LAS VIRTUDES

PECADO   Plotino (205-270), un filósofo neoplatónico, decía en el Tratado segundo de la Enéada I, su obra más significativa, que la única manera de pretender asemejarnos a la divinidad era propender sistemáticamente al desarrollo paulatino de las virtudes cívicas. Esta afirmación de Plotino es solo un ejemplo de la enorme importancia que le daban los antiguos al tema de las virtudes cívicas en el desarrollo del buen ciudadano y del buen gobierno.
 A. Definición e historia del concepto.
1. El concepto de virtud.
La palabra latina virtus proviene de vir (“varón”) y alude, en su sentido general, a la virilidad y a las cualidades masculinas, como la fortaleza y la valentía. Posteriormente, perdida la connotación sexista, el areté griego  y el virtus latino designan sencillamente la excelencia del ser humano como tal, la perfección moral.
Una virtud es una cualidad humana que permite al sujeto que la posee ejecutar las decisiones correctas en las situaciones más adversas para cambiarlas a su favor. El virtuoso es el que está en camino de ser sabio, porque pone a los demás de su lado y los lleva a alcanzar un objetivo común.
En la definición aristotélica de virtud se distinguen unas disposiciones estables  y uniformes, también llamadas excelencias o perfecciones (habitus), que inciden en las facultades operativas (operativus), con la finalidad de producir acciones excelentes, perfectas, de suerte que el individuo pueda alcanzar la vida buena. Pero no todo hábito es una virtud, sino aquel que capacita o perfecciona una facultad racional para inclinarla hacia el bien: el bien para la facultad, para la voluntad y para todo el hombre en la totalidad de su ser.
La virtud, consiguientemente, es un hábito, una disposición estable, una inclinación adquirida, como una segunda naturaleza que hace posible a nuestras facultades operativas la realización excelente de nuestros propios actos.
Existe una clásica distinción-aceptada por la mayoría de moralistas- entre virtudes morales e intelectuales. Asentadas en las diversas potencias del alma, las virtudes morales perfeccionan la voluntad y los apetitos, mientras que las virtudes intelectuales perfeccionan los sentidos internos y las potencias intelectuales. Sin embargo, la virtud concierte más propiamente a los hábitos buenos de las potencias operativas, y secundariamente puede predicarse de las disposiciones de la mente para el conocimiento.


2. La virtud en los pensadores griegos.
En la llamada época heroica, la de Homero y Hesíodo, la virtud (areté) era una cualidad que permitía a la persona desempeñar un papel social.
Sócrates nos dice que la virtud nos permitirá tomar las mejores acciones y con ella podremos distinguir entre el vicio, el mal y el bien. También dice que la virtud se puede alcanzar por medio de la educación fundamentada en nuestra moral y en nuestra vida cotidiana. Cree en el intelectualismo moral, el cual se fundamenta en la idea de que la sabiduría se basa en la ética. Si alguien es buena persona automáticamente será sabio. Saber para actuar bien. Actuar bien para ser feliz.
Platón plantea que el ser humano dispone de tres poderosas herramientas: el entendimiento, la voluntad y la emoción. Para cada una de estas existe una virtud: la sabiduría, el valor y el autocontrol:
   *La sabiduría permite identifica las acciones correctas, saber cuándo realizarlas y cómo realizarlas.
   *El valor hace que se tomen estas acciones a pesar de las amenazas, y defender los ideales propios.
   *El autocontrol permite interactuar con las demás personas y ante las situaciones más adversas cuando se está realizando lo que se debe hacer para lograr los fines propios.
Aristóteles muestra a Nicómaco en su obra Ética, que la virtud humana no puede ser ni una facultad ni una pasión, sino un hábito. Que sea un hábito quiere decir que aparece no por naturaleza, sino como consecuencia del aprendizaje, y más exactamente de la práctica o de la repetición. La práctica o repetición de una acción genera en nosotros una disposición permanente o hábito, de ahí que la tradición aristotélica hable de una segunda naturaleza para referirse a los hábitos, que nos permite de forma casi natural la realización de una tarea. Los hábitos pueden ser buenos o malos; son hábitos malos aquellos que nos alejan del cumplimiento de nuestra naturaleza y reciben el nombre de vicios, y son hábitos buenos aquellos por los que un sujeto cumple bien su función propia y reciben el nombre de virtudes.
En general llamamos virtud a toda perfección de algo, pudiendo distinguir “virtudes del cuerpo y virtudes del alma”.
Existen dos tipos de virtudes del alma en Aristóteles:
   *Las virtudes intelectuales o dianoéticas, que perfeccionan nuestro entendimiento. Aquí la virtud se concreta en la perfección del entendimiento o razón en relación al conocimiento de la verdad; es un hábito que faculta para la realización del apetito (deseo) natural del hombre hacia el saber. Entre estas virtudes están: la ciencia, la inteligencia, la sabiduría, el arte y la prudencia.
*Las virtudes éticas o morales, que perfeccionan nuestra voluntad. Aquí la virtud es un hábito selectivo que consiste en un término medio (entre el exceso y el defecto) relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello que decidiría el hombre prudente. Entre estas virtudes están: el valor (vicios por defecto, temeridad, y por exceso cobardía), la templanza (vicios por defecto intemperancia o libertinaje, y por exceso, insensibilidad), y la liberalidad (vicios por defecto prodigalidad y por exceso avaricia).
Finalmente, para Aristóteles, la virtud moral más importante es la de la justicia: dar a cada uno lo debido. Distingue tres clases de justicia:
*General o legal. Es la conformidad con las leyes de la ciudad.
Justicia distributiva. Es el reparto de bienes, derechos y obligaciones, a cada uno según su mérito o demérito; en cierto sentido, excluye la igualdad.SENECA
*Justicia conmutativa. Es la reciprocidad, cada uno debe recibir lo que ha dado o el equivalente; lo igual por lo igual.
Otra visión de este período, posterior a Aristóteles, es la de los estoicos como Séneca. Estos sostenían que la virtud consistía en actuar siempre de acuerdo con la naturaleza, que para el caso del ser humano, concebido como ser racional, se identifica con actuar siempre de acuerdo con la razón, evitando en todo momento dejarse llevar por los afectos o pasiones, esto es, todo lo irracional que hay en nosotros, que no puede controlarse y por tanto debe evitarse. Los estoicos consideraban que la virtud, como facultad activa, era el bien supremo.
3. La virtud en la Edad Media.
El primer pensador destacado dentro del cristianismo es San Agustín. Es el último hombre antiguo. Su primera visión de la filosofía viene de Cicerón. A partir de él comienza la gran etapa medieval de Europa. San Agustín considera que la virtud es el buen uso del libre albedrío, de la libertad, es el orden del amor. Según este autor, el hábito de la virtud consiste en gozar de lo que se ha de gozar y en usar lo que se ha de usar.
La escolástica es teología más que filosofía, pero en el fondo subyace un pensamiento filosófico. La escolástica trata problemas filosóficos que surgen con ocasión de cuestiones religiosas y teológicas. Son filósofos medievales Scoto Eriúgena, San Anselmo de Canterbury (1033-1109), que es el fundador de la escolásticas, y Alberto Magno y Tomás de Aquino(1225-1274), con los cuales comienza el proceso de asimilación del pensamiento aristotélico. Santo Tomás realiza la adaptación de la filosofía griega de Aristóteles al pensamiento cristiano de la escolástica.
3.1. La virtud en Tomás de Aquino.
Para Tomás de Aquino la virtud es, por tanto, un hábito o disposición estable de las facultades del alma gracias al cual esta puede alcanzar más fácilmente los fines que le son propios. Es una disposición estable para obrar bien.
Su concepción de la virtud es fiel al pensamiento aristotélico, de quien se separa únicamente en la cuestión de las virtudes teologales, virtudes desconocidas por Aristóteles. El alma realiza los actos que le son propios mediante las facultades. Cuando estos actos se repiten, las facultades adquieren unas cualidades gracias a las cuales el sujeto puede realizar con más facilidad estas actividades. Estas cualidades son los hábitos. Los hábitos pueden ser buenos (virtudes) o malos (vicios). Son virtudes si le facultan al sujeto para la realización de actos conforme a la norma de la moralidad, y son vicios si son contrarios a dicha regla.
A diferencia del intelectualismo moral, y siguiendo a Aristóteles, Santo Tomás consideró que para la conducta buena no es suficiente que la razón nos enseñe correctamente el deber, además es preciso que la facultad apetitiva (en la que están nuestros deseos) esté bien dispuesta mediante el hábito de la virtud moral. Dado que en el alma humana encontramos el entendimiento y las facultades apetitivas (la voluntad y el apetito inferior), y que las virtudes son perfecciones de dichas facultades, podremos encontrar dos tipos generales de virtudes, las intelectuales y las morales:
*Las virtudes intelectuales. Son hábitos o buenas disposiciones del entendimiento, consecuencia del ejercicio y la instrucción y gracias a las cuales el entendimiento puede realizar el fin que le es propio: el conocimiento. Este conocimiento puede ser a su vez de dos tipos: el especulativo o teórico y el práctico.
     - Conocimiento especulativo o teórico. Su objetivo es la contemplación de la verdad.
     -Conocimiento práctico. Tiene como objetivo la dirección de la conducta para que con ella podamos producir todo tipo de objetos útiles o bellos y alcancemos la vida buena y feliz.
En este sentido se puede hablar de dos tipos de entendimiento y de dos tipos generales de virtudes intelectuales: el “entendimiento especulativo” y el “entendimiento práctico”.
 -Entendimiento especulativo. Es el que contempla la inteligencia o hábito para la contemplación de los primeros principios, la ciencia o hábito para la posesión de las conclusiones a partir del razonamiento, y la sabiduría o hábito para la posesión de los principios más universales y de las primeras causas.
     -Entendimiento práctico. Este contempla el arte como virtud intelectual dirigida a la producción de objetos, bien sean externos o corporales como es el caso de las artes mecánicas o serviles ( la caza, la pesca, la agricultura, la arquitectura, la medicina), o internos o mentales como en las “artes liberales” ( las incluidas en el trívium :gramática, retórica y dialéctica o lógica y en el quadrivium: aritmética, geometría, astronomía y música) y la prudencia o saber lo que debemos hacer en cada caso; se refiere precisamente a los asuntos morales, a lo que cada uno debe hacer en cada situación concreta para realizar el bien.
    *Las virtudes morales. Son hábitos del alma que se adquieren con el ejercicio y la repetición y que la habilitan para la realización de la vida buena. Perfeccionan las facultades o potencias apetitivas, tanto las inferiores o apetitos sensibles como la voluntad. Entre estas virtudes están: la justicia, virtud que perfecciona el apetito superior o voluntad. Esta reside en la voluntad y consiste en el hábito de dar a cada uno lo que le corresponde. Cuando la justicia se refiere al bien de toda la comunidad se llama justicia general o legal.
Si la justicia se refiere al bien de cada individuo, puede ser distributiva y conmutativa.
    -Justicia distributiva. Según esta, la sociedad da a cada uno de los miembros lo que le corresponde en función de sus méritos y circunstancias.
    -Justicia conmutativa. Tiene lugar cuando esta rige los intercambios entre los individuos y consiste en dar lo igual por lo igual.
Si estas virtudes morales perfeccionan el apetito inferior (irascible y concupiscible) y, por tanto, están relacionadas con las pasiones, tenemos la fortaleza y la templanza.
   - La fortaleza. Es la virtud que regula la pasión hacia los bienes difíciles de conseguir o audacia y la pasión hacia los males difíciles de evitar o temor; la fortaleza domina precisamente estas pasiones y nos ayuda a  hacer el bien aunque alguna otra cosa nos dañe o amenace dañarnos y nos dificulte la acción buena.
   - La templanza. Cuando el apetito sensitivo concupiscible nos lleva a buscar los bienes sensibles y a huir de los males sensibles y nos puede arrastrar hacia bienes  sensibles contrarios al bien de la razón, la templanza modera este apetito y nos ayuda a seguir queriendo el bien propuesto por la razón a pesar de la atracción que podamos tener hacia un bien sensible contrario; nos permite por tanto hacer el bien tanto si una cosa nos gusta como lo contrario.
