlamentos y los derechos políticos, mientras que el conflicto inicial entre “izquierda” y “derecha” fue cambiando de forma, de contenido y de objetivos.

La izquierda, siempre recelosa del poder ejecutivo, puso todo su empeño en recuperar los poderes de la ciudadanía y del parlamento y en proseguir el proceso revolucionario. La derecha, en cambio, recortaba sistemáticamente el poder popular e intentaba restaurar el “viejo orden prerrevolucionario”. Sólo el colapso definitivo de las monarquías autocráticas en 1914 abriría una brecha favorable de nuevo al parlamentarismo.

ACTIVIDADES:

1.¿Crees que puede existir la humanidad sin gobernantes ni gobernados? ¿Por qué?

2.Define brevemente lo que significaba “izquierda” y “derecha” durante la revolución francesa.

3.Define brevemente lo que es aristocracia, monarquía, autocracia y teocracia.

4.Explica con tus palabras qué es para ti el bien común y la voluntad general o popular.

5. Aristóteles decía que ciudadano es aquel que es capaz de gobernar y de ser gobernado. ¿Qué se necesitaría, en tu opinión, para que todos y todas fuéramos realmente ciudadanos y ciudadanas?

3 LA DEMOCRACIA MODERNA.

3.1. EL REDESCUBRIMIENTO DE LA DEMOCRACIA Y SU CRISIS”.


“Una proporción considerable de ciudadanos varones de Atenas tenían una experiencia directa del gobierno, muy superior a la que nosotros conocemos, e incluso mucho mayor caso de lo que nos podemos imaginar siquiera. Desde su nacimiento, un adolescente ateniense tenía realmente una posibilidad de convertirse en presidente de la Asamblea, un puesto rotatorio ocupado durante un solo día y provisto por sorteo. Podía ser inspector de los mercados durante un año o dos (pero no más), jurado más de una vez, miembro votante de la Asamblea tantas veces como quisiera. Además de esta experiencia directa, a la que puede añadirse la administración de un centenar de comunas o demos, entre las que estaba dividida Atenas, también tenía de manera general una familiaridad con los asuntos públicos que incluso los ciudadanos más apáticos no podían eludir en la sociedad. Atenas suministra un ejemplo válido de coexistencia exitosa entre dirección política y participación popular durante un largo período de tiempo, sin esa apatía y esa ignorancia de la que hablan los expertos en opinión pública” (I. Finley. Democracia antigua, democracia moderna).

Puede decirse que lo más cerca que ha estado Europa de la democracia fue la antigua democracia griega que describe Finley. Aunque imperfecto y excluyente (de mujeres, esclavos y extranjeros), aquel sistema de gobierno sigue siendo un modelo de auténtica participación ciudadana (masculina). Pero la democracia moderna no es como la griega, ni como la francesa, o la americana de finales del XVIII.

La democracia que hoy conocemos es básicamente el producto del final del viejo orden autocrático vigente hasta 1914. Tras la guerra se crearon ya 13 repúblicas parlamentarias siguiendo los modelos del Reino Unido, Estados Unidos y Francia. Pero el experimento fue breve, y en 1925 ya se hablaba de “crisis de la democracia” y del parlamentarismo: el exceso de partidos (entre 15 y 20 en muchos parlamentos) eternizaba los debates e impedía adoptar leyes y decisiones urgentes, y esa inoperancia acabó matando a la incipiente democracia, Frente a la crisis surgieron tres primeras política rivales: a)el liberalismo, heredero de la revolución francesa, que se basada en los valores y libertades individuales y prometía “la democracia, la forma normal de gobernar”; b) el comunismo, que prometía una nueva sociedad sin clases y libre de explotadores, capaz de asegurar la dignidad y los derechos de todos y todas; y c) el fascismo, que prometía acabar con el parlamentarismo y crear una sociedad y una raza superior y limpia de elementos extraños que llevara a las élites europeas a dominar a pueblos, clases y razas “inferiores”. Las tres se comprometían a traer un nuevo orden, pero las tres fracasaron. Las luchas entre estas tres tendencias ocupará gran parte del siglo XX.

