EL CEREBRO EMOCIONAL.

1.QUÉ OCURRE EN EL CEREBRO CUANDO SE TOMAN DECISIONES.

En todo proceso de toma de decisiones coinciden aspectos cognitivos (que dependen de las funciones ejecutivas del cerebro) y emocionales (dominados por estructuras del sistema límbico, principalmente la amígdala).
Según la teoría de los marcadores somáticos, los emocionales son los más importantes porque actúan como una especie de brújula que antecede al componente cognitivo, de manera que se evita que se elija una alternativa asociada a una experiencia negativa o inclina la balanza hacia la positiva.
La zona cerebral más importante en estos procesos, pues envía y recibe información de los sistemas sensoriales y motores, es la corteza prefrontal, dividida en tres regiones.

Dorsolateral

Organiza la conducta y se ocupa del razonamiento y la memoria de trabajo.


Si la decisión es significativa para uno mismo y por la influencia que puede tener en los demás, los mecanismos cognitivos y emocionales que se ponen en juego son los mismos que intervienen en decisiones sencillas. Lo que cambia notablemente es el consumo de energía cerebral.
Uno de los mejores ejemplos es el de los pilotos de Fórmula 1; además de un gran esfuerzo físico (que no vemos), realizan un gran esfuerzo mental. Es suficiente con ver por la televisión qué sucede durante una de estas carreras (cuando la cámara se coloca en el coche del piloto) para comprobar que las funciones ejecutivas de estos deportistas no para, y tampoco su cuerpo. Los cambios fisiológicos que experimentan (como el aumento del ritmo cardíaco y la sudoración) revelan el gran componente emocional asociado a cada decisión que toman, ya que se juegan no sólo la carrera, sino también su propia vida.
Cuando se toman decisiones muy importantes, aumenta el consumo de energía cerebral por la exigencia que recae sobre las funciones ejecutivas y la intensidad de las emociones que se experimentan. Esto provoca un efecto que se traslada al resto del cuerpo y genera un cansancio similar al que se produce después de una actividad que requiere esfuerzo físico.

2. EL CEREBRO EMOCIONAL EN LA TOMA DE DECISIONES.


Durante mucho tiempo, y tanto en los ámbitos educativos como en el mundo laboral, se impulsó el pensamiento racional, y se pensaba que no tenía nada que ver con las sensaciones corporales y las emociones.
Sin embargo, las neurociencias han demostrado que los mecanismos emocionales guían la toma de decisiones. Más aún, se considera que, si sus componentes desaparecen, aumenta la probabilidad de que el sujeto se equivoque.
Cuando el cerebro debe tomar una decisión, la región ventromedial de la corteza prefrontal integra los diferentes factores implicados en la toma de decisiones (los estados somáticos, la información que procede de los sentidos, los recuerdos almacenados en la memoria y los datos de la amígdala, el hipotálamo y algunos núcleos del tronco cerebral). Afortunadamente, parte de nuestra sabiduría emocional se asocia con las inscripciones que traemos en el cerebro como resultado de la evolución- por ejemplo, el miedo nos impulsa a alejarnos del peligro y garantiza nuestra supervivencia- como sucede también con los marcadores somáticos, que facilitan al cerebro la tarea de elegir una entre dos o varias alternativas.
Estos marcadores pueden enviar señales no conscientes que preceden y, al mismo tiempo, agilizan el proceso de decidir, provocando que, más de una vez, no podamos explicar por qué elegimos esto y no aquello. Cuando se ausentan o se debilitan, es posible que las decisiones sean inoportunas o desacertadas.
Al respecto, António Damásio estudió neurológicamente el caso de un empresario intelectualmente brillante que no podía alcanzar los objetivos de su trabajo después de que le extirpasen un tumor de la región ventromedial del lóbulo frontal (detrás de la frente). En cambio, en sus habilidades cognitivas, este hombre no presentaba problemas.
Sin embargo, su personalidad cambió: no se inmutaba cuando le mostraban imágenes horrorosas ni se conmovía ante situaciones extremas (comprobaron esta frialdad mediante estudios psicológicos que exponían al paciente a imágenes con alto contenido emotivo y registraban los cambios que experimentaba al observarlas).
Damásio dedujo que la operación había tenido sus consecuencias. El tumor tenía el tamaño de una mandarina y, al extraerlos, se habían cortado conexiones entre la amígdala y otros sectores importantes de la corteza prefrontal. Como el funcionamiento neurocognitivo no parecía afectado (respondía muy bien a todas las pruebas), se dedujo que lo que dificultaba su capacidad para tomar decisiones era, precisamente, la ausencia de emociones.
Este caso, sumado a otros similares, revela que, durante las últimas dos décadas, la ciencia ha logrado comprender los verdaderos motivos del comportamiento humano y que, a pesar de la vieja dicotomía cuerpo-alma que sigue suscitando enorme variedad de interpretaciones, la denominada neurobiología de los sentimientos confirma que el cerebro crea la mente, y que no es posible comprender las reacciones emocionales si no se investigan sus bases biológicas.

