EL PROBLEMA DEL SER HUMANO.

1. LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA SOBRE EL SER HUMANO.

En todas las épocas, las distintas culturas han ido perfilando a lo largo del tiempo un prototipo de ser humano que encarna sus valores más altos: el héroe homérico, el sabio del clasicismo griego, el guerrero de los bárbaros, el santo del cristianismo, el santo guerrero- el cruzado- medieval, el comerciante renacentista, el revolucionario de la modernidad o el empresario de éxito del mundo contemporáneo han sido, entre otros muchos, los modelos propuestos para ser imitados por los demás.

 

el pensador auguste rodinEn los orígenes de nuestra cultura, en la Grecia arcaica, preclásica, anterior al siglo V a. C., es el héroe homérico de los mitos el que se presenta como modelo humano. El héroe, que es mortal, se vive a sí mismo como descendiente de los dioses, como miembro de una estirpe superior y aristocrática con poderes extraordinarios, libre, no sometido a ninguna autoridad superior salvo al destino. La valentía, el orgullo, el deseo de gloria, la fama, la necesidad de competición son, pues, las cualidades de la excelencia (areté, virtud) propia del héroe, que vive para realizar lo que el destino le tiene preparado.

Detrás de esta descripción hay sin duda una forma de entender al ser humano arquetípico, poseedor de unas determinadas cualidades corporales y unos determinados rasgos de carácter que le hacen ser lo que es.

Al menos desde Sócrates, en el siglo V a. C., la filosofía se ha ocupado de hacerse preguntas sobre lo que le hace al ser humano ser lo que es, o lo que es lo mismo, sobre el ser humano en cuanto ser humano. ¿Qué somos los seres humanos? ¿Somos seres especiales o simplemente una especie entre todas las demás? ¿Qué lugar ocupamos en el mundo? ¿Somos únicamente cuerpo material o hay algo más en nosotros: espíritu, alma, mente...? Y si es así, ¿cuál es la relación entre ellos? ¿Debemos guiarnos solo por la razón o también por los sentimientos? ¿Somos libres de elegir o estamos determinados por las leyes de la naturaleza, el destino o los dioses? ¿Tiene sentido nuestra existencia? ¿Nuestra vida acaba definitivamente con la muerte?

Estas y otras muchas preguntas se han venido planteando desde hace siglos y las respuestas han sido tan variadas según autores, sistemas filosóficos y épocas que ni siquiera ha habido acuerdo en el lenguaje para remitirse a un problema sin resolver: el problema mente-cerebro (o alma- cuerpo; o espíritu-materia). En síntesis, son dos las posiciones teóricas más importante sobre el problema mente-cerebro: los dualismos y los monismos.

1.1. DUALISMOS Y MONISMOS.

Los dualismos, de carácter espiritualista o idealista, conciben al ser humano como un ser compuesto de dos sustancias, el cuerpo y el alma ( o el cuerpo y el espíritu), cualitativamente diferentes e independientes que tienen entre sí algún tipo de interacción y correlación y que producen también fenómenos distintos: el cuerpo los fenómenos biológicos y el alma los mentales. En lo que difieren los dualismos es en establecer las relaciones entre esas dos sustancias distintas, con diferencias que van desde la autonomía e independencia total de cada una de ellas hasta la afirmación de su interacción continua.

Esta posición ha sido mayoritaria y casi unánime en nuestra cultura hasta el siglo XVIII: Platón, Aristóteles, los autores cristianos, Descartes, Kant y un larguísimo etcétera hasta nuestros días.

Los monismos, mayoritariamente materialistas, afirman que el ser humano es una única realidad de carácter material, el cuerpo- del que el cerebro forma parte-, y explican todos los procesos mentales, incluso los más complicados, recurriendo exclusivamente al cerebro. Se diferencian por entender de manera distinta la naturaleza, las propiedades y el funcionamiento de la base material que produce el pensamiento y, por ello, es frecuente distinguir entre un monismo reduccionista (que entiende que todas las funciones intelectuales, emocionales y sensitivas, así como los recuerdos y proyectos no son más que reacciones físico-químicas del sistema nervioso) y un monismo emergentista que afirma que solo existe una realidad, la materia, que se articula en tres niveles: el nivel físico-químico, el nivel biológico y el nivel psíquico; y es de la interacción entre ellos de donde emergen cualidades que, por separado, no tiene ninguno de ellos. Los monismos no han tenido una gran influencia cultural, ni en la antigüedad greco-latina, ni en el periodo moderno, pero a partir de los siglos XIX y XX, sus planteamientos han pasado a ser mayoritarios.

