SERAFÍN DELGADO

 En el corazón de un bosque frondoso y verde había un lago cristalino donde vivía un cocodrilo un tanto especial, ya que era muy pequeño y estaba desdentado. Todos los cocodrilos se reían de él porque éste no era nada común.


 Serafín Delgado, el pequeño cocodrilo, se sentía muy apenado. Nadie se acercaba a él porque su apariencia no era la de un reptil normal, y por esto lo marginaban.
  Día a día nuestro pobre amigo se fue quedando cada vez más sólo:
- ¡Eh! ¡Tú! ¡Serafín!...Así nunca asustarás a ninguna criatura del bosque- Decía algún hiriente.
-Yo no quiero asustar a nadie- Respondía Serafín.
 Todos se burlaban, ¿Cómo podía haber un cocodrilo tan pequeño, sin dientes, y que no quisiera herir a nadie?
 Una mañana después de su paseo diario, el cocodrilo llegó al lago y observó con sorpresa como un enorme árbol había caído en su interior dejando atrapado a un enorme cocodrilo.
 El hueco que había entre el tronco y el fondo era diminuto así que sólo cabía una criatura chiquitita y ágil, y éste era el momento donde Serafín podía demostrar su valía. Éste nadó y nadó hasta llegar a la arena fangosa y a continuación comenzó a excavar hasta liberar al gran cocodrilo.
 
 El animal al que había salvado estaba muy agradecido y junto a los demás cocodrilo se disculpó con Serafín. Éste nunca más volvió a sentirse diferente.
 Así todos los animales aprendieron que todos tenían los mismos derechos aunque les diferenciara el color, el sexo, la raza, o la religión.
  Basado en el artículo número 2 de los Derechos Humanos:
• Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
• Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. la ciencia no es nada más que un valor entre otros.

Autor: Edmund Husserl

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