3. ¿DECIDES TÚ O TU CEREBRO? LOS PROCESOS MENTALES ULTRARRÁPIDOS.


Uno de los descubrimientos más interesantes sobre el funcionamiento del cerebro tiene que ver con procesos metaconscientes que nos hacen decidir sin que sepamos que ya lo hemos hecho.
Esto no sólo se relaciona con la rapidez con que buscamos protegernos si de repente aparece un perro del tamaño de un poni con dientes enormes, o con la activación de los marcadores somáticos, sino también con la mayoría de las decisiones que tomamos. Quizá te sorprenda, y mucho, pero hoy podemos predecir qué decisión va a tomar alguien observando su actividad cerebral.
Por ejemplo, antes de que un tenista gire la muñeca para sacar, su cerebro ya sabe qué movimiento va a hacer. Lo mismo sucede cuando un jugador de fútbol realiza un pase u marca un gol. La neurociencia contemporánea ha corroborado estas situaciones con varios experimentos (lo que varía es la cantidad de segundos con los que se anticipa).Veamos algunos casos.
En Alemania, se llevó a cabo una investigación que consistía en que los participantes tomaran una decisión muy sencilla: pulsar el botón que estaba a la izquierda o a la derecha de una pantalla mientras su cerebro era escaneado durante el ejercicio el ejercicio. Los investigadores concluyeron que, observando la actividad cerebral en las cortezas prefrontal y parietal, podían predecir qué botón iban a pulsar ¡siete segundos antes!
Esta diferencia temporal, que en otros experimentos llegó a ser de unos 10 segundos, confirma que existen áreas que saben lo que vamos a hacer antes de que la decisión sea consciente.
En 1982, se publicó un experimento muy simple con resultados similares: los investigadores, dirigidos por uno de los más destacados especialistas en el tema, Benjamin Libet, pidieron a los participantes que ejecutaran movimientos sencillos (como girar la mano) y le informasen de cuándo se planteaban hacerlo y del instante en que percibían la sensación de movimiento. Mientras, los investigadores registraban la actividad eléctrica de las zonas motoras de su cerebro.
El experimento reveló que “antes” de que los participantes decidieran mover su mano, ¡su cerebro ya lo había hecho! De esta forma se confirmó que gran parte de la conducta humana puede descifrarse observando las zonas cerebrales que se activan, básicamente, la corteza parietal y frontal. Parecería que estamos cada vez más cerca de que la realidad supere la ciencia ficción. ¿Qué pasaría si la policía pudiera saber anticipadamente qué delitos se van a cometer?
De momento, la policía científica está experimentando con electroencefalogramas y escáneres cerebrales ex post. Pretenden detectar si la actividad eléctrica del cerebro y las activaciones de determinadas zonas pueden actuar como pistas al mostrar al acusado varias imágenes entre las que intercalan escenas donde se ha producido el homicidio o leerle en voz alta los detalles. Por lo que se refiere a lo que se suele llamar ex ante, queda claro que muchas decisiones las construyen procesos cerebrales de lo que no somos conscientes.
Por todo esto podemos afirmar:
*La conducta humana no es tan racional como se pensaba.
*La neurociencia descubrió que muchas decisiones las toman primero zonas no conscientes y luego se trasladan al consciente.
*Estos resultados generan intensos debates sobre el libre albedrío: los actos voluntarios,
¿dependen de lo que conscientemente queremos hacer o decidimos en función de impulsos o motivaciones cuyo origen se encuentra en profundidades que la ciencia comienza a explicarse?
Con la ayuda de las neurociencias, descubrimos que la mayor parte de las decisiones que toman los consumidores tienen un origen que ellos desconocen porque es inconsciente y, más aún, que la mayor parte de la información procedente del mundo exterior, por ejemplo, de la publicidad, se aloja en alguna parte del cerebro y nunca entra en la conciencia. Por ello, se está trabajando en el desarrollo de técnicas que permitan explorar esas profundidades.

