• Pensador & Logo
  • Galileo Galilei... todas las verdades son fáciles de entender, una vez descubiertas. La cuestión es descubrirlas ...
  • Gasset... con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral ...
  • Copérnico... saber que sabemos y saber que no sabemos lo que no sabemos, ese es el verdadero conocimiento ...
  • Aristóteles... el sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice ...
  • Hume... la belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla ...
  • Kant... la libertad es aquella que aumenta la utilidad de todas las demás facultades ...
  • Nietzsche... los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos ...

Artículos

Filtro
  • ¿QUÉ ES LA ÉTICA?

     La palabra éticaproviene del griego êthosy significaba, primitivamente, “morada, lugar donde se habita”. Posteriormente, Aristóteles afinó este sentido y êthos pasó a significar “manera de ser, carácter”. Así, la ética era como una especie de segunda casa o naturaleza; una segunda naturaleza adquirida, no heredada como lo es la naturaleza biológica. Luego esta concepción nos lleva a afirmar que la ética se aprende.

    La palabra moraltraduce la expresión latina moralis que significa “costumbre”. Así, pues, etimológicamente hay poca diferencia entre ética y moral. Pero hoy se reconoce que tienen significados divergentes pese a que a menudo se usan de manera indistinta como si fueran sinónimos.

    La moral es un conjunto de valores relativos al bien y al mal destinados a dirigir la conducta de los seres humanos. Esta valoración se concreta en normas de comportamiento que, adquiridas por cada individuo, regulan sus actos, su práctica diaria. En cambio la ética se sitúa en un nivel más reflexivo. La ética se pregunta por qué consideramos válidos unos comportamientos y otros no; compara las pautas morales que tienen diferentes personas o sociedades buscando su fundamento y legitimación; investiga qué es específico del comportamiento moral; enuncia principios generales o universales inspiradores de toda conducta; y crea teorías que establecen y justifican aquello por lo cual vale la pena vivir. Así pues, la ética es una reflexión sobre los diferentes códigos morales de las personas. Por eso Aranguren, reconociendo la vinculación entre teoría y práctica, denomina a la ética como “moral pensada” y la moral, como “moral vivida”.

    pdf-ico

  • TEMA 2

     PREGUNTAS Y PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA FILOSOFIA.

    1.       EL SER HUMANO COMO PREGUNTA.

    1.1. Las preguntas existenciales.

    El ser humano es una pregunta que no cesa, un asombro ante la realidad. Es un ser que se pregunta (nivel de intimidad) y que pregunta a otros (nivel de alteridad). Etimológicamente la palabra "pregunta" procede del verbo latino precontor, que significa buscar, ahondar. Y el ser humano se pregunta por muchas cosas, tratando de buscar qué son, cuál es su sentido- si es que lo tienen- cómo funcionan, para qué sirven, etc.

    Pero entre todas las preguntas hay unas que tienen más importancia que las demás: son las que el ser humano se plantea para saber qué hacer con su vida y con la  que comparte con los demás (familia, trabajo, escuela, ocio, pandilla, asociaciones, etc.). Si quiere vivir la vida desde sí mismo, si no quiere ser una "marioneta" dirigida por otros, si no quiere vivirla a impulsos de lo que hacen los demás, dirigido por frases hechas o por pensamientos prefabricados (prejuicios) pero sin ser él el que lleve las riendas de la misma, necesita preguntarse por su vida y por las circunstancias que forman parte de ella. Son las llamadas preguntas existenciales: aquellas en las que el ser humano se cuestiona a sí mismo, en las que cuestiona su propia existencia. Este tipo de preguntas son imprescindibles para vivir la vida personalmente.

    1.2. Pensar razonando.

    El ser humano no puede vivir sin pensar. Pero pensar y razonar no es lo mismo. Se puede pensar cualquier cosa pero no se puede razonar de cualquier manera. El razonar exige adaptarse a la realidad, poniendo orden y sometiéndose a unas reglas. Buscar la verdad razonando aproxima a la realidad, le hace al ser humano ser lo más "realista" que puede llegar a ser. Un hombre, una mujer razonables serán quienes actúen prudentemente, después de haber reflexionado sobre todos los elementos que intervienen en una determinada situación.

    Y la filosofía ayuda a razonar, es decir, a combinar conceptos y proposiciones, con vistas a una acción ajustada. Sólo el pensar que razona puede resolver o hacer mirar adecuadamente los problemas que se le presentan al ser humano.

    Pensar razonando es, además, una actividad necesaria, no porque el ser humano tenga capacidad de razonar, ni siquiera porque sienta curiosidad: es necesario pensar razonando para lograr una certidumbre radical que le permita saber a qué atenerse en su vida. Preguntar por uno mismo: ésa es la razón de por qué y para qué filosofa el ser humano, es la tarea fundamental de la filosofía.

