LA REALIDAD Y LA METAFÍSICA.

Vivimos en una época dominada por los saberes científicos y técnicos. Estos, a veces, nos crean la ilusión de que somos dueños y señores del universo natural y humano, y de que no necesitamos nada más para entender la realidad.
Sin embargo, en muchas ocasiones la realidad nos desborda, y sentimos que se necesita, más allá de los saberes científico- técnicos, un saber más amplio y profundo de ella, un saber que nos proporcione una orientación para la vida, que nos sirva de brújula para encontrar el norte en la travesía de nuestra existencia.
La filosofía pretende ayudar en esa tarea interminable de entender lo que realmente hay, para poder orientarnos en el mundo. Filosofar es pensar sobre todas las cosas que nos encontramos en la vida, con el afán de llegar al fondo de las mismas.

 

1. LA REALIDAD.
Como seres humanos experimentamos la necesidad de comprender la realidad. Pero a menudo se nos resiste y nos preguntamos qué es real y qué no lo es.
Todos los saberes pretenden responder a esta cuestión y la filosofía plantea la pregunta sobre la realidad de una manera distinta porque pretende comprenderla en su totalidad, la realidad entera, de forma precisa y profunda.
La rama de la filosofía que estudia la realidad en cuanto realidad, es decir, se pregunta por lo que todas las cosas tienen en común y que trata de descubrir los principios últimos que dan razón de lo que hay y de lo que somos, se ha llamado “filosofía primera” o “metafísica”.

1.1. Origen de la palabra “realidad”.
Esta palabra procede del latín “realitas”, que a su vez deriva del término “res”, que tuvo diversos significados: cosa material, ser en general, hecho, objeto, causa, etc. De esta última palabra, “causa” (lo que produce efectos), proviene el término “cosa”. La realidad no es solo algo que es, sino también algo que nace, que produce efectos.
Fue D. Scoto (1266-1308) quien la introdujo en la filosofía en la Edad Media. Pero no es hasta el siglo XIX cuando el término “realidad” se hace notar.

1.2. Su complejidad.
La historia del pensamiento nos ha legado dos modos de definir lo real: uno negativo y otro positivo.
Según la definición negativa, la realidad es lo contrapuesto a apariencia o también a posibilidad: lo real es lo no aparente y lo que no es meramente posible. Pero este modo de proceder solo dice lo que no es la realidad: ni la mera apariencia ni la mera posibilidad. Y, por otra parte, cabe pensar que el aspecto de las cosas se puede identificar con el ser de las cosas y que el ser posible es también un modo de ser real.
Pero, al intentar llegar a una definición positiva de realidad, pronto nos encontramos enredados con otros términos que, a su vez, precisan aclaración. Por ejemplo, los filósofos de la antigua Grecia ya se enfrentaron a este problema cuando dijeron que la realidad es la naturaleza, o el ser, o el devenir, o las ideas (formas eternas), o la sustancia. De este modo nos vemos atrapados en la necesidad de explicar estos términos.

a) Lo real y lo aparente.
La confusión entre lo real y lo aparente es muy frecuente y a menudo nos quedamos desconcertados ante algo que nos parecía real y que no lo era. Muchas veces se dice que “las apariencias nos engañan” o “que no es oro todo lo que reluce”.
El camaleón se confunde con la maleza, lo que demuestra que se trata de un ser capaz de adoptar múltiples apariencias, y ninguna de ellas es la auténtica, porque ¿todas los son?

b) Lo real y lo posible.
También podemos hablar de realidad frente a posibilidad. En cierto modo, lo posible aún no es real, aún no existe: mi profesión futura no tiene aún realidad; pero es algo que podrá llegar a ser, porque actualmente se dan las condiciones para que llegue a ser real en el futuro. Por ello decimos que algo es posible cuando está ya previsto o anticipado en el desarrollo de algo. Mientras que un círculo cuadrado es totalmente imposible, el que un día se descubra la causa del cáncer es una posibilidad real y, por tanto, ya tiene algo de realidad.
Además, podemos hablar de potencialidad porque hay cosas que ya son en potencia o están en potencia: por ejemplo, se dice que la bellota es una encina en potencia. La potencialidad se refiere a realidades que ya tiene un futuro preestablecido si se llegan a cumplir ciertas condiciones, aunque el resultado final nunca está asegurado, puesto que puede haber muchas causas que impidan el desarrollo pleno. Sin embargo, cuando este desarrollo ocurre, algo que estaba en potencia pasa a estar en acto.

c) Lo contingente y lo necesario.
Hablamos de realidad contingente cuando nos referimos a algo que es actualmente, pero puede dejar de ser y pudo no haber sido; por ejemplo, mi propia existencia, que es real en este momento, pero que no lo era antes de nacer y que pudo no haberlo sido nunca.
Podemos usar la palabra “realidad” para referirnos a algo necesario, que se define como lo absolutamente real; es decir, como lo que existe y no puede no existir, dejar de existir ni ser de otra manera. En filosofía, este modo de realidad se ha atribuido tradicionalmente a Dios. Aristóteles (384- 322 a. C.), por ejemplo, dice que Dios es un ser necesario porque sin él no puede explicar el principio del movimiento de las cosas del universo. También se puede entender que las cosas tienen algunas propiedades de modo necesario, por ejemplo, para que una figura sea un triángulo, la suma de sus ángulos ha de ser necesariamente 180º.

d) Lo natural y lo artificial.
Las cosas naturales son las propias de la naturaleza y se oponen a las cosas artificiales, que son producidas por la intervención humana.
Aristóteles ofrecía una clara distinción entre ambas cuando hablaba de la producción de cosas útiles o bellas gracias a la técnica; pero hoy es más complicado. Sin embargo, es una distinción muy usada; por ejemplo, los movimientos ecologistas o las prácticas naturistas se esfuerzan por preservar la realidad natural, para ellos las realidades naturales son más valiosas que los productos artificiales.
También la cultura de la alta tecnología desafía la contraposición “natural- artificial”, al encontrarnos con muchas realidades híbridas. La metáfora del cíborg, un ser al que se han implantado ciertas prótesis tecnológicas que complementan o amplían las funciones biológicas propias de este organismo, es un claro ejemplo de ese hibridismo, como muestran películas como Robocop y Blade Runner. La ciencia ficción ya no está tan lejos de los cuerpos de diseño que se consiguen hoy con la cirugía estética, de los implantes de prótesis de cadera, rodilla, y otros miembros y órganos, o de las prácticas de eugenesia que pretenden mejorar la especie humana manipulando los genes.

e) Lo físico y lo psíquico.
A veces llamamos “real” a lo que percibimos a través de los sentidos: la realidad sensible o física. Cuantos más sentidos perciban la presencia de un objeto, más probable es que lo consideremos real. A las cosas con realidad física o sensible les otorgamos existencia fuera de nuestra mente y con independencia de ella. Esto no significa que todo lo que nos muestren los sentidos sea, por eso, real; ni tampoco que solo sea real lo que ellos nos muestran. ¿Los sentidos nos pueden confundir y engañar?
Además, hay cosas reales que no percibimos por los sentidos. Por eso se habla de “realidad psíquica”, que sería el tipo de realidad propio de nuestros pensamientos, imaginaciones, deseos, ideas, recuerdos, dudas, etc.
Las realidades psíquicas son internas. Sin embargo, en ellas hay que distinguir dos aspectos diferentes:
-La actividad de pensar, imaginar, idear, etc.; por ejemplo, si pienso en una montaña de oro, es real que la estoy pensando.
-El contenido al que se refiere esa actividad; la montaña en la que pienso no es real, puesto que no existe fuera de mi pensamiento.
En este ejemplo es real mi acto de pensar, pero no lo es el contenido de mi pensamiento.

2. LA METAFÍSICA.

2.1. Origen del término.
La palabra “metafísica” procede del latín “metaphysica” y más remotamente del griego. Aunque, como veremos, se trata de un término muy antiguo y de un significado muy importante para la filosofía, su origen es un tanto azaroso. Andrónico de Rodas (siglo I a.C.) dirigió la escuela aristotélica (el Liceo) entre los años 78 y 47 a. C. y dedicó buena parte de su labor intelectual al estudio y comentario de la obra de Aristóteles (384-322 a. C.). A él le debemos la organización de los escritos aristotélicos que, según la tradición, rescató de un sótano donde estaban abandonados. Entre las obras de Aristóteles, Andrónico encontró un conjunto de textos que carecían de título, pero que colocó a continuación de los tratados sobre la naturaleza (phýsis, y de ahí “física”). Así pues, originariamente, “metafísica” solo se refería a aquellos escritos aristotélicos que Andrónico colocó a continuación o “detrás de los de física” ( metá tá physiká)

2.2. ¿Qué es?
Pero, tras la lectura atenta de los escritos que Andrónico tituló “Metafísica”, se encuentra un significado fundamental para la filosofía. En efecto, los libros de física tratan de la naturaleza, mientras que estos escritos se refieren a una investigación de otro tipo: se pretende descubrir qué hay detrás, más allá, de las realidades naturales que se ofrecen a nuestros sentidos. Se trata de investigar cuáles son los fundamentos últimos constitutivos de todo cuanto hay.
Naturalmente, esta pretensión está en el origen de la filosofía misma, aunque fue Aristóteles el primero que realizó una reflexión metafísica con carácter sistemático y estructurado. En sus libros de metafísica, Aristóteles nos ofrece expresiones que sirven para aproximarnos a este tipo de saber:

*El saber que trata del “ser en cuanto ser”. Todos los demás saberes y conocimientos tratan de algunos aspectos particulares del ser, de lo que hay. Por ejemplo, las matemáticas tratan la realidad, el ser, como algo numerable y cuantificable; la medicina se refiere al ser en cuanto sano o enfermo y a las condiciones para recuperar y conservar la salud. Desde esta perspectiva la metafísica sería el estudio o tratado del ser en cuanto que es, es decir, lo que comúnmente se denomina “ontología” (de “óntos” y “lógos”, “estudio del ser”).

*La “filosofía primera”. Según esta expresión, la metafísica sería la forma más radical, básica y primordial de la reflexión filosófica, ya que su objeto de estudio es aquella realidad que es en el sentido más fuerte de este verbo. Aristóteles la identificó con Dios, considerándolo el ser por antonomasia. De modo que la metafísica consistiría en la investigación acerca de Dios, es decir, habría que entenderla como teología (de theós y lógos, “estudio del Dios”).

*La “ciencia que se busca”. Aristóteles tiene conciencia de que se trata de un saber que no está acabado, sino que está apenas iniciado: está por hacer. En la época de Aristóteles, aunque hay pensamiento metafísico, no está constituido como tal un saber de este tipo. De aquí esta denominación, en la que por “ciencia” debemos entender un “conocimiento estrictamente racional”. Así pues, gracias a Andrónico, el saber racional que buscaba Aristóteles se conoce hoy con el nombre de “metafísica”.

2.3. Características.
La metafísica es, ya en Aristóteles, un intento de averiguar la estructura profunda del mundo y del ser humano que habita en él. Las principales características de este saber son:

*Es un saber orientativo, es decir, un intento de saber qué es el mundo para poder saber a qué atenerse en las diferentes circunstancias que nos toque vivir. La aspiración última de la metafísica es que el ser humano alcance la felicidad como plena realización personal. Pero esta verdadera felicidad, en un sentido humano pleno, no se puede disfrutar siendo una persona ignorante. Por eso, la pretensión de conocimiento que representa la metafísica está ligada a la superación de la ignorancia para el logro y disfrute de la felicidad completa.

*Es un saber radical, porque pretende llegar a las cuestiones últimas, a los primeros principios de lo real. Se trata de aquellas preguntas que, una vez, respondidas, ya no admiten que se pregunte de nuevo. Se diferencia, por tanto, de la ciencia, ya que pretende plantear problemas y cuestiones que la ciencia no puede abordar ni, menos aún, responder.

*Es un saber universal, porque no se ocupa de un tipo de cosas o realidades, sino de cualquier realidad. Su tema es el ser y por ello nada queda excluido, puesto que, como decía Parménides (540-470 a. C.), todo lo que hay en la naturaleza y todo lo que el ser humano pueda fabricar, idear o imaginar coincide en una cosa al menos: en que es. La metafísica pretende construir una noción integral o total del universo o de todo cuanto hay. Es un saber unificador que quiere dar significado a la totalidad de la experiencia humana.

*Es un saber abierto y no concluido, por lo que puede dar la impresión de que no progresa, de que siempre se está haciendo y rehaciendo. Lo que sucede es que la metafísica se pregunta por los presupuestos en los que se basa la realidad y los principios por lo que se rige nuestro pensamiento, y tanto la realidad como el pensamiento tienen historia, es decir, cambian a lo largo del tiempo, por lo que cada ser humano, cada época histórica o cada cultura tienen que emprender continuamente la tarea de aclarar su manera de pensar, vivir, sentir, relacionarse, etc.

*Es un saber que se hace a sí mismo. Esto significa que nuestros intentos por definir y explicar qué es la metafísica forman parte ya de hecho de la propia metafísica. No hay forma de definir la metafísica que no tenga, por principio, carácter metafísico. Por esto quizás sea más exacto hablar de “metafísicas”, en plural, que de “la metafísica”, como si se tratara de un saber homogéneo y constante a lo largo de la historia.

2.4. Algunos de sus temas.

a) El problema del ser.
Esta es la cuestión metafísica (ontológica) fundamental. Todo lo existente coincide en que es, en que forma parte de lo que hay. El hecho de ser es la característica más general y radical que tienen todas las cosas. Por eso, se los denomina “entes”, término procedente del participio de presente del verbo latino “ese” (ser, estar, existir) que se puede traducir como “que es”, “que existe”. En este sentido, todas las cosas son entes, ya sean reales, imaginarias, absurdas, perceptibles, racionales, etc.
Pero es muy diferente decir, por ejemplo, “Esta piedra es un ente” que afirmar “Ana es un ente”. Por eso se ha dicho que el concepto de ser no es unívoco, sino análogo: solo de un modo aproximado y abstracto podemos afirmar que el ser pertenece por igual a la piedra y a Ana.

b) El alma.
Debido a sus raíces religiosas, el problema del alma es anterior a la filosofía. Pero adquiere rango filosófico cuando los seres humanos se plantean que son libres y que tienen dignidad, que tienen pretensión de inmortalidad (que les hace postular cierta supervivencia tras la desaparición del cuerpo) y que disponen de una serie de cualidades racionales, estéticas, éticas, políticas, lingüísticas, etc., que requieren algún tipo de explicación.

En la actualidad se tiende a hablar de mente, más que de alma. Y la cuestión central que se plantea es si existe tal entidad llamada mente y cuál es la relación que mantiene con el cerebro (cuerpo). Históricamente, las respuestas han sido muy variadas, desde los que reducen el alma a la actividad cerebral (monismo reduccionista), hasta los que afirman que se trata de una realidad completamente distinta del cuerpo e independiente de él (dualismo), pasando por quienes defienden que siendo alma y cuerpo diferentes, se influyen mutuamente (interaccionismo).

La cuestión del alma tiene una estrecha vinculación con el sentido de la existencia: siendo consciente de lo que soy en este momento, ¿qué puedo esperar del futuro, tras la muerte? Las respuestas posibles a esta pregunta nos las proporcionan las diferentes religiones que, en general, hacen propuestas de sentido de la existencia humana en función de una vida futura más allá de la muerte. El sentido de la existencia consiste en una cierta forma de vivir aquí y ahora que nos aproxime a la otra vida.

c) Mundo, sustancia, causa.

*El mundo se ha entendido tradicionalmente como un kósmos, es decir, un todo ordenado formado por sustancias (entes concretos de muy diversos tipos), y regido por una ley que dirige los cambios que en él se produce: la relación causa-efecto.

*El término “sustancia” procede del verbo latino “sub stare”, que se puede traducir como “estar debajo”. Los filósofos lo han usado para referirse a la verdadera realidad de las cosas, lo que verdaderamente son. Han pensado que, bajo las cualidades de una cosa (que podemos conocer mediante los sentidos), se encuentra la verdadera realidad de la cosa. Así, la verdadera realidad de una silla no es ni su color, ni el número de patas, ni el material del que está hecha. Esas son cualidades accidentales, porque podemos acortar la altura de la silla, pintarla de otro color, colocarle un respaldo más mullido, etc. Pero con todos esos cambios no habríamos alterado su realidad: seguimos teniendo la misma sustancia.

*El concepto de causa ha sido considerado como un principio metafísico universal y necesario: nada ocurre sin una causa: Esta parece ser la ley suprema que regula todos los sucesos que suceden en el mundo. Sin embargo, las investigaciones acerca de las partículas subatómicas han obligado a replantearse la universalidad y necesidad del principio de causalidad, ya que las relaciones entre esas partículas no pueden ser explicadas mediante la causalidad. Esto se deriva del principio de indeterminación de W. Heisenberg (1901-1976) y de la teoría cuántica en general.

d) Dios.

Con respecto a la cuestión de la existencia de Dios se han propuesto dos tipos de demostraciones:

*Argumentación cosmológica. Pretende argumentar la existencia de Dios partiendo de la existencia del mundo y de los sucesos que suceden en él. Se basa en el principio de causalidad para llegar a concluir que tiene que haber una causa primera, incausada y perfecta, que se identifica con Dios. Aristóteles ya había usado este tipo de argumentación y, posteriormente, Tomás de Aquino, Leibniz, Descartes.

*Argumentación ontológica. Se basa en el ser o la esencia de Dios. El primer argumento de este tipo se lo debemos a Anselmo de Canterbury (1033-1109), aunque también lo usaron Descartes y Hegel. Toma como punto de partida que Dios es un ser perfectísimo, tanto que no le puede faltar ninguna cualidad que lo haga más perfecto. Por ello, tiene que existir, pues en caso contrario le faltaría la cualidad de la existencia y no sería, por ello, absolutamente perfecto.
Otro problema derivado de Dios es el de la existencia del mal. ¿Cómo es posible que, siendo Dios bondad infinita, exista mal en el mundo? Para responder a esta pregunta, Leibniz negó la objetividad del mal. Lo que percibimos como malo se debe solo a una valoración deficiente por nuestra parte. Todo mal es subjetivo, es decir, es malo para quien lo percibe, pero necesario para la obtención de un bien mayor. Por eso Leibniz defendía que vivimos en el mejor de los mundos posibles, esto es, aquel en el que existe menor cantidad de mal y mayor cantidad de bien. Entre los infinitos mundos que podría haber creado, este en el que vivimos es el que, comparativamente, incluye menos cantidad de mal. La metafísica de Leibniz ha sido calificada por ello de “optimista”.

e) ¿Una realidad o muchas?
A lo largo del tiempo los filósofos han propuesto enfoques muy diversos para aclarar el problema de la realidad. Para comprender estas diferentes perspectivas conviene tener en cuenta las preguntas que los filósofos tratan de contestar. Una de las más importantes podría plantearse así: ¿Es la realidad única o existen múltiples realidades?

Existen dos claras posibilidades: el monismo afirmará que la realidad es única. Para los filósofos monistas, la asombrosa variedad y multiplicidad de lo que existe es solo una apariencia. Aunque a nuestro alrededor percibimos una gran diversidad de seres, en el fondo todo lo que existe es una única realidad. Cuando llegamos a comprender qué es lo que de verdad hay, nos damos cuenta de que lo que realmente existe es único. Ejemplo de este pensamiento fue Tales de Mileto que decía que todo lo que percibimos está en realidad formado por agua, o Anaxímenes que pensaba que el principio de todo era el agua.

La otra posibilidad se denomina pluralismo que sostiene que la realidad es múltiple. Para los filósofos pluralistas lo real está formado por varios principios elementales distintos que se combinan entre sí. Como ejemplo podemos citar a los atomistas Demócrito y Leucipo, filósofos griegos antiguos, que defendieron la idea de que todo está formado por unas partículas elementales a las que llamaron átomos.

f) ¿Materia o espíritu?

¿La realidad última es material o espiritual? Los filósofos tampoco se han puesto de acuerdo a la hora de responder esta pregunta.

Los materialistas afirman que, en el fondo, todo lo que existe es material. Dentro de esta postura tenemos a Tales, Anaxímenes y los atomistas.

La posición contraria se denomina idealismo. Los filósofos idealistas consideran que el mundo material que percibimos a nuestro alrededor tiene solo una realidad aparente. De acuerdo con esta teoría, la auténtica realidad no está compuesta de cosas tangibles, sino de ideas, que son inmateriales.

El filósofo representativo del idealismo es Platón. Según su teoría de las Ideas todas las cosas materiales que vemos son solo una copia de las esencias eternas e inmutables. Las cosas proceden de las Ideas, por lo que la verdadera realidad es inmaterial.

g) ¿La realidad es estática o dinámica?

*El problema del cambio.

¿La realidad última es permanente o cambia con el tiempo? Esta es una de las cuestiones más importantes que debe responder cualquier teoría sobre la realidad.
Dependiendo de la contestación que se ofrezca a la pregunta anterior, tendremos una metafísica estática o dinámica. Sobre este tema hay una profunda división entre los pensadores desde los mismos orígenes de la filosofía en la antigua Grecia.

Quienes defienden una metafísica estática afirman que la realidad es en el fondo inmutable.

Según esta concepción, los cambios son solo aparentes, porque la verdadera realidad es eterna e inalterable. En su filosofía, estos autores se ven obligados a ofrecer alguna explicación para aclarar por qué todo parece estar cambiando cuando la auténtica realidad es permanente.

Sus teorías también deben explicar cómo podemos captar la verdadera realidad inmutable, ya que lo que percibimos con los sentidos es siempre cambiante y según ellos no se corresponde con la autentica realidad.

Por el contrario, los partidarios de una metafísica dinámica creen que el cambio forma parte esencial de la realidad.

Para entender el mundo que nos rodea, opinan que debemos reconocer que todo cuanto existe se modifica con el tiempo, cambia y acaba por desaparecer.

Quienes adoptan esta posición metafísica tienen que explicar en su filosofía cómo es posible que haya cosas que aparentemente no cambian nunca. Esto es lo que sucede, por ejemplo, con las verdades de las matemáticas, que parecen eternas e inmutables.

*El caso de Parménides.

El pensamiento de Parménides ofrece una clara y rotunda afirmación de la metafísica estática. Aunque solo conservamos algunos fragmentos de la obra de este autor presocrático, sus ideas han tenido una influencia decisiva en la historia de la filosofía.

Parménides establece una distinción fundamental entre las cosas que existen y las que no existen. Lo que existe es el Ser, y está formado por todo cuanto hay. En cambio, lo que no existe es el No-Ser. El Ser, que es la verdadera realidad, es permanente, eterno e inmutable. No puede cambiar, ni nacer ni morir, por lo que siempre permanece inalterable. Por ello decimos que la metafísica de Parménides propone una filosofía del Ser.

La idea básica de Parménides puede resumirse en una célebre y enigmática frase: “El Ser es, el No-Ser no es”. ¿Qué significan estas palabras?

Para Parménides únicamente existe el Ser, que incluye todo lo que hay. Como el No-Ser no existe, de él no puede salir nada. Esto quiere decir que ninguna realidad nueva puede aparecer, porque eso supondría admitir que hay algo que pasa del No-Ser al Ser. Del mismo modo, no hay nada que pueda desaparecer, porque eso significaría que hay cosas que pasan del Ser al No-Ser.

Así, para Parménides, nada puede pasar del No-Ser al Ser, ni del Ser al No-Ser. Pero eso significa que nada puede nacer, ni morir, ni modificarse. El pensamiento de Parménides nos dice que ningún cambio es posible. Por lo tanto, las transformaciones que vemos a nuestro alrededor no son reales, sino aparentes. Lo que sucede es que para comprender esa realidad debemos prescindir del testimonio de los sentidos y atender solo a la razón. Y la razón insiste en recordarnos una única verdad: lo que existe es únicamente el Ser.

*El caso de Heráclito.

La perspectiva de Heráclito es radicalmente opuesta a la de su coetáneo Parménides. Heráclito creía que la realidad consiste en una transformación continua. Lo que existe está siempre cambiando. La realidad es devenir, cambio, modificación interminable.

Para explicar esto, Heráclito utilizaba una metáfora muy ilustrativa. La realidad es como un río, que está continuamente cambiando. El “ser” del río consiste en fluir y en cambiar. Si el agua del río no fluyese ya no tendríamos un río (sino que sería otra cosa: un lago de aguas inmóviles).

Según Heráclito, la realidad también se puede comparar con el fuego, cuya esencia consiste asimismo en estar siempre modificándose. Todo cuanto existe se asemeja al río o al fuego, porque el ser de lo real consiste en el continuo cambio de lo que hay. Sin embargo, ese cambio no se produce desordenadamente, sino que está sujeto a una ley cósmica.

Los cambios son producto de una tensión entre contrarios, que puede compararse con una guerra inacabable. No obstante, existe un orden en esa lucha de contrarios que explica la regularidad y la armonía del universo.

Las visiones contrapuestas de Heráclito y Parménides sobre la realidad han influido decisivamente en toda la metafísica posterior. Su pensamiento ha obligado a los filósofos a reflexionar sobre el problema del cambio. ¿Son los cambios reales o son solo aparentes? ¿En qué consiste la verdadera realidad? ¿Es lo real eterno e inmutable o está sujeto al devenir?

3. TEXTOS.

“Este cosmos, el mismo de todos, no lo hizo ningún dios ni ningún hombre, sino que siempre fue, es y será fuego eterno, que se enciende según medida y se extingue según medida.

Todas las cosas se cambian recíprocamente con el fuego y el fuego, a su vez, con todas las cosas, como las mercancías con el oro y el oro con las mercancías.

Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia y que todas las cosas sobrevienen por la discordia y la necesidad” ( Heráclito de Éfeso. Fragmentos).

“Si, convencidos de estos principios, pasamos revista a las bibliotecas, ¿qué estragos será necesario que hagamos? Si cogemos, por ejemplo, un volumen de teología o de metafísica escolástica, preguntémonos: ¿es que contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad o el número? No. ¿Es que contiene algún razonamiento empírico sobre los hechos y la existencia? No. Confiadlo a las llamas, ya que no puede contener más que sofistería e ilusión (Hume. Investigación sobre el entendimiento humano)

4. ACTIVIDAD EN GRUPO ( 3 o 4 personas)
Vamos a buscar información sobre la visión metafísica de la realidad de Platón y la de Aristóteles. A continuación analizaremos las semejanzas y las diferencias entre estos dos enfoques distintos. Concluiremos exponiéndolas en clase.

Debate: Vamos a discutir la vigencia de la metafísica a partir de las siguientes preguntas:

¿Es la actitud metafísica una característica del pasado o se trata de una tendencia natural e inevitable en las personas? ¿Tienen algún valor las reflexiones que han hecho los filósofos del pasado sobre la metafísica? ¿Sería mejor, entonces, prescindir de la metafísica? ¿Cómo podríamos plantearnos el problema de la realidad desde una postura que vaya más allá de la metafísica?

5. PREGUNTAS INDIVIDUALES:

a) De los temas metafísicos estudiados, ¿cuál te parece más importante? ¿Por qué?

b) ¿Encuentras relación entre todos los temas de la metafísica expuestos? ¿Cuál?

c) Si la existencia de Dios está demostrada, ¿para qué hace falta tener fe en él? ¿Puedes tener fe en un teorema matemático?

d) Define: ser, realidad, apariencia, materia, espíritu, devenir, necesidad, contingencia, materialismo, espiritualismo, pluralismo, monismo, idealismo.

e)¿Qué problemas crees que suscita el conocimiento metafísico de la realidad?

f) Haz un eje cronológico con los filósofos que aparecen en el tema.

g) Haz una comparación entre Parménides y Heráclito.6. PELÍCULAS: Matrix, Origen, Abre los ojos.

(Ríos Pedraza F. Filosofía Bachillerato. Oxford Educación. Madrid. 2015. AA.VV. Filosofía. Serie Reflexiona. Editorial Santillana. Madrid. 2015. AA.VV. Filosofía. 1 bachillerato. Editorial SM. Madrid. 2015. Prestel Alfonso C. Fil Filosofía. Editorial Vicens- Vives. 2015. Vicenta Llorca Darias)

LOMCE CANARIAS.

Criterio de Evaluación: 1.Elabora tablas cronológicas. 5. Reconoce a través de lecturas comprensivas y reflexivas fragmentos de textos metafísicos el concepto de realidad y sus implicaciones filosóficas.
Estándares de aprendizaje evaluables: 4. Elabora tablas cronológicas demostrando su comprensión del tema. 24: Conoce qué es la metafísica y utiliza la abstracción para comprender sus contenidos y actividad, razonando sobre los mismos. 25. Describe las principales interpretaciones metafísicas y los problemas que suscita el conocimiento metafísico de la realidad. 26. Comprende y usa con rigor conceptos como ser, realidad, apariencia, materia, espíritu, devenir, necesidad, contingencia, materialismo, espiritualismo. 27. Realiza un análisis crítico ante teorías metafísicas divergentes de interpretación de la realidad. 28. Analiza y comprende fragmentos de textos breves sobre las problemáticas metafísicas que plante la realidad de diversos filósofos, comparándolos.
Bloque de Aprendizaje:
I: Contenidos transversales.
IV: La realidad.
Competencias: CL, AA, CMCT, CD, CSC.

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