DEL MITO AL LOGOS

1.La concepción mítica de la realidad.

Toda concepción de la realidad incluye un modo de concebir la realidad, un modo de comprender el saber que se tiene sobre la realidad, y un modo de comportarse.

Para comprender la concepción mítica que tenían los antiguos griegos de la realidad debemos entender que no tenían nada que ver con nosotros, nuestra ciencia y nuestra tecnología que nos permiten controlar la naturaleza.

Hace 3.000 años el ser humano vivía sujeto al capricho de las fuerzas naturales- tormentas, volcanes, sequías, epidemias, etc.- que amenazaban su existencia individual y colectiva. De ahí que, para los antiguos griegos, la realidad se dividiese en un ámbito divino- el de los dioses inmortales- y un ámbito natural- el de los hombres en el seno de la naturaleza-. La naturaleza se presentaba entonces como:

*La fuerza, el poder responsable de la producción y destrucción de las cosas del mundo natural.

*Una fuerza caótica, porque los procesos de producción-destrucción se sucedían sin orden aparente y sin atender las necesidades de los hombres.

Y esto era así porque el poder de la naturaleza se concentraba en el conjunto de las fuerzas naturales, cada una regida por su dios correspondiente-Zeus, señor del rayo; Poseidón, del mar- que la gobernaba a su capricho: fuerza como poder sagrado.

Esta concepción de la realidad como un ámbito natural regido- y con él, el destino de los hombres- caprichosamente por la voluntad de los dioses se expresaba en unos relatos denominados mitos.

Los mitos, narraciones anónimas en las que cristaliza la memoria colectiva de una cultura- por eso son etnocéntricos, cada cultura tiene sus propios mitos-, cuentan las historias de los dioses, semidioses o héroes, y sus relaciones recíprocas con los mortales. Los mitos ofrecen un saber que presenta los siguientes rasgos fundamentales:

*Irracional, lo que significa que:

-Lo que el mito cuenta (por ejemplo, que Atenea nace de la cabeza de Zeus) no es susceptible de discusión: o se cree e no se cree.

-El significado del mito suele estar codificado por la tradición, de tal modo que entender un mito no es reinterpretarlo según las luces de cada cual, sino desvelar el significado que la tradición guarda y le atribuye.

*Normativo, porque establece el conjunto de valores y normas que deben regir la comunidad, y que tienden a ser atemporales, es decir, válidos para todo tiempo y lugar. Por eso en las sociedades míticas el peso de la tradición es tan importante, porque no se trata de cambiar lo que se es y se tiene, sino de conservarlo como si fuese sagrado.

*Como es normativo, el mito legitima, o deslegitima, el orden social vigente según este respete las directrices del mito o no.

*Por último, el saber mítico, al explicar al hombre el puesto que ocupa en el cosmos, establece el sentido de la existencia de los seres humanos: qué somos y qué debemos hacer con relación a los dioses y a los otros hombres. Así, el mito nos enseña que debemos justicia a los demás hombres, y que debemos a los dioses la piedad de los rituales religiosos (en los que tratamos de seducir a los dioses para que nos ayuden a que se cumplan nuestros deseos, a cambio de generosas ofrendas).

2. La concepción filosófica de la realidad.

La filosofía griega siguió reconociendo la existencia de un ámbito divino y otro natural, si bien tiende, con todas las cautelas, a concebirlos independientes, es decir, como dos ámbitos autónomos que no influyen el uno sobre el otro. La naturaleza aún es el poder que produce las cosas del mundo natural (y en este sentido es su causa) y el lugar al que, acabado su “ciclo vital”, vuelven todas las cosas (y en este sentido es fin de las cosas naturales). Pero este poder ni está manejado por los dioses a su capricho ni, por eso mismo, es caótico, sino ordenado. Para un  antiguo griego una cosa está ordenada porque algo hay en ella que, por encima o debajo de sus cambios, siempre permanece. Veamos lo que permanece en la naturaleza:

  • Permanece la naturaleza en su conjunto, porque sobrevive a la paulatina desaparición de las cosas naturales gracias a la aparición de otras nuevas. La naturaleza es, como conjunto eterno, universo.
  • Permanece la ley que rige el proceso de producción-destrucción de las cosas naturales. Para los primeros filósofos este proceso es un ciclo que se repite siempre en la misma secuencia, como las estaciones del año o las etapas de la vida.
  • Permanecen los tipos de esencias: en el proceso de producción-destrucción de cosas, la naturaleza produce y destruye unos tipos de cosas que mantienen sus rasgos característicos inmutables en el tiempo. Así, “produce”, por ejemplo, cisnes siempre con los mismos rasgos, y no los mezcla con los del caballo (y por eso Pegaso es un animal mitológico), ni inventa- pensaban los filósofos- nuevos tipos de cosas. Al conjunto de rasgos propios de un tipo de cosas lo denominamos la esencia de esa cosa.
  • Permanece el individuo a través de sus transformaciones, lo cual no deja de ser muy extraño. Y es que la respuesta a la pregunta “¿quién eres?” permanece invariable durante toda tu vida- “soy fulano de tal”-, mientras que las respuestas a la pregunta “¿qué eres?” cambian constantemente: “soy niño, adolescente, joven estudiante, profesora, una persona nerviosa...” ¿Cómo es posible que uno sea siempre “el mismo” a pesar de no ser “lo mismo” jamás? La concepción de la realidad que tenían los antiguos griegos se nos presenta como un saber que tiene las siguientes características, es decir, la filosofía es:
  • Racional, lo que supone: a) que, aportando las razones pertinentes, todo se puede discutir. La critica (y autocrítica) argumentada es inherente a la filosofía. Y por eso la filosofía es un saber histórico, porque las razones del futuro pueden impugnar las del pasado, b) que la argumentación ha de ser lógicamente coherente, y no se puede decir algo y lo contrario al mismo tiempo.
  • Universal: porque reflexiona sobre toda la realidad-universalidad del objeto de conocimiento- tratando de comprenderla desde argumentos válidos para todos- universalidad del sujeto de conocimiento.
  • Radical y última: la filosofía trata de ofrecernos aquella explicación más allá de la cual no se puede ir (por eso es la última a la que nos podemos remitir), porque es la que explica las cosas desde su raíz.
  • Profana: pero no porque la filosofía niegue a los dioses, pues no los niega en innumerables ocasiones, sino porque se acerca a ellos con afán de comprensión racional y no con afán de devoción.
  • Normativa: porque trata de explicarnos cómo debemos vivir individual y colectivamente.

No se aprende filosofía, sólo se aprende a filosofar.

Autor: Immanuel Kant

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