3.2. DEMOCRACIA DIRECTA Y DEMOCRACIA REPRESENTATIVA.

La descripción que hace el historiador Finley de la democracia ateniense es un claro ejemplo de democracia directa. Todos los varones son elegibles y todos participan en los asuntos públicos en un momento u otro. Hoy hay países- muy pocos, como Suiza, y algunos estados de los Estados Unidos- que aún conservan elementos de democracia directa, como son el referéndum como forma de consulta regular a la ciudadanía, o la iniciativa legislativa popular, cuando es la ciudadanía la que propone al parlamento las leyes a debatir. Pero la democracia que se ha impuesto en casi todo el mundo es la democracia indirecta o representativa. Es aquella en que la ciudadanía elige unos representantes en quienes delega todos los poderes durante cuatro o cinco años para que hablen y legislen en su nombre. Esos representantes (diputados y diputadas) quedan obligados, a su vez, a dar cuentas periódicamente de su actividad y de sus decisiones a quienes les han elegido.
“Puesto que en toda comunidad que exceda los límites de una pequeña población nadie puede participar personalmente sino de una porción muy pequeña de los asuntos públicos, el tipo ideal de un gobierno perfecto es el gobierno representativo” (J.Stuart Mill. Del gobierno representativo)

Hay quienes creen, como J. Stuart Mill, que la democracia representativa es el gobierno perfecto cuando la población ya no es pequeña. Pero hay quienes creen que la representativa no es una verdadera democracia porque la participación ciudadana- los derechos políticos- se reduce a un solo día cada cuatro o cinco años: el día del voto en las elecciones. El resto del tiempo la sociedad civil vuelve a convertirse en “gobernada”. Además- dicen-, este tipo de democracia puede convivir perfectamente con las desigualdades políticas, económicas, sexuales y sociales, y también con el desinterés ciudadano, y no garantiza que el parlamento represente verdaderamente a toda la ciudadanía. Esta crítica no es en absoluto infundada: es cierto que hay muy pocas mujeres diputadas en el mundo, muy poca gente joven, y ni una sola persona desempleada o en situación precaria, por ejemplo. Pero el síntoma más claro de la crisis de la democracia moderna, y del divorcio entre la ética y la política, son las crecientes tasas de abstención electoral que se observan en la mayoría de países democráticos del mundo, desde los Estados Unidos hasta nuestro país. Sobre todo entre la gente joven.

ACTIVIDADES:

1.Lee el texto de Finley y señala aquellos aspectos que más te llamen la atención sobre la democracia ateniense y explica por qué.

2.¿Por qué crees que la mayoría de gente joven opta por no ir a votar en las elecciones?

3.Lee de nuevo el texto de Stuart Mill y da tu opinión sobre sus afirmaciones.

4.Compara la democracia ateniense que describe Finley con la nuestra y señala semejanzas y diferencias que te parezcan importantes y explica por qué.

5.¿Qué diferencia hay entre una democracia directa y una democracia representativa? Explica los principales puntos de divergencia.

3.3. CONDICIONES Y PELIGROS DE LA DEMOCRACIA MODERNA.

La democracia que se ha impuesto a partir de 1945 en Europa occidental- y en España y Portugal desde los años setenta- ha aprendido de los errores pasados y comprendido que la auténtica democracia es incompatible con la pobreza, la desigualdad, la discriminación, el desempleo y la injusticia. Y se empieza incluso a aceptar- sobre todo en los países escandinavos- que la mejor forma de “medir” la democracia es el grado de emancipación de la mujer y de su participación igualitaria en la vida pública y en las instituciones. Hoy nuestras sociedades dicen respetar los principios básicos de todo orden democrático, como:

*un estado de derecho, donde los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) sean distintos e independientes y todo el mundo por igual quede sometido al imperio de la ley;

*derechos políticos, como el derecho a voto, la elegibilidad de todos y todas a puestos de responsabilidad, el sometimiento de las personas elegidas al control del electorado, al alternancia en el gobierno por medios pacíficos:

*derechos civiles, como la igualdad, la libertad de expresión y de prensa, de reunión y asociación, libertad religiosa, de movimiento, la no interferencia del estado en los asuntos privados, ausencia de discriminación;

-derechos sociales y económicos: derecho al trabajo, a sindicarse, a condiciones laborales decentes, a pensiones de vejez, a la educación, a la salud, a la protección a las personas más débiles, etc.

