LA CONSTRUCCIÓN INDIVIDUAL Y SOCIAL DEL CONOCIMIENTO

1. La construcción subjetiva del conocimiento.

   No existe conocimiento sin un sujeto  cognoscente, esto es, sin alguien capaz de conocer. Por eso, la pregunta sobre cómo es el conocimiento tiene que partir de estudiar cómo se origina y se desarrolla a nivel subjetivo.

1.1. Las sensaciones.

   Todos los seres vivos tienen en común que son sensibles a los estímulos eternos. Aunque cada organismo manifieste esa sensibilidad de distinta manera, los órganos de los sentidos son la estructura mediante la que el sistema nervioso se comunica con el mundo.

   Los sistemas sensibles de los organismos responden a cantidades específicas de estímulos. Por ejemplo, la frecuencia del movimiento ondulatorio de las moléculas de aire para que una persona oiga oscila entre 20 y 20.000 hercios. Por debajo o por encima de este umbral no percibirá el sonido. Cada especie animal tiene diferentes grados de captación de los estímulos del medio y, por ello, su experiencia del entorno es distinta.

   Los diferentes tipos de componentes del medio (ondas electromagnéticas, en el caso de la visión, o moléculas químicas, en el caso del olfato) interaccionan continuamente con los sentidos dando lugar al primer nivel de acercamiento a la realidad: las sensaciones. Sin embargo, para empezar a hablar de conocimiento es necesario que esas sensaciones se organicen y tengan un sentido, es decir, se conviertan en una percepción.

1.2. La percepción.

   La percepción del ser humano es un proceso a través del cual organiza, elabora e interpreta la información del medio que le rodea. Percibir es asimilar las sensaciones dándoles un significado.

   De esta forma, el acto de percibir supone la participación activa del sujeto, porque cuando percibe está anticipando, construyendo su mundo desde sus experiencias, emociones, conceptos e intereses.

   Así, cuando se percibe una manzana, llegan una serie de ondas electromagnéticas a la retina que se traducen en impulsos nerviosos. Inicialmente, la manzana no será recibida por la retina como un objeto único, sino que  atenderá a sus componentes: forma, color, orientación, profundidad y su relación con otros objetos del espacio. En el córtex visual del cerebro hay diversas áreas específicas dedicadas a procesar todos estos aspectos; cada característica individual se almacenará en un lugar del cerebro.

   A la hora de evocar la manzana se activan todas las neuronas implicadas en el análisis de cada propiedad de la manzana. Ahora bien, la manzana no se percibirá de la misma forma por alguien que lleva días sin comer que por quien acaba de salir del banquete de una boda. La percepción es, por lo tanto, un proceso constructivo.

   Este proceso presupone otras facultades intelectuales, como la memoria o la motivación, y los intereses, inquietudes o el contexto social del sujeto.

1.3. Pensar el mundo.

   El conocimiento sensible es el comienzo del proceso de conocimiento. El siguiente paso es el salto hacia la generalización, es decir, hacia la formación de conceptos y, en último término, hacia el pensamiento complejo, que construye razonamientos.

   El conocimiento humano trabaja con conceptos. A partir de las percepciones de objetos particulares se construyen conceptos generales, que integran la información particular. Así, por ejemplo, el concepto de gato no hace referencia a ningún felino en concreto, pero recoge las características comunes que comparten e identifican a los gatos. Sin esta capacidad conceptual sería necesario asignar un nombre para cada objeto del universo.

   El pensamiento representa los objetos mediante conceptos; por ello, un concepto es la representación mental y simbólica de un objeto, prescindiendo de sus características concretas e individuales, para recoger las que comparte con otros.

   En resumen, el proceso de conocimiento comienza con una serie de estímulos externos que se convierten en reacciones orgánicas y que dan lugar a conceptos generales, abstractos, que no tiene correspondencia con ningún individuo concreto.

2. La construcción social del conocimiento.

   El conocimiento humano tiene dos aspectos centrales: pretende conocer la realidad y es producto socialmente construido; esto es, solamente adquiere sentido cuando varios sujetos lo comparten y construyen comunicándose. La sociología del conocimiento analiza la relación entre el pensamiento y el contexto social en el que se origina.

   El ser humano es el animal con menor repertorio de instintos; sin embargo, es el que tiene mayor capacidad de aprendizaje en sus primeros años de vida. Esa capacidad de conocer el mundo  de actuar sobre él en función de ese conocimiento ha sido su mayor ventaja adaptativa. Ahora bien, ese proceso de adquisición de conocimiento se produce siempre en un contexto social, que le proporciona un orden específico, esto es, unas categorías predeterminadas para entender la realidad.

   A través del proceso de socialización se interiorizan las normas sociales, se aprende una serie de hábitos y normas ético-morales que indican cómo comportarse, que estructurarán la conducta. Al mismo tiempo, se adquieren una serie de aprendizajes cognitivos, sobre cómo funciona el mundo.

   El aprendizaje de un lenguaje es clave en este proceso, en tanto que nos introduce en las ideas compartidas por los miembros del grupo. A medida que se adquiere, se asimila un universo simbólico, un conjunto de significados que explican, interpretan y ayudan a percibir de forma no problemática ese entorno social.

   Así, el conocimiento se da en la sociedad como algo previo (un “a priori”) a la experiencia individual, proporcionando a esta última su significado. Esta organización, si bien es particular de una situación histórico-social, se le presenta al individuo como la forma natural de ver el mundo.

La filosofía triunfa con facilidad sobre las desventuras pasadas y futuras, pero las desventuras presentes triunfan sobre la filosofía.

Autor: François De La Rochefoucauld

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