LA MUJER Y LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

La relación entre la mujer y la filosofía se puede entender en dos direcciones complementarias: la aportación de la mujer a la filosofía y el tratamiento recibido por la mujer en la filosofía. En ambos caos hay que tener en cuenta que la situación de la mujer no es esencialmente distinta a la que mantiene en otros aspectos de la cultura, como la ciencia, la política, la música, la técnica, etc. Podemos decir que la mujer ha sido discriminada también en el campo de la filosofía.

 

1. Mujeres en la historia de la filosofía.

Hipatia (siglos IV-V) fue la primera mujer de la que sabemos que se dicho a la filosofía. Su pensamiento se encuadra en el neoplatonismo, siendo conocida también por sus estudios en matemáticas y medicina.

Mary Wollstonecraft (siglo XVIII) mantuvo una feminismos radical para su época, además de discutir con Rousseau sobre el concepto de educación.

Harriet Taylor (siglo XIX) se dedicó a cuestiones filosóficas sobre la defensa de la igualdad entre mujeres y varones. Así, señaló que, a veces, la caballerosidad es una forma de encubrir la idea de que las mujeres son seres inferiores y débiles. Por ello necesitan ayuda y protección especiales, lo que justificaría su sometimiento a los varones.

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En el siglo XX destaca Edith Stein, alemana de ascendencia judía, convertida al cristianismo y asesinada en las cámaras de gas del nazismo. Bajo la influencia de husserl, intentó construir una "metafísica completa" que superara todo dogmatismo. En su obra ser finito y ser eterno pretendió realizar una síntesis entre temporalidad y eternidad, razón y experiencia, finitud e infinitud.

Simone de Beauvoir es otra pensadora del siglo XX, encuadrada en el movimiento existencialista. En su obra El segundo sexo defiende que no tiene sentido plantearse una "esencia" femenina, pues varones y mujeres son lo que hacen, se construyen a sí mismos según los actos que eligen realizar. Más allá de las diferencias de género, es preciso reconocer que el mundo está constituido e impulsado por seres humanos.

Simone Weil es una pensadora francesa de difícil caracterización. Su pensamiento se expresa con frecuencia en anotaciones cortas, a modo de aforismos, y gira en torno a temas religiosos con cierta influencia mística.

Carol Gilligan ha construido una "ética del cuidado" basada en los valores de la compasión y la responsabilidad por los demás. Tales valores son tan indicativos de la madurez moral como la justicia y la autonomía propuesta por l. Kohlberg.

Finalmente, María Zambrano es una pensadora española, discípula de Ortega, que ha desarrollado la noción de "razón poética". La entiende como una especie de intuición intelectual capaz de sondear el espíritu humano con mayor profundidad que la razón discursiva.

 

 

2. El pensamiento filosófico sobre la mujer.

 

Si exceptuamos el pensamiento feminista, desarrollado básicamente en el siglo XX, podemos afirmar que las mujeres no han sido tenidas en cuenta en la filosofía, ni de la forma adecuada no con la intensidad suficiente. Da la impresión de que las mujeres fueron invisibles para muchos de los grandes autores de la filosofía.

Ahora bien, según algunas posiciones más radicales, no está claro qué es mejor: recibir un tratamiento negativo o no recibir ninguno. Pues entre ambas posiciones ha oscilado con frecuencia la consideración de la mujer en la filosofía.

Es verdad que hay excepciones importantes, entre las que cabe destacar a Platón y a John Stuart Mill.

En efecto, tanto en La República como en Las Leyes, Platón defiende que las mujeres fueran educadas de igual modo que los hombres. Pero resulta difícil explicar que esta concepción permaneciera olvidada al mismo tiempo que se imponían o discutían, con enorme fuerza y durante siglos, otras nociones platónicas.

Por su parte, Stuart Mill, en su obra La servidumbre de la mujer, defiende expresamente la igualdad entre los sexos, siendo uno de los primeros defensores del derecho a voto de las mujeres.

 

Pero estos ejemplos no ocultan que en la filosofía no ha habido neutralidad respecto a los sexos. Esto se muestra en autores tan relevantes como Aristóteles, cuando usa el término anthropos ("hombre" en sentido genérico) de forma que no puede aplicarse a las mujeres; o cuando Kant, en ocasiones, habla de "seres racionales" en contextos exclusivamente masculinos, pareciendo excluir a las mujeres del ámbito de la racionalidad. Estos ejemplos apuntan a que ciertos usos lingüísticos han excluido y aún siguen marginando a las mujeres.

Otra tendencia del pensamiento filosófico ha sido la de relacionar el concepto de "hombre-varón" y la noción de lo "masculino" con la racionalidad y la cultura, con el ámbito de lo público, mientras que el concepto de "mujer" y la idea de lo "femenino" se relaciona, casi en exclusiva, con la emoción y la naturaleza, es decir, queda recluido al ámbito de las relaciones privadas. De este modo, las mujeres han sido consideradas incapaces de participar en los asuntos públicos en general y en la política en particular; es el caso de autores como Rousseau y Hegel.

Por estos motivos, se plantean en la actualidad dos grandes líneas de reivindicaciones feministas:

-la que aspira a la igualdad entre varones y mujeres, más allá de las diferencias de género;

-y la que reivindica la diferencia como la categoría fundamental según la cual han de regirse todas las relaciones entre los seres humanos.

 

Por último, se puede entender que los movimientos feministas actuales conectan estrechamente con problemas de alcance planetario, como la ecología, la defensa de los derechos humanos, los resultados de la globalización, etc. 

La historia hace a los hombres sabios; la poesía, ingeniosos; las matemáticas, sutiles; la filosofia natural, profundos; la moral, graves; la lógica y la retórica, hábiles para la lucha

Autor: Francis Bacon

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