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  • LA PREGUNTA FILOSÓFICA POR EL SER HUMANO

     Uno de los problemas fundamentales de la filosofía ha sido y sigue siendo "el problema del ser humano". Ese problema consiste básicamente en establecer si la especie humana cuenta o no con alguna propiedad exclusiva que la distinga del resto de las especies animales y si cumple alguna función especial en el mundo.
    Esta problemática no es una inquietud reciente para los seres humanos, sino más bien una preocupación antigua y constante para la filosofía. Sin embargo, a partir de este último periodo de la filosofía contemporánea, las notables diferencias entre autores y épocas, se pueden trazar ciertas líneas de continuidad en ese proceso de búsqueda teórica sobre el ser humano y de introspección personal sobre el yo.
    1. Origen de la pregunta por el ser humano.
    Las primeras representaciones antropomórficas del arte rupestre ya indican una cierta conciencia de la condición de la vida humana. En las pinturas prehistóricas se refleja a los hombres como seres-cazadores y a las mujeres como seres-reproductores. Además, en los mitos de las distintas culturas se reflejan también diferentes formas de entender al hombre y a la mujer.
    Con la filosofía griega se inicia un largo proceso de reflexión racional acerca del sentido y significación del ser humano. Ya en el siglo VI a.C. podemos encontrar destellos de esa preocupación antropológica, tanto desde un punto de vista teórico como desde un punto de vista práctico. Desde el enfoque teórico, cabe señalar la extraordinaria intuición acerca de la evolución de las especies ofrecida por Anaximandro.
    Desde el enfoque práctico, se deben recordar, por ejemplo, los versos áureos de Pitágoras y algunos de los aforismo de Heráclito, quien al final de su vida declaró:"Me he buscado a mí mismo". Sin embargo, habitualmente ese inicio teórico tiene lugar en el siglo V a. C., se denomina "período antropológico" y se marca en función de dos consideraciones:
    *El intento de Sócrates por definir de modo objetivo lo humano, y algunas de sus preocupaciones, como "lo bueno" o "lo justo".
    *La posición subjetivista de los sofistas, en especial la de Protágoras, para quien "el hombre es la medida de todas las cosas"(homo mensura omnia).
    Pese a esas diferencias, tanto Sócrates como los sofistas reconocen la relevancia de definir al ser humano. Cabe apuntar que ese interés teórico por definir la naturaleza humana procede de una motivación profundamente personal: el deseo de autoconocerse. Esta "autognosis" es, sin duda, el motor de cualquier especulación o de cualquier intento de explicación antropológica. Esa raíz de interés personal ha permanecido a lo largo de toda la historia de la filosofía: desde el "conócete a ti mismo" del oráculo de Delfos hasta las actuales teorías genéticas y biopsicológicas. En definitiva, la preocupación por definir lo humano siempre ha respondido tanto a una actitud meramente teórica y objetiva como a una inquietud eminentemente práctica y subjetiva.
    2. Desarrollo de la pregunta por el hombre.
    La reflexión filosófica sobre "el problema del hombre" se ha construido a lo largo de la historia a partir de cinco tradiciones culturales distintas: la tradición oriental, la griega, la judeo-cristiana, la humanista y la positivista.
    *Tradición oriental. Según esta concepción, el hombre sería un ser trascendente que se caracteriza por contar con un elemento sobrenatural- el alma inmortal- que lo distingue esencialmente del resto de la naturaleza. Ese dualismo influirá en Pitágoras, en Platón y se instalará en el acervo intelectual de Occidente.
    *Tradición griega. Los griegos apuntaron la idea de un ser humano que se diferencia del resto de los animales por su condición racional, es decir, por su logos. Al mismo tiempo, destacan su carácter naturalmente social a través del lenguaje. Emerge, además, una perspectiva que intenta estudiar al ser humano desde la investigación científica, analizándolo como un objeto más dentro de la realidad total de la naturaleza. Esta tendencia despuntará en el Renacimiento y aflorará con todo su esplendor a partir de la Ilustración.
    *Tradición judeo-cristiana. Para esta tradición, el ser humano es una criatura de Dios. Así, el ser humano está subordinado a la divinidad, de la cual es hecho a "imagen y semejanza" pero al mismo tiempo establece una relación personal con la trascendencia. Junto con la tradición oriental, generará el marco de referencia del pensamiento de la Edad Media.
    *Tradición humanista. Nacida en el Renacimiento, reconoce la natural y universal dignidad del hombre. Se desarrolla especialmente a partir del siglo XIX e intenta ofrecer una respuesta más amplia que la estricta explicación científica para el "misterio" del ser humano.
    *Tradición positivista. A partir de las críticas a las perspectivas tradicionales y de los avances científicos de los siglos XVIII y XIX, se observa al ser humano como un ser dentro del conjunto de la naturaleza, que se debe explicar desde un punto de vista exclusivamente científico.
    Además, debemos tener presente que la filosofía antigua estuvo centrada en torno al concepto de ser; la medieval se preocupó por el concepto de Dios; la filosofía moderna hizo hincapié en el concepto del conocimiento; y la filosofía contemporánea es el reino de la preocupación antropológica.
    3. El ser humano en la Antigüedad.
    "Nada hay tan maravilloso como el ser humano". Así expresaba Sófocles en una de sus tragedias su admiración por la humanidad. ¿En qué basaba su admiración? Para Sófocles, como para la mayoría de filósofos griegos, el ser humano es admirable porque es un ser especial: forma parte de la naturaleza, pero es diferente al resto de los seres naturales.
    En primer lugar, porque es el único animal que piensa y habla, se preocupa por buscar la felicidad y trata de comprender el mundo que le rodea. Es capaz de analizar la naturaleza de las cosas y buscar la verdad; pero también es capaz de preguntarse por el más allá, inventar almas inmortales y poblar el cielo de divinidades semejantes a él, aunque infinitamente poderosas.
    Por otra parte, ha sido capaz de crear un mundo artificial, hecho de normas, costumbres y creencias, que le ayuda a sobrevivir y orientarse. Ese mundo artificial, la sociedad (polis), es donde el ser humano encuentra su acomodo y adquiere la categoría de ciudadano. La mentalidad griega ve también en la polis el lugar donde el ser humano puede llegar a ser feliz. Para ello, hay que lograr una vida armónica, viviendo con moderación, buscando la virtud en el punto medio, evitando los excesos.
    3.1. El ser humano para Platón.
    La filosofía platónica es el punto de arranque filosófico de la visión dualista que ha impregnado durante siglos la cosmovisión intelectual y la creencia común sobre la naturaleza humana. El objetivo que Platón persigue es llegar a una definición objetiva y universal, desde el plano de la physis, acerca de la naturaleza humana. Su teoría nace para defender esa perspectiva- que también sostenía Sócrates- frente a la perspectiva del nomos, que defendían los sofistas.
    Los sofistas defendían el carácter subjetivo y variable de la naturaleza humana. Así pues, no existe nada absoluto, es decir, no hay estabilidad ni esencia en la realidad: todo es cambio, variación y convención. Este enfoque relativista era la conclusión lógica de las observaciones de Herodoto acerca de las distintas formas de vida de los distintos países y pueblos. Por tanto, el reino del nomos que defendían los sofistas era pura arbitrariedad, convención y capricho. Incluso algunos pensadores, como Gorgias, declaraban que el mundo en sí, o sea, la propia physis, era incognoscible.
    Platón quería superar ese escepticismo ético y físico y ofrecer estabilidad al mundo ético del nomos. Para ello, era preciso asegurar una naturaleza humana invariable y eterna en el reino de la physis. Para cumplir ese objetivo, Platón ideó un sistema dualista.
    Ese sistema dualista se basa en dos mundos. Uno lo conocemos a través de los sentidos, y es sensible y variable. El otro lo captamos a través de la razón, y es inteligible e inmutable. Recogiendo elementos de la religión órfica a través de Pitágoras, Platón aplicó el dualismo para explicar la naturaleza humana y lo ejemplificó a través de tres mitos: el carro alado, el de la caverna y el mito de Er. En ellos se explica cómo el ser humano, ese "bípedo implume", es un ser compuesto por dos realidades antagónicas: el cuerpo y el alma. El cuerpo es una realidad perecedera, fuente de error y del mal moral, mientras que el alma es una realidad inmortal.

    “Mientras tengamos el cuerpo, y nuestra alma se halle entremezclada con semejante mal, no poseeremos suficientemente aquello que de deseamos, es decir, la verdad. El cuerpo, en efecto, nos acarrea incontables distracciones debido a la necesidad de sustento, y, por si fuera poco, lo atacan enfermedades que nos impiden el conocimiento de lo real. Nos llena de amores, deseos, temores, toda clase de imágenes y tonterías; de tal modo que en los que de él depende jamás nos sería posible ser sabios. También las guerras, discordias y batallas las acarrean el cuerpo y sus deseos. La purificación consiste- como dice la antigua sentencia- en “separar al máximo el alma del cuerpo” y que aquella se acostumbre a concentrarse sobre sí misma desde todas las partes del cuerpo; y a recogerse y vivir en lo posible-tanto en lo presente como en lo futuro- sola en sí, liberándose del cuerpo, como si se tratara de cadenas. ¿Y no es la muerte una liberación del alma con respecto al cuerpo? Por eso los que filosofan de verdad se preparan para el morir” (Platón. Fedro).

    Ahora contesta estas cuestiones:

    ¿Qué males acarrea el cuerpo para Platón? ¿Cómo podemos solucionarlos?

    ¿Por qué los filósofos deben prepararse para morir?

    ¿Podemos decir que Platón es un filósofo dualista? ¿Por qué?

     

     

    *Mito del carro alado. En el Fedro, se relata cómo un auriga guía una pareja de caballos alados: uno blanco, hermoso y bueno; otro negro, feo y malo. Por ese motivo, la conducción resulta difícil. Cuando el auriga es poderoso, el carro vuela por las alturas, pero si los caballos pierden las alas, el carro es arrastrado hacia abajo, hacia la tierra. Cuando el alma cae a tierra, queda encerrada en una "tumba" (sema), es decir, en un cuerpo (soma), como "la ostra en su concha" según la imagen que usa en su obra Fedro. Solo recuperando la fuerza de las alas se podrá elevar de nuevo hacia el lugar donde habitan los dioses, lugar en el que todo es bello, sabio y bueno. El deseo de alcanzar ese lugar es lo que favorecerá que crezcan las alas.
    El mito del carro alado tiene como función básica, entre otras, explicar cómo el alma humana participa, por una parte, de la excelencia de la naturaleza humana- la razón representada por el auriga, que debe guiar la conducta humana- y, por otra, de la naturaleza terrenal, pasional- representada por los caballos-. Intenta, además, dar explicación de la tensión entre la razón y el deseo y cómo este debe estar subordinado a aquella. Esa alma o psyché es la fuente del conocimiento verdadero, gracias al recuerdo de los modelos o arquetipos de las cosas sensibles que había contemplado en el mundo de las Ideas antes de su caída en la Tierra. Esta teoría, denominada "teoría de la reminiscencia", exige no tanto la inmortalidad del alma sino, sobre todo, su preexistencia.
    *Mito de la caverna. Es una alegoría de la situación en que se encuentra el ser humano respecto al conocimiento, que Platón representa en el libro VII de la República. En el relato se narra cómo unos hombres, prisioneros desde su nacimiento en una gruta, encadenados de pies y manos, y de espaldas a la entrada de la cueva, solo pueden ver lo que se refleja en la pared del fondo de la caverna. Por única iluminación tienen el pálido brillo de una hoguera detrás de ellos. Las sombras que observan son las imágenes borrosas de los objetos y personas que transitan fuera de la cueva. Uno de los prisioneros logra liberarse, con esfuerzo, y salir de la cueva. De esta forma, conoce el verdadero mundo real. Con el fin de librarse a sus compañeros, vuelve a la gruta. Les revela la existencia de ese mundo fuera de la cueva, además de ofrecerles ayuda para romper sus cadenas y ver así la verdadera realidad. Sus compañeros se ríen y se mofan de él.
    Los prisioneros y su estado inicial simbolizan a los seres humanos y su errado conocimiento de la realidad. Lo que suponen como verdadero es aquello que captan por lo sentidos. Pero esas imágenes no son más que sombras, apariencias, de la verdadera realidad.
    Esta se sitúa fuera de la caverna. La verdadera realidad estaría representada por el mundo de las Ideas, iluminadas por el Sol- imagen de la idea de Bien- y captadas por la razón. El prisionero liberado y con intenciones de libertador simboliza al filósofo.
    *Mito de Er. Este mito se encuentra al final de la República y representa la exposición más meditada de la filosofía de Platón. El relato narra cómo diez días después de una batalla, el cuerpo de Er no muestra signos de corrupción y vuelve a la vida para relatar lo acontecido. Su alma había abandonado su cuerpo y en un bello lugar se encontraba dos aberturas en la tierra y dos en el cielo. Tres jueces pronunciaban las sentencias correspondientes a cada alma. Todas las almas se reencontraban y relataban lo vivido. Después, se elegían nuevas vidas: desde la de tiranos poderosos a la de animales o a la gente común. La cuestión problemática era qué vida elegir. En el relato se simboliza la idea de que la muerte es un tiempo de justicia: los que han vivido rectamente son premiados. Se afirma, pues, la idea de que la vida justa es mejor que la injusta. Además, representa una nueva oportunidad para poder elegir una vida virtuosa. Finalmente, se apunta que el destino futuro de las almas depende de su libre elección.