Es común denominar “virtudes cardinales” a las cuatro virtudes fundamentales de la vida moral: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. A estas virtudes “naturales” añade Santo Tomás otras “sobrenaturales” o teologales porque perfeccionan la disposición humana dirigida al orden sobrenatural. Estas otras virtudes son la fe (creer en Dios y en su palabra revelada), la esperanza (confiar en la gracia de Dios para la realización de nuestra felicidad en la vida eterna) y la caridad (amar a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a nosotros mismos por amor de Dios). Son infundidas en nosotros por Dios.
4. La virtud en la Edad Moderna y Contemporánea.
Durante estas etapas de la historia existieron pensadores como descartes, Spinoza, Kant o Nietzsche que también aportaron sus ideas y reflexiones sobre el concepto de virtud.
Descartes. Este filósofo hereda en algunos aspectos el pensamiento clásico. Para él la felicidad se encuentra unida a la virtud y también unida de manera especial “al recto uso de la razón” que se convierte así en “reguladora de la virtud”. Por otra parte, el autor parece iniciar la idea de las virtudes cívicas. Así, en sus escritos con temática moral, invoca la mesura y la discreción para evitar exponerse a un gran mal por satisfacer solo los pequeños intereses personales. También manifiesta de forma clara que la consecuencia de perseverar en los pequeños intereses personales es perder la posibilidad de alcanzar la amistad verdadera, la felicidad y la virtud, que el ser humano solo consigue haciéndose parte de la sociedad, del bien público y complaciéndose en hacer el bien a todo el mundo, incluso no temiendo exponer su vida por el servicio del prójimo cuando la ocasión se presenta, llegando hasta perder el alma si fuese posible para salvar a los demás. Por tanto aparece una de las virtudes cívicas importantes, la solidaridad o el altruismo.
Spinoza. Según este pensador, no obramos de una determinada manera para obtener un fin concreto, sino que lo hacemos porque nos apetece algo. Sucede de forma similar respecto de las relaciones virtud-felicidad y bien-deseo, es decir que no obramos virtuosamente para obtener la felicidad, sino que una sola y la misma cosa son felicidad y la virtud. Del mismo modo, no deseamos algo porque lo consideramos bueno, sino que lo llamamos bueno porque lo deseamos. El término virtud será reservado para el bien entendido como acción, para aquel bien del que somos causa adecuada. Virtud es, pues, la actualización de nuestro grado de potencia en el momento en que predominan en nosotros afectos que son acciones.
De los tres afectos primarios, solo el deseo y la alegría podrán llegar a ser afectos activos. Lo que deriva de la tristeza es siempre malo, y todo lo que surge de la tristeza nunca será virtuoso.
Kant. Este filósofo nos dice que en este mundo la vida buena no coincide necesariamente con la vida feliz. La ética formal establece que la conducta buena no puede descansar en la preocupación por alcanzar la felicidad; sin embargo, Kant no olvida la importancia de esta en la vida humana por lo que introduce en el Sumo Bien, donde se reúnen las dos aspiraciones humanas fundamentales, la de la virtud y la de la felicidad. Kant creerá que esta síntesis tiene que realizarse de alguna manera para que tenga sentido la propia experiencia moral.
La razón es, para la moral kantiana, la única fuente de moralidad, excluyente de cualquier especificación proveniente de las inclinaciones naturales, de la afectividad o de la voluntad. A esta no le corresponde otro papel que adherirse plenamente a lo que la razón manda como deber moral.
La virtud existe subordinada al cumplimiento del deber, en cuanto arma para combatir los impulsos desordenados de la sensibilidad. La virtud no significa ningún fin moral, ni tiene contenido normativo. Solo es un refuerzo volitivo al servicio del cumplimiento del deber. Kant desconoce, por consiguiente, que las inclinaciones sensibles debidamente ordenadas constituyen una auténtica orientación hacia el bien. En nombre de la autonomía de la voluntad, considera las pasiones como objeto de repulsa, renunciando a la tarea de espiritualizarlas y de integrarlas en el bien de la persona.
Nietzsche. Este nos enseña que la honestidad es la virtud poseída por el hombre de conocimiento: honestidad que enseña que el alma no tiene un origen más elevado y más noble que el cuerpo. Espíritu y sentido están relacionados entre sí por el hecho de compartir un mismo origen, y como todas y cada una de las cosas que existen, también ellos son “testimonio de una única voluntad, de una única salud, de un único reino terrenal, de un único sol”, afirma, “un único reino (el de la tierra). El rasgo diferencial de la virtud estriba en su consideración como ejercicio activo, como acción.
Esta diferencia implica, sin embargo, una continuidad entre ambos elementos: la virtud ejerce su actividad sobre el material suministrado previamente por los afectos. Hay pues, una continuidad entre la pasión y la virtud, y tal continuidad significa que todo esfuerzo olvidado de la potencia efectiva del individuo esté de antemano condenado al fracaso y sea un esfuerzo inútil.
En el utilitarismo clásico, la virtud está sometida a su regla de oro de buscar el mayor bienestar para el mayor número de personas involucradas en la acción. Al no ser una cuestión importante, los autores de esta corriente tratan de ella casi sin compromiso, y siempre viene incluida dentro de la lógica del cálculo de bienes. Se la entiende como una “tendencia a incrementar la cantidad acumulada de felicidad en todas sus formas consideradas conjuntamente”.
B. Una ética e virtudes cívicas para la ciudadanía.
Al igual que se da la virtud en la vida personal, la hay también en la vida social o política. En este caso, la virtud cívica concierne al vigor o salud de la vida en común. Se trata, sobre todo, del respeto hacia el otro, hacia los demás, hacia las creencias divergentes, del respeto a las reglas del juego democrático.
La filósofa Victoria Camps nos habla de virtudes públicas, lo que equivale a recordar que debe hacer una moral mínima compartida por todos, a pesar del pluralismo de ideologías y de la relatividad de las creencias. Los derechos humanos han sido proclamados como derechos universales, y la obligación de respetarlos y defenderlos nos concierne a todos. Hablar de virtudes públicas equivale a hablar de compromiso cívico o de civismo.
Las virtudes cívicas comprenden un conjunto de conductas, sin la entidad de los grandes principios o valores morales de la persona, necesarias para una buena convivencia, manifestadas en las relaciones personales de la vida cotidiana, cuyo cumplimiento convierte al individuo en buen ciudadano. Por ejemplo, el “respeto” es una virtud cívica importante.
XAVIERComo señala Xabier Etxebarría respecto a las virtudes que pueden considerarse privadas, se presupone que se orientan más hacia la autorrealización personal, que desde nuestra libertad podemos diseñar de modos diferentes. Se puede postulara partir de ahí que el cultivo de las mismas está condicionado a ese proyecto de realización. Con todo, la frontera entre virtudes privadas o cívicas no es nítida. Virtudes que podrían parecernos privadas muestran un lado público, en la medida en que son muy importantes para lograr objetivos cívicos como el de la paz.
En efecto, si algunas de estas virtudes nos hacen internamente personas pacíficas, potenciarán el que trabajemos más eficaz y coherentemente para la paz social. Pensemos en virtudes como la serenidad, la paciencia, la constancia, la fortaleza-valentía, la mansedumbre, la compasión- empatía, etc. Estas, si se viven adecuadamente, en conexión con las virtudes públicas y evitando encerrarse en sí mismo, mejoran decididamente el compromiso a favor de esa paz social. Por eso, precisamente, deben ser también tenidas en cuenta en la educación para la paz.
1. La virtud cívica del respeto.
Un buen ciudadano debe respetar las cosas, las plantas, los animales y las personas.
*Respeto por las cosas. Se fabrican por las personas, nos ayudan a vivir y son patrimonio de todos los seres humanos.
*Respeto por las plantas. Estos seres vivos nos alimentan, pueblan la naturaleza y son necesarias para el mantenimiento de un medio ambiente de calidad.
*Respeto por los animales. La naturaleza física y la humana necesita de ellos y además tienen sus derechos.
*Respeto por las personas, estas son sujetos de derechos y reclaman nuestra colaboración y comprensión.
Muy relacionada con esta virtud está la tolerancia. Es uno de los más importantes preceptos de carácter ético y político, cuya observancia garantiza la convivencia en un régimen democrático. Este, según señala el autor Norberto Bobbio, encarna un método o un conjunto de reglas de procedimiento para la constitución del gobierno y para la formación de las decisiones políticas de carácter vinculante, pero también, y por desgracia, esto se olvida frecuentemente, el “valor positivo de la democracia” radica en que dicho sistema de reglas implica una serie de valores y principios entre los que destacan, además de la tolerancia, el “espíritu laico” y la “razón crítica”. Debemos ser tolerantes con lo diferente, pero la tolerancia tiene unos límites. Hay situaciones contrarias a los derechos humanos que no podemos tolerar. En este sentido se habla de tolerancia crítica.
2. La virtud cívica de la libertad.
La libertad puede entenderse como la capacidad de elegir entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo pertinente y lo inadecuado, responsablemente. Esta responsabilidad implica conocer lo bueno o malo de nuestras decisiones y proceder de acuerdo con nuestra conciencia.
El ciudadano ejerce de ciudadano cumpliendo las leyes en libertad democrática, es decir, obrando con responsabilidad en los ámbitos familiar, profesional y social, La sociedad democrática ofrece posibilidades para que eso pueda ser realidad a través de la formación familiar, escolar y profesional.
En el ámbito democrático debemos ejercer nuestra libertad a través de la participación ciudadana. Elegir es un ejercicio de libertad democrática ante las posibles opciones  del pluralismo democrático. Para votar con responsabilidad se necesita tener claros criterios de valoración, es decir, estar formado, informado y actuar con libertad.
La virtud de la libertad nos hace movernos en el ámbito de la democracia. La ausencia de libertad, la coacción y el poder ejercido sin participación ciudadana nos llevaría a un régimen político denostado y contario a los derechos humanos: la dictadura. Por tanto la democracia se debe perfeccionar, sin embargo, la dictadura no admite perfección, pues la crítica no tiene cabida en ella.VICTORIA CAMPS
Como señala Victoria Camps, “los valores, los derechos humanos, los principios fundamentales, son flexibles e interpretables de formas diversas, según las situaciones. Enseñar ética ha de consistir tanto en transmitir ese corpus de valores abstractos, como en hacer ver el papel que la libertad y la autonomía de la persona deben tener en la opción por unas prácticas concretas. Sin ética, ya lo dijo Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre, y la sociedad una guerra permanente. Es necesario el acuerdo sobre unos principios, no difíciles de consensuar porque ya nos resultan obvios: no hay ética si no hay igualdad, libertad, paz, tolerancia, respeto mutuo”(Camps, V. Revista Vela Mayor nº 2, 1994)
3. La virtud cívica de la justicia.
La justicia es una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o le pertenece. Según Platón, en cuanto al individuo se refiere, la justicia expresa el adecuado equilibrio y armonía entre las facultades del alma quedando subordinadas a la razón la voluntad y la sensibilidad. En cuanto al ser social, la justicia procura integrar en un orden estable, armónico e igualitario las relaciones interhumanas con el fin de obtener el bien común.
Como personas individuales, estimar lo que es justo y realizar acciones justas se debe considerar al menos bajo la perspectiva de tres aspectos: el bien de las otras personas, es decir sus posibilidades, sus necesidades, su grado de felicidad y la reflexión, que implica nuestro compromiso de prepararnos para conocer libre y responsablemente y comprender mejor el ejercicio de los valores morales y las circunstancias (en qué condiciones y con qué recursos se da la situación o comportamiento).
Desarrollamos el valor de la justicia como virtud cívica cuando damos apoyo personal o posibilitamos el acceso a recursos que necesitan nuestros semejantes para desarrollarse plenamente, cuando el logro de nuestras metas está condicionado a:
-No dañar las potencialidades individuales.
-Facilitar la expresión individual y apoyar a la democracia.
- Valorar y respetar la justicia de la autoridad social aun en contra de nuestros intereses personales.
-Participar e influir para que la justicia esté presente en las decisiones que afectan a las demás personas.
-Evitar la discriminación, favoreciendo la integración de todos los miembros de la sociedad.
-Ejercitar siempre la equidad, distinguiendo y procurando decisiones justas para todos, según sus condiciones y circunstancias.
El profesor norteamericano Michael Sandel defiende una política basada en la justicia, el reparto de bienes, que debe estar ligado a la virtud cívica y el bien común frente al utilitarismo, el bien para el mayor número de personas posible, o el liberalismo, la defensa de los derechos. Según explica Sandel, en las políticas modernas falta participación activa del ciudadano. Su teoría anima a “responsabilizarse individualmente” para “modelar el destino colectivo”. Para este autor, el ciudadano debe recuperar el protagonismo y decidir, tras décadas de una fe desmesurada en los mercados, cómo ser capaces de repartir justicia. La virtud cívica de la justicia debe orientar a nuestros políticos en su acción y la ciudadanía no dejarse envolver por la dinámica de los mercados.
4. La virtud cívica de la solidaridad.
La solidaridad como virtud es la determinación firme y perseverante de comprometerse por el bien común. Estamos ante un hábito o cualidad, ante una decisión estable de colaborar con las demás personas, con todas ya que realmente hay vinculación con ellas, aunque uno se sienta unido más a unas que a otras.
Es una virtud social que nos mueve a estrechar las relaciones sociales en el plano de la reciprocidad. Es el altruismo compartido que nace del sentimiento de pertenecer a grupos con igualdad de origen, destino, aspiraciones comunes y demás aspectos que fundamentan su identidad, o simplemente por el hecho de pertenecer a la especie humana.
La solidaridad implica interdependencia y ayuda mutua entre los miembros de un mismo grupo, o entre grupos heterogéneos, por razones históricas, sociales, políticas o culturales. También debe procurar una vida social más justa e igualitaria, que evite el conflicto entre las clases, la desproporcionada repartición de la riqueza, el hambre, la ignorancia y demás tareas que le son propias, Sería muy larga la enumeración de acciones solidarias del Estado, pero no debemos olvidar que la solidaridad es esencialmente recíproca y, por tanto, en todos estos asuntos queda implícita a su vez la respuesta y la participación que moralmente estamos obligados a dar.
ONGLas ONG (Organizaciones No Gubernamentales) son entidades con una amplia estructura a nivel nacional y/o internacional y con objetivos que pueden cumplirse mediante la influencia sobre los gobiernos y medios de comunicación, pero que no están constituidas como partidos políticos, ni órganos gremiales, ni religiosos, etc. Están compuestas por grupos organizados de personas solidarias, las cuales, en la mayoría de los casos, no pregonan la solidaridad cerrada a sus miembros, sino que aspiran a la universalidad de su ejercicio.
5. La virtud cívica de la empatía.
La empatía es una virtud cívica importante relacionada con la solidaridad y el altruismo. Consiste en una destreza básica de la comunicación interpersonal, que nos permite un entendimiento sólido entre dos personas. Por tanto, la empatía es fundamental para comprender en profundidad el mensaje de la otra persona y así establecer un diálogo. Esta habilidad de inferir los pensamientos y sentimientos de otros genera sentimientos de simpatía, comprensión y ternura. La empatía no es otra cosa que la habilidad para estar conscientes de reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás.
Mahatma Gandhi afirmaba que las tres cuartas partes de las miseria y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los “zapatos de sus adversarios” y entendieran su punto de vista. Él puso en práctica este principio con sus técnicas no violentas en su actuar para la liberación colonial de su país, India.
La solidaridad es una virtud altruista. Así en oposición al egoísmo, es la virtud que nos lleva a sentir una honda complacencia al proporcionar el bien a los demás, aun a costa de sacrificar el bienestar propio. El término fue creado por el pensador Auguste Comte, con el fin de integrarlo como valor supremo de su moral positivista, que sintetizó en la fórmula: “vivir para el prójimo”.
El altruismo es el producto del amor al prójimo, unido simultáneamente a la abnegación del yo individual. Es el amor desinteresado que puede desprenderse del egoísmo, de la envidia, del placer por la desgracia ajena. El altruismo no debe, sin embargo, subestimar el valor propio de nuestra individualidad, al extremo de olvidar su importancia y abstraerla de su dimensión real de la sociedad.
Somos individuos, y como tales debemos afirmarnos en el ámbito de la relaciones interpersonales, siempre desde la perspectiva de un mutuo respeto que propicie la eficaz ayuda que las personas podamos proporcionarnos.
AA-.VV. Filosofía y Ciudadanía. Editorial Mc Graw Hill.Madrid. 2012.

ACFILOSOFIA usa cookies para darle un mejor servicio.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto