LA LIBERTAD

http://www.rafaelrobles.com/wiki/index.php?title=Los_fundamentos_de_la_acci%C3%B3n_moral:_libertad_y_responsabilidadLa condición racional del ser humano le convierte en un ser capaz de pensar por sí mismo. Por este motivo, decimos también que es capaz de decidir frente a las opciones vitales a las que se enfrenta. Sin embargo nos asalta una duda: ¿realmente somos libres de elegir ante diversas opciones, o en nuestra elección estamos determinados por nuestro carácter, circunstancias ambientales, código genético, familia, astros celestes o karma? Para contestar a esta pregunta, tendremos que adentrarnos en la compleja cuestión de la libertad, una de las más prolíficas e interesantes en la reflexión filosófica.
1.    La noción de libertad.
Habitualmente, se emplea el término libertad, como mínimo, de dos maneras distintas: como ausencia de obstáculos que no impidan hacer lo que deseamos (en este país podemos ir en coche donde deseemos); y como capacidad de elegir o querer una cosa u otra (puedo colaborar con una ONG o puedo destinar mi dinero a mí). Por ello hablamos de una libertad externa y una libertad interna.
-Libertad externa. También llamada libertad de acción. Consiste en la ausencia de trabas externas que dificulten la acción; es decir, se trata de poder hacer lo que queramos sin que nada ni nadie nos lo impidan. Por ejemplo: hay libertad cuando quiero manifestarme contra los recortes del gobierno y puedo hacerlo; en cambio, no hay libertad cuando, a pesar de que me gustaría hacerlo, las fuerzas de seguridad me lo impiden).
-Libertad interna. También llamada libertad de elección o libre albedrío. Consiste en la capacidad o posibilidad de decidir o querer esto o lo otro, y esta decisión es indeterminada, es decir, no causada. Por ejemplo: hay libertad interna si, aunque haya decidido esto, podría haber decidido cualquier otra cosa; en cambio, no hay libertad interna si mi decisión es una ilusión, pues en realidad me encuentro inevitablemente inclinado a hacer lo que hago por mi carácter y las circunstancias que me rodean.
Estos dos tipos de libertad (externa e interna) no son algo completamente distinto y ajeno. Entra ambas existe una estrecha y mutua relación. Si poseemos capacidad para elegir lo que queramos hacer, pero externamente estamos obligaos a actuar de una determinada manera, entonces, ¿de qué nos sirve poder elegir? Y, al contrario, si externamente no hay ninguna traba a la realización de nuestros deseos, pero internamente no los escogemos de forma libre, sino que nos vemos empujados sin remedio a querer lo que queremos, ¿de qué nos sirve poder satisfacer unos deseos que no siquiera hemos escogido libremente?
La libertad externa se conoce, también, como libertad política o social, puesto que factores sociales y políticos son los que más favorecen o entorpecen su presencia. Aunque la libertad externa puede darse o no, su existencia no resulta problemática. La libertad interna, en cambio, sí resulta problemática, pues podemos poner en duda su existencia.
2.    El determinismo o la ausencia de libertad.
Consideramos que la existencia de libertad es algo de sentido común y, por lo tanto, incuestionable. Sin embargo, la convicción de que poseemos libertad no deja de ser una creencia y, por muy sólida que nos parezca, podemos ponerla en duda. Creer que somos libres no demuestra que lo seamos (a menudo nuestras creencias son falsas) y, además, ¿cómo podemos estar seguros de que podríamos haber actuado de otro modo, si no lo hemos hecho?
El determinismo es una concepción filosófica que afirma que todo está determinado, es decir inevitablemente causado. Por lo tanto, niega la existencia de la libertad. Para ello, se basa en el principio de causalidad. Según este principio, todo acontecimiento del mundo está causado. Consideramos que un acontecimiento C causa el acontecimiento E, si es imposible que, dándose C, no se derive E.
Según este principio, también las acciones están determinadas por un factor en cuya presencia se dan inevitablemente. Podemos afirmar que este factor somos nosotros mismos: yo soy la causa de mus acciones, pues la decisión que he tomado es la causa de lo que hago (he decidido levantar el brazo y ésa es la causa de que lo haya levantado). Sin embargo, recuerda que el principio de causalidad afirma que todo acontecimiento, incluso los acontecimientos mentales, tiene una causa. Así, también mis decisiones están causadas. Eso significa que hay un factor X, que yo no controlo, y que hace inevitable que yo tome esta decisión (la decisión de levantar el brazo está causada por un factor del que no soy responsable). ¿Significa esto que no poseo la capacidad de decidir si levanto o no el brazo? Según el determinismo, quiere decir exactamente esto: no poseemos libertad de decisión.
El argumento determinista puede parecer poco intuitivo, pues resulta más o menos fácil determinar las causas de acontecimientos naturales, como la caída de las hojas en otoño, pero resulta muy difícil establecer las causas de fenómenos como  mi preferencia por el color azul. Para los deterministas, la razón de que la creencia en la existencia de libertad nos resulte tan evidente no es que sea una creencia verdadera. La razón de que consideremos que nuestras creencias, deseos y elecciones no están causados es la dificultad de establecer sus causas. Sin embargo, que sea difícil hallar la causa de algo no significa que carezca de ella. Así pues, por muy extraño que nos parezca, no debemos restar importancia al determinismo.
3.    Tipos de determinismo.
3.1.    Determinismo físico.
Afirma que toda la realidad está determinada y puede explicarse por leyes naturales. Según esta concepción, el comportamiento de todos los seres del universo, incluso de los seres orgánicos, está regido por las leyes fijas y estables de la materia. Esta concepción se basa en una visión mecanicista del mundo.
El mecanicismo sostiene que la realidad debe ser entendida como un gran mecanismo o máquina. Si el universo entero es compatible a una máquina, entonces funciona de forma similar a como lo hacen éstas; es decir, todos sus estados y acciones siguen patrones fijos. Así, si el mundo es similar a un enorme reloj, los seres que lo componen, entre ellos el ser humano, actúan de manera parecida a los muelles, las ruedas y las manecillas de los relojes.
Uno de los defensores de este determinismo fue el físico y matemático francés Pierre-Simon Laplace (1749-1827). Los logros que cosechó en astronomía aplicando las leyes de la mecánica newtoniana le llevaron a afirmar que, si conociésemos el estado actual de toda la materia y las leyes que la regulan, entonces conoceríamos el pasado y el futuro de todo el universo.
Dibujo23.2.    Determinismo genético.
Suele centrarse en la explicación del comportamiento de los seres orgánicos, en especial de los animales y de los seres humanos. Según el determinismo genético, el comportamiento de un ser está determinado por el código genético que lo define: no somos más que la manifestación de nuestros genes. Éstos determinan nuestra constitución física (tener los ojos negros), pero también nuestro carácter (ser tímidas) y nuestras acciones concretas (salir huyendo del peligro).
Richard Dawkins, zoólogo y etólogo de gran prestigio, ha defendido una curiosa y radical hipótesis: los organismos no somos más que la invención de nuestros genes para asegurarse la supervivencia. Con esta enigmática afirmación, lo que Dawkins quiere dar a entender es que el comportamiento de los individuos está determinado por sus genes.
3.3.    Determinismo ambiental o educacional.
Según esta postura, no son los genes los que determinan nuestra conducta, sino los factores ambientales, que pueden ser de diversos tipos: sociales, culturales, económicos, familiares…, e incluso, factores educacionales y de aprendizaje. Así pues, la educación que he recibido y lo que he aprendido son decisivos en mi comportamiento. Por tanto, salir huyendo no es una conducta que esté determinada genéticamente, sino que lo está por factores ambientales (situación de peligro) y por lo aprendido en situaciones similares).
Para los defensores de esta postura, cualquier acción puede entenderse como una respuesta a condiciones ambientales. Por esta razón, es posible modificarla cambiando la influencia de las condiciones ambientales mediante el aprendizaje. La manera de hacerlo será potenciando ciertas acciones mediante refuerzo o premio, o inhibiendo otras mediante castigo. Así, al ser la conducta humana permeable al aprendizaje, es posible cambiarla.
3.4.    Determinismo económico.
Para los que mantienen esta postura, son factores económicos (formas de producción, sistema de vida, organización productiva, situación económica…) los que determinan nuestra conducta. Así, tanto en el plano social como en el individual, todo puede comprenderse recurriendo al funcionamiento de la economía. La clave de las guerras, los cambios sociales, las doctrinas religiosas, los estilos artísticos, la organización política…está en el funcionamiento de la economía. También a pequeña escala, la acción de un delincuente o de un trabajador está determinada por las circunstancias económicas en las que vive.
Una de las corrientes que defienden la influencia de los factores económicos en la conducta humana es el marxismo.
3.5.    Determinismo teológico.
Defiende la existencia de algo que está por encima del ser humano y que determina sus acciones. Todo lo que hacemos está ya previsto y fijado de antemano, ya sea por un hado o destino (como afirman los estoicos) o por una voluntad superior o divina (como defiende la religión protestante). El ser humano no es dueño de sus actos: es una marioneta en manos del hado o la divinidad, y lo único que puede hacer es representar lo mejor posible un drama que ya ha sido escrito.
Para la teología reformista (Martin Lutero, por ejemplo), si Dios es omnisciente, es decir, lo conoce todo, incluido lo que todavía no ha sucedido, debe de ser porque lo que todavía no ha sucedido ya está, de alguna manera, establecido. Si no, ¿cómo sería posible su conocimiento? Esta razón, entre otras, lleva a afirmar a los reformistas que la voluntad humana no es tal, pues se encuentra a merced de la voluntad divina.
4.    El indeterminismo.
A pesar de la consistencia de los argumentos deterministas, muchos pensadores se resisten a aceptar esta concepción y sus consecuencias. Los defensores de la libertad alegan contra los deterministas que éstos han confundido lo que son factores condicionantes con factores determinantes.
-Factores determinantes. Equivalen a las causas de la acción. El comportamiento humano se considera consecuencia inevitable de factores que él mismo no controla. Por ejemplo: decimos que un factor como el peligro causa la acción de salir corriendo, porque siempre que se da esta situación inevitablemente salimos corriendo.
-Factores condicionantes. Equivalen a los motivos de la acción. El comportamiento humano está influido por estos factores externos, pero no se considera un resultado de ellos. Así, una situación de peligro es un factor que motiva que salga corriendo, pero no determina inevitablemente que lo haga, pues podría quedarme paralizado.
La defensa de la libertad suele conllevar una defensa del indeterminismo, en el sentido de que nuestras acciones y decisiones no están determinadas, sino condicionadas. En este punto, es preciso hacer una aclaración que evite confusiones: afirmar el indeterminismo en la actuación humana no significa afirmar la indiferencia en ésta. Considerar que nuestras decisiones no están causadas por determinados factores, como el código genético, la educación o la situación económica, no significa que nos sea indiferente hacer una cosa u otra, es decir, que no haya nada que nos incline en nuestras decisiones.
Pensar que nuestra elección es indiferente a cualquier factor supondría pensar que nuestra acción es arbitraria e irracional, pues decidir algo sin que nos inclinen motivos racionales no puede verse de otro modo. Por ello, debe quedar claro que defender el indeterminismo no equivale a defender la indiferencia, ni significa promover la inacción y la irracionalidad en la conducta.
4.1.    La evidencia de la libertad.
Uno de los problemas a los que se enfrentan los defensores de la libertad es cómo demostrar su existencia. La creencia fuertemente arraigada en nuestro sentido común de que poseemos libertad de elección y de que, por tanto, podríamos haber elegido de forma distinta de cómo lo hemos hecho, ¿cómo puede ser probada?
Para algunos pensadores, esta pregunta está mal formulada, porque la libertad no necesita demostración. Un autor representativo de esta postura es Descartes, que defiende la evidencia intuitiva de la libertad. Desde esta perspectiva, la creencia de que actuamos libre y voluntariamente es una verdad evidente por sí misma. Por esta razón, podemos considerarla un axioma: no se demuestra, pero es la base en que se sustentan muchas de nuestras creencias acerca del ser humano.
4.2.    Indeterminismo teológico.
A diferencia de la teología reformada,  la teología católica acepta la omnisciencia divina sin negar por ello la capacidad de elección del ser humano.
Para los pensadores de esta orientación, que Dios sepa de antemano qué van a decidir y cómo van a actuar los seres humanos no anula su libertad. Dios conoce la totalidad de la realidad, incluso los hechos futuros, pero eso no significa que sea él quien los determine completamente. Así pues, para la religión católica, Dios y la libertad son compatibles.
Santo Tomás de Aquino es uno de los filósofos y teólogos más representativos de la filosofía cristiana. Según este pensador, el ser humano posee libertad de elección (esto resulta evidente por el mero hecho de que las personas deliberamos y reflexionamos, para luego tomar una decisión sobre lo que debemos hacer).
Esta libertad de elección se basa en un juicio del entendimiento que muestra qué es preferible de acuerdo con el bien que deseamos alcanzar. Es, pues, el entendimiento el que mueve a la voluntad a elegir una cosa u otra (según lo presente o no como un bien).
Por esta razón, cabe la posibilidad de equivocarse y, por tanto, escoger el mal en lugar del bien. El único que posee de forma absoluta el conocimiento del bien es Dios, aunque ello no le resta ni un ápice de libertad.
4.3.    Libertad y moralidad.
Entre las razones que pueden llevar a defender la existencia de la libertad, se encuentra la resistencia a aceptar algunas de las consecuencias que tendría su inexistencia. Si el ser humano no posee libertad de elección, entonces no es posible hablar de responsabilidad ni moralidad.
Sólo podemos hacer a alguien responsable de sus actos si realmente lo es; es decir, si ha actuado consciente, voluntaria y libremente. Si no poseemos capacidad de elección, si inevitablemente y a pesar de nosotros mismos nos vemos empujados a actuar así, ¿cómo se nos pueden pedir responsabilidades?
De la misma manera que no responsabilizamos a la lluvia por las inundaciones, ni al sol por nuestra insolación, ¿por qué seríamos nosotros responsables de haber atracado un banco o de haber mentido, si no podíamos hacer otra cosa?
Poseer libertad de elección y tener que responsabilizarnos de nuestras acciones nos convierten en el único animal moral que existe.
Kant es uno de los filósofos que han defendido esta idea. Expresado de forma kantiana sería: la libertad es un postulado de la razón práctica8o moral); es decir, a pesar de que la libertad resulta indemostrable, es necesario suponerla para que la moral sea posible.
4.4.    Indeterminismo físico.
Durante los siglos XX y XXI la física se ha caracterizado por el nacimiento y desarrollo de la mecánica cuántica. Ésta ha cosechado notables éxitos en microfísica (ámbito molecular y atómico) y supone una revolución respecto a la física clásica. Las investigaciones de eminentes físicos, como Max Planck (1858-1947), A. Einstein(1879-1955), N. Bohr (1885-1962), W.Heisenberg (1901-1976) y E. Schrödinger (1887-1961), entre otros, hacen que se tambalee la visión mecanicista que se tenía del mundo. Una de las razones de ello es que esta teoría utiliza en sus explicaciones leyes estadísticas y probabilistas que no cuadran con la concepción tradicional de ley física; a saber, una ley causal que determina precisamente las causas y consecuencias de los acontecimientos.
La mecánica cuántica ha propiciado el florecimiento de una ser de interpretaciones filosóficas que defienden el indeterminismo de la realidad. Entre estas interpretaciones hay que destacar la que lleva a cabo la escuela de Copenhague y su principal representante, el Nobel de física N. Bohr. Según esta interpretación, la mecánica cuántica pone al descubierto que en la realidad impera cierto grado de indeterminación. El determinismo mecanicista, según el cual todo tiene una causa y responde a una ley precisa y estable, sería falso; en la realidad también hay lugar para la arbitrariedad y el azar (o sea, para lo que no está causado ni responde a ninguna ley). Al menos, es así a escala atómica, pues como ha demostrado la mecánica cuántica 8 siempre según la interpretación que hace esta escuela), el comportamiento de los átomos no puede predecirse con total seguridad, ya que su posición y su movimiento sólo pueden ser aproximadamente establecidos.
Sin embargo, otros autores se han opuesto a esta interpretación de la mecánica cuántica. Entre ellos cabe destacar a Einstein, quien a este respecto afirma: “Dios no juega a los dados”. En este punto es necesario precisar que del hecho de que la física cuántica utilice leyes probabilistas en sus explicaciones no se puede deducir que las leyes objetivas que rigen el mundo sean también, probabilistas. No hay que olvidar que las teorías físicas no son una fotografía de la realidad, sino una forma de acercarnos a ella para entenderla. De todas formas, la cuestión de si la realidad está determinada o no es algo que, como afirma Popper, no compete a la física. La constitución y naturaleza última de la realidad es una cuestión que incumbe a la metafísica.
(AA. VV. Filosofía y Ciudadanía. Editorial Edebé. Barcelona. 2008).


 
 

 

La Filosofía tiene por objeto la enseñanza de la virtud, el deber y la vida recta.

Autor: Marco Tulio

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