    Y ello, a pesar de que nada teme tanto el ser humano como pensar sobre sí mismo, cuestionarse a sí mismo. Pero entonces ¿para qué pensamos? Pensamos porque somos libres, porque no nacemos programados ni por la biología ni por la sociedad, como les sucede a los animales que no necesitan pensar.

    Actividad:

    1.¿Es lo mismo pensar que razonar? Explícate.
    2.¿Por qué razonar es una actividad necesaria?

    Sin embargo, los seres humanos no siempre han usado la razón para saber a qué atenerse. Hasta hace aproximadamente 2.600 años, para decidir qué es lo que iban a hacer con su vida, "pensaban", pero no lo hacían racionalmente. Su pensamiento estaba ligado a la fe, a la imaginación, al valor de la tradición (pensamiento mítico), pero no a la razón (lógos). Fueron los griegos los que, en el siglo VI a. C., comenzaron a usar ante todo la razón y, desde entonces, se confía en ella como el instrumento más idóneo para contestar adecuadamente a todas las preguntas incluidas aquellas en las que el ser humano se pregunta por sí mismo.

    2.       PROBLEMAS Y PREGUNTAS.

    2.1. El planteamiento de problemas.

    Un problema es una dificultad,  un asunto que se necesita resolver. El ser humano necesita pensar porque la realidad le resulta problemática. Y no es que la realidad sea problemática en sí misma, sino que es él quien la percibe como problemática.

    Los problemas, explícita o implícitamente, suelen tener la forma de preguntas, aunque haya muchas preguntas que no traten de solucionar problemas. Un problema bien planteado es, en gran parte, un problema resuelto. En filosofía, la actividad de los grandes pensadores ha consistido no tanto en resolver los problemas cuanto en cambiar el planteamiento de los mismos. En general, se puede afirmar que la manera específica en que se plantea un problema está en función de las representaciones mentales que acontecen en un contexto cultural e histórico determinado.

    2.2. Especificidad de los problemas filosóficos.

    Hay diversos tipos de problemas. Puede hablarse, por ejemplo, de problemas subjetivos- cuando lo que se trata de hacer es resolver una dificultad que le atañe a "uno mismo"- y de problemas objetivos- cuando el asunto supone una dificultad "en sí mismo"-, También puede hablarse de problemas teóricos- los que afectan al ámbito de la realidad- y prácticos- los que atañen al comportamiento- ; dentro de los teóricos: científicos, técnicos, filosóficos, etc.

    Los problemas filosóficos son problemas teórico-prácticos- reflexionan sobre la realidad con vistas a orientar la acción del ser humano- que poseen tres características:

    *al intentar solucionarlos se ponen en funcionamiento conceptos abstractos, es decir, no remiten a objetos materiales;

    *sus posibles respuestas se implican o condicionan mutuamente;

    *alcanzan dominios que conciernen a los humanos en general y a cada humano en particular.

    Si cualquiera de estas características no estuviera presente, entonces no se trataría propiamente de problemas filosóficos.

    Actividad:

    1.¿Problema y pregunta es lo mismo? ¿Por qué?
    
    2. ¿Qué hace que un problema sea filosófico?
    
    3.¿Qué diferencia hay entre un problema teórico y un problema práctico?

    2.3. La filosofía pregunta siempre.

    La filosofía no es otra cosa que un conjunto de preguntas. El filósofo ilustrado I. Kant decía: "¿Por qué la naturaleza ha introducido en nuestra razón la pregunta y la necesidad de busca contestación si no fuese uno de sus más importantes problemas?" Y añadía: "La pregunta se impone. Llega un momento en que ya no se puede seguir eludiendo ni permanecer en la opinión acostumbrada".

    Sólo la filosofía pregunta por toda la realidad y, sobre todo, por el qué y quién es el ser humano en tanto hacedor y portador de sentido, es decir, de proyecto con finalidad para su existencia. La filosofía jamás interesaría a nadie si no fuera porque se hace preguntas que pretenden orientar la vida del ser humano: "La filosofía no sirve para nada. Para nada más que para aprende a vivir".

    La filosofía surgió como esfuerzo de reflexión radical y crítica sobre los problemas fundamentales a los que el ser humano hace frente desde la infancia. A diferencia de los demás saberes, la filosofía consiste en ser camino o método de saber que renuncia a ver todo claro, pero no renuncia a preguntar.

    Y las preguntas filosóficas, como en general todas aquellas preguntas que no llevan al se dice sino las que conducen al saber sobre la realidad, a la reflexión, al bien juzgar, suscitan inquietud. Para filosofar hay que ser valientes y reconocer que no se ven las cosas claras. No hay más que recordar una de las expresiones inaugurales de la filosofía, en concreto aquella de Sócrates, que afirmaban continuamente: "sólo sé que no sé nada". Y es que toda filosofía se inicia a partir de un ámbito de inseguridades, que en pequeña porción delata temor y, en gran parte, impotencia.

