CIUDADANÍA Y CIVISMO

Desde el punto de vista político y jurídico, la ciudadanía se caracteriza por el conjunto de derechos y deberes que los ciudadanos y las ciudadanas asumimos como propios. En relación a tales derechos y deberes, el ciudadano y la ciudadana pueden adoptar una posición más o menos activa. En el mejor de los casos, el ciudadano y la ciudadana no se limitan a disfrutar de los derechos civiles, políticos y sociales que tiene reconocidos por ley, sino que actúan reivindicando el cumplimiento de tales derechos, para sí y para los demás, y cumpliendo sus deberes. El civismo es la dimensión activa de la ciudadanía y comporta participación y responsabilidad. El civismo es la actitud y manera de actuar del buen ciudadano.

A veces, cumplir los deberes como ciudadanos y ciudadanas es la consecuencia de la presión social, la obligación o la amenaza, es decir, se cumplen por temor a la sanción externa. Otras veces, los deberes como ciudadanos y ciudadanas se cumplen por convicción, siguiendo una norma moral, para evitar la sanción interna. ¿Cuál de estas dos maneras de actuar es, en sentido estricto, una actuación cívica, es decir “propia del buen ciudadano” ?En otras palabras, ¿el civismo puede considerarse como “buena educación”, basada en convencionalismo, o ha de considerarse una exigencia moral?

Según la primera postura, el civismo es el resultado de imposiciones legales y convenciones sociales de tipo práctico, puestas al servicio de la organización de la convivencia. Para quienes piensan así, el civismo coincide con el respeto a la legalidad y a las normas de la buena educación, y es independiente de toda fundamentación ética. Se puede ser cívico sin necesidad de ser moral; la vida social se basa en convenciones más que en convicciones. Y las leyes y convenciones sociales, más que por ser “buenas” en el sentido moral de la palabra, se justificarían porque son prácticas y hacen posible la convivencia.

Para la segunda opinión, el civismo es la expresión libre de los deberes sociales y políticos del ciudadano, que son, en el fondo, deberes morales que afectan a los demás. Dichos deberes parten de la elección de ciertos valores, normas y principios, así como de la convicción de que es mejor obrar así, atendiendo a las necesidades de los demás, defendiendo la libertad propia y ajena, promoviendo un trato justo y digno para todos los miembros de una colectividad. Cuando una persona cumple sus deberes ciudadanos por temor a los castigos, las multas o la censura ajena (las sanciones externas) no se puede hablar propiamente de civismo. Según esta opinión, una persona solo puede ser considerada cívica si cumple sus deberes por conciencia moral (la sanción interna). La actitud cívica nace de la convicción moral y no de la conveniencia y el miedo. Visto así, el civismo formaría parte del nivel más alto de moralidad de las personas.

Sea como sea, la ciudadanía activa incluye el ejercicio de obligaciones y compromisos con los demás(los próximos, los lejanos o todos los humanos), bien porque el ciudadano esté convencido de hacerlo, bien porque cumpla- con más o menos convicción- con la legalidad y los convencionalismo de la convivencia. Así pues, la noción de ciudadanía activa incorpora no solo de responsabilidad legal, sino también la idea de responsabilidad moral.

(Martínez L, Montaner P y Sanllehí J. Filosofía y Ciudadanía. Bachillerato. Editorial Almadraba. Madrid. 2008)

Poca filosofía aparta de la religión, mucha filosofía lleva de nuevo a ella

Autor: Francis Bacon

Compartir artículo

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn

Área privada

Hay 172 invitados y ningún miembro en línea

ACFILOSOFIA usa cookies para darle un mejor servicio.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto