¿EN QUÉ CONSISTE EL CONOCIMIENTO?

1. ¿Qué es conocer?

Entendemos por “conocer” una actividad que tiene como objetivo la aprehensión de un estado de cosas, de tal forma que pueda ser compartida por los demás.

En la actividad cognoscitiva se puede diferenciar, por tanto, dos polos: el sujeto, protagonista de la acción de conocer; y el objeto, aquello sobre lo cual recae dicha acción, aquello que resulta aprehendido o conocido.

En esta línea se puede distinguir también entre la actividad de conocer y el resultado de tal actividad, que solemos denominar conocimiento.

Así, mientras el conocer está ligado a la búsqueda de la verdad, el conocimiento se refiere preferentemente a la verdad hallada.

2. El ámbito del conocimiento.

Ahora vamos a delimitar nuestro estudio en este artículo a tres aspectos esenciales para cualquier teoría del conocimiento: los grados del conocimiento, sus fuentes y sus intereses.

2.1. Grados del conocimiento.

Según Kant, la combinación de los planos subjetivo y objetivo que intervienen en el conocimiento dan lugar a tres grados de conocimiento: opinión, creencia y saber en sentido estricto.

-La opinión es un estado de conocimiento en el que el sujeto considera algo como verdadero, pero no tiene seguridad de ello.

--Desde el punto de vista objetivo, no encuentra ninguna justificación que pueda comunicar a los demás de modo que tengan que aceptarla. Una justificación es objetivamente válida cuando tiene que aceptarla cualquier ser racional que la examine.

--Desde el punto de vista subjetivo, no se atreve a afirmar que está convencido de ello, por eso se suele expresar diciendo “opino que” y no “estoy convencido de que”.

-Cuando alguien está convencido de que lo que piensa es verdad, pero no puede aducir una justificación que pueda ser aceptada por todos, entonces cree que eso es verdadero: su modo de conocer es la creencia. La seguridad es sólo subjetiva; lo que creemos no tiene una justificación objetiva suficiente.

-El saber en sentido estricto es una opinión fundamentada tanto subjetiva como objetivamente. Es decir, quien afirma “yo sé que p” está subjetivamente convencido de ello y, además, tiene razones para convencer objetivamente a los demás. Sería absurdo decir que sé algo y, a la vez, pensar que es falso o que estoy equivocado en mi conocimiento. Saber algo significa poder dar razón de ello ante los demás.

2.2. Fuentes del conocimiento.

Desde las primeras reflexiones de los filósofos griegos, ya con Parménides, se introdujo la distinción entre las dos fuentes principales de conocimiento: la sensibilidad y la razón. La importancia de una y otra ha variado con las diferentes propuestas filosóficas que se han sucedido a lo largo de la historia.

El conocimiento racional se entiende como aquel que nos proporciona lo que hay de permanente y de fundamental en las cosas. El conocimiento sensible, por el contrario, pone de manifiesto los aspectos cambiantes de las cosas. Sin embargo, uno y otro se dan siempre mezclados.

La sensibilidad proporciona la experiencia básica acerca de las cosas, pero sus datos han de incluirse siempre en un contexto teórico-racional que los haga inteligibles. Sin dicho contexto la experiencia sensible no aportaría más que una colección de informaciones inconexas y carentes de significado cognoscitivo.

Además, la experiencia también depende de diversas instancias humanas que son capaces de producirla y de interpretarla: por eso podemos hablar de la experiencia entendida como experimento (en las ciencias), de experiencia cotidiana, filosófica, religiosa, estética, experiencia del amor, etc.

La razón produce también diferentes formas de conocimiento: una inmediata, como la intuición; otras, mediatas, como la inducción, la deducción, la reflexión, etc., que están ligadas generalmente a algún tipo de experiencia.

Unas propuestas filosóficas han dado mayor peso a la experiencia y otras a la razón. Las dos fuentes cumplen su papel en los distintos tipos de conocimiento, entre los que podemos distinguir al menos los siguientes: el conocimiento precientífico, también llamado saber cotidiano, el científico, el técnico, el filosófico y el religioso.

2.3. Los intereses del conocimiento.

Todo conocimiento está guiado por intereses: nos interesa conocer para resolver problemas, para aumentar nuestro bienestar, para acrecentar nuestras posibilidades. Ahora bien, los intereses pueden ser particulares, propios de un individuo o grupo, o comunes a todos los seres humanos por pertenecer a la razón. ¿Cuáles son estos últimos?

Según Kant, la razón humana se pone en movimiento por dos intereses:

-Un interés teórico por lograr la perfección lógica del conocimiento. De él surge el conocimiento acerca de la naturaleza.

-Un interés práctico por descubrir qué debemos hacer y qué podemos esperar su obramos bien. De este interés brota el saber acerca de la libertad que da lugar a la ética y la religión.

En nuestros días, Apel y Habermas han elaborado una teoría de los intereses del conocimiento que distingue tres tipos.

-El interés técnico por dominar y explotar la naturaleza. Sirve de guía a las ciencias empírico-analíticas, como la física y la biología.

-El interés práctico, orientado a la comunicación t al entendimiento entre seres capaces de comunicase. Por él se guían las ciencias histórico-hermenéuticas, como la historia.

-El interés emancipativo por liberar a los seres humanos de la dominación y la represión. Hace de guía de las ciencias sociales críticas, como la psicología cognitiva o la crítica de las ideologías.

Entre estos intereses existe una jerarquía, porque todos han de ponerse al servicio del interés supremo de too conocimiento, que es la liberación de los seres humanos.

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.

Sir Francis Bacon (1561-1626) Filósofo y estadista británico.

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