     

    Actividad:

    1. ¿Has visto alguna semejanza entre Platón y Sócrates? ¿Cuál? 

    2. Platón y los sofistas ¿opinan lo mismo? Razona tu respuesta.

    3. ¿Cuáles son las características del ser humano para Platón?

     

    3.2. El ser humano en Aristóteles.
    Aristóteles (384-322 a. C.) sostiene que el ser humano es una ser físico y biológico que, al igual que las plantas, tiene un alma vegetativa, y, como el resto de los animales, un alma sensitiva. Todas sus actividades como ser vivo están adaptadas a una determinación superior; así lo indican las manos, los instrumentos del habla, el tamaño de su cerebro. Sin embargo, lo propio del ser humano es tener un alma racional, lo cual le permite hablar, razonar y distinguir el bien del mal.
    A diferencia de Platón, Aristóteles no concibe las almas de los vivientes como "algo distinto y escondido en los cuerpos" que pueda separarse de ellos, sino como un tipo de facultad o función de los organismos. Así, en las plantas, el alma explica que sean capaces de nutrirse y reproducirse; en los animales, que huyan del dolor y busquen el placer; en el humano, que seamos capaces de hablar y pensar. Aristóteles no cree posible aislar el alma vegetativa, es decir, lo que mantiene viva a una planta, del resto de la planta, ni separar el alma sensitiva del cuerpo del animal. De la misma manera, la facultad de hablar y pensar, el alma humana, no puede existir al margen del ser humano completo, que es quien la hace posible.
    Así pues, para Aristóteles, el ser humano es una unidad sustancial es decir, una única realidad en la que podemos distinguir, pero no separar, dos sustancias: el alma y el cuerpo. Gracias a su condición racional el ser humano puede hablar, pensar, juzgar, admirarse por las cosas que le rodean, hacerse preguntas e investigar el porqué de todo. La razón y el lenguaje constituyen las facultades específicamente humanas, y lo propio del hombre es vivir conforme a ellas (por ello, decimos que el hombre es un animal con logos porque el logos es la palabra, la razón y medida o proporción).
    Otro punto en el que Aristóteles se opone a su maestro es en la creencia platónica de que la naturaleza humana se realiza y alcanza su plenitud en la vida eterna e incorruptible del mundo de las Ideas.
    Para Aristóteles, el cenit de la vida plenamente humana está en el conocimiento contemplativo de la realidad. Este tipo de conocimiento promueve una ética de moderación y equilibrio.
    Además, el ser humano es sociable por naturaleza (el ser humano es un animal político y, como tal, su ser se establece en comunidad con otro) y, gracias a la razón y al lenguaje, puede establecer lo que es justo e injusto, y descubrir las formas de vida más virtuosa. La virtud humana consiste en seguir el juicio recto de la razón, que nos indica cómo actuar para ser más libres, sabios y felices. Sin embargo, no siempre seguimos los dictados de la razón. Por lo tanto, la virtud debe ser enseñada y aprendida, y la sociedad debe crear las condiciones para que podamos practicarla y vivir conforme a nuestra naturaleza. Según Aristóteles, el ser humano sólo podrá realizarse como tal si la polis, a través de sus leyes, costumbres y tradiciones, nos proporciona un entorno adecuado.

     

    “La razón por la que el hombre es un animal político en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal gregario es algo evidente. El hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje; y que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y la participación en estas cosas lo que hace una familia y una polis” (Política, I).

    ¿Qué nos quiere decir Aristóteles con esto?

     

     

    3.3. El ser humano en la época helenística.
    El período helenístico comprende desde la muerte de Alejandro Magno (323 a. C.) hasta la incorporación de Egipto al Imperio romano hacia el 30 a. C. El helenismo, o la expansión de la cultura griega hacia oriente (Persia, Mesopotamia, Egipto y el norte de la India), significa el final de la época clásica griega. Desaparece el marco social y político, la polis, junto con su sistema de valores.
    Hasta la desaparición de la polis, el ser humano se entendía integrado en el marco general de una comunidad política, como un ciudadano: el individuo se identificaba con la polis, el bien de la polis era el del individuo, el individuo no podía ser feliz y vivir humanamente al margen de la polis, la moral, la religión, las costumbres, las leyes... eran las de la polis. Con las conquistas de Alejandro Magno, las pequeñas ciudades-estado van desapareciendo para ser asimiladas en un gran imperio con una pluralidad de culturas, costumbres y de creencias. También desaparece la conciencia de sentirse miembro de una comunidad política, y el ciudadano de la polis (polites) se convierte en ciudadano del mundo, esto es, en cosmopolites. Sin marcos de identidad, el ser humano se descubre como "individuo", esto es, como un ser único y aislado en medio del mundo, una partícula más del cosmos. De ahí la necesidad de buscar sentido para la propia vida.
    No es, pues, de extrañar que durante esta época florecieran un conjunto de doctrinas que ofrecieran, cada una a su manera, un horizonte donde poder sobrevivir. Cada una de estas doctrinas, ligada a la figura de su creador, ofrece la posibilidad de hallar la felicidad, no ya colectiva, sino individual, dentro de lo que califican como la serenidad de espíritu o ataraxia.
    Una de estas doctrinas, el cinismo, proclamaba que había que devolver al ser humano a su naturaleza original, esto es, a la forma de vida simple y espontánea de los animales, y que tanto las leyes como las convenciones sociales habían desfigurado. Se dice que el fundador del Cinismo, Diógenes de Sínope (404-323 a. C.) se paseaba por la ciudad de Atenas, a pleno sol del día, con un candil encendido y que respondía a todo el que le preguntaba:"busco al hombre". Según Diógenes, el hombre auténtico se había perdido en la maraña de los convencionalismos sociales.
    Otra de estas doctrinas, el epicureísmo, defendida por Epicuro (341-270 a.C.) y su escuela, constituye un modelo de antropología monista y materialista. Epicuro entendía que todo lo que existe está formado por átomos materiales y que, por tanto, el ser humano también es un conjunto de átomos. El cuerpo son átomos y el alma también. El alma, que es inseparable del cuerpo, muere con este. Pero sus átomos no desaparecen, sino que pasan a formar parte de otros cuerpos y de otras almas. Los individuos son y dejan de ser. Solo los átomos son eternos. Para Epicuro no existen los dioses, tal como los concibe la gente vulgar, ni las almas descarriadas, ni la inmortalidad. Todo es materia, sin más. De modo que la vida humana se interpreta como una realidad breve y efímera, de ahí que la mayor urgencia consista en vivir bien: huir del dolor y buscar el placer, siguiendo las tendencias necesarias y naturales. Además, Epicuro considera que existe una técnica para alcanzar este estadio de vida feliz. Este procedimiento consistiría en seguir el siguiente tetrafármaco ("cuatro preceptos"): no temer a los dioses, no temer a la muerte, recordar la brevedad del dolor y del placer, y considera que el bienestar es fácilmente alcanzable a través del poder de autosugestión de la mente.
    El estoicismo es una de las doctrinas que más aceptación tuvo durante todo este período. Se inició en Atenas, en el siglo IV a.C., con Zenón de Citio (334-262 a.C.) pero se extendió posteriormente por todo el imperio romano, donde gozó de popularidad gracias a personajes tan ilustres como Séneca (2 a.C.-65), Epicteto (55-135) o el emperador Marco Aurelio (121-180). Para los estoicos, el ser humano es una parte del cosmos, con el cual debe vivir en armonía. Vivir en armonía con el cosmos significa conocer este vínculo con la totalidad y someterse a ella, ajustando la conducta persona al orden universal y aceptando resignadamente que cuanto nos sucede está gobernado por la divina providencia. Justamente en el reconocimiento de esta relación con el cosmos radica la virtud, la libertad y la felicidad humanas. Para los estoicos debemos despojarnos de todo lo convencional, de todo lo que nos ata a un lugar y a un tiempo determinado. Sólo así seremos ciudadanos cosmopolitas.
    A pesar de las diferencias que hemos señalado entre el epicureísmo y el estoicismo, ambas tendencias señalan la corporeidad del alma y el valor intrínseco del individuo y la búsqueda de la paz interior (ataraxia).
    4. El ser humano en el Renacimiento.
    El Renacimiento supone un importante giro en muchos de los aspectos del conocimiento y de la vida. Estos cambios se reflejarán en una nueva concepción del ser humano. De forma paulatina, pero inexorablemente, la nueva idea que se va formando del ser humano se irá constituyendo como punto de partida y como centro de la investigación filosófica. Es más, en realidad, esa nueva perspectiva se mantiene vigente, con algunos matices, aún en la actualidad.
    El Renacimiento es la expresión cultural de una serie de profundos cambios económicos, políticos, sociales, científicos, técnicos, intelectuales, etc. Estos cambios se empezaron a gestar a partir del siglo XIII y paulatinamente fueron dando sus frutos entre los siglos XIV y XVI. Sin lugar a dudas, el Renacimiento supone una grandiosa revolución cultural. Algunos de sus aspectos relevantes son los siguientes:
    a) Ámbito económico. El aumento de las necesidades monetarias del clero y de la nobleza implicará un crecimiento en progresión geométrica del tráfico comercial y de la cantidad de dinero acuñado. Aparecen los certificados de depósito, las letras de cambio y la banca. Con ello, se ponen los primeros cimientos del capitalismo. El Liber Abacci (1202) de Leonardo Pisano recoge estas bases.
    b) Ámbito científico. Las ciencias matemáticas ya no representarán la pureza del conocimiento contemplativo y desinteresado, sino que deben servir al mundo práctico del cálculo mercantil. Así, contar, pesar y medir serán las nuevas consignas de la época. Estas consignas llegarán también al mundo de conocimiento científico de la realidad, pues este se convertirá en objeto de cuantificación. Se comenzará a entender la física tal como hoy la entendemos, es decir, como aplicación de la matemática a la realidad. Los experimentos de Galileo culminarán en la formulación de la física de Newton.
    c) Ámbito social. Los campesinos podrán desvincularse del feudo y dirigirse a lo que definitivamente serán las ciudades. Este hecho dará lugar a los movimientos migratorios modernos, primero del campo a la ciudad, pero después de Europa a otros puntos del Globo. Es la época de la exploración del Planeta en busca de nuevos recursos y por tanto, de los viajes y de los descubrimientos, entre ellos el de América.
    d) Ámbito técnico. Para responder a las nuevas necesidades de movilidad geográfica, se crearán o perfeccionarán aparejos y dispositivos de tiro, se construirán nuevas carreteras, se fabricarán embarcaciones con mejoras en el casco y en las velas, se emplearán mapas más precisos e instrumental de posición como la brújula, etc. El invento crucial, que revolucionará el mundo del conocimiento, será la imprenta de Gutenberg.
    e) Ámbito religioso-político. El monopolio de las creencias religiosas y del poder civil de la Iglesia se ve cuestionado por la aparición de doctrinas de los reformistas Lutero y Calvino. Algunas monarquías adoptan las tesis de la Reforma para independizarse del poder de la Iglesia y crear así su propio dominio político-religioso.
    Estos profundos cambios socioeconómicos, científico-técnicos y político-religiosos, provocarán una drástica sacudida en los cimientos de la sociedad medieval. Como consecuencia de todas estas transformaciones, se produce una especie de "ensanchamiento" en todos los aspectos de la vida de los seres humanos. El ser humano contará, a partir de ahora, con horizontes más amplios y, sin duda, emergerá una nueva concepción del ser humano.
    -Visión más amplia del Planeta. Del miedo a los abismos oceánicos, más allá de la planicie del finis terrae ("confines del mundo"), se pasa al conocimiento y al interés de nuevas tierras y a la percepción de la amplitud y esfericidad del Planeta.
    -Visión más amplia del Universo. La pulcritud y el orden estático del mundo supralunar de las estrellas fijas de Aristóteles se desvanece. Giordano Bruno intuye un Universo vasto, ilimitado, infinito y dinámico, y el telescopio de Galileo lo confirma.
    -Visión más amplia de la percepción de la vida desde el arte. El románico, angosto, claustral y sombrío, deja paso al gótico, elevado, abierto y luminoso. La pintura hierática del románico se dinamiza en el gótico y se humaniza en el Renacimiento.
    -Visión más amplia del ser humano. Aun reconociéndose como "cuerpo con pasiones"- tal como defenderá Hobbes- o como "pura alma racional"- como declarará Descartes-, ambas actitudes tienen un mismo fondo común: la revalorización del ser humano. Este concepto fue formulado en el Renacimiento por humanistas como Erasmo de Rotterdam o Leonardo da Vinci, entre otros.
    Ante estos profundos cambios, que conllevan una visión más amplia del ser humano y del Universo, se derrumba el doble muro que encerraba al hombre entre dioses y bestias. Ahora, el ser humano se admira de sí mismo, y en ese proceso de autoconciencia de sí, se sitúa como principio y como centro (antropocentrismo). Como consecuencia de esta nueva perspectiva, se comienza a pensar en una plena y más autónoma libertad individual. La libertad individual se presenta como un principio básico de cada individuo para dirigir legítimamente su propia vida, dejando de lado las obligaciones y ataduras del Medievo.
    El individuo comienza a erigirse plenamente como único dueño de sí mismo. Frente a los códigos morales supuestamente establecidos por Dios, nace la conciencia de que son los propios individuos los que deben crear sus propios códigos éticos. El principio de libre y personal interpretación de las escrituras, defendido por la reforma de Lutero, es un claro síntoma de esta nueva manera de entenderse el ser humano. Este principio significa una ruptura con la tradición y un ensalzamiento de la soberanía individual sobre los textos sagrados.
    En cuanto a la dignidad del ser humano, en la mentalidad medieval no se observaba una posición común respecto a esta cuestión, pues en algunos casos se veía al hombre más cercano a Dios y, en otros, más cercano a las bestias.
    Por el contrario, en la mentalidad renacentista se manifiesta una rotunda unanimidad en defensa de la dignidad propia del ser humano. Esta dignidad ya no se debe, como en el Medievo, al hecho de poseer un alma racional, destello de luz divina, sino a su producción intelectual, técnica y artística, como reflejo de lo excelso de lo propiamente humano. El cuerpo humano deja de ser sombra, signo y causa de pecado. En contraposición, se abre una visión optimista, abierta y entusiasta del ser humano, que pasa a ser como un "dios mortal".

    5. El ser humano en la filosofía moderna.
    A partir de la radical transformación del panorama intelectual que se produjo durante el Renacimiento, en el siglo XVII surge la filosofía moderna. La lucha entre dos perspectivas tan distintas como la medieval y la renacentista está en la base de la preocupación básica de los siglos venideros, preocupación que se resume en dos cuestiones: ¿Cómo podemos estar seguros de nuestras creencias? ¿Cómo podemos llegar a un conocimiento absolutamente verdadero o cierto?
    La preocupación fundamental de esta nueva etapa en la historia de la humanidad es, así pues, el problema del origen, de los límites y de los criterios de validez del conocimiento. En otras palabras, el asunto crucial que se analiza en ese periodo filosófico es el problema del ser humano en relación con el problema del conocimiento. A este respecto, veamos la postura de algunos filósofos.
    5.1. Descartes.
    El proceso renacentista daba mayor importancia al ser humano frente a Dios. Este hecho desembocará en el principio de la filosofía cartesiana. En 1637, Descartes publica el "Discurso del método" que es una autobiografía intelectual que tiene como finalidad establecer un método para determinar la validez de nuestras ideas, creencias y opiniones.
    Después de llevar hasta el extremo un fuerte proceso de duda, Descartes llega a una verdad acerca de la cual no cabe dudar: "pienso", declara Descartes. De esa intuición, que se le presenta de modo claro y distinto, deduce la propia existencia: cogito, ergo sum ("pienso, luego existo"). En consecuencia, no se puede dudar de que existe un "yo" humano, pero es igualmente cierto que ese "yo" es sustancia pensante.
    El ser humano se define, por tanto, por un proceso de introspección intelectual. La introspección intelectual es un proceso de análisis en primera persona ("yo"). Aunque, según Descartes, podamos fingir que no tenemos cuerpo, no podemos fingir que no pensamos. Sin embargo, obviamente también reconocemos en nosotros la extensión o materia, en definitiva, cuerpo. Según Descartes, nuestro cuerpo, al igual que el resto de la materia, se mueve mecánicamente. En este punto surge el conflicto: desde el plano de la introspección, el ser humano se define como un yo pensante, una sustancia que piensa. Sin embargo, desde el plano de la observación científica, reconocemos al ser humano como una sustancia material, extensa.
    Entonces, ¿qué relación se establece entre alma y cuerpo, entre pensamiento y materia, entre mente y cerebro? Por la importancia de los estudios en mecánica en el contexto de la época, Descartes explicará el movimiento de los organismos vivos como si fuesen máquinas. Por tanto, el ser humano sería un híbrido de máquina y autoconciencia. Ese mecanicismo cartesiano influirá notablemente en la concepción del ser humano entre los ilustrados franceses.
    Descartes ideó, además, la hipótesis de que en la glándula pineal se realizaba esa conexión entre alma y cuerpo. No obstante esa hipótesis, el problema no quedó resuelto: es un asunto en el que aún hoy en día se ofrecen distintas explicaciones.

    5.2. El ser humano para Hume.
    En el "Tratado de la naturaleza humana", publicado un siglo después del "Discurso del método" de Descartes, se culmina la tendencia sobre los límites y la validez del conocimiento de la filosofía moderna. Además, se asienta una visión definitivamente antropocéntrica.
    En esta línea, Hume usará el método introspectivo, es decir, el análisis en primera persona, pero sobre todo intentará "aplicar el método experimental de razonamiento a los asuntos morales". La importancia de este filósofo se debe a sus posicionamientos de partida y a sus conclusiones básicas:
    • Desde el punto de vista de la estricta filosofía y de la observación experimental, se demuestra ilegítimo cualquier intento e explicación de la realidad a partir de presupuestos teológicos. Por tanto, solo desde un enfoque y un punto de partida antropocéntrico tendremos posibilidad de explicar legítimamente el conjunto de la realidad. Ese es el nuevo panorama de pensamiento en el que, entiende Hume, se debe situar toda verdadera filosofía.
    • No podemos probar la existencia de esa realidad denominada "alma". Tras un examen crítico de los conceptos de sustancia y de identidad personal, se concluye que no hay razones para defender la existencia de ese elemento sustancial, simple, indivisible, eterno e inmortal con el que, desde la tradición platónica, se intentaba definir al ser humano y, supuestamente, explicar la diferencia entre este y el resto de los animales. Sería tan solo una especie de imagen pictórica (o licencia poética) para referirse a la grandeza del ser humano.
    • En consecuencia, desde un punto de vista rigurosamente filosófico, el ser humano se explica a partir del estudio de sus operaciones mentales y de sus realizaciones prácticas, sociales y estéticas. Para Hume, no cabe duda de que existe una naturaleza humana. Para darse cuenta de ello, basta observar la uniformidad que se aprecia en las costumbres de los distintos pueblos y en las acciones de los individuos. Y no solo, pues también son similares las acciones humanas y las del resto de los animales, en cuanto están guiadas por la causalidad.
    Así Hume sitúa al ser humano como un ser más dentro del conjunto de la naturaleza. Con ello, rompe definitivamente la visión dualista y propone una visión en la que el ser humano es una realidad natural, alejada de cualquier atisbo de divinidad.
    • En cuanto a la razón, Hume considera que no se puede considerar, como en la tradición platónica y racionalista de Descartes, dueña o guía de las pasiones. Para él, la función de la razón consiste en descubrir los fines que nos resultan apetecibles y los medios para alcanzarlos.
    La razón, por tanto, no es el motor de la acción, sino el motor de la pasión y el deseo. En palabras de Hume, la razón "tan solo es y debe ser esclava de las pasiones". No debemos entender esta afirmación como irracionalista, sino como una indicación de que nuestra tendencia vital está marcada por nuestros deseos y pasiones.
    Sin embargo, al mismo tiempo, reconocemos que, para dar satisfacción a esa tendencia, recurrimos a la razón como instrumento que nos permite apreciar el valor de nuestros distintos objetivos y la pertinencia de los medios que debemos poner en práctica para su consecución.
    • Las pautas de convivencia y la constitución de las sociedades humanas también se derivan de las pasiones, sean estas apacibles o violentas. Las sociedades humanas no se fundan nunca a partir de presuntos designios divinos, tal como indicaban los autores medievales, o de supuestos originales, según opinaba Locke.
    En conclusión, esa exploración en busca de las claves para entender al ser humano desemboca en el establecimiento de su condición no esencialmente racional, sino sentimental y afectiva. A ello se suma, sin lugar a dudas, su carácter básicamente social.

    5.3. El ser humano para Kant.

    5.3 El ser humano para Kant.
    Frente a la posición de Hume, el análisis kantiano del ser humano recupera su tradicional carácter eminentemente racional. Sin embargo, este carácter racional no se presenta como sombra o expresión de un alma incorruptible, divina o inmortal, sino por su condición intrínsecamente natural.
    Además, después de haber reconocido desde la "Crítica de la razón pura" que es imposible demostrar las ideas de Dios, mundo y alma a partir de la razón en su uso puro( es decir, desde la ciencia), Kant sitúa la justificación de esos conceptos en el ámbito de la ética, como postulados de la razón práctica.
    Kant considera que el carácter fundamentalmente racional de la propia condición de los seres humanos nos obliga a actuar no solo por los impulsos de la naturaleza, sino por los dictados del deber moral. Además, este aspecto racional supone, como en el Renacimiento, reconocer la igual dignidad de todos los seres humanos.
    La grandeza o miseria del género humano es otro asunto del Renacimiento que vuelve a surgir con fuerza en la Ilustración. Sin embargo, el mismo problema se plantea, ahora, en términos de decadencia o progreso de la humanidad. En Kant se sitúa en el plano de las relaciones políticas entre los seres humanos.
    Es una pena que Kant cuando habla del ser humano esté hablando sólo de los varones, y no de las mujeres. Veamos a continuación algunas consideraciones de este gran filósofo sobre la mujer.
    Mientras que para Kant la característica moral de los varones es la nobleza, lo sublime; Kant destina como única cualidad femenina la belleza. Por ello afirma que la inteligencia femenina debe ser "bella" mientras que la inteligencia masculina debe ser una "inteligencia noble". Las mujeres evitarán el mal, según Kant, no por injusto, sino por feo. La mujer busca la nobleza sólo con el paso del tiempo, es decir, cuando no posee la belleza, cuando llega la vejez. A una mujer anciana le está permitido, mucho más que en la juventud, "la lectura de los libros y la ampliación del saber".
    Además de estar situadas las mujeres bajo las categorías del gusto y del ornamento, Kant las sitúa en la dimensión del humor. Las mujeres aceptan de buena gana las ocurrencias ingeniosas sobre el sexo femenino, porque saben que no tienen que tomarlas en serio; también ellas gastan bromas fácilmente sobre los celos de sus hombres, pero no se sentirían contentas en absoluto si los celos desaparecieran, porque significaría que su hombre no les concede ningún valor, sino que las deja a los otros con indiferencia como un "hueso para roer".
    También en el tema de las virtudes hay diferencia. Los hombres deben ser tolerantes y sentimentales, mientras que las mujeres deben ser pacientes y sensibles.
    En el derecho a la ciudadanía también hay algo que decir. Kant justifica que las mujeres deben ser excluidas del derecho de ciudadanía porque son seres dependientes, sobre todo económicamente, aunque mantiene que "Esta dependencia de la voluntad de los demás y esta desigualdad no son, en absoluto, contrarios a la libertad y a la igualdad de los mismos como hombres que, unidos, forman un pueblo".
    6. El ser humano en el siglo XIX.
    En el siglo XIX se produce una gran revolución intelectual respecto a la concepción del ser humano. En esta revolución participan filósofos tan importantes como Marx y científicos como Darwin y Wallace.
    6.1. La teoría de la evolución.
    En 1858, Charles Darwin y Alfred Russell Wallace formularán su teoría de la evolución de las especies. Según esta teoría, todas las especies, animales o vegetales, han evolucionado a partir de otras anteriores siguiendo procesos de selección natural.
    Según este proceso, sobrevivirán los individuos de una determinada especie que se adapten mejor a las circunstancias del hábitat en el que estén instalados. Así pues, tendrán más opciones de éxito en esa lucha por la supervivencia, los individuos más fuertes.
    Desde este punto de vista, se rompen dos principios básicos de la explicación trascendentalista o religiosa. En primer lugar, la especie humana no ha aparecido en la Tierra espontáneamente o por mediación de una divinidad. No es una especie inmutable, sino que es fruto de la evolución de las especies animales anteriores. En segundo lugar, no cabe, pues, la creencia en la separación radical entre los seres humanos y el resto de los seres animales.
    Algunos defensores de la perspectiva religiosa han intentado cuestionar la solidez científica de la teoría darwinista alegando fallos a la hora de explicar la aparición de los nuevos individuos. Pero, sobre todo, critican al evolucionismo su supuesto carácter contrario a la ética. Desde este punto de vista, alertan de que esa lucha por la vida significaría una lucha feroz de todos contra todos, que supondría la desaparición de cualquier justificación ética racional o, incluso, la posible desaparición de la humanidad en esa supuesta lucha a muerte por la supervivencia.
    Cabe advertir, no obstante, que estas objeciones no son válidas. Sin duda, la teoría evolucionista de Darwin fue mejorada principalmente por dos desarrollos posteriores:
    - Por la explicación genética de la causa de los cambios aleatorios que se producían en los individuos de una determinada especie, a partir de los cuales se podría constituir una nueva especie.
    - Por la indicación de Alfred Russell Wallace, según la cual los cambios culturales ejercen una mayor influencia que los factores físicos en ese proceso de selección natural.
    Por otra parte, esas mejoras del evolucionismo de Darwin no niegan en lo esencial su teoría, sino que la confirman. Por tanto, parece que no hay justificación para las concepciones dualistas o finalistas. No obstante, no debemos caer tampoco en el reduccionismo biologicista o genetista.

    6.2. Marx.
    La concepción de Marx acerca del ser humano es consecuencia de su intento de explicar los mecanismos de la sociedad. Marx parte de la indefensión natural del ser humano. De ahí surge la necesidad humana de vivir en sociedad, pues al igual que Aristóteles defiende el carácter naturalmente social del ser humano. Sin embargo, Marx atribuye esa sociabilidad no a la razón dialógica y ética, sino a la necesidad común para transformar la naturaleza a través del trabajo y asegurar así su supervivencia.
    Por tanto, dado que el trabajo es social y la sociedad nace por la necesidad humana para transformar la naturaleza a través del trabajo, este se convierte en el factor constitutivo de la sociedad y de la naturaleza humana. En consecuencia, la forma de organización de los modos de trabajo y de las relaciones laborales determina la forma de organización social.
    Además, Marx considera que, así como existen leyes en la Naturaleza, también existen leyes que explicarían la evolución histórica de las sociedades. Así pues, la actual sociedad capitalista habría pasado necesariamente por distintos modelos, a saber, "el asiático, el esclavista y el feudal". Según Marx, el modelo europeo del siglo XIX de las sociedades técnicamente desarrolladas vive bajo el modelo de producción "capitalista", que se caracteriza por crear una situación de expansiva y progresiva alienación.
    Desde este punto de vista, los seres humanos, al trabajar por imperiosa necesidad dentro de este sistema capitalista, acaban convirtiéndose en meras mercancías de mercado, quedando cosificada su propia naturaleza y sus relaciones con los demás.
    La alienación es un proceso por el cual un individuo o una colectividad transforman su modo de ser propio y característico por otro que le es ajeno, extraño e incluso contrario al que se podría esperar. Hay tres tipos básicos de alienación: religiosa, política y económica, por las que los seres humanos se convierten en esclavos de determinadas creencias, de las leyes y del trabajo, respectivamente.
    a) Alienación religiosa. Dios es una construcción del hombre; de ese hombre sufriente y explotado que busca, en un hipotético más allá, la felicidad que ahora le falta. Pero este dios inventado, resulta ser una invención alienante. Mientras el ser humano siga creyendo en un más allá que alivie las injusticias y sufrimientos de su vida real, no hará nada para librarse de su opresión. Ese ser humano se resigna y no se subleva. Por eso, para Marx, "la religión es el opio del pueblo".
    b) Alienación política. El Estado cumple, en definitiva, las mismas funciones que Dios en la religión. Porque aunque el Estado sea creación humana, se convierte en un aparato que mantiene las situaciones de explotación, pues está en manos de la clase capitalista que controla los medios de producción.
    c)Alienación económica. Fundamento de las otras dos. En la sociedad capitalista, el proletariado es una pieza más en el proceso de producción. Interesa que produzca, con independencia de las condiciones materiales en las que se dé esa producción. El ser humano se convierte en una cosa, una mercancía más que vale un salario al que hay que sacarle cuanto más beneficio mejor.
    Esta situación de expansión y alienación, para Marx, se superará inexorablemente. La propia dinámica del capitalismo provoca una progresiva desigualdad económica y social.
    La desigualdad económica se deriva de la creciente privatización de los medios de producción, frente a la creciente socialización de las fuerzas productivas. La desigualdad social tiene su expresión en el abismo creciente entre la mayor riqueza de la burguesía y la mayor pobreza del proletariado. Estas contradicciones internas, según Marx, provocarán cíclicos proceso de crisis.
    Estas crisis, junto a la toma de conciencia del proletariado ante esa injusta situación, desencadenarán una revolución para instaurar una sociedad más justa, donde desaparezca la propiedad privada, la desigualdad social y la alienación. Según Marx, se tratará de una sociedad comunista, marcada por la igualdad, la paz social y la libertad individual. En esta sociedad el ser humano estará plenamente realizado.
    Más allá de la validez de las propuestas sociales y políticas de Marx, el aspecto antropológico de su teoría con mayor solidez es su modo de explicar la formación de la conciencia individual. Esta, en contra de la perspectiva racionalista de la filosofía tradicional, no es la causa de la acción humana.
    Según Marx, ocurre más bien al revés. Es la acción humana y, básicamente, el contexto de su modo particular de producción, la que genera el modo concreto de realización de la conciencia. Nuestra identidad personal está determinada, por tanto, por las creencias sociales, generadas a partir de las condiciones concretas de nuestras relaciones económicas.
    En conclusión, nuestra conciencia individual es consecuencia "de las condiciones materiales de la existencia". A partir de esta consideración, a lo largo del siglo XX se han desarrollado una serie de explicaciones que han hecho excesivo hincapié en los factores sociales. De esta forma, se han desatendido los factores derivados de la naturaleza biológica y psicológica de los seres humanos. A raíz de esta situación, se generó una polémica respecto a la prioridad de unos factores u otros a la hora de explicar la naturaleza y la conducta humana.
    7. El ser humano en el siglo XX.
    En el siglo XX se produce un cambio en la concepción del ser humano producido por los cambios sociales, políticos, científicos..., que se producen en el mundo, sobre todo, en el mundo industrializado. Con ello ya no podemos decir que haya una concepción sobre el ser humano, sino muchas visiones distintas desde distintos puntos de vista. Es tan larga la lista que no podemos abordarlos todos. Sólo vamos a ver a un pensador que tuvo mucha importancia.
    7.1. Sigmund Freud.
    Freud (1856-1939) concibe al yo como un entramado de estructuras psíquicas que lo determinan y se enfrentan al propio yo diluyéndolo y dejándolo en una situación de precariedad y desamparo. En el estudio de los fenómenos psíquicos, distingue tres elementos:
    *el ello constituye todo aquello que, en el ser humano, se presenta como heredado de una instancia distinta al propio yo; el ello está configurado, básicamente por los instintos.
    *el yo surge con ese ello como telón de fondo y con las exigencias de la propia realidad. El yo aspira a sustituir el principio de placer que reina sin restricciones por el ello por el principio de realidad. El yo representa algo así como la razón, el ello, las pasiones.
    * el superyó representa una instancia de orden moral formada por todo ese conjunto de ideales y prohibiciones que se han ido recibiendo mediante la educación, especialmente de la instrucción paterna.
    Podría decirse que el yo es un "estrujamiento" de esas dos estructuras. El ello acosa sin pausa a ese yo haciéndose patente el deseo de colmar los instintos; sin embargo, la realidad le recuerda, continuamente, que no pueda dar rienda suelta a los mismos. Por otro lado, el superyó remarca ese ahogamiento del yo con sus exigencias de tipo moral.
    Las continuas restricciones sobre el ello producen un estado de frustración. Porque el instinto es un principio dinámico que se caracteriza por la necesidad de conseguir la propia satisfacción de ese impulso. El principal instinto, para Freud, es el del apetito sexual y el de autodestrucción en forma de agresividad. En todo este proceso, el superyo acrecienta la sublimación de los deseos.
    Muchas veces se ha criticado que Freud reduce a la persona considerándola como un mecanismo de pulsiones e inhibiciones. Sin embargo, el ser humano es una realidad más abierta por su racionalidad, voluntad y libertad.
    Por otra parte, por fundamentar su teoría en el estudio clínico, Freud cae en el error de generalizar lo que acontece en casos particulares; el universo psíquico de los enfermos que atiende como psiquiatra. Finalmente, la metodología psicoanalítica se encierra en el estudio de los procesos psíquicos como un todo, separados de cualquier otra característica constitutiva del ser humano, lo cual supone un grave error de método.