4. EL EFECTO PRIMING.


El efecto priming se refiere a la mayor sensibilidad que tenemos ante determinados estímulos, por ejemplo, una palabra, una imagen, un sonido, un aroma, a causa de conocimientos y experiencias previas. Está relacionado con la memoria implícita e influye en la toma de decisiones desde las profundidades de la mente, esto es, sin que seamos conscientes de lo que sucede.
Por ejemplo, si durante una conversación sobre alimentos alguien dice Pringles, puedes evocar la imagen del clásico envase de cartón en forma de tubo, el icono del hombrecito con grandes cejas y abultados bigotes, un sabor delicioso que te hace la boca agua o el famoso caso Fredric Baur, cuyo último deseo fue que sus cenizas no se guardaran en una urna, sino en el tubo de las famosas papas fritas. En cambio, si no has probado las Pringles, no se producirá este efecto ya que el estímulo entrará por primera vez en tu cerebro.
Por ello, la publicidad usa la repetición recurrente y el priming para activar la memoria a través de pistas, por ejemplo, para que el cerebro del target relacione un conjunto de atributos con determinadas marcas, como Axe con masculinidad o Dove con suavidad.
Resumiendo, el efecto priming se basa en las siguientes ideas:
*El cerebro decide entre 6 y 10 segundos antes de que seamos conscientes de ello.
*En la toma de decisiones existen anticipaciones metaconscientes que deriva de conocimientos, experiencias previas y la acción de los medios de comunicación.
*Se pretende conseguir el efecto priming, es decir, que la presentación de un estímulo favorezca (por asociación) la recuperación de conceptos relacionados.

5.RESIGNIFICACIÓN Y CONTROL DE LAS EMCIONES.


Las emociones actúan como una especie de sistema que nos informa sobre diferentes aspectos de la realidad, otorgándoles una carga afectiva con repercusiones fisiológicas. Por ello, cada vez que recordamos un acontecimiento importante, la emoción reaparece en la mente y en el cuerpo, prioriza determinadas respuestas frente a distintos estímulos y varía según su intensidad, lo cual afecta a la toma de decisiones.
Asimismo, cada vez que decimos que alguien nos contagia su alegría o nos traspasa su mal humor cuando hablamos con él, lo que hacemos es reconocer el enorme poder que tienen sobre nosotros no sólo nuestras emociones, sino también las de los demás.
Afortunadamente, los seres humanos podemos controlar nuestros sentimientos mediante procesos voluntarios. Por ejemplo, si alguien piensa en sus hijos experimentará un estado de amor, felicidad, placer, resultado de una actividad cognitiva consciente. Si ejercita este pensamiento con esta o cualquier otra imagen, repercutirá favorablemente en su estado de ánimo, y, consecuentemente, en todo lo que decida y haga durante el día. Esto significa que, aunque gran parte de los procesos emocionales se desencadenen en la mente no consciente, todos los seres humanos pueden dominar los programas para que su cerebro construya de forma positiva, Para ello no olvidemos que:
*Los pensamientos relacionados con la felicidad, el bienestar, el éxito, el placer y la alegría, refuerzan y establecen nuevos circuitos neuronales.
* Aprender a situarlos en la mente de forma sistemática es un gran punto de partida para el control emocional.
*Como el cerebro cambia su estructura a través del pensamiento, el esfuerzo para dirigir la mente hacia acontecimientos vale la pena: los ejercicios mentales han mejorado no sólo las capacidades sino también la calidad de vida de muchas personas.
Por ejemplo, se ha comprobado que, ante una sensación de placer, el organismo libera endorfinas que, en esencia, son moléculas que actúan como un analgésico natural (producen un efecto sedante sobre el cuerpo y revitalizan el sistema inmunológico). A la inversa, si alguien se deprime por una situación que le produce angustia, ansiedad o mal humor, probablemente aumente el flujo de sangre en su corteza prefrontal. Cuando esta zona se bloquea porque tiene que procesar emociones negativas, no puede pensar y, mucho menos, decidir con la claridad necesaria.
Hoy se sabe que, para el cerebro, imaginar una acción y ejecutarla no son cosas distintas. Si cierras los ojos y recuerdas una imagen, por ejemplo, la de un pulpo, y en ese momento te sometes a un escaneo mediante fMRI, el monitor revelará que tu corteza visual primaria se activa como si realmente estuvieras mirando a ese cefalópodo. Lo mismo sucede cuando se evoca una emoción.
Ahora bien, ¿cómo decirle a alguien amargado que comience a sonreír y haga de ello un ejercicio cotidiano porque le hace bien a su cerebro y a su vida?
Afortunadamente, los estados de ánimos pueden generarse con el pensamiento, y se han desarrollado varias técnicas de control emocional que tienden a modificar los resistentes neurocircuitos de las emociones negativas. Las más importantes apuntan a activar estructuras cerebrales encargadas de inhibir y modular los estados emocionales dominados por otras, entre ellas, la amígdala.
Por ejemplo, una persona que normalmente se bloquea ante una situación difícil es probable que sea de las que ven las dificultades antes que las cosas buenas (el vaso medio vacío). En consecuencia, presentan mayor facilidad para generar pensamientos negativos, activando la corteza derecha del cerebro, lo que favorece el estrés, la depresión, la ansiedad, y otras enfermedades físicas derivadas de estos estados, como las típicas migrañas, los problemas digestivos y las úlceras.
En cambio, quienes afrontan los momentos difíciles como un desafío, por ejemplo, lo que siguen estudiando, se enfrentan al estrés de los exámenes, se atreven a cambiar de trabajo y están atentas a las nuevas oportunidades ejercitan la corteza izquierda.
Con esta práctica optimista siempre obtienen mejores resultados, entre otros motivos, porque la concentración cognitiva se hace menos dependientes de sus circunstancias emocionales. Por lo tanto, el secreto para la toma de decisiones exitosas está en el enfoque. El método consiste en trabajar sistemáticamente para debilitar los músculos de los pensamientos asociados a emociones negativas y ejercitar los otros.
Por último, al hablar de emplazamiento voluntario de emociones nos referimos a situaciones que pueden definirse como cotidianas. De hecho, es muy difícil revertir sentimientos, como el dolor ante un divorcio, una pérdida importante o cualquier otro momento personal doloroso. Fuera de este marco, el uso del pensamiento y del cuerpo para modificar los estados de ánimo negativos o, a la inversa, para crear estados de ánimo positivos, ofrece muy buenos resultados.


(N. Braidot. Cómo funciona tu cerebro para Dummies. Barcelona. 2013)

Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos.

Buda (563 AC-486 AC) Fundador del budismo.

Área privada

Hay 227 invitados y ningún miembro en línea

ACFILOSOFIA usa cookies para darle un mejor servicio.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto