ÉTICAS DE MÓVILES Y ÉTICAS DE FINES

   Tanto las llamadas "éticas de móviles" como las llamadas "éticas de fines" coinciden en considerar la naturaleza humana como pauta de la conducta, pero acceden a tal naturaleza desde diferentes métodos y la entienden, por tanto, de modo diverso.

 La ética de móviles realiza una investigación empírica de las causas de las acciones. Pretende descubrir cuáles son los móviles que determinan tácticamente la conducta humana. El bien o fin moral consistirá en satisfacer estas aspiraciones fácticas, que una investigación psicológica puede descubrir. Este tipo de áticas suele surgir de un afán empirista de recurrir como fundamento de lo moral a hechos constatables, huyendo de las justificaciones metafísicas o trascendentales. Este afán empirista se refleja en ocasiones en una pretensión científica de dotar a la moral de bases desentrañables por las ciencias, hasta el punto de poder acceder a la cuantificación en el terreno de la Ética.

   La pauta de la conducta es la naturaleza humana, pero entendiendo por "naturaleza humana" el comportamiento humano empíricamente accesible.

   Dentro de las éticas de móviles cabría considerar como paradigmáticas al epicureísmo, a una parte de la sofistica, y a las distintas versiones del hedonismo, muy especialmente la versión utilitarista. Los problemas que estas éticas plantean se resumen fundamentalmente en la dificultad que para una fundamentación de lo moral supone el subjetivismo de los móviles. Si es cierto que lo moral, en la etapa del desarrollo de la conciencia moral en que nos encontramos, no puede prescindir del carácter universalista de sus prescripciones, el subjetivismo de los móviles no es base suficiente para una prescripción universal; pero, por otra parte, la fundamentación en hechos se encuentra siempre con el problema de la falacia naturalista.

   Las éticas de fines intentan superar estas dificultades, consciente o inconscientemente, y para ello no tratan de investigar sólo qué mueve de hecho al hombre a obrar, sino sobre todo en qué consisten el perfeccionamiento y la plenitud humanas, porque en ello radica el bien de todo hombre.

   A partir de lo que el hombre es verdaderamente podemos extraer lo que debe ser: cuál es el fin de su naturaleza metafísicamente considerada. El acceso a la naturaleza humana no es, pues, empírico, sino que se trata de llegar a la esencia del hombre. La esencia del hombre nos muestra qué debe hacer el hombre para comportarse plenamente como hombre, sin caer en falacia naturalista alguna, porque el factum al que se accede es un factum normativo y no empírico.

   El fin o bien propuesto por este tipo de éticas no será, por tanto, un fin o bien subjetivo, sino objetivo, independiente del deseo fáctico de cada sujeto, porque la ética no se basa aquí en la psicología, sino en la naturaleza humana, considerada metafísicamente. Puesto que éste es propiamente el tema de una antropología filosófica, puede decirse que en las éticas de fines la ética constituye la vertiente axiológica de la antropología.

   En las éticas de fines podríamos incluir, obviamente, a Platón, Aristóteles y los estoicos, en lo que al mundo antiguo se refiere, y a las corrientes posteriores que han restaurado este tipo de éticas. Sus grandes ventajas radican en poder pretender objetividad para el concepto de bien y fin que proponen y en eludir la falacia naturalista, en el sentido de no buscar como fundamento de lo moral un factum empírico, sino ya normativo. Ahora bien, las dificultades se presentan al considerar las distintas interpretaciones metafísicas de lo que el hombre es. La ventaja del no-naturalismo, proporcionada por el hallarse más allá de la experiencia, que es lo propio del hecho metafísico, tiene el inconveniente de las dificultades para encontrar un criterio para el acuerdo. La diversidad de antropologías filosóficas, sin posibilidad-al menos aparente- de acuerdo, sigue siendo un escollo para las éticas de los fines.

   Por otra parte, en el momento en que destacamos una característica o función como "propia del hombre" nos enfrentamos al problema de su desigual desarrollo entre los hombres. ¿Significa esto que quienes gozan de tal cualidad en mayor grado pueden considerarse "más hombres"?

   A pesar de las protestas aristotélicas de que no hay diferencia de grado en cuanto a las características esenciales, las éticas de los fines corren el riesgo de caer en una "moral de las excelencias", es decir, en una visión discriminatoria de las personas según las cual sólo es persona quien consigue desarrollar ciertas capacidades. En este sentido, incluso la ética de Nietzsche se puede considerar como una "ética de fines", a pesar de su radical repudio de la teleología, puesto que sí destaca una cualidad humana- la capacidad creadora- cuyo cultivo puede llevar incluso al superhombre. La ética aristotélica y la nietzscheana coincidirían, en este sentido, en su carácter "perfeccionista".

   Por otra parte, aunque las éticas kantianas se pretenden formales y, por tanto, no expresivas de una naturaleza humana cuyo contenido conviene desentrañar, no es menos cierto que la realización de la libertad constituye el fin del hombre nouménico, con lo cual la ética de Kant se convertiría en una ética de fines en el sentido expuesto.

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.

Sir Francis Bacon (1561-1626) Filósofo y estadista británico.

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