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  • PLATÓN Y EL ARTE

    El proyecto platónico, y el establecimiento de una Ciudad justa, requerían la construcción de nuevos mitos como modelos morales pero siempre estuvo en contra de la utilización de los mitos en tanto que inventores de falsos mundos. Y lo mismo sucede con los poetas y los artistas. Le gustaba la poesía si servía a la educación de los ciudadanos y si promovía el respeto a los dioses, pero censuraba a los poetas por engañadores. Era necesario construir nuevas y hermosas “mentiras” para justificar que la Ciudad debía fundamentarse en el alma y en la razón, en vez de hacerlo en la violencia como en la tradición homérica. Si Platón se opuso a los poetas hasta expulsarlos de la Ciudad justa es porque consideraba la poesía como una especie de “veneno para la mente”. La señoría sobre uno mismo, la areté propia de los grandes hombres resulta incompatible con los excesos líricos y la emotividad. Poetizar, es decir, caer en manos de lo que el filósofos denomina “la musa dulzona” era una manera de confundir la metáfora con el concepto que finalmente podía resultar peligrosa para el conocimiento de la verdad. El auténtico conocimiento no es, en Platón, de carácter sensible, sino que depende de su proximidad a una Idea trascendente. Lo que ofrece la poesía son simplemente opiniones, sentimientos que cambian y se extinguen. A Platón le interesaba otro ámbito: el de lo permanente y trascendente.

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