    7.2. Zygmunt Bauman.
    Uno de los pensadores que más lúcidamente ha reflejado la situación de los seres humanos en estas últimas décadas del siglo XX y primeras del XXI es Bauman. En su libro "Vida líquida" examina los rasgos que caracterizan nuestras actuales sociedades modernas. Declara que estas sociedades modernas líquidas se definen como "aquellas en las que las condiciones de actuación son tan rápidamente cambiantes que no permiten que se consoliden en hábitos y rutinas". En este tipo de sociedades los logros individuales no pueden solidificarse en bienes duraderos porque las condiciones de acción y las estrategias diseñadas envejecen rápidamente y se hacen caducas antes de llegar a ser aprendidas: la experiencia ya no es modelo, sino rémora para el éxito. En consecuencia, la vida líquida es una vida precaria y en situación de perenne incertidumbre pues existe un constante temor a no moverse con suficiente rapidez y que carguemos con bienes que ya no resultan deseables, y una constante sucesión de nuevos comienzos y de breves e indoloros finales.
    "Modernizarse" significa ser capaz de desprenderse constantemente de objetos, atributos e identidades; y, como recuerda Bauman, "entre las artes de vivir líquido, saber librarse de las cosas prima sobre saber adquirirlas". Estas condiciones tienen observables repercusiones en distintos ámbitos de la realidad y del conocimiento:
    *En términos económicos, se plasma en la importancia de la industria de eliminación rápida de residuos como elemento fundamental para la supervivencia de la sociedad y el bienestar de sus miembros.
    *En términos de ciencia sociopolítica, la extrapolación de hechos del pasado para predecir tendencias futuras se revela como obsoleta y engañosa; cada vez es más difícil realiza cálculos fidedignos y los pronósticos infalibles son ya inimaginables; ninguna estimación sobre el futuro es verdaderamente fiable pues se desconocen las variables para explicar la vida. En este contexto, se produce un impetuoso crecimiento de los nuevos conocimientos y el no menos rápido envejecimiento de los viejos, con lo cual se produce una gran ignorancia a gran escala.
    *En términos psicológicos, se manifiesta en un claro retraimiento con respecto al ámbito de lo público; en una obsesión compulsiva por rediseñar el propio cuerpo; una creciente agonía por llevar siempre más allá esa "naturaleza" del homo eligens, generando un constante seguidismo de la masa; unas relaciones humanas mercantilizadas y explicadas meramente por mecanismos biológicos (por ejemplo, el enamoramiento no es más que una excreción de oxitocina que no suele durar más de dos años).
    Cuando la modernidad era "sólida", vivía enfocada en la eternidad (una forma abreviada de referirse a un estado de uniformidad perpetua, monótona e irrevocable); y, en consecuencia, tenía sentido trazarse una meta y un camino para alcanzarla. Por el contrario, la modernidad "líquida" no se fija ningún objetivo ni traza línea de meta alguna y solo asigna una cualidad permanente al estado de fugacidad. El tiempo fluye, ya no •"sigue su curso inexorable". Sin duda que siempre hay cambios, siempre nuevos, pero no hay ningún destino, ni punto final, ni expectativa de cumplir una misión. Como tan plásticamente explica Bauman, vivimos en la paradoja de que cada momento vivido está preñado de un nuevo comienzo y de su final, "antaño enemigos jurados, hoy gemelos siameses".

    Bibliografía:
    Este tema ha sido elaborado a partir de los siguientes materiales:
    Gómez Pérez R. y Tarrío Ocaña J.M. Filosofía y Ciudadanía. Editorial Editex. Madrid. 2008.
    AA.VV. Filosofía y Ciudadanía. Editorial Mc Graw Hill. Madrid. 2012.
    González Suárez. Mujeres, varones y filosofía. Historia de la Filosofía. 2º de Bachillerato. Editorial Octaedro. Barcelona. 2009.
    Tommasi W. Filósofos y mujeres. Editorial Narcea. Madrid. 2002.

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