2. EL RACIONALISMO.

El término “racionalismo” posee en filosofía pluralidad de sentidos. El más común es el que sirve para hacer referencia a aquellas filosofías que definen al ser humano como racional y, además, piensan que la razón es el instrumento más adecuado que posee el ser humano para resolver sus problemas. Dependiendo del grado de confianza que depositen en la razón e incluso del modo de entender el funcionamiento de esta facultad, surgirán los distintos racionalismos.
Aunque el nombre se utiliza específicamente para designar a una corriente filosófica moderna que surge en el siglo XVII con el pensador francés René Descartes, la filosofía griega, desde sus inicios, es también mayoritariamente racionalista.

2.1. EL SER HUMANO.

Para los filósofos griegos los distintivos específicos del ser humano son la palabra y la razón, el logos (que significa a la vez palabra y razón; por lo que es la palabra racional, o la racionalidad lingüística y también, el discurso argumentado, el razonamiento). Solo la razón le permite al ser humano pensar la realidad adecuadamente; solo la razón le sirve para conocer adecuadamente el mundo y, también, para conocer su propia vida con miras a la acción individual y social. Por eso se decidieron a utilizar la razón para buscar la respuesta a las preguntas que se le plantean al ser humano, dando de esta manera origen a la filosofía y a la ciencia.

Pensaban, asimismo, que la palabra le sirve al ser humano para poner en común las ideas que posee con las de los demás, y permite, de este modo, llegar a acuerdos con ellos a través del diálogo, de la discusión racional. Por eso, fueron capaces de establecer, hace ya veintiséis siglos, un sistema de gobierno democrático en Atenas.

Al ser racional, el ser humano es el único del universo que no se contenta con captar y vivir la realidad tal como es, sino que puede transformarla, así como imaginar y poner en práctica nuevas formas de adaptación a su entorno y modelos diferentes de vida social. Tiene en común con los demás animales la tendencia a alimentarse, protegerse y reproducirse; pero, a diferencia de ellos, no se encuentra sometido al medio; posee respecto a su entorno una cierta libertad, se encuentra en cierta medida liberado del mismo, lo que le permite investigar la verdad con la razón, así como asumir su propio destino y construir su historia.
Las concepciones racionalistas del ser humano son mayoritariamente dualistas; conciben al ser humano compuesto de dos realidades irreconciliables- el cuerpo y el alma- una de las cuales- el alma- es superior a la otra. Platón, por ejemplo, hablará del cuerpo como “cárcel del alma”. Descartes lo entenderá como una máquina a la que guía el alma. Consecuentemente, el alma deberá controlar y dirigir al cuerpo, como el jinete dirige y controla al caballo.

Para los racionalistas, la afectividad del ser humano (sus sentimientos, emociones y pasiones) debe estar subordinada a la razón, controlada por ella y debe acomodarse a sus exigencias. Además de la superioridad del alma sobre el cuerpo hay tres niveles que les llevan a mantener esta posición:

*El cuerpo, de donde proceden los sentimientos( estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente) y las pasiones ( inclinaciones, aficiones o apetitos vehementes y vivos hacia algo o alguien), es fuente de error en el conocimiento: puede falsificar la percepción de la realidad y precipitar el buen juicio. El dicho popular “el amor es ciego” ilustra bien esa idea. Incluso hay pensadores racionalistas que defienden la razón con tanto afán que llegan a despreciar totalmente el papel del cuerpo: como su la razón no necesitara de ningún soporte corporal. Platón y los estoicos son un claro ejemplo de esta posición.