Pero hoy la democracia ha perdido parte de sus contenidos: los parlamentos ya no representan a muchos sectores de la población y apenas legislan; los gobernantes- el poder ejecutivo, tienden de nuevo a concentrar mucho poder; la corrupción impide dar cuentas honestas a la ciudadanía; y los derechos sociales, económicos y políticos son más formales que reales.

Pero los dos aspectos más relevantes de la enfermedad de nuestras democracias son: la persistente discriminación de la mujer en los ámbitos públicos y del estado, y la ausencia de participación ciudadana. La participación supone una ciudadanía activa que sienta suyos los asuntos colectivos, y que pueda aprender a gobernar gobernando. Y esa participación debe ser además informada, es decir educada en una cultura democrática mediante información veraz. Si estas condiciones no se respetan, la democracia acaba por agotarse como propuesta ética y se convierte en lo que Montesquieu llamaba “una dictadura encubierta”. Y una democracia devaluada, o la falta de ella, agrava las desigualdades.
“La auténtica democracia supone una tarea larga de aprendizaje. Crear un ciudadano requiere educación e información, pero sobre todo hábitos y prácticas morales y experiencia directa en las decisiones colectivas. La existencia o ausencia de ese sustrato básico es lo que diferencia a unas democracias de otras” (T. Todorov. Les morales de l´Histoire).

3.4. LA DESOBEDIENCIA CIVIL.

Una de las formas de moralizar nuestras democracias es la desobediencia civil. Cuando la justicia, o el bien común se alejan de “la política” y de la vida ciudadana, cuando la participación política en los asuntos colectivos se convierte en un camino lleno de obstáculos, ¿es obligatorio obedecer a unas leyes que se consideran moralmente injustas? J. Rawls dice al respecto: “Se supone que en un régimen democrático razonablemente justo hay una concepción general de la justicia, mediante la cual la ciudadanía regula sus asuntos políticos e interpreta la constitución. La violación persistente y deliberada de los principios básicos de esta concepción, en cualquier período de tiempo, especialmente las infracciones de las libertades fundamentales, invita a la insumisión o a la resistencia. Al cometer desobediencia civil, una minoría fuerza a la mayoría a considerar si desea este modo de actuación o si, a la vista del sentido común de la justicia, desea reconocer las legítimas pretensiones de la minoría [...]. Aunque la desobediencia civil justificada parece amenazar la concordia ciudadana, la responsabilidad no recae en aquello que protestan, sino en aquellos cuyo abuso de poder y autoridad justifica tal oposición, porque emplear el aparato coercitivo del estado para mantener instituciones manifiestamente injustas es una forma de fuerza ilegítima a la que los hombres tienen derecho a resistirse.”( J. Rawls. Teoría de la Justicia).

Desobedecer las leyes civiles constituiría, pues, una respuesta ética y política moralmente legítima a un sistema ilegítimo e injusto. La resistencia pasiva más famosa fue la de Gandhi en la India contra la dominación colonial inglesa; pero hoy están también los insumisos que desobedecen la orden de alistarse en el ejército; aquellos que reivindican el derecho a la vivienda por encima del derecho a la propiedad privada; los objetores fiscales que se niegan a pagar determinados impuestos, etc. Todas ellas serían, según Rawls, formas legítimas de autodefensa. Pero son muchas las personas que no piensan así. La opción es una opción moral de la que cada cual deberá hacerse responsable.

ACTIVIDADES:

1.¿Qué te sugiere uno de los lemas del movimiento de liberación de la mujer que dice “las niñas buenas van al cielo, las malas van a todas partes”?

2. ¿Crees que un gobierno democráticamente elegido goza de legitimidad plena para hacer lo que quiera?

3.En las elecciones españolas al Parlamento central se da el caso de que el voto de una persona que vive en el área metropolitana de una gran ciudad tiene mucho menos valor que el de una persona que vive en la provincia de Soria o en La Gomera. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

4.Explica qué entiendes por “participación informada”.

5.En clase los alumnos tiene a veces que tomar decisiones. Las decisiones se pueden tomar de dos formas distintas: o bien de forma directa, en una asamblea donde participan y hablan todos y donde las decisiones se toman a mano alzada y por mayoría. O bien de forma indirecta eligiendo sólo a unos pocos delegados para que representen y hablen en nombre de todos. ¿Qué modelo prefieres para tomar decisiones en clase, el directo o el representativo’ explica por qué.

 

(Aubet, María José. Ética. Ediciones del Serbal. Barcelona. 1999)

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