LA SOCIALIZACIÓN

 Es un hecho claro que vivimos en sociedad. Y, aunque no nos demos cuenta, para hacerlo debemos dominar toda una serie de habilidades y conocimientos. Si de repente nos encontrásemos inmersos en una sociedad remota y desconocida, comprenderíamos lo difícil que puede resultar convivir con los demás. De entrada, hablar o no un mismo idioma, compartir unas mismas creencias y concepción del mundo y tener o no costumbres parecidas pueden contribuir enormemente a facilitar o entorpecer la aventura de convivir.

Todas estas cosas es preciso adquirirlas, pues no nacemos poseyéndolas. El proceso de adquisición y asimilación de estas habilidades, pautas y creencias recibe el nombre de socialización. Éste es precisamente el tema que nos va a ocupar. En concreto, veremos su definición, los mecanismos y los agentes que lo hacen efectivo y, por último, las repercusiones que tiene a nivel individual y colectivo.

1. Definición de socialización.

Todos vivimos el hecho social de forma natural y prácticamente sin que nos cueste ningún esfuerzo. Sin embargo, hemos tenido que aprender a vivir en compañía para convivir de forma plena y satisfactoria con los que nos rodean. En definitiva, hemos tenido que aprender a ser miembros de nuestra sociedad. Este aprendizaje que nos hace aptos para la vida social se llama socialización.

La socialización es el proceso de aprendizaje mediante el que nos integramos en la comunidad de la que formaremos parte. Consiste, básicamente, en la adquisición de interiorización de las reglas, los principios y las costumbres de la cultura en la que vivimos. Esta asimilación permite que nos identifiquemos con nuestro grupo y nos sintamos miembros reales de él.

Como sabemos, los bebés son, en comparación con las crías de otros animales, seres indefensos y necesitados. Como posibilidades poseemos grandes cosas al nacer; sin embargo, en la práctica apenas si sabemos llorar y comer. Muchas de las cosas que necesitaremos saber para sobrevivir (caminar, hablar, reír, saludar, amar, reñir...) hemos de aprenderlas. Y sólo nos será posible hacerlo arropados por los seres ya formados que componen nuestro entorno social inmediato. Así que, por un lado, necesitamos a los demás para aprender las habilidades, los usos y las normas sociales; y por otro, precisamos adquirir estas pautas para poder vivir con ellos.

Gracias a la socialización, adquirimos conocimientos imprescindibles de quienes nos rodean (quiénes son, qué hace, qué opiniones tiene, cómo se relacionan, qué esperan de nosotros...) y además formamos los vínculos afectivos necesarios para llevar una vida rica y plena (las amistades, los compañeros, las personas queridas). Pero, sobre todo, mediante la socialización modelamos nuestra conducta y personalidad (reconocemos los comportamientos que son deseables y los que no lo son, lo correcto y lo incorrecto, lo que esperan los demás y lo que les disgusta). Mediante la socialización no sólo nos integramos en la sociedad, sino que también nos formamos como personas.

Este proceso, que es inconsciente, es imprescindible para poder vivir en sociedad y logra que, por encima de las inevitables y deseables diferencias que hay entre unos y otros, exista un poso, un fondo básico común que reduzca el esfuerzo que nos supone entendernos. La socialización nos otorga algo de lo que careceríamos si creciésemos solos y aislados. Gracias a ella disfrutamos de un poso común que nos une y asemeja, favoreciendo enormemente la capacidad de empatizar y la posibilidad de sentirnos comprendidos y reconocidos por los demás.

Pero la socialización no sólo es importante porque nos hace miembros efectivos de nuestra comunidad. La socialización es imprescindible porque es un proceso de humanización. Somos humanos no sólo por el hecho de tener progenitores que lo son, sino porque vivimos con y como los humanos. Nuestra especie es una especie animal más, pero es la especie más peculiar que existe. A diferencia de lo que les ocurre a las demás especies biológicas, para existir como ser humano no es suficiente nacer humano, sino que hemos de construirnos como tales. Al nacer tenemos la posibilidad de llegar a serlo, pues tenemos ciertas disposiciones genéticas y biológicas que nos distinguen de otras especies; sin embargo, para ser humanos debemos actualizarlas, y eso sólo puede conseguirse con la socialización. Mediante ésta adquirimos y desarrollamos todas aquellas cualidades y actitudes que nos permiten llevar una vida que merezca el calificativo de humana.

2. Mecanismos.

Aunque la socialización es más intensa y profunda durante la infancia, lo cierto es que se trata de un proceso tan largo como la vida misma: mientras ésta dura, el individuo se siente obligado a readaptarse e integrarse en un entorno dinámico y cambiante. En este sentido, el ser humano se caracteriza, frente al resto de las especies, por una capacidad de aprendizaje mayor y más larga. Mientras que en la mayoría de los animales, la disposición para el aprendizaje se limita a los años de formación (infancia y juventud), en los humanos se produce lo que algunos autores han llamado juvenilización. Consiste en un período de juventud largo (o incluso, ilimitado), pues se mantienen durante prácticamente toda la existencia rasgos que en las otras especies son exclusivos de esta etapa vital (entre ellos, la curiosidad y la capacidad de aprender).

A pesar de que no hay una edad límite para el aprendizaje, lo cierto es que éste es mucho más fecundo durante la infancia. En esta edad, parece que el ser humano está particularmente dotado para asimilar y adquirir conocimientos de todos los tipos. Y, aunque esta disposición nunca se pierde, sí queda considerablemente entumecida con el paso del tiempo. Fíjate en que los niños y las niñas tienen una facilidad extraordinaria para aprender, bien y rápido, cualquier cosa. Nada parece suponerles un esfuerzo. Piensa, por ejemplo, lo sencillo que les resulta aprender a nadar, a montar en bicicleta o a hablar un idioma extranjero...y compáralo con lo que les cuesta a sus padres y madres adquirir esas mismas habilidades. Incluso para algunos autores, existen contenidos con fecha de caducidad, pues superado cierto límite de edad resulta imposible adquirirlos. Así parece ocurrir, por ejemplo, con el lenguaje.

A causa de esta diferencia en la facilidad, intensidad e importancia con la que se da el aprendizaje en unas etapas u otras de la vida, se ha hablado de dos tipos de socialización: primaria y secundaria.

Socialización primaria Socialización secundaria

Etapa Infancia: primeros años de vida No es exclusiva de una etapa concreta de la vida, de hecho, es propia de toda la vida

Características -Adquisición de pautas y costumbres del grupo social. -Readaptación a cambios en el entorno o a nuevas circunstancias.

-Se favorece y potencia mediante vínculos afectivos con familiares, amigos.... -Responde tanto a relaciones afectivas como a intereses de otro tipo (económicos...)

-No existe deliberación ni conciencia de este proceso. -Puede darse de forma consciente y deliberada.

-De su éxito depende la formación integral de la persona y su correcta adaptación al entorno.

-Es una socialización menos intensa; en realidad, supone un reajuste de las pautas y creencias ya adquiridas en la primera socialización.

-Interferencias o desajustes en este proceso pueden tener consecuencias irreversibles. -Es más fácil si la primaria ha sido efectiva.

Ejemplos Respeto por las costumbres sociales (saludo, despedida...) Reajuste de nuestra conducta a las costumbres de la nueva escuela.

Mecanismos -Imitación.

-Concesión de premios y castigos. Los mismos que en la primaria, más la comunicación y la transmisión explícita.

Los mecanismos o procedimientos mediante los que se hace efectiva la socialización son muy diversos (juegos, observación, repetición, ensayo-error...). Sin embargo, en la tabla anterior hemos destacado únicamente algunos.

En los primeros años de vida, todos los niños y las niñas sienten la tendencia a reproducir aquello que ven hacer a los demás. Y, aunque lo hacen de forma inconsciente y lúdica, constituye uno de los mecanismos fundamentales de integración social. En el niño y en la niña este comportamiento imitativo es arbitrario y gratuito, pero los mayores (padres, madres, hermanos mayores...) se encargan de canalizar provechosamente este tendencia innata. Mediante la aprobación y la recompensa ante las imitaciones satisfactorias y la reprobación y el rechazo de las imitaciones desafortunadas, el entorno contribuye a reforzar las conductas aceptadas socialmente y a inhibir las que resultan indeseadas.

Superada la infancia, los comportamientos imitativos y la aprobación y desaprobación de los demás ya no tienen un papel tan preponderante, aunque siguen determinando la conducta durante toda la vida. Y si no, reflexiona acerca de la cantidad de cosas que haces porque las hacen los demás, y lo difícil que te resulta sustraerte a la burla o el rechazo con que los otros sancionan tus comportamientos inapropiados. Ahora bien, en la adolescencia y la madurez vienen a sumarse a éstos otros mecanismos propios de la edad adulta. Como en esta etapa ya hay deliberación consciente, cobran importancia mecanismos que durante la infancia tienen fuertes limitaciones. Por ejemplo, la transmisión y comunicación explícita de las pautas y normas adecuadas.

3. Los agentes.

Son todo aquellos elementos que hacen efectiva o interviene activa y directamente en el proceso de socialización. En otras palabras, todo aquello que desempeñe la acción de socializar, de introducir en sociedad, será un agente de socialización. Existen muchos tipos de socializadores; pueden ser personas (familiares, amigas, amigos, profesorado), grupos (sindicatos, asociaciones), instituciones (iglesia, escuela, medios de comunicación) o también instrumentos (libros, películas). Veámoslos.

-La familia. Constituye el primer y más importante agente socializador. Aunque el modelo familiar varíe de una cultura a otra, en todas cumple una función decisiva en la formación e integración de los niños y las niñas en el ámbito social. La familia no sólo tiene el deber de proteger y alimentar a los recién llegados, sino que además debe educarlos. A menudo se olvida que, antes de la escolarización, la familia supone prácticamente el único contacto con el exterior que tiene el niño y la niña, precisamente en un momento en que es especialmente moldeable y maleable. La huella que la familia deje en nosotros seguramente será imborrable; por ello, es imprescindible que ésta tome conciencia de su tarea educadora.

MODALIDADES DE FAMILIA.

Tipo de unión Exogamia: unión conyugal entre miembros de distinto grupos social. Endogamia: unión entre individuos del mismo grupo social.

Relación conyugal Monogamia: unión de dos cónyuges. Poligamia: unión de más de dos cónyuges:

-Poliginia: un hombre y varias esposas

-Poliandria: una mujer con varios esposos.

Estructura Patriarcal: el padre ejerce la autoridad. Matriarcal: la madre tiene la autoridad.

Extensión Nuclear: formada sólo por padre, madre e hijos e hijas. Extensa: formada, además, por otros parientes (abuelos, tíos...)

-La escuela. Si la familia es el grupo que afectivamente forma y moldea los primeros rasgos personales y sociales del individuo, la escuela es la institución constituida con el objetivo expreso de educar y formar a los nuevos miembros de la sociedad. Cuando la cultura y los conocimientos que ésta comporta se complican como lo han hecho en Occidente, ya no se puede dejar en manos de los padres (bienintencionados, pero a veces poco preparados) la tarea de educar a las nuevas generaciones. Debe, entonces, confiarse a las manos expertas de los profesionales. En la escuela, el niño y la niña se enfrentan a un doble aspecto socializador. Por un lado, serán introducidos en los contenidos fundamentales de diversas materias (lengua, matemáticas...). Por otro, adquirirán toda una serie de habilidades a partir del funcionamiento mismo del centro: trabajo en equipo, colaboración, respeto hacia las normas comunes, asunción de responsabilidades.

-El grupo de iguales. Así califican los psicólogos al grupo de individuos de la misma edad con los que el niño y la niña entrarán en relación en la escuela y en otros ámbitos de su vida cotidiana. Constituye también un agente de socialización importante e insustituible. El contacto con otros individuos que están en una situación similar a la suya, y con los que mantienen relaciones de igualdad, les dotará de una visión y una comprensión de los problemas distintas de las que les ofrecen la escuela o la familia.

-Los medios de comunicación. Los grandes medios de comunicación, pero sobre todo la televisión, están ocupando un lugar cada vez más destacado en la formación de las nuevas generaciones. A través de la televisión el niño y la niña tienen acceso a toda una serie de experiencias y conocimientos que, de otro modo, habrían ignorado hasta mucho después. Son muchos los educadores, pensadores y padres y madres que denuncian la influencia perniciosa que ejerce este medio en una mente influenciable y no formada todavía. La televisión pone a su alcance contenidos (sexo, violencia, desgracias...) que, por su inmadurez, les resultan imposibles de digerir. Sin embargo, las opiniones a este respecto son diversas y los estudios no confirman nada de forma definitiva.

4. Repercusiones.

Mediante la socialización se estrechan los vínculos entre el individuo particular y el sistema social en el que vive, favoreciendo el crecimiento, el desarrollo y la continuidad de ambos. Por ello, la socialización y sus implicaciones son de interés tanto para la psicología (centrada en el individuo) como para la sociología (centrada en el grupo social).

Desde la psicología, el efecto de la socialización que más se destaca es la formación de la personalidad individual. Por personalidad entendemos la forma de ser estable y personal de cada persona, es decir, el modo de comportarse característico de un individuo frente a los demás.

La personalidad, que es una especie de sello o distintivo personal, está íntimamente ligada al proceso de socialización, pues está constituida no sólo por ciertas predisposiciones innatas a reaccionar de cierta manera (determinación biológica o genética de la personalidad), sino también por nuestro carácter. El carácter es el conjunto de hábitos que adquirimos socialmente en nuestra interacción con los otros. Por lo tanto, la personalidad reúne factores de tipo hereditario, pero también factores aprendidos. Aunque no vamos a entrar a valorar el grado de importancia de cada uno de éstos en la determinación global de la personalidad, por el tema que nos ocupa, destacaremos la importancia de los adquiridos socialmente. Así, podemos afirmar que para el desarrollo de una personalidad sana es imprescindible una adecuada socialización.

Cambiando de perspectiva, desde la sociología se analizan dos aspectos de la socialización. Por una parte, se estudia la socialización como un requisito para que haya integración real y efectiva del individuo en su entorno social. En este sentido la socialización posibilita la adaptación y previene la marginación o exclusión social, Por otra parte, considera la socialización como uno de los garantes de la conservación de cualquier sociedad, porque asegura la continuidad de sus principales rasgos. Gracias a que los modelos sociales básicos (pautas, funcionamiento, normas, creencias, ritos...) se transmiten de una generación a otra, es posible que la sociedad sobreviva (con cierta regularidad) a pesar de la temporalidad y finitud de los individuos que la forman en cada momento.

(AA. VV. Filosofía y Ciudadanía. Bachillerato. Editorial Edebé. Barcelona. 2008).

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Si no actúas como piensas, vas a terminar pensando como actúas.

Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.

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