    2.4. Filosofía y duda.

    Para algunos, la filosofía se empeña en convertir en problema lo que parece obvio y, sin embargo, sólo ella rompe el automatismo de las propias percepciones. Fue el camino que siguió, por ejemplo, Descartes que intentó construir toda su filosofía a partir de la duda: "Nada nos conduce mejor a un conocimiento cierto que el que nos acostumbremos a dudar de todas las cosas".

    Sólo se puede encontrar algo si se busca continuamente, y ésta es la razón por la que la duda es tan valiosa. Si se deja de buscar, se pierde cuanto se había encontrado, y cuanto más se encuentre, más necesario es buscar. Si no se busca, ¿cómo se quiere encontrar?

    La filosofía no proporciona ni la relativa seguridad que ofrece la ciencia, no el placer que produce el arte, ni el consuelo que brinda la religión: por justificables que sean. El beneficio de la duda filosófica es el no instalarse en ella sino el indagar para superarla. La filosofía es como una doble manía divina: erótica-deseo de saber- y dialéctica- diálogo que busca-; un diálogo abierto que puede llena toda una vida: salva al ser humano al cercenar las apariencias; cuida, delimita, aclara su pensamiento, y le orienta a la hora de decidir cómo va a vivir su vida. Y es que la duda, representada por la pregunta adecuadamente formulada, proporciona los mínimos para saber qué hacer. Es mejor la duda- pues va emparentada con la pregunta-, que la afirmación, al menos la que no se demuestra. La duda conduce a la búsqueda y ésta es camino de la condición humana que abre al diálogo como virtud y a la virtud del diálogo.

    La duda posee una gran eficacia, no sólo desde el punto de vista histórico sino también sistemático. Saber que no se sabe nada abre la puerta a las preguntas y a la sistematización. La obra de Descartes es un ejemplo de ello. Partiendo de la duda, una duda en este caso metódica, construye paso a paso su sistema filosófico. Realiza la tarea de los prisioneros del "mito de la caverna", que como decía Platón "se parecen a nosotros punto por punto, porque no creemos que pueda existir otra realidad que la de las sombras. Y ese es el estado de la naturaleza humana con relación a la ciencia y a la ignorancia". Se trata de la ardua tarea de ir de lo aparentemente claro a lo oculto, no a la inversa. Por eso la educación requiere esfuerzo.

    Si la duda es tan beneficiosa, ¿por qué se tiene a veces miedo a la duda y a las preguntas que le hacen a uno y a las que él mismo se hace? Porque ante las preguntas que se le hacen a uno se responde a veces con desacierto, y a las que uno se hace a sí mismo se suele responder con desconcierto. No se da la misma respuesta a la pregunta "¿qué has hecho?", que a la de "¿qué he hecho?" En ésta no hay escapatoria, porque uno se enfrenta a la propia conciencia. La seguridad es siempre más cómoda, menos inquietante. De ahí el miedo a la duda.

    2.5. Las preguntas de la ciencia y las de la filosofía.

    Las ciencias formales, naturales y experimentales se basan en axiomas, en postulados, en supuestos que no se plantean y todas ellas albergan un acervo de preguntas y de respuestas. Pero las preguntas de las ciencias poseen un tope: los postulados, axiomas y supuestos obre los que se apoyan cada una de ellas a la hora de preguntar. Sin embargo, la filosofía carece de topes. Si la ciencia dice, por ejemplo, que "los materiales se dilatan con el calor", o que "todos los cuerpos con carga negativa atraen a los de carga positiva", la filosofía puede seguir preguntando sobre esas afirmaciones: ¿son correctos los razonamientos que han llevado a esas afirmaciones?, ¿se puede afirmar de un todo lo que se ha descubierto sólo en algunas partes de ese todo, por muy frecuentes que éstas sean?, ¿en qué condiciones o qué valor poseen las afirmaciones que se realizan sobre la forma científica de razonar? (Estas preguntas plantean los dos problemas más serios del método experimental: la inducción y la verificación de hipótesis).También hay otra serie de preguntas que la filosofía se hace sobre las afirmaciones científicas, éstas más relacionadas con la puesta en práctica de los descubrimientos científicos: el hecho de que algo se pueda hacer técnicamente ¿quiere decir que se puede hacer moralmente? Se sabe, por ejemplo, cómo manipular os genes para conseguir unas determinadas características en un feto humano, pero ¿se puede hacer moralmente? Se sabe también cómo provocar físicamente un aborto, pero ¿se puede moralmente abortar?

    Desde luego la filosofía no puede responder a todas esas preguntas de manera definitiva. De que ahí que empiece, siga y acabe en incesante pregunta por la verdad. ¿Para qué? No para complicar la vida del ser humano, sino para aclararle, para permitirle saber qué hacer con su vida, para posibilitarle que acierte con su camino, con su vivir y con su destino: lo que no es un pretexto ni un lujo, sino una "necesidad", si se quiere vivir la vida personalmente.

    Las preguntas pueden servir para recibir información sobre determinados asuntos, o para comprender problemas y contrastarlos. Es lo que ocurre en el caso de las ciencias. Pero en filosofía la pregunta llega más allá de la simple comprensión. ¿De qué manera? Clarificando los pensamientos, conduciendo hacia nuevas actitudes, valorando éxitos previos o aprendiendo de los fracasos, facilitando posibles alternativas que el preguntante encuentra en forma de respuestas libres de prejuicios. No se trata del juego gano-pierdo de la discusión, sino de la respuesta que posibilita la clarificación de la verdad que está por llegar, de la actitud que habríamos que cambiar. Decía Platón: "Al ser interrogados los hombres, si se les hace la pregunta bien, responden de por sí todo tal y como es". Por eso, se puede considerar el pensamiento filosófico no sólo como un conjunto de preguntas fundamentales, sino  como el preguntar mismo.

    Actividad:
    1.¿Cuáles son las ciencias formales? ¿Y las experimentales?
    2. Define: axioma y postulado

    3.       LAS PREGUNTAS FUNDAMENTALES DE LA FILOSOFÍA.

    3.1. Algunas de las preguntas de la filosofía.

    El filósofo alemán I. Kant resumió la reflexión filosófica en cuatro preguntas fundamentales que, en su opinión eran las que acuciaban a todo ser humano.

    La primera de ellas era ¿Qué puedo saber?. A responde a esta pregunta, que en el mundo moderno fue posiblemente el problema que con más urgencia inquietó a todos los filósofos, dedicó su obra Crítica de la Razón pura. Al margen de lo que este pensador afirmara en esa obra, es claro que al ser humano se le plantean una gran variedad de preguntas en torno al tema del conocimiento.

    ¿Qué relación existe entre el conocimiento sensible y el conocimiento intelectual?  ¿Puede alguno de ellos llegar a conocer la realidad tal como es? ¿Cómo tiene que funcionar el pensamiento para alcanzar la verdad? ¿Existe, de hecho, la posibilidad de llegar a la verdad'

    Estas preguntas, planteadas así o de otra manera, son algunas de las que se hace la filosofía relacionadas con el problema del conocimiento. A la disciplina que se ocupa de esta responder a esta pregunta se le denomina epistemología (del griego episteme, que significa ciencia) o teoría del conocimiento.

    La segunda de las preguntas que se hacía Kant era "¿Qué debo hacer?". Enfrentarse a ella fue el objetivo de su Crítica de la Razón práctica, una de las grandes obras en ética.

    El tercer tipo de preguntas de Kant giran en torno a "¿Qué me cabe esperar?" lo trata en su Crítica del Juicio. Son preguntas relacionadas con el universo, la muerte, la nada... La disciplina que se encarga de estas preguntas es la metafísica.

    Y, por último, la cuarta pregunta es una pregunta que puede ser el resumen de las otras tres: "¿Qué es el hombre?". La disciplina filosófica encargada de esta pregunta es la antropología.

    Actividad:
    1.Haz un cuadro relacionando la pregunta de Kant, la obra que la trata y la disciplina encargada de ella

    3.2. Las preguntas filosóficas y el diálogo.

    Cuando el ser humano se pregunta- y razona, siente y habla-, la palabra tiene el poder de construir su vida personal y la de la comunidad. Por eso, una sociedad que desprecia la pregunta y la palabra se descompone: preguntar es un acto moral que exige extrema responsabilidad.

    Uno de los problemas de la sociedad actual es precisamente que se ha perdido la confianza en que las palabras reflejen la realidad de las cosas y que trata de evitar las preguntas, Los medios de comunicación han llevado a que las conversaciones, el trabajo, e incluso las clases, estén plagadas de juicios afirmativos o negativos, y pocas veces de preguntas.

    Una pregunta bien formulada, si no depara contestación definitiva, conduce a ulteriores preguntas que cada vez clarifican más el problema. Y es que, al responde a ella, aparecen normalmente nuevas preguntas y problemas que no se habían conjeturado. La solución de muchos problemas sólo puede llegar, como decía Platón, "después de una larga convivencia con el problema y después de haber intimado con él".

    Además, hay que tener en cuenta que preguntarse por la realidad es interpretarla y la interpretación es inevitablemente personal. La interpretación es, en un primer momento, ruptura de prejuicios o de juicios- ideas y creencias- inservibles por incompletas y, en un segundo paso, construcción de otras nuevas más adecuadas a la realidad.

    Por eso, la verdadera interpretación hace que la palabra deba ser comprendida de manera plural, y abra el paso al diálogo, ya que razonar no es algo que se deba hacer en soledad, sino que se ha de "inventar" al comunicarse y confrontarse con los demás, sobre todo en la conversación, o mejor aún en el diálogo. La pluralidad concita la libertad de los seres humanos. De ahí que la realidad aparezca siempre cubierta por una pátina de interpretaciones o creencias, aunque las creencias no den soluciones definitivas sino sólo esperanzas, porque la vida es inseguridad y, a menudo, contradicción.

    Si se quiere razonar adecuadamente para resolver los problemas que se le plantean al ser humano, no sólo hay que ser capaz de razonar, sino también debe desarrollarse la capacidad de dejarse convencer por las "mejores razones", vengan de donde vengan. No basta con ser racional, hay que ser razonable.

    El intento de los diálogos socráticos, con los que se inaugura la actividad filosófica, no era tanto el de refutar las tesis de los interlocutores de Sócrates, como el de sacar a la luz sus malas disposiciones para tratar de sanearlas.

    Actividad:

    1.¿Qué relación hay entre la filosofía y el diálogo?

    2. Comenta la frase: "No basta con ser racional hay que ser razonable"

    4.       EL PROBLEMA DE "EL SER".

    La reflexión sobre el ser en general aparece en el mundo clásico y persiste hasta la actualidad. En el pensamiento occidental esta cuestión se plantea desde la metafísica.

    4.1. La metafísica.

    El término metafísica aparece, en el desarrollo histórico del pensamiento, de una manera anecdótica, ya que se atribuye su invención a un recopilador de las obras de Aristóteles, Andrónico de Rodas, que en el siglo I a.C. las clasificó y designó como un conjunto de escritos del filósofo griego con el nombre de "metafísica"- aquello que está más allá de la física- porque eran los libros situados detrás de los de la Física. En todo caso, no hay pruebas concluyentes sobre el origen del término.

    Platón ofrece la primera visión metafísica de la realidad y del ser con su teoría dualista sobre la misma. Hay un mundo sensible, sujeto al cambio, perceptible por los sentidos. Y hay otro mundo, el mundo de las Ideas, que está más allá de lo físico y que se constituye como verdadera realidad.

    Pero es Aristóteles quien establece los fundamentos de esta rama de la filosofía.

    4.2. Definición aristotélica de la metafísica.

    La metafísica es la pregunta por el ser de las cosas, por la realidad en sus últimos principios.

    "Hay una ciencia que estudia el ser en cuanto ser y las propiedades que le corresponden en cuanto tal. No se confunde con ninguna de las llamadas ciencias particulares, porque ninguna de estas otras considera en general el ser en cuanto ser, sino que, recortando una cierta parte del ser, investiga solamente las propiedades esenciales de esa parte" (Metafísica. Aristóteles).

    Para Aristóteles, la metafísica es la Filosofía primera. Es la ciencia que estudia el ser en cuanto ser y se diferencia del resto de las ciencias denominadas particulares.

    La Física, por ejemplo, se ocupa del estudio de los seres en cuanto capaces de movimiento; la medicina, en cuanto capaces de afectación de enfermedad. Es decir, estas dos ciencias particulares estudian una parcela del ser y no su totalidad.

    4.2.1.        La sustancia y los accidentes.

    Según Aristóteles, esa pregunta por el ser hace referencia a los seres concretos. Pero el término ser, por ser un término análogo( es análogo porque expresa en cierto sentido cosas comunes y en otro sentido cosas distintas), se puede predicar de distintas maneras porque puede ser entendido de diversas formas.

    Del ser se puede predicar su esencia, su forma determinada, su cantidad, etc. Así, de un árbol puedo predicar, decir, diferentes cosas; su forma, estructura, colores, etc. Lo mismo de otro árbol cualquiera.

    Sin embargo, en ellos, como en cualquier ser, hay algo que se presenta como primigenio. Que ambos son, con independencia de sus diferencias posibles. En esta exploración de términos, introduce Aristóteles la noción de sustancia en oposición al de atributo o accidente.

    La sustancia (aquello que existe por sí mismo y que está compuesta, según Aristóteles, por materia y forma) es el ser en primera instancia. Si decimos: "Sócrates está sentado", Sócrates es la sustancia porque es el sujeto, aquello que da sustento a las acciones que se le atribuyan   (en este caso, "estar sentado").

    Los atributos o accidentes dependen de la sustancia, son las afectaciones de la sustancia y no pueden ser con independencia de la sustancia. En este caso el accidente sería "estar sentado".

    4.2.2.        Materia y forma.

    Una vez definida la noción de ser y sustancia, Aristóteles afirma que las sustancias individuales está compuestas de materia y forma. Esta teoría se conoce con el nombre de hilemorfismo, que procede de los términos griegos, hyle o materia y morfé o forma.

    La materia es aquello de lo que algo está hecho; la forma, aquello que hace que una cosa sea lo que es. Por ejemplo, Sócrates es una sustancia compuesta de materia (tejidos, huesos, etc.) y una forma (aquello que le hace ser humano). Tú también eres una sustancia con tu materia y forma correspondientes.

    En ambos casos, la forma es idéntica pues ambos son seres humanos, sin embargo, la materia es distinta; por eso, aunque los dos sean iguales en la forma, se diferencia uno de otro por la materia; distinta proporción, distintos rasgos, etc. Aristóteles sitúa el principio de individuación de las sustancias en la materia.

    4.2.3.        El cambio o movimiento.

    Hasta aquí, la reflexión de Aristóteles se refiere al ser en su aspecto estático. Pero una cuestión esencial en el pensamiento filosófico desde los inicios es la reflexión sobre el ser en su sentido dinámico.

    Para Aristóteles, el cambio o movimiento es un hecho evidente por la observación. No se puede negar que la realidad sea, pero tampoco se puede negar que esté sometida al cambio. Conocedor de la problemática suscitada en esta cuestión, en su obra denominada Física abordará los principios que hacen posible el movimiento.

    Aristóteles define el cambio como paso del ser en potencia al ser en acto. La clave explicativa de esta definición estriba en el término privación. Entre el no-ser y el ser cabe una posibilidad distinta a la nada, el llegar a ser. La privación es un llegar a ser; y no una ausencia de ser, una nada, porque esa privación se da en un sujeto permanente, una sustancia que es pero puede llegar se ser otra cosa.

    El ser en potencia es ser como privación. El ser en acto es ser con esa privación ya actualizada. El movimiento sería ese paso, o actualización, de la potencia al acto. Un ejemplo: partamos de un ser, una alumna que estudia 2º de bachillerato. Es un ser concreto, una sustancia. Esa alumna, con el paso de los meses, querrá ser universitaria. Tiene, por tanto, esa privación: la de no ser aún universitaria. Sin embargo, esa privación, ese no ser aún, no anula su ser como estudiante de 2º. Esa privación debe entenderse como una potencialidad, un poder llegar a ser. El paso de bachiller a universitaria no supone un salto en la nada porque la sustancia permanece (la estudiante), pero a la vez cambia, actualiza su posibilidad de ser universitaria.

    4.2.4.        Dios como motor inmóvil y como acto puro.

    Tanto la Física como la Metafísica aristotélicas culminan con la afirmación de la existencia de un Dios como fundamento último del movimiento y de la realidad; Dios como motor inmóvil y Dios como acto puro. Dios físico y Dios metafísico.

    El argumento de Aristóteles es el siguiente: todo lo que es movido es movido por alguna cosa. Como es imposible que la serie llegue al infinito, es necesario que exista un primer motor que no sea movido por otra cosa distinta. Por tanto, el primer motor ha de ser inmóvil. El Dios físico de Aristóteles es el primer motor inmóvil, garantía del movimiento. Se presenta como inmanente al mundo, ya que el movimiento exige una proximidad física que posibilite ese primer impulso de cambio.

    Pero, por otra parte, si ese motor inmóvil es fundamento y explicación del movimiento, lo es porque posee el movimiento en toda su actualización, ya que si estuviera en potencia, en un llegar a ser, de adquirir movimiento, no podría mover. Es eterno, por tanto es acto puro. Ese Dios metafísico sí se presenta como trascendente al mundo; como finalidad última de toda la realidad. Pero este Dios no es un Dios creador y providencialista al estilo de la tradición cristiana, aunque, en todo caso, la realidad, el ser, encuentran su explicación en una instancia de orden superior.

    Actividad:

    1.Define los siguientes términos aristotélicos: metafísica, sustancia, accidente, materia, forma, primer motor inmóvil, movimiento

    4.3. Tipos de metafísica.

    Todo este recorrido por las teorías aristotélicas sobre el ser permite distinguir dos tipos básicos de metafísica que se desarrollan a lo largo de la historia de la filosofía:

    ·         El ser en cuanto tal, en sí mismo, objeto de la metafísica, puede ser entendido acudiendo a una instancia superior que dé razón del mismo. A este tipo de metafísica que recurre a otro plano de la realidad para explicar aquella que se nos ofrece por los sentidos se le denomina tradicionalmente una metafísica espiritualista. También se incluyen en este apartado aquellas metafísicas que explican la realidad concebida como contenido del pensamiento.