*Los sentimientos y las pasiones no son racionales y, por lo mismo, pueden hacer que el ser humano se comporte contrariamente a lo que le dicta su razón. De ahí que la necesidad de dominar las pasiones por medio de la razón sea una constante de la concepción racionalista del ser humano. Incluso hay autores, como Descartes, que llega a considerar los sentimientos despectivamente como “estados confusos de la mente”.

*Los sentimientos y las pasiones son causa de división entre los seres humanos. Los deseos, las emociones y los sentimientos son subjetivos, personales: los individuos se caracterizan por sus reacciones afectivas diferentes, incluso opuestas, en situaciones idénticas. Hay pensadores racionalistas para quienes los deseos humanos son fuente de conflicto, y la afectividad, en vez de unir a los seres humanos, los divide. Una comunidad que se basara en las pasiones sería irremediablemente conflictiva.

2.2. LA LIBERTAD HUMANA.

VOCABULARIO:

Monoteísmo: doctrina teológica de los que reconocen un solo dios.

Religiones abrahámicas o religiones del libro: son los tres monoteísmos (judaísmo, cristianismo, islamismo) que se reconocen como parte de la tradición espiritual de Abraham, el primero de los patriarcas
Talmud: en el judaísmo es un texto que recoge la tradición oral y discusiones sobre las leyes de los rabinos
Torá: en el judaísmo es la Ley, el libro sagrado compuesto por los cinco libros de Moisés o Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio).
Sura: cada una de las lecciones o capítulos en que se divide el Corán.

La libertad, como capacidad de tomar decisiones autónomamente, está para los pensadores racionalistas íntimamente relacionada con la racionalidad humana. Al ser racional, el ser humano puede conocer el mundo, la naturaleza, su funcionamiento; y, gracias a este conocimiento, puede manipularla y, dentro de unos límites, ponerla a su servicio, liberándose de esta manera del determinismo que suponen sus leyes para los demás seres naturales y abriendo de esta manera un primer espacio de libertad.

Además, y sería este un segundo ámbito de libertad, utilizando la razón los seres humanos pueden organizar las sociedades de la forma que les parezca más adecuada para garantizar la convivencia de “todos” en la vida en la comunidad y también para proteger su libertad individual.

Y, por último, la razón le permite al ser humano juzgar sobre lo bueno y lo malo, sobre lo conveniente e inconveniente y, de esta manera, le posibilita el orientarse en la vida personalmente, el llegar a ser dueño de su destino, haciendo progresar de manera irreversible la racionalidad en el mundo, como señalará el filósofo del siglo XVII, I. Kant.

3. EL ESPIRITUALISMO.

La concepción espiritualista, propia de las antropologías derivadas de los tres grandes monoteísmos (las tres religiones abrahámicas o “del libro”: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo), posee como convicción básica que el ser humano ha sido creado por un Dios.

Entiende, además, que el ser humano ha sido dotado de razón, de voluntad libre y de la capacidad de creer (la fe), de manera que es un sujeto, un “alguien” (es persona) y no “algo” (cosa), que puede vivir dignamente. La razón y la fe pueden complementarse mutuamente. O en palabras de Agustín de Hipona: “comprendo para creer, creo para comprender”.

3.1. EL SER HUMANO.
Sea en el judaísmo: “Bienaventurado es el hombre que fue creado a imagen divina” (Talmud) o “Pues lo hiciste casi como un dios, lo rodeaste de honor y dignidad, le diste autoridad sobre Tus obras, lo pusiste por encima de todo” (Salmo 8, 4-6); sea en el cristianismo: “Y dijo Dios: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y mande en los peces del mar, y en las aves del cielo y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todos los reptiles que reptan por la tierra”. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya; a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó [...]” (Génesis I, 26-27); sea en el islamismo: 21.”¡Oh, humanos! Adorad a vuestro Señor Quien os creó a vosotros y a quienes os precedieron, para que así seáis piadosos”, 29. “Él es Quien creó para vosotros todo cuanto hay en la Tierra, luego se propuso la creación del cielo e hizo de este siete cielos”; y “Él es conocedor de todas las cosas” (Sura Al- Baqarah), en los textos sagrados de las tres religiones aparece el hombre como un ser especial creado por Dios, y esa creación divina supone que el ser humano:

el corana) Posee una existencia limitada que depende de un Dios eterno, creador y omnipotente.

b) Creado a imagen de Dios, el ser humano posee un alma espiritual, incorruptible ( si nada del sujeto sobreviviera a la muerte se trataría de una creación y no de una resurrección), no inmortal en el sentido platónico. En esta naturaleza espiritual se encuentra el verdadero valor del ser humano y no en su posición social u origen étnico.

c) El ser humano es único e irreemplazable, por eso no puede ser asimilado a una cosa: es- no solo tiene- cuerpo y alma. El cuerpo (materia, mente) y el alma (espíritu) son los elementos esenciales de la persona humana: el ser humano es un ser consciente y racional con pensamiento, afectividad y consiguiente conducta.

d) Su destino es la resurrección del hombre entero (antropología unitaria, no dualista como Platón) después de la muerte, por lo que es capaz de participar por voluntad divina en la vida misma de un Dios creador, redentor y santificador.

e) De ahí que su felicidad verdadera y la finalidad última de su existencia solo se alcance tras la muerte si efectivamente ha vivido de acuerdo con los preceptos de su fe.

3.2. LA LIBERTAD HUMANA.

Las tres tradiciones religiosas presentan al ser humano dotado de razón que le permite conocer y de voluntad que le permite elegir. Y razón y voluntad constituyen la base de la concepción espiritualista de la libertad. Gracias a ellas el ser humano puede liberarse de influencias o impulsos interiores- pasiones, deseos, etc.- y exteriores, del destino o la fatalidad. Voluntad y razón, además le permiten elegir cómo va a vivir su vida.

Pero ser libre es ser responsable de sí mismo y de los demás: lo que comporta exigencias de justicia, de caridad y amor a los demás: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo” ( Lucas 10, 27)

No obstante, la autonomía de la libertad humana en la concepción espiritualista, a la hora de elegir cómo actuar, es parcial, pues lo esencial del bien y del mal viene explicitado en una fe o en los textos sagrados.

4. EL SIGLO XIX.

4.1. EL MARXISMO.

Marx ha sido el creador de una visión materialista de la realidad que han compartido millones de seres humanos durante el siglo XX. Su obra es, sobre todo, una nueva ciencia de la historia, pero incluye, no podía ser de otra manera, una visión concreta del ser humano.

4.1.1. EL SER HUMANO.

El ser humano para el marxismo es una ser natural porque pertenece a la naturaleza material, al mundo físico. Su posición es, pues, claramente monista. El ser humano es un ser natural viviente que se define por sus necesidades: alimentarse, cobijarse, vestirse, pero se distingue de las demás especies animales porque es capaz de producir lo que necesita para subsistir, cosa que logra a través de la transformación de los procesos naturales; se diferencia, pues, de los demás seres naturales porque, gracias a su imaginación, iniciativa y voluntad, es capaz de producir medios propios de subsistencia a través del trabajo.

El trabajo desarrolla al ser humano y transforma la naturaleza. Pero no siempre lo hace de la misma manera.

En efecto, dependiendo de cómo se realice el trabajo, más en concreto, dependiendo de cómo se relacionen los seres humanos con los medios de producción, es decir, con todo aquello que se necesita para producir: tierra, maquinaria, utensilios, etc., los humanos se relacionan entre sí de un modo concreto, piensan de una determinada manera, e incluso organizan su vida en sociedad como reflejo de esa relación. Dependiendo de cómo se relacionen los seres humanos con los medios de producción, el trabajo puede servir para que vivan para sí mismos, se relacionen fraternalmente entre ellos y vivan también en armonía con la naturaleza; o puede servir para que vivan esclavizados, no para sí sino para otros, alienados, divididos, en lucha unos con otros y sintiendo la naturaleza como algo ajeno, extraño.

Karl Marx [140x140]Pero para Marx el ser humano también es un ser social porque, si miramos al pasado histórico, vemos que los seres humanos han vivido siempre en sociedad, ya que la sociedad es imprescindible para su supervivencia y desarrollo.

Pero, en opinión de Marx, hasta su época, y a lo largo de toda la historia, los seres humanos han vivido en sociedad divididos en dos clases antagónicas y opuestas, en lucha continua la una contra la otra. La razón de esta división y de la lucha de clases se encuentra en la doble relación que los humanos han mantenido a lo largo de la historia con los medios de producción: unos (pocos) han sido los dueños de esos medios y otros (los más) han trabajado a su servicio. Esto es lo que ha llevado a que los seres humanos siempre hayan estado divididos en clases sociales, antagónicas, opuestas y en lucha, y dominados por una ideología, o conjunto de ideas inventadas por los propietarios de los medios de producción para ocultar sus intereses, disfrazándolos con imágenes nobles y perfectos razonamientos.

Las clases superiores siempre han legitimado mediante el aparato ideológico cultural ( derecho, filosofía, religión, ciencia, etc.) la opresión y explotación de las clases inferiores y las han mantenido en la ignorancia y en la pobreza. Es cierto que la división y la lucha de clases no se han manifestado como tales hasta que ha surgido el capitalismo como forma de organizar la economía, pero siempre han existido, aunque disfrazadas, haciendo que el trabajo en lugar de realizar a los seres humanos, los haya alienado, es decir, los haya hecho vivir no para sí, sino “fuera de sí”, para otros, enfrentados unos con otros, enfrentados también a la naturaleza, y dando origen a una ideología que justificara esa situación y contribuyera a mantenerla.

El trabajo solo servirá para realizar adecuadamente a los seres humanos cuando se produzca la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. Entonces la división y lucha de clases darán origen a la fraternidad universal, los humanos se relacionarán con la naturaleza como con su cuerpo inorgánico y desaparecerá la ideología.

El encargado de llevar a cabo la revolución que acabe con la propiedad privada de los medios de producción no puede ser otro que el proletariado, ya que es el único que constituye una clase universal, la universalidad que le da el carecer de todo y el representar lo común a todos los seres humanos: el trabajo. Las anteriores revoluciones que se habían producido en la Historia habían sido bienintencionadas pero ineficaces, ya que estaban realizadas por clases particulares, cosa que no es el proletariado y, aunque no habían sido conscientes de ello, buscaban solo su propio beneficio y no el beneficio de toda la humanidad.

4.1.2. LA LIBERTAD HUMANA.

El marxismo parte de una creencia fundamental: no hay libertad individual si no hay libertad colectiva, si la libertad no es de todos. La libertad personal no es posible a no ser en una comunidad libre; no es posible la libertad de uno sin la libertad de todos. Y solo se podrá hablar de que todos los seres humanos son libres en la medida en que todos puedan satisfacer sus necesidades básicas.

Afirmar que son libres aquellos individuos que pueden organizar su vida de acuerdo con sus convicciones personales, no es más que un componente de la ideología que ha producido la clase dominante, y hay que recordar que la ideología es siempre falsa, falsificadora, y solo busca perpetuar la situación negativa que la ha hecho nacer. La auténtica libertad se dará cuando los seres humanos dominen colectivamente los medios de producción y produzcan los bienes capaces de satisfacer adecuadamente las necesidades de todos.

Y la libertad así entendida no es un sueño. Es algo que inevitablemente va a llegar. Marx poseía una concepción determinista de la historia y pensaba que más tarde o más temprano la historia caminaría inexorablemente hacia esa situación, hacia “el paraíso en la tierra”. Los seres humanos, con su acción, solo podían contribuir a acelerar o a retrasar ese proceso inevitable.

5. EL SIGLO XX.

Durante el siglo XX, algunas de las concepciones del ser humano expuestas anteriormente han continuado teniendo vigencia, sin embargo, las filosofías propias de este siglo difieren bastante de ellas. Es cierto que hablar de filosofías del siglo XX es muy arriesgado, puesto que existen diferencias, a veces muy marcadas, entre ellas, en lo que al ser humano se refiere. No obstante, y aún sabiendo que, por razones metodológicas, no prestamos atención a algunas de esas diferencias, vamos a tratar de recoger características que, mayoritariamente, poseen en común.

En primer lugar, tienen una visión del ser humano fundamentada en los conocimientos científicos, especialmente de la biología, la paleontología y la neurofisiología, lo que les lleva a considerarlo básicamente como un ser neuronal. Y, en segundo lugar, una negación de que el ser humano posea naturaleza, entendiendo por tal, que la naturaleza del ser humano se oriente hacia un ideal o un modelo de vida a seguir. Para la mayoría de estas filosofías no existe una forma de vivir propia del ser humano que sea exigida por su naturaleza.

5.1. EL SER HUMANO.

El Homo sapiens, que surge hace aproximadamente 100.000 años por evolución de otros primates comparte con otras especies animales, especialmente con el resto de los primates, una estructura biológica semejante, un genoma muy parecido y unos antepasados comunes. Aún así, posee una serie de particularidades que hacen de él un animal específico y diferente a los demás: la capacidad de crear herramientas, el lenguaje, la autoconciencia, la libertad, la capacidad de creación, y sobre todo ello un potentísimo cerebro.

Para muchos filósofos del siglo XX las actividades humanas se explican por la interacción sináptica de los millones de neuronas en ocho áreas del cerebro, especializadas, sin necesidad de recurrir a la existencia de un alma de naturaleza espiritual y diferente al cuerpo. Su posición es, pues monista, aunque haya muchos matices dentro del monismo.

Piensan además que, por mucho que se investigue y se descubra acerca del funcionamiento del cerebro o de la influencia de los genes en el comportamiento humano, nunca se podrá construir una “teoría de la naturaleza humana” que pudiera ser normativa y servir de guía de comportamiento, como de hecho persiguieron los filósofos en el pasado, pero esas teorías de la naturaleza, desde Platón al siglo XIX, carecen de poder predictivo y son imposibles de confirmar empíricamente; lo único que hacen es vender consejos políticos y morales más o menos útiles y sugerir peligros a evitar e ideales a seguir.

El existencialismo de Jean Paul Sartre es, sin duda, un claro ejemplo de filosofía que niega que exista una naturaleza humana. En el ser humano, piensa Sartre, “la existencia precede a la esencia”, o lo que es lo mismo, no hay en él una esencia previa que determine o condicione su existencia, sino que, al contrario, cualquier esencia o definición del mismo surge por el hecho de que posee una existencia que siempre es anterior: el ser humano es, pues, libertad absoluta. Tanto, que el hombre está “condenado a ser libre”.

5.2. LA LIBERTAD HUMANA.

La libertad es un rasgo específico del sr humano, un rasgo que en la historia del proceso evolutivo surge solo al aparecer el ser humano. Gracias a ella, y dentro de los límites que le señalan tanto su constitución psicofisiológica, como su cultura y el mundo en el que vive, puede vivir su vida de acuerdo con los proyectos que él mismo se marque.

Y no hay proyectos válidos para todos los seres humanos. Para los defensores de la existencia de una naturaleza humana existe algo que puede llamarse la vida buena: la que realice de la forma más adecuada esa naturaleza. Sin embargo, los pensadores del siglo XX han sustituido esta idea por la convicción de que hay muchas vidas humanas igualmente valiosas. Este cambio ha llevado a pensar que el mejor entorno sociopolítico es aquel en que los individuos son libres para vivir cualquier vida que deseen, para ir haciéndose a sí mismos a lo largo de su trayectoria vital, sin preguntarse qué era lo que de algún modo “debían” llegar a ser.

En esta posición coinciden con los pensadores existencialistas e historicistas, como Ortega y Gasset, por ejemplo, cuando hablan de que “el ser humano no posee naturaleza sino historia”. Al negar que el ser humano tenga naturaleza no quieren decir que no posea un cuerpo con unas características concretas y con unas exigencias de funcionamiento determinadas, ni tampoco que la biología no pueda suministrar un conocimiento cada vez más preciso del cuerpo, la mente y la conducta humana. Lo que niegan es que esos datos que pueda suministrar la biología sirvan para ayudarle a decidir en pos de qué ideales individuales o sociales debe esforzarse.

6. LA FILOSOFÍA ORIENTAL.

Cuando hablamos de filosofía oriental nos referimos a un conjunto de filosofías y creencias que surgieron en Asia, principalmente en India, China y Japón. Se consideran casi religiones, aunque presentan numerosas diferencias con las religiones monoteístas (cristianismo, judaísmo, islamismo). Por ejemplo, el budismo, rechaza que haya una divinidad; el hinduismo, por su parte, no considera que exista una divinidad personal, sino que identifica la divinidad con el todo o la naturaleza.

A pesar de las diferencias que existen entre estas creencias, comparten algunas ideas:

*La espiritualidad y la mística son una vía para alcanzar la verdad. Las filosofías orientales son concepciones que se enfrentan a la tradición racionalista occidental ya que consideran que la razón no permite comprender la vida, sino manipularla. La razón, según los defensores de estas concepciones, es instrumental y sirve para transformar la realidad pero es incapaz de entender dicha realidad. En lugar de la vía racional, se defiende una vía espiritual, donde se reconoce que la palabra no tiene ningún poder. Como señala Alan Watts, uno de los principales divulgadores de la filosofía oriental en Occidente: “Cuando deseo conocer el mundo, no busco una respuesta en palabras, del mismo modo que cuando pido un beso no pretendo que me den un trozo de papel con la palabra beso escrita en él”.

*Crítica al pensamiento. Para las filosofías orientales, el pensamiento entorpece la conciencia del mundo. El pensamiento, como destacaron autores como Krishnamurti, solo aparece cuando la acción ha fracasado. Por esa razón, en la filosofía oriental se desarrollan distintas técnicas de meditación que busca inmovilizar el proceso de pensamiento, de manera que la conciencia de la realidad no tenga intermediarios y la realidad se capte de forma directa. El objetivo es alcanzar un estado de conciencia en el que uno se identifica con la propia realidad.

*Anulación del yo. El pensamiento logra distinguir entre la realidad pensada- el mundo- y aquel que piensa- el yo-. Pensar implica además que uno se aleja del presente porque o bien está planeando el futuro o bien está recordando el pasado. El pensamiento crea una isla ilusoria, el yo, que lo separa de la realidad. La meditación tiene como fin suprimir esa barrera que nos separa de la realidad para pasar a vivir aquí y ahora. El estado final al que se pretende aspirar en la filosofía oriental es que no haya intermediarios con los que se siente en el mundo, lo que solo se logra cuando el yo mismo desaparece.
Entre las principales filosofías orientales se encuentran el budismo, e hinduismo y el taoísmo:

*El budismo. Es una doctrina fundada por Buda que se basa en las cuatro nobles verdades:

- La primera verdad reconoce que la vida se define como sufrimiento, los momentos placenteros son meramente transitorios.

- La segunda verdad afirma que el sufrimiento surge por el apego que se tiene a las cosas. El problema no es, por tanto, tener cosas, sino sentirse apegado a ellas-lo que incluye, por ejemplo, el apego a la propia vida o a los demás-.

- La tercera verdad considera que la forma de que desaparezca el sufrimiento es alcanzar el nirvana, un estado de conciencia por el que cesa el deseo.

- La cuarta verdad establece el camino del conocimiento. Tal como explicó Buda en su sermón de Benarés: “Un monje libre de pasiones y malos pensamientos alcanza el primer trance del gozo y del placer, que va acompañado de razonamiento e investigación, y que surge del retiro, y en él permanece. Al cesar el razonamiento y la investigación, en un estado de serenidad interior, con su mente fija en un solo punto, alcanza el segundo trance del gozo y el placer, que surge de la concentración, y que está libre del razonamiento y la concentración, y en él permanece”.

Es una concepción del individuo y del universo en el que se cree en la reencarnación: sobrevive el proceso de perfeccionamiento, no un aspecto concreto del individuo, de manera que las etapas alcanzadas en las vidas anteriores influyen en el nuevo individuo. El ciclo de encarnaciones se detiene cuando se alcanza el nirvana.

*Hinduismo. Es un conjunto de creencias religiosas basadas en los textos sagrados que se conocen como Upanishad. Según esta religión, cada individuo- el atma, que sería el espíritu o alma individual- se conecta con el todo, el Brahma, que a su vez se identifica con la divinidad. Es una religión que defiende, por tanto, que todo está conectado con todo y que en lo singular se refleja todo el universo.

*Taoísmo. Es una doctrina religiosa fundada por Lao-Tsé. Afirma que el universo es dual y se funda en dos fuerzas: el yin y el yang. El yin representa lo femenino, la tierra y la oscuridad. El yang, por otro lado, representa lo masculino, el cielo y la luz. En toda la realidad hay un equilibrio entre ambas fuerzas y ambas generan procesos y transformaciones.

Como vemos podemos ver diferencias entre el pensamiento oriental y las religiones monoteístas como, por ejemplo:

- Dios se concibe como una realidad identificada con la naturaleza. Cuando se logra suprimir el yo gracias a la meditación, se logra que el individuo se identifique con el todo.

- No existe una noción de culpa.

7. ACTIVIDADES.

a) Define: areté, monismo, dualismo, racionalismo, espiritualismo, budismo, hinduismo, taoísmo, alienación, existencia, pasión.

b) Contrasta y relaciona las distintas concepciones filosóficas sobre el ser humano entre el espiritualismo y el materialismo.

c) Trabajo colaborativo: Explica las teorías filosóficas acerca de la relación mente-cuerpo: monismo, dualismo, señalando sus semejanzas y diferencias.

d) Haz un esquema del marxismo.

e) Haz un resumen del espiritualismo.

f) Haz una pequeña disertación sobre la libertad.

g) Resume las ideas fundamentales del siguiente texto de Platón y ponle un título:

“Mientras tengamos el cuerpo y esté nuestra alma mezclada con semejante mal, jamás alcanzaremos de manera suficiente lo que deseamos. Y decimos que lo que deseamos es la verdad. En efecto, son un sinfín las preocupaciones que nos procura el cuerpo por culpa de su necesaria alimentación; y encima, si nos ataca alguna enfermedad, nos impide la caza de la verdad[..] Si no es posible conocer nada de una manera pura juntamente con el cuerpo, una de dos, o es de todo punto imposible adquirir el saber, o solo es posible cuando hayamos muerto, pues es entonces cuando el alma queda sola en sí misma, separada del cuerpo, y no antes”

BIBLIOGRAFÍA:
(AA.VV. Filosofía 01. Editorial Edelvives Laberinto.2015
Corcho Orrit R. y Corcho Asenjo A. Filosofía. Bachillerato. Editorial Bruño. Madrid. 2015
LLorca Darias V.)

LOMCE CANARIAS

Criterio de evaluación 7: Identificar a través de lecturas comprensivas y reflexivas de textos de la filosofía occidental las distintas concepciones acerca del ser humano y la correlación con su contexto sociocultural, y distinguir las diferentes propuestas de los sistemas filosóficos acerca de las grandes cuestiones metafísicas de la humanidad, así como desde la perspectiva de las filosofías orientales, a través de resúmenes, esquemas, etc., argumentando las semejanzas y diferencias entre ambas filosofías y las formas de vida que comportan.

Estándares de aprendizaje evaluables: 42. Contrasta y relaciona las principales concepciones filosóficas que, sobre el ser humano, se han dado históricamente. 43. Analiza de forma crítica, textos significativos y breves, de los grandes pensadores. 44. Utiliza con rigor términos como dualismo, monismo, areté, mente, cuerpo, espíritu, existencia, libertad, emoción, pasión, alienación, entre otros. 45. Conoce y explica las principales concepciones filosóficas que, sobre el ser humano, se han dado históricamente, en el contexto de la filosofía occidental. 46. Diserta, de forma oral y escrita, sobre las grandes cuestiones metafísicas que dan sentido a la existencia humana. 47 Argumenta y razona, de forma oral y escrita, sus propios puntos de vista sobre el ser humano, desde la filosofía y sobre diferentes temáticas filosóficas relacionadas con el sentido de la existencia humana. 48. Conoce las teorías filosóficas acerca de la relación mente- cuerpo: monismo, dualismo, y argumenta sobre dichas teorías comparando semejanzas y diferencias de forma colaborativa.

Competencias: CL, AA, SCS, CEC.
Bloque de Aprendizaje V: El ser humano desde la filosofía.

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