CIUDADANÍA Y MORAL

La ciudadanía es una forma de relación entre humanos, un pacto que otorga derechos e impone deberes. A causa de estos derechos y deberes, la relación de los individuos con la comunidad de la que forman parte adquiere tintes morales, ya que ha de ajustarse a normas relativas a lo que está bien o mal. Así sucede con las virtudes cívicas.

Valores de la ciudadanía.

En su valoración positiva, las actitudes y convicciones cívicas pueden recibir el nombre de virtudes cívicas o virtudes políticas que darían concreción a los valores de la ciudadanía o valores cívicos.

Los valores que constituyen la moral cívica son fundamentalmente la libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia y el diálogo. Esto no significa que no sean necesarios otros valores, como la “buena educación” o las buenas maneras con los demás (la amabilidad, la deferencia, el agradecimiento, saludar o pedir perdón, etc.) o la profesionalidad ( la competencia en el propio oficio, la formación permanente, la honradez, la lealtad…), o la responsabilidad moral (cumplir los deberes morales y sociales, y asumir y comprometerse con las consecuencias de las propias acciones).Pero de lo que se trata aquí es de destacar aquellos valores que son imprescindibles para una buena convivencia ciudadana.

  1. 1.La libertad.

El valor de la libertad, en el contexto de la ciudadanía, puede entenderse de diversas maneras:

  1. a.Libertad como participación en los asuntos públicos y como derecho a tomar parte en las decisiones que afectan a la comunidad política (libertad positiva externa).
  2. b.Libertad como independencia de un individuo con respecto a la intromisión del Estado en la vida privada del individuo, y con respecto a las intromisiones de los demás ciudadanos. Se trata de asegurar que todos los individuos tengan un espacio vital libre de intromisiones o interferencias: asegurar su privacidad. De aquí surgen valores tan apreciados como la libertad de movimientos, de asociación o de reunión (libertad negativa externa).
  3. c.Libertad como autonomía para darse a sí mismo “las propias leyes”, esto es, tener la capacidad de decidir por sí mismo lo que cada uno considera humanamente digno de hacer para llegar a ser persona (libertad positiva interna).

En una sociedad cívica hay que garantizar el derecho a la participación política de sus miembros, así como respetar las acciones y decisiones libres y responsables de los otros, mientras no afecten negativamente al bien común.

  1. 2.La igualdad.

El valor de la igualdad puede entenderse también de diversas maneras.

  1. a.Igualdad jurídica como igualdad de todos los ciudadanos y ciudadanas ante la ley.
  2. b.Igualdad de oportunidades, puesto que el Estado se compromete a equilibrar las desigualdades naturales y sociales ofreciendo a todos las mismas oportunidades.
  3. c.Igualdad social como igualdad ante la recepción de diversas prestaciones sociales, garantizadas por el Estado (sanidad, educación, jubilación, etc.).

Todas estas igualdades tienen un mismo fundamento: la igual dignidad de todas las personas. Todas las personas son iguales en dignidad y tiene los mismos derechos, por eso merecen idéntica consideración y respeto.

  1. 3.La solidaridad.

La solidaridad es un valor que consiste en sentirse unido a otras personas o grupos, compartiendo sus intereses y sus necesidades. Como complemento de la justicia, la solidaridad consiste en reclamar aquello a que los demás tienen derecho. Ser solidario es exigir la aplicación de la justicia. Por eso. Como ciudadanos y ciudadanas, nos hacemos solidarios con aquellos, especialmente desfavorecidos, cuyos derechos creemos que han sido vulnerados.

Al hablar de la solidaridad podemos distinguir tres niveles.

a. En el ámbito privado, es solidaridad con los más próximos. Sin embargo, este nivel puede confundirse con el egoísmo: defiendo los intereses de los más cercanos a mí, porque en el fondo también yo salgo beneficiado.

b. En el ámbito público, la solidaridad se entiende como la defensa del interés común por encima de los intereses privados o particulares.

c.En un sentido universal, la solidaridad se extiende a todos los seres humanos, ya que nos sentimos afectados por los intereses y necesidades de la humanidad: la justicia, la libertad, la igualdad y la paz mundiales.

4. La tolerancia.

La tolerancia es la disposición cívica a convivir en armonía con personas de creencias, formas de vida o costumbres diferentes a las propias. Sin tolerancia no hay convivencia pacífica. Como valor cívico, no es una actitud pasiva que se limita a soportar a quienes piensan y viven de manera diferente a la nuestra. Esto es la tolerancia pasiva. En cambio, la tolerancia activa es respeto, interés activo por el otro, para comprenderlo y valorarlo, reconociendo sus diferencias y respetándolas. El respeto supone el reconocimiento de que todos los seres humanos son libres e iguales, con derecho a tener sus propias convicciones y a vivir de acuerdo con ellas.

La tolerancia aprueba el hacer y el ser del otro aunque no sean compartidos por mí; aprueba la liberta del otro y su voluntad de desarrollarse. No obstante, la tolerancia tiene un límite: está subordinada al Derecho y la justicia. La tolerancia termina allí donde se viola la libertad y la dignidad de los demás. Como valor moral basado en el Derecho y la justicia, la tolerancia se enfrenta al intolerante con intolerancia. Por eso, una persona o una cultura merecen tanto más respeto cuanto más respeten los derechos humanos.

  1. 5.El diálogo.

El diálogo es el reconocimiento de que uno solo no posee la verdad. Dialogar es buscar de forma compartida lo verdadero y lo justo. En una sociedad democrática, el diálogo, o lo que es lo mismo, la negociación, es la forma racional de resolución de conflictos. El diálogo es igualitario y se basa en el intercambio de ideas y en la persuasión con la voluntad de alcanzar acuerdos y, en ocasiones, consensos.

(Martínez L, Montaner P y Sanllehí J. Filosofía y Ciudadanía. Bachillerato. Editorial Almadraba. Madrid. 2008)

La historia hace a los hombres sabios; la poesía, ingeniosos; las matemáticas, sutiles; la filosofia natural, profundos; la moral, graves; la lógica y la retórica, hábiles para la lucha

Autor: Francis Bacon

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