    ·         A una metafísica que no recurre a esas instancias distintas, de tipo pseudodivino, y que intenta dar una explicación ontológica y epistemológica del ser en cuanto fenómeno patente a los sentidos, se le denomina metafísica materialista. Es una metafísica de corte físico e histórico.

    Aristóteles se presenta como origen y fundamento de la discusión posterior de estas cuestiones, pues a él se debe una primera estructuración argumentativa de qué es la metafísica en cuanto el estudio del ser y también la solución al problema del movimiento.

    5.       LAS METAFÍSICAS ESPIRITUALISTAS.

    5.1.  Metafísicas espiritualistas y Dios.

    Estas metafísicas  dan una explicación de la realidad atendiendo a un fundamento distinto a la misma; y, por consiguiente y en una primera clasificación, trascendente a la propia realidad que se interroga.

    Este fundamento último- como apuntó Aristóteles- hace referencia a un Dios como principio y fin de la realidad. La cuestión de Dios, su existencia o inexistencia, su intervención o no en el mundo, no es un interrogante de carácter religioso únicamente. El problema de Dios es uno de los de mayor calado filosófico.

    5.1.1. El caso de Descartes.

    Descartes (1596-1650), al aplicar su duda metódica, obtuvo una primera verdad:"pienso, luego existo". Pero, al obtener esta verdad indudable, ¿qué tiene Descartes? Solo un pensamiento que piensa, un yo pensante.

    El único camino que puede seguir Descartes desde su primera verdad- el yo pensante- para construir su sistema filosófico, será analizar las ideas que piensa. Este yo ni siquiera tiene aún corporeidad.

    Para salir del solipsismo, Descartes demostrará la existencia de Dios a partir de ese cogito que solo tiene pensamientos.

    Se plantea Descartes descubrir si, entre las ideas que piensa el yo, puedan existir algunas que no procedan del mismo yo que las piensa. Si esto fuera así, podrá romper ese encerramiento en el que se encuentra ese yo y proceder a la demostración de otras realidades extramentales y, especialmente, a la realidad de la existencia de Dios.

    En ese análisis, distingue ideas que representan sustancias e ideas que representan solo accidentes. Las primeras contienen una realidad objetiva más perfecta que las segundas. Por ejemplo, la idea de la sustancia "silla" tiene una realidad objetiva más perfecta que la idea del accidente "pequeña" referida a la propia silla. Y mucha más realidad objetiva aún que las ideas de sustancias tendrá la idea de Dios, que es pensado como un ser supremo e infinito.

    La cuestión es plantearse por qué hay ideas que tienen una mayor realidad objetiva que otras. Si la realidad objetiva de alguna de esas ideas no puede proceder, en modo alguno, del yo que las piensa, se sigue como consecuencia lógica que el yo pensante no está solo en el mundo. Que existe una realidad extramental ajena a él.

    El razonamiento cartesiano posee una mayor complejidad pero se puede resumir con un ejemplo. El yo pensante puede poseer la idea de "silla". La realidad objetiva de esa idea puede ser producida por esa misma silla o por un ser más perfecto que la silla en cuestión; por ejemplo, el mismo yo pensante.

    Sin embargo, la idea de Dios, ser infinito, no puede ser producida por el propio yo porque este yo no posee una realidad tan elevada y, por tanto, no puede ser el productor de una idea de tales características. Por tanto, ha de existir ese Dios que ponga esa idea en el cogito. Por tanto, Dios existe. Porque, de no existir, no se podría tener esa idea. Esta idea es, además, innata (no adquirida en la experiencia), pues ese pensamiento no tiene aún realidad extramental de la que nutrirse.

    Con Descartes se inicia la modernidad. Sin embargo, su visión de la realidad sigue siendo de corte metafísico espiritualista. Descartes necesita salvar a Dios para presentarlo como garante de todo su sistema filosófico.

    En todo caso, hay una diferencia radical con respecto al pensamiento clásico y medieval. Para los medievales, Dios da razón del mundo. Para los racionalistas, Dios se presenta como una herramienta a usar para dar una explicación del mundo que pretende basarse en la racionalidad.

    5.2. Metafísicas materialistas. El materialismo histórico.

    El pensamiento de Marx es la encarnación más elaborada de las metafísicas materialistas.

    El término materialismo puede aplicarse a un conjunto de teorías filosóficas que solo admiten la existencia de principios inmanentes y materiales en la justificación de la existencia de la realidad y del ser humano. Toda la realidad es explicable desde la materia.

    El materialismo de Marx se conoce como materialismo histórico. La materia, toda la realidad, no está puesta ante el hombre para que este la contemple. La realidad se ofrece para ser transformada. Y esta transformación se da en el tiempo, en la historia. Por eso, el materialismo de Marx es un materialismo histórico.

    En este contexto, la labor de la filosofía no ha de ser una labor meramente teórica consistente en un intento de explicación de la realidad desde la racionalidad. La filosofía tiene que ser praxis, práctica, y su papel es el de transformar el mundo, no solo explicarlo.

    1.3.1. La lucha de clases y la alienación.

    La historia del ser humano es la historia de una continua alienación. Alienación entendida como una situación vital en la que el ser humano se encuentra desposeído de su propio yo. Y, al mismo tiempo, el progreso histórico es la solución a esa alienación. Esta posible contradicción necesita ser aclarada.

    Marx parte, en su análisis, de la sociedad concreta en la que vive. La revolución Industrial, favorece la aparición de una nueva clase social denominada proletariado. El proletariado vive en una situación de explotación y miseria. Frente al proletariado está la burguesía como clase social explotadora.

    Aplicando el método dialéctico, Marx  concibe la historia como un desarrollo de contrarios. Siempre, en cualquier época histórica, ha existido una clase social que ha explotado a otra. La historia es lucha de clases. Una clase social (tesis) oprime a otra (antítesis). Este proceso debe superarse mediante la aparición de un nuevo sistema social que transforme toda la sociedad    (síntesis).

    Esta opresión histórica-alienación- se vertebra en tres planos distintos que, según Marx, deben ser analizados y sacados a la luz para el advenimiento de un nuevo sistema social definitivo: la sociedad comunista.

    a)      Alienación religiosa. Dios es una construcción del hombre; de ese hombre sufriente y explotado que busca, en un hipotético más allá, la felicidad que ahora le falta. Pero este dios inventado, resulta ser una invención alienante. Mientras el ser humano siga creyendo en un más allá que alivie las injusticias y sufrimientos de su vida real, no hará nada para librarse de su opresión. Ese ser humano se resigna y no se subleva. Por eso, para Marx, "la religión es el opio del pueblo".

    b)      Alienación política. El Estado cumple, en definitiva, las mismas funciones que Dios en la religión. Porque aunque el Estado sea creación humana, se convierte en un aparato que mantiene las situaciones de explotación, pues está en manos de la clase capitalista que controla los medios de producción.

    c)       Alienación económica. Fundamento de las otras dos. En la sociedad capitalista, el proletariado es una pieza más en el proceso de producción. Interesa que produzca, con independencia de las condiciones materiales en las que se dé esa producción. El ser humano se convierte en una cosa, una mercancía más que vale un salario al que hay que sacarle cuanto más beneficio mejor.

    Frente a estas alienaciones sostenidas por la urdimbre social, llega el momento de la revolución, concebida como un cambio radical: abolición de la propiedad privada, socialización de los medios de producción, solidaridad entre todos, abolición del Estado. Tras la revolución se instaurará un nuevo orden, una nueva sociedad: la sociedad comunista.

    El surgimiento de esta nueva sociedad tendría diversas etapas- en primer lugar, una dictadura del proletariado que posibilite la desaparición de estructuras anteriores. En segundo lugar, la democracia, como instauración de esa dictadura como estructura política. En último lugar, el socialismo, de marcado enfoque económico y desarrollo social en el que desaparecerán las clases sociales.

    Actividad:

    1.Define los siguientes  términos de Marx: materialismo histórico, materialismo dialéctico, alienación, dictadura del proletariado.

    Actividad:

    1.¿Es lo mismo pensar que razonar? Explícate.

    2.¿Por qué razonar es una actividad necesaria?

  • LAS TEORÍAS ÉTICAS

    1. ¿Qué es una teoría ética?

    La Ética, como parte de la Filosofía, pretende buscar explicaciones racionales que sirvan para argumentar lo que se considera moralmente bueno; de este modo, se puede aspirar a elaborar una moral universal, válida para todas las culturas.

    Pero esta búsqueda de la Ética también ha tenido su historia. Es decir, no siempre se han dado los mismos argumentos, ni se han llegado a las mismas conclusiones. La historia de la Ética integra las distintas maneras de razonar sobre cuál es la mejor manera de vivir y de comportarse. Sus respuestas se denominan "teorías o sistemas éticos".

    La Ética ha elaborado diversas respuestas o teorías éticas. Es necesario conocerlas y estudiarlas, porque nos ofrecen argumentos racionales, y no meros deseos subjetivos, sobre qué puede ser lo mejor para el ser humano. A partir de estos argumentos, podemos intentar descubrir los más universalizables, que proporcionen valores y normas al proyecto ético de convivencia.

La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. la ciencia no es nada más que un valor entre otros.

Autor: Edmund Husserl

Área privada

Hay 113 invitados y ningún miembro en línea

ACFILOSOFIA usa cookies para darle un mejor servicio.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto