¿QUÉ TE PARECE PAGAR POR UN VOLANTE PARA UNA CITA MÉDICA?

  En una reciente visita que hice a China me enteré de que el negocio de las colas era ya algo rutinario en los principales hospitales de Pekín. Las reformas en los mercados llevadas a cabo en las dos últimas décadas han dado lugar a recortes en la financiación de hospitales y clínicas públicas, especialmente en zonas rurales. Así, pacientes del campo se desplazan ahora hasta los grandes hospitales públicos de la capital y forman largas colas en las salas de registro. Hacen cola toda la noche, y a veces durante días, para conseguir el volante para una cita con el médico.
Los volantes para las citas son muy baratos- solo 14 yuanes (unos dos dólares)-, pero no es fácil conseguir uno. Para no tener que acampar durante días y noches en la cola, algunos pacientes, desesperados por conseguir la cita, compran volantes a los revendedores. Los revendedores hacen negocio con el gran abismo abierto entre la oferta y la demanda. Pagan a personas por guardar cola para obtener los volantes y luego los revenden por cientos de dólares, más de lo que un campesino medio en unos meses. Las citas para consultas a especialistas destacados son particularmente caras, y codiciadas por los revendedores como si fuesen plazas de preferencia para la World Series de béisbol. El diario "Los Angeles Times" describía así la reventa de volantes fuera de la sala de registros de un hospital de Pekín: "Doctor Tang. Doctor Tang. ¿Quién quiere un volante para el doctor Tang? Reumatología e inmunología".
Hay algo desagradable en la reventa de volantes para ver a un médico. Para empezar, el sistema beneficia a los indeseables intermediarios más que a quienes atienden a los pacientes. El doctor Tang podría preguntarse por qué, si una cita de reumatología vale 100 dólares, la mayor parte de ese dinero tiene que ir a las manos de los revendedores y no a las suyas o a su hospital. Algunos hospitales de Pekín han puesto ventanillas especiales para obtener volantes en las que las citas son más caras y las colas más cortas.
( Sandel. M. "Lo que el dinero no puede comprar". Editorial Debate. Barcelona. 2013).

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