EL ESTADO

 

1. LA FILOSOFÍA POLÍTICA.


La filosofía política es una rama de la filosofía que estudia cuestiones fundamentales acerca del gobierno, la política, la libertad, la justicia, la propiedad, los derechos y la aplicación de un código legal por la autoridad.
La tarea de la filosofía política es reflexionar de manera racional, sistemática y crítica sobre los fenómenos relativos a lo político. A diferencia de la ciencia política, no trata con hechos y datos empíricos, sino con las cuestiones normativas y las preguntas radicales que surgen a partir de las diversas realidades políticas.
1.1 LA FUNCIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA FILOSOFÍA POLÍTICA.
Son numerosos los temas que han dominado en el panorama de la filosofía política, y en algunos casos se entremezclan con las preguntas de fondo que se ha planteado la humanidad, como, por ejemplo, los valores de la libertad, la igualdad, las virtudes de los distintos regímenes políticos o el ideal de la justicia.
La función de la filosofía política sigue siendo moderar las diferentes interpretaciones teóricas del ideal político de libertad e igualdad para ayudarnos a defender un mejor modelo democrático de convivencia humana, y, de este modo, profundizar en sus instituciones políticas y jurídicas para extender estos valores a todas las prácticas políticas y sociales posibles.
La filosofía política se presenta como crítica recurrente de los principios normativos en función de los cuales se construyen los discursos políticos. El verdadero centro práctico-conceptual de la filosofía política no es el poder sino la explicación crítica de los elementos ideológicos que median los procesos sociales de constitución de sentido, los cuales, a la postre, pretenden legitimar una forma concreta de poder.

 
 

-La filosofía política es un saber teórico mientras que la ciencia política es un saber empírico.

-La ciencia política es descriptiva y explicativa mientras que la filosofía política es normativa y prescriptiva.

-La filosofía política se basa en el por qué, mientras que la ciencia política se basa en el cómo.

-La filosofía política hace propuestas metafísicas, mientras que la ciencia política hace propuestas científicas.

-La filosofía política tiene criterios ideales y la ciencia política propuestas científicas.

-La filosofía política es un saber libre y crítico mientras que la ciencia política es un saber reglado.

 

La filosofía política se ocupa del estudio de los principales problemas de la comunidad política:
*Su configuración histórica y su relación con el ser humano.
*Tiene a la comunidad política como objeto de estudio. Piensa y diseña las diferentes normas históricas de la comunidad política.
*Los problemas que se suscitan en la comunidad política, como las formas de gobierno, los fines de la comunidad política, la libertad, la fraternidad, la igualdad, la justicia, la relación del individuo con el poder político, la naturaleza y función de este, la naturaleza de las instituciones políticas y su legitimidad, entre otras.

 
 

Los temas de la filosofía política según Norberto Bobbio     se engloban en cuatro:

-La búsqueda de la mejor forma de gobierno o de la república ideal.

-Los fundamentos y justificación del Estado.

-La naturaleza de la política.

-El análisis del discurso político.

 

 

1.2. PRINCIPALES INTERROGANTES DE LA FILOSOFÍA POLÍTICA.
La filosofía política es la parte de la filosofía que estudia las relaciones entre los seres humanos y su forma de organizarse socialmente. Por tanto, podemos plantearnos las siguientes cuestiones:
*¿Cuál es el mejor modo de organizarse?
* ¿Debemos aspirar a ser todos iguales?
*¿Es la igualdad incompatible con la libertad?
*¿Qué significa “gobernar”?
*¿Es preferible el gobierno de una sola persona, de unas pocas o de la mayoría?
*¿Debe intervenir el Estado en las vidas privadas de los ciudadanos y de las ciudadanas o se les debe permitir más espacio?
*¿La política debe estar condicionada por la economía o por la ética?
El ser humano lleva muchos años meditando sobre estos temas y se han llegado a algunas conclusiones. La filosofía política es probablemente la rama de la filosofía que ha resultado más fecunda a lo largo de la historia.

2. EL ESTADO.


La ética y la política son saberes prácticos, en tanto que nos ayudan a orientar y construir nuestra vida. La ética nos ayuda a construir la dimensión personal, y la política lo hace en el ámbito social. En ambas se trata de vivir una vida digna y feliz, de proporcionarnos las normas para guiar nuestra conducta. Como indica el pensador Fernando Savater en su obra Política para Amador: “la ética es el arte de elegir lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible; el objetivo de la política es el de organizar lo mejor posible la convivencia social de modo que cada cual pueda elegir lo que le conviene”.
La filosofía política investiga toda la actividad de quienes procuran obtener el poder, retenerlo y ejercitarlo con vistas a un fin, el de gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad.
El ser humano está inmerso en su existencia en el ámbito de las relaciones sociales y políticas. Estas relaciones se manifiestan en relaciones de poder. El poder designa la posibilidad de actuar con vistas a un fin y la capacidad de imponer nuestros propios fines a otras personas. El poder político tiene entonces como rasgo específico la existencia y exigencia de un fin compartido.
Antes de continuar es conveniente que dejemos algunos términos aclarados:
El Estado es la sociedad organizada que conforma una entidad social de manera permanente en los ámbitos político y jurídico en un determinado territorio, sometida a la autoridad de un Gobierno para la realización de determinados fines. El Estado contienen tres elementos: territorio, población y poder.
La palabra “país” proviene del francés pays y se utiliza como el sinónimo más usual de Estado nación. Incluso la Real Academia Española apela a otros conceptos para definirlo, al decir que un país es una nación, una región, una provincia o un territorio.
La nación es un conjunto de individuos con unos lazos semejantes (cultura, lengua) que desean vivir en comunidad y decidir por ellos mismos (autodeterminación).
En España se habla de nacionalidades históricas: Cataluña, Euskadi y Galicia.
La nación es la base del Estado, pues este no es otra cosa que la nación organizada.
La patria, de latín “patria” significa, familia, clan. Suele designar la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado por vínculos afectivos, culturales o históricos.
2.1. EL ORIGEN DEL ESTADO.
En todas las sociedades, desde las primitivas hasta las actuales, han existido formas de poder social, tales como el patriarcado y el matriarcado. A partir de un cierto grado de desarrollo social y cultural, de poder político, las instituciones se encargarán de administrar los derechos y deberes de los miembros de la sociedad.
En las sociedades actuales el poder político se ejerce sobre todo a través del Estado y sus instituciones.
Las primeras sociedades humanas fueron sociedades sin Estado o sociedades tribales. Este tipo de organización social se caracteriza por los siguientes rasgos:
*Son grupos con escaso número de miembros y mantienen entre sí relaciones de parentesco.
*Practican una economía de subsistencia, no acumulan grandes excedentes y tampoco las diferencias económicas entre sus miembros son grandes.
*Carecen de un sistema jurídico y político propiamente dicho.
*El individuo tiene una enorme dependencia del grupo y las relaciones entre individuos se regulan por los usos sociales y por instituciones básicas como la familia y el matrimonio.
Las primeras sociedades con Estado aparecen con las grandes civilizaciones en torno al año 3300 a. C. en Oriente Próximo. Se caracterizan por contar con instituciones que administran el poder político y aparecen grupos (castas, estamentos, clases sociales) claramente diferenciados en virtud de sus funciones, privilegios y poder económico y social.
En Occidente se han sucedido históricamente tres sociedades:
• La sociedad esclavista antigua.
• La sociedad feudal, basada en relaciones de vasallaje.
• La sociedad moderna, dividida en clases sociales, en la que el Estado es el elemento capital en cuanto a poder social y político.
El Estado es un tipo de organización política que tiene las siguientes características:
-Posee jurisdicción universal sobre su propio territorio.
-Su poder está diversificado institucionalmente.
-Es el origen y fuente exclusiva de la legalidad vigente.
-Tiene el monopolio del poder coercitivo y de la fuerza.
-Es soberano ya que no comparte el poder con ninguna otra instancia.
Potencialmente, el Estado puede asumir todas aquellas funciones en las que exista un interés público. Estas funciones varían según la ideología de los Gobiernos:
*Un Gobierno fascista las controla en su beneficio.
*Un Gobierno social las controla en beneficio de los ciudadanos y ciudadanas.
*Un Estado liberal las disminuye, pero siempre controla como mínimo la seguridad interior y exterior, y los sistemas públicos de enseñanza y sanidad.
Para explicar cuál ha podido ser el origen del Estado como principal forma de organización política, los filósofos han elaborado las teorías del contrato social. La actividad contractual está presente en nuestra vida política constantemente, de hecho en nuestras sociedades democráticas se reconoce la igualdad de derechos a todos los miembros y esos derechos son ejercidos mediante fórmulas contractuales. El contractualismo sirvió de fundamento filosófico e ideológico al Estado de derecho y diferentes formas de contrato dan lugar a diferentes formas de entender el Estado.
Las tres teorías filosóficas del contractualismo clásico más conocidas e influyentes son:
• La teoría del contrato entendido como sometimiento, de Thomas Hobbes. Justifica ideológicamente el Estado absolutista.
• La teoría del contrato entendido como otorgamiento, de John Locke. Justifica ideológicamente el Estado liberal, que se centra en la defensa de la libertad individual frente a los abusos del poder absoluto.
• La teoría del contrato como reconocimiento, de Jean- Jacques Rousseau. Justifica ideológicamente el Estado liberal democrático.
2.2. LEGITIMIDAD Y LEGALIDAD DEL ESTADO.
El Estado es una institución a la que se le reconoce el derecho de ejercer el poder político, es decir, se le reconoce la autoridad para imponer un orden y tomar decisiones que nos afectan como ciudadanos y ciudadanas.
La legalidad significa simplemente que algo está dictado por la ley, y legitimidad hace referencia a las razones para obedecer la ley. El poder político ejercido por el Estado debe estar legitimado. La legitimidad del poder político se refiere a la justificación de dicho poder y entraña, por lo tanto, un componente ético. Por ejemplo, la legitimidad de un Estado democrático se basa en la idea de la soberanía popular y en la creencia de que todos los ciudadanos y todas las ciudadanas deben ser iguales ante la ley, poseer los mismos derechos y obligaciones. El poder político es legítimo en tanto que respeta esos principios fundamentales, la Constitución.
Uno de los estudios más reconocidos sobre la legitimidad del poder político, desde una perspectiva histórica, lo realizó Max Weber. Este sociólogo alemán elaboró una clasificación de las formas posibles de legitimación del poder, que se concentran en las tres siguientes:
*Poder político basado en la autoridad carismática. Autoridad de algún líder o jefe en función de sus cualidades personales.
*Poder político de autoridad tradicional. Se basa en las costumbres y los usos del pasado. Es la propia de las sociedades feudales y de las monarquías del Antiguo Régimen.
*Poder político basado en la autoridad legal- racional. Se fundamenta en la voluntad de la ciudadanía y en las leyes positivas. Nació en Grecia y es la propia y característica de los Estados democráticos.
En la Modernidad, la legitimidad del poder ejercido por el Estado se fundamentó en su sometimiento a la legalidad, de una doble manera. Por una parte, quienes ejercen el poder estatal deben estar autorizados para ello por el ordenamiento jurídico. Se trata de la legitimidad en el origen del poder, derivada del voto de la ciudadanía. Por otra, el poder debe ser ejercido conforme a lo establecido en la ley, se exige así que el poder no sea utilizado de manera arbitraria, se trata de la legalidad en el ejercicio del poder.
En la actualidad se considera que ese modelo de legitimidad moderno está en crisis. Hoy en día se entiende que es necesario, además, que la ciudadanía participe ampliamente en la toma de decisiones y que el Estado sea eficaz en la satisfacción de las necesidades sociales.

3. LAS IDEAS POLÍTICAS EN LA HISTORIA.


3.1. EN LA ANTIGÜEDAD.
La reflexión filosófica sobre la política se inició en el siglo V a.C. y ha permanecido como una constante a lo largo de la historia. Esta reflexión intenta ofrecer propuestas que contribuyan a mejorar la organización de la sociedad, de acuerdo con unas concepciones ideales que varían de unos pensadores a otros.
3.1.1. EL CONVENCIONALISMO DE LOS SOFISTAS.
Los sofistas, entre los que cabe destacar a Protágoras y Gorgias, fueron los primeros en llamar la atención sobre el hecho de que la organización política de una sociedad es independiente de la organización que posee la naturaleza en su conjunto. Esta independencia se debe a que la organización de la sociedad depende de decisiones humanas, mientras que la de la naturaleza es ajena a ellas.
En consecuencia, los sofistas distinguieron dos tipos de leyes:
*Physis. Es la ley natural, aquella a la que todo ser natural debe someterse de forma necesaria y que no puede ser cambiada por el ser humano.
*Nomos. Es la ley política que regula las relaciones entre los seres humanos dentro de una sociedad y que puede ser cambiada si así lo acuerdan sus miembros por procedimientos previamente establecidos.
Esta distinción llevó a los sofistas a formular su doctrina del convencionalismo de las normas políticas.
Según el convencionalismo, las normas políticas son fruto de un pacto entre los miembros de la sociedad. Dicho pacto es, precisamente, lo que otorga validez.
Nadie puede dudar de que las normas políticas son fruto de un acuerdo, pero los sofistas sostenían que no existe ninguna instancia superior a ese acuerdo que sirva para decidir sobre la validez de una norma o para comparar normas diferentes de distintas sociedades y juzgar si una es mejor o peor que otra. El convencionalismo los condujo a una posición relativista que daba por buena cualquier forma de organización política, siempre que fuere elegida por los miembros de la sociedad.
Los sofistas no teorizaron sobre un supuesto modelo de sociedad ideal, pero sí reflexionaron sobre la forma de sacar partido a la forma de Gobierno concreta bajo la que les había tocado vivir. En concreto, en la democracia ateniense en la que vivió la mayoría de ellos, enseñaron oratoria, es decir, el arte de hablar en público para convencer a los demás, de modo que estos tomaran decisiones que favorecieran al orador.
3.1.2. LA JUSTICIA SEGÚN PLATÓN.
Platón fue contemporáneo de los sofistas y discípulo de Sócrates. Este último ya había manifestado su desacuerdo con las conclusiones a las que llevaba la doctrina del convencionalismo, pero fue Platón quien elaboró una teoría alternativa.
Este filósofo planteó la existencia de entidades perfectas que no se podían captar por los sentidos, pero sí con la razón, y que eran los modelos a los que debían tratar de parecerse todas las realidades del mundo sensible. En particular, según Platón, existe la justicia perfecta o justicia en sí. Todas las acciones, todas las normas, todas las organizaciones políticas pueden y deben compararse con esa justicia perfecta para determinar en qué medida se acercan o se alejan de ella. Esta tesis platónica se opone frontalmente a las consecuencias que se derivan del convencionalismo de los sofistas, pues sostiene que sí existe una única forma perfecta y justa de Gobierno, y que todas las demás se pueden ordenar en función de lo que se parezcan o se diferencien de aquella.
La justicia en sí consiste en el perfecto ordenamiento de las partes de un todo. Aplicado a la convivencia social, esto significa que una sociedad es justa cuando cada uno de sus miembros realiza a la perfección la actividad que le es propia.
Para Platón, en toda sociedad hay tres necesidades fundamentales que deben ser atendidas: de gobierno, de defensa y económicas. En una sociedad bien organizada, se da un adecuado reparto de tareas. Por tanto, cada una de esas tres necesidades debe ser atendida por personas diferentes. Una sociedad será justa cuando:
*Los gobernantes sean los mejor capacitados para gobernar y se hayan preparado concienzudamente para ello.
*Los militares y los policías sean los mejor capacitados para tales tareas de defensa frente a las agresiones externas y los disturbios internos.
*los productores y los comerciantes sean quienes mejor cubran las necesidades materiales de la población y rentabilicen los recursos disponibles.
El modelo de gobierno que propone Platón es claramente aristocrático en el sentido etimológico del término. La palabra “aristoi”, en griego, significa “lo mejor o los mejores”. El gobierno aristocrático es, por tanto, el gobierno de los mejores.
Sin embargo, la aristocracia- tal como la entendió Platón- no debe ser hereditaria. Este filósofo proponía que se estableciera un procedimiento para identificar a los niños que tuvieran mejores dotes para el gobierno y que se diseñara un plan educativo específico para ellos. Así, de adultos estarían especialmente capacitados para desempeñar esa importante función de la sociedad. De ello se beneficiarían todos: los gobernantes, que estarían haciendo aquello que mejor saben hacer, y los gobernados, que tendrían a los mejores gobernantes posibles.

3.2. EL ISLAM MEDIEVAL.
El Islam, por lo menos en sus interpretaciones más fundamentalistas, mantiene una posición claramente teocrática con respecto a la autoridad: el poder político procede de Dios y el gobernante dirige la sociedad en su nombre. Se basa para ello en el único versículo del Corán que hace referencia al tema del poder y que dice: “obedeced a Dios, a su enviado y a los que ejercen su autoridad”.
Pero para el Islam- y este es el aspecto más destacable de su doctrina y en el que, por lo menos en teoría, se diferencia más del cristianismo- no es solo el poder de la autoridad el que proviene de Dios, sino que también proviene de Él la ley bajo la que tienen que vivir los humanos, ley que está revelada en el Corán.
La ley, el camino revelado por Dios (Shari´ah) es el fundamento sobre el que se tienen que basar tanto la vida individual de las personas, como las estructuras de la sociedad y las leyes de los gobiernos islámicos.
El ideal de sociedad islámica exige la integración de la religión en la esfera de lo político. El ejercicio del poder político solo se justifica y posee valor cuando es un instrumento para aplicar la ley islámica y para establecer el orden justo del Islam.
La voluntad popular carece de todo poder para originar el cuerpo de normas legales en los países del Islam pues es la voluntad de Alá, expresada a través del profeta Mahoma, y revelada en el Corán, la única capaz de legitimar la actuación de los gobiernos islámicos.
Es cierto que el pueblo puede participar en la determinación de las personas que van a ser las autoridades gubernamentales, pero la función de estas no es legislar, sino encargarse de que se cumpla la ley revelada por Dios.
Alá es el único poder legislativo, el único que posee competencia para dictar leyes, hasta el punto que se puede afirmar que un gobierno es auténticamente islámico solo cuando en él son las leyes divinas las que gobiernan a los hombres.
Además, hay que tener presente que la ley divina no solo afecta al ámbito individual de la persona o al cómo debe esta relacionarse con la divinidad; regula asimismo la vida colectiva de los humanos, las relaciones entre ellos y la vida social de toda la comunidad. También el llamado poder judicial ha de formarse y actuar de acuerdo con la ley islámica.
La relación entre Dios y el poder es tan fuerte en el Islam que se puede afirmar, sin ningún género de duda, que el Estado islámico no es otra cosa que el instrumento del que se sirve Alá para hacer realidad su voluntad sobre los hombres.
3.3. LA POLITICA EN EL RENACIMIENTO.
El Renacimiento obliga a replantearse las nociones políticas heredadas de la Antigüedad, por ejemplo, la idea de polis. La polis, en el ámbito político privilegiado escogido por Platón y Aristóteles, era entendida como el lugar natural del ser humano, donde este podía alcanzar la perfección, la excelencia y la felicidad. En el nuevo contexto político, con el nacimiento de los Estados nacionales, esta noción pierde sentido. Por esta razón se ha de hacer un nuevo planteamiento de la cuestión del poder y del orden en la sociedad. Este replanteamiento toma dos vías:
*la vía realista, cuyo representante fundamental es Nicolás Maquiavelo. Esta vía responde a los problemas propios de la época, como son la necesidad de un Estado-nación y de un poder centralizado fuerte para garantizar la ley y el orden.
*la vía crítica. Se concreta en la aparición de distintas utopías. El principal representante sería Tomás Moro.
3.3.1. MAQUIAVELO.
Maquiavelo (1469-1527) está considerado como el fundador de las concepciones políticas modernas. En El Príncipe, Maquiavelo reflexiona sobre las características que debe tener el gobernante para lograr alcanzar el poder y mantenerlo. No pretende escribir un tratado sobre teoría política, sino que su finalidad es dar consejos útiles a los dirigentes. Maquiavelo es partidario de un Estado ordenado y unido:
*El orden- la ausencia de violencia, el cumplimiento de las leyes- es esencial para que el conjunto de la ciudadanía pueda desarrollar sus obligaciones y quehaceres. Sin embargo, el ser humano tiene tendencia a la maldad y a infringir las leyes, por lo que la función del gobernante consiste en evitar que los ciudadanos cometan estos excesos.
*la unión del Estado es prioritaria para evitar que sea invadido y expoliado por fuerzas extranjeras. La desunión en feudos- que era la situación de Italia en el momento en que Maquiavelo elabora sus reflexiones- genera debilidad. Maquiavelo era partidario del establecimiento de un ejército profesional y formado por los propios ciudadanos (hasta esa época estaban formados por mercenarios extranjeros).
Para Maquiavelo, la única manera de lograr un estado ordenado y unido es contar con un gobernante fuerte- al que denomina “príncipe”-, capaz de imponer su voluntad entre la población. El gobernante puede emplear cualquier medio a su alcance para lograr este fin: los medios están justificados si sirven para conseguir el objetivo propuesto. Los medios son buenos en la medida en que sirven para lograr el fin. Con este planteamiento, Maquiavelo distingue la esfera política de la ética.
En lo que se refiere a la moral y a la bondad, la norma establece que aquel que gobierna debe caracterizarse por la bondad. Maquiavelo, sin embargo, observó- y constató históricamente- que el poderoso está rodeado de personas malvadas y que, si pretende obrar virtuosamente, estará condenado a la ruina. Por esta razón, inevitablemente tendrá que mostrarse cruel.
Maquiavelo no pretende exaltar el mal por el mal; antes bien afirma que es partidario del mal menor. Un gobernante que siempre sea bueno tendrá un Estado donde imperará la ley del más fuerte, el crimen y el terror. Por el contrario, si el príncipe emplea la fuerza en algunos casos, podrá imponer el orden y será mayor la prosperidad. Maquiavelo, sin embargo, no acepta que el gobernante deba someterse a ninguna ley. El príncipe es la máxima instancia y no hay ningún tribunal por encima de él, lo que significa que tiene libertad para obrar como quiera.
Maquiavelo caracteriza al príncipe con las cualidades de la astucia y la fuerza, que son propias del zorro y del león. El gobernante sabe alternar ambas cualidades con prudencia.
*La astucia significa el cálculo de los mejores medios para lograr mantenerse en el poder y salir fortalecido después de cada acción. El príncipe empleará esta cualidad tanto en su relación con la población a la que gobierna como en la relación con otros Estados. El príncipe tiene que ser astuto, ganarse la adhesión de su pueblo y evitar rebeliones. Su principal recurso es la hipocresía, pues opina que el pueblo es fácil de engañar. En la relación con los otros Estados, la astucia supone que un tratado con otro país debe respetarse solo mientras resulte beneficioso.
*La fuerza y la violencia son los medios a través de los cuales se logrará mantener el orden en el interior de un Estado y protegerlo de los ataques del exterior. Maquiavelo afirmó, sin embargo, que era necesario ser prudente al hacer uso de la violencia: tanto por exceso como por defecto, existe el peligro de que se produzca una rebelión. Su uso, sin embargo, está plenamente justificado si se consigue el fin de mantener el poder y asegurar el orden.
3.4. LA POLÍTICA EN LA ÉPOCA MODERNA.
3.4.1. EL CONTRACTUALISMO.
Durante los siglos XVII y XVIII, los filósofos se plantearon las siguientes cuestiones: ¿por qué se tiene que obedecer a una autoridad?, ¿cuál es la necesidad de que exista el Estado?, ¿es posible la vida humana sin Estado?
La respuesta que acuñaron consistió en afirmar que el cumplimiento de las leyes y la aparición del Estado fueron fruto de un acuerdo entre los ciudadanos, lo que se conoce como contrato social. Son los ciudadanos- no la naturaleza o la divinidad, como se había creído hasta ese momento- los que deciden ceder el poder a una autoridad y legitimarla.
Estas concepciones que fundan la legitimidad del Estado en un contrato social se denominan teorías contractualistas. Los teóricos clásicos del contractualismo- Hobbes. Locke y Rousseau- coinciden en afirmar que el poder del Estado es fruto de un pacto de los ciudadanos, pero justifican su necesidad mediante explicaciones diferentes.
Estos filósofos distinguen dos situaciones:
_Estado de naturaleza. Es la descripción de la vida humana tal como sería en una situación natural ideal en la que no existiera el Estado.
-Estado social. Cuando la situación natural se torna insostenible, las personas se ven obligadas a organizarse tomando como base un pacto o acuerdo.
3.4.1.1. HOBBES.
Thomas Hobbes (1588-1679) fue el primer filósofo que empleó con claridad la noción de contrato social en la época moderna. Hobbes entendió el estado de naturaleza y la justificación del Estado del siguiente modo:
*Estado de naturaleza. En un mundo sin Estado ni ley, el afán humano por conseguir el poder conduce a una lucha de todos contra todos en la que solo rige la ley del más fuerte. Para explicar esta idea, Hobbes se sirvió de la frase del comediógrafo romano Plauto: “El hombre es un lobo para el hombre”.
Para Hobbes, el ser humano está poseído por sus pasiones (como el afán de poder), pero, al mismo tiempo, es racional. Y ninguna persona racional desea vivir en un mundo en el que no haya garantías respecto a la propia vida. Gracias a la razón, el ser humano comprende que no puede seguir viviendo en esta situación, por lo que desea dejar atrás el estado de naturaleza. Esto se debe a que el ser humano es capaz de adquirir un lenguaje: “Sin el lenguaje no habría habido entre los hombres ni república, ni sociedad, ni contrato, ni paz, en mayor grado del que estas cosas pueden darse entre los leones, los osos y los lobos”.
*Estado. El ser humano es capaz de comprender que hay leyes y normas que mejorarían nuestras condiciones de vida, pero las leyes solo tienen efecto si todo el mundo las acepta. Es necesario, por tanto, que exista un poder coercitivo capaz de obligar a todos los ciudadanos a cumplir las leyes. Para Hobbes, el mejor Estado es aquel en que todo el poder se concentra en un monarca. Este poder absoluto permite al monarca garantizar el orden y la paz sociales. Hobbes es partidario, por tanto, de un Estado autoritario y absolutista.
*Contrato social. Es el pacto por el que todos los individuos renuncian al ejercicio de su poder, es decir, a su libertad, en beneficio de un soberano que garantice la paz, la seguridad y la supervivencia de sus súbditos. La coacción y la autoridad son, de este modo, los resortes legitimados del poder político.
3.4.1.2. LOCKE.
La visión de la naturaleza humana de John Locke (1632-1704) es más optimista que la de Hobbes. Su pensamiento político está recogido en sus Dos tratados sobre el gobierno civil y en su Carta sobre la tolerancia. Su definición de contrato social se resume en los siguientes puntos:
*Estado de naturaleza. En el estado de naturaleza, los seres humanos poseen unas libertades y unos derechos básicos consustanciales a la naturaleza humana (derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad). Son previos a cualquier Estado y, por tanto, nadie puede quitárselos, son inalienables.
*Estado. La posibilidad de que alguien se vea privado de sus derechos básicos moviliza a los ciudadanos a alcanzar un pacto por el que el Estado garantiza tales derechos. El poder del Estado se divide para que no recaiga sobre una sola persona y los diferentes poderes puedan controlarse entre sí. Este es el origen del Estado liberal, una de las bases de la mayoría de democracias occidentales.
*Contrato social. Es un contrato implícito por el que se justifica el poder político si es capaz de garantizar los derechos básicos del ser humano. A su vez, el ciudadano tiene una serie de deberes, entre los que se encuentra el de controlar a los gobernantes para que no abusen de su poder y sustituirlos si es preciso. El poder es fruto de un contrato social por el cual los gobernantes pueden ser sustituidos cuando los gobernados lo consideran necesario.
3.4.1.3. MONTESQUIEU.
Las ideas de Locke influyeron en el pensador francés Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu (1689-1755), considerado como el gran teórico de la división de poderes. Sin formar parte de los contractualistas, Montesquieu recibió su influencia, tal como se refleja en obras como El espíritu de las leyes, y logró que sus ideas acabaran formando parte de las constituciones de un gran número de democracias. Según Montesquieu: “Es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder siente inclinación a abusar de él, yendo hasta donde encuentra límites”. Para él, la única manera de limitar el uso arbitrario del poder y proteger, de esta manera, los derechos y libertades individuales es fragmentándolo en sus funciones ejecutiva, legislativa y judicial. Con el mismo fin de evitar los abusos de poder también reconoció la importancia de las leyes como uno de los fundamentos del Estado.
3.4.1.4. ROUSSEAU.
Jean- Jacques Rousseau (1712- 1778) parte de una concepción de la naturaleza humana radicalmente opuesta a la de Hobbes. Mientras que para este último el ser humano es semejante a un lobo en sus relaciones con otros humanos, para Rousseau el hombre es fundamentalmente bueno y es la sociedad la que, educándolo en valores individualistas y mezquinos, lo corrompe.
*Estado de naturaleza. En el estado de naturaleza, el ser humano se identifica con la figura del “buen salvaje”. Rousseau imagina este estado como previo a cualquier tipo de civilización e incluso al lenguaje. En esta situación, el ser humano provee todas sus necesidades básicas con lo que le proporciona la naturaleza. Es una forma de vida igualitaria y, en caso de existir algún tipo de desigualdad- como las capacidades físicas, por ejemplo-, el sentimiento de compasión y piedad las palía.
*Estado. El Estado, tal como es concebido por Rousseau, se basa en la voluntad general, por la que las decisiones se toman atendiendo a todos los ciudadanos. Por tanto, el contrato social no solo es una manera de garantizar la libertad de los individuos, sino también de mantener su igualdad para que se realicen como personas plenas, garantizando su educación y salud. El modelo de Estado propuesto por Rousseau ha influido en la aplicación de políticas sociales de los Estados actuales.
*Contrato social. La situación descrita en el estado de naturaleza se termina corrompiendo de forma irreversible al aparecer la propiedad. A las desigualdades naturales se suman las desigualdades sociales. La propiedad separa a los hombres, ya que, al suprimir la igualdad, los hace esclavos unos de otros y pierden así su libertad. Para corregir las desigualdades que emergen, es necesario un pacto entre los individuos para la formación de un Estado.
En palabras de Rousseau: “El primer hombre a quien, cercando un terreno, se le ocurrió decir “esto es mío” y halló gentes lo bastante simples para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Nadie les dijo: “Los frutos son de todos y la tierra no es de nadie”.

 

  Estado de naturaleza Estado Contrato social.

Hobbes

El hombre es un lobo para el hombre. El hombre es libre, pero se halla en un estado de guerra contra los otros hombres que amenazan su seguridad.

Absoluto.

Es capaz de imponer seguridad y paz

Todos los individuos ceden su libertad y su poder a un soberano

Locke

Los hombres tienen por naturaleza unos derechos (vida, libertad y propiedad), pero puede que no se respeten.

Democrático liberal.

El poder político está fragmentado- por la división de poderes- y su legitimación se basa en la capacidad de proteger y garantizar los derechos ciudadanos.

Los individuos eligen por consenso a un gobernante para que garantice sus derechos básicos y le ceden el poder mientras ejerza bien su función.

Rousseau

El ser humano, que es bueno por naturaleza, vive en comunidad con los otros, compartiéndolo todo; pero el surgimiento de la civilización y la aparición de la propiedad privada crean desigualdades entre los hombres.

Democrático social.

El poder político emana de la voluntad general y su función es la realización de los ciudadanos.

El Estado es necesario para restaurar la igualdad y la libertad entre los ciudadanos.

3.4.2. KANT.
¿Pueden los seres humanos vivir en un mundo en paz? Para responder a esta cuestión, Kant se sirvió del concepto de “insociable sociabilidad” en su obra La paz perpetua.
Kant explica la guerra entre distintos colectivos humanos o entre diferentes países partiendo de su concepción del ser humano individual, que se resume en el oxímoron- figura literaria que combina dos términos de significado opuesto- que constituye la expresión “la insociable sociabilidad” aplicada al ser humano. Tomando como base su forma de entender al ser humano y la relación entre individuos, explica la relación entre Estados, el porqué de la guerra y la necesidad de la paz.
*Relación entre individuos. La naturaleza humana es básicamente insociable, según Kant, inspirándose en las concepciones de Hobbes, Kant afirma que cada individuo solo aspira a que su instinto egoísta quede satisfecho.
La insociabilidad impide la convivencia y hace que el mundo sea un lugar peligroso, en el que en cualquier momento se puede esperar alguna agresión. Este clima hostil y violento no es el más apropiado para desarrollar una vida de forma óptima; al contrario, la vida humana se encuentra en constante riesgo, por lo que las personas entendieron la necesidad de alcanzar un acuerdo entre ellas para no agredirse y vivir pacíficamente formando un Estado.
*Relación entre Estados. La relación existente en la actualidad entre Estados reproduce básicamente el mismo esquema que se establece en la relación entre individuos.
La insociabilidad humana queda ejemplificada por las agresiones de unos Estados sobre otros, las ansias de expansión y el afán de poder. La relación entre países está marcada por la brutalidad, la tensión, el antagonismo y el odio. La guerra es la situación natural e inevitable, pero es una situación que se torna insostenible porque la vida de los individuos se encuentra en un constante riesgo.
Las guerras entre los países podrían llegar a una situación de destrucción mutua, por lo que la única manera de escapar de este destino trágico consiste, para Kant, en crear organizaciones internacionales en las que tengan cabida todos los países. Este pacto entre países evitaría que los conflictos se resolvieran por la fuerza bruta y forzaría a todos a conducirse dentro de unos límites, regulados por unas leyes asumidas y aceptadas por todos. Mientras que el Estado ha resuelto el problema de la violencia entre individuos, hasta el momento no se ha encontrado solución al problema de la violencia entre Estados. Kant se limita a plantear un deseo.
La insociabilidad se encuentra, por tanto, en el origen que impulsaría a la búsqueda de acuerdo, es decir, la necesidad de la sociabilidad. Es pertinente plantearnos en la actualidad la siguiente pregunta: ¿se ha realizado el ideal de Kant de un pacto entre todos los países del mundo? Esta pregunta es equivalente a la siguiente: ¿sigue habiendo guerras entre países y muerte? La respuesta es afirmativa, por lo que el ideal kantiano, cuya finalidad es lograr la paz entre los países, no se ha realizado. Sin embargo, en el siglo XX empezaron a articularse acuerdos y a crearse organismos que apuntan en la dirección señalada por este filósofo.
3.5. LA POLÍTICA EN LA ÉPOCA CONTEMPORÁNEA.
El pensamiento político en la época contemporánea se caracteriza por la confrontación de dos formas de concebir la organización social opuestas pero que coinciden al considerar que el fundamento de ese orden debe ser la economía. Se trata del capitalismo y del socialismo.
En el siglo XIX, se ofrecieron las primeras formulaciones de ambas posiciones y, durante el XX, se sucedieron distintas versiones de una y otra teoría política, que corrigen y matizan las propuestas iníciales.
3.5.1. LOS FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS DEL CAPITALISMO.
El apoyo filosófico al capitalismo provino de los defensores del liberalismo. Esta corriente surgió en los siglos XVII y XVIII, liderando la rebelión contra el absolutismo monárquico. Aquella revuelta tenía como bandera la defensa de las libertades individuales. En ese momento, las libertades que se defendían eran civiles y políticas, como la libertad de expresión, de religión, de pensamiento, de asociación, etc. Los defensores del capitalismo en el siglo XIX, influidos por el desarrollo económico producido como consecuencia de la revolución industrial, añadieron la reivindicación de la libertad económica.
El liberalismo económico defiende la no interferencia del Estado en los asuntos económicos. Según esta doctrina, dejar que el mercado se autorregule es la mejor forma de asegurar un crecimiento económico que beneficie a toda la sociedad.
Los principales defensores del liberalismo económico fueron Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill.
El primero (1723- 1790) impulsó el sistema de libre mercado, también conocido como laissez faire “dejad hacer”. Esta teoría sostiene que en el intercambio comercial no debe intervenir el Estado. Según este autor, los individuos solo se mueven por intereses egoístas y para incrementar su capital. En la dinámica que se genera cuando interactúan con otros individuos, igualmente egoístas, todos los desequilibrios e injusticias se equilibran y el resultado es un bien común. Es como si hubiera una mano invisible que guía al capitalismo.
David Ricardo y John Stuart Mill, aunque compartían los presupuestos del liberalismo económico, suavizaron la posición inicial.
*Ricardo propuso la teoría del valor de las mercancías en un mercado libre. Según su teoría, ese valor se encuentra determinado por la cantidad de trabajo invertido en su producción. Aunque su autor no fue consciente de ello, esta teoría supone una crítica al sistema capitalista: si los trabajadores, mediante su trabajo, son los únicos que aportan el valor a los productos, los capitalistas se estarían apropiando de ese valor y abonando un salario que se rige por las necesidades de subsistencia de aquellos y que nunca es equivalente al valor de lo que producen.
*Stuart Mill (1806- 1873) fue uno de los más férreos defensores de la libertad individual. Stuart Mill aseguraba que cada individuo dispone de una esfera privada que el Estado debe respetar. Al garantizar esta esfera, se consigue que la persona se desarrolle plenamente, de tal manera que estas garantías acaban beneficiando en último término a toda la sociedad. Esta defensa de la libertad se complementaba con algunos límites al libre mercado:
-No acepta la idea de laissez faire. Para Mill, esta teoría podía dar lugar a injusticias sociales y acabar limitando las libertades individuales. Sin la intervención del Estado, el industrial podría obligar a trabajar a sus empleados un número de horas desproporcionado o bien pagarles un salario excesivamente bajo. Para Mill, los sindicatos debían defender los derechos de los trabajadores y el Estado debía recaudar impuestos como forma de redistribución de la riqueza.
-Defiende la propiedad privada, pero considera que no es un derecho inalienable. En caso de conflicto, el interés público prevalece sobre el privado.
-Critica la idea del crecimiento ilimitado inherente a la sociedad industrial debido al impacto que puede tener la actividad económica en el medioambiente.

3.5.2. LOS FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS DEL SOCIALISMO.
Karl Marx (1818-1883) es el padre del socialismo científico del siglo XIX. Según este filósofo alemán, la economía es el fundamento último de toda organización social. En esto es en lo único que coincide con los defensores del liberalismo económico.
Marx es uno de los principales críticos del capitalismo. Según este pensador, el capitalismo es capaz de estimular la producción de riqueza, pero los costes son excesivos, ya que crea desigualdades- el beneficio no repercute en toda la sociedad, sino exclusivamente en la burguesía- y, por tanto, explota al obrero. Esta explotación es lo que explica la generación de riqueza y conduce a la alienación (que es el estado de los trabajadores que han sido desposeídos de su propia identidad laboral y pasan a ser considerados un objeto, una mercancía. El obrero se ve despojado de la capacidad de dirigir su propia vida al estar controlada por agentes externos).
Según Marx el Estado no es una realidad diferente y superior al individuo. Considera que los pensadores que lo han precedido- como los contractualistas- parten de una idealización del Estado, y no tienen en cuenta el proceso histórico. Por eso, hay que partir del individuo.
Otra diferencia con los contractualistas es que, para Marx, el Estado no es una entidad necesaria e inevitable, sino una imposición de la clase dominante. Para él, la única organización natural es la sociedad que había antes de que existieran Estados. El Estado no es más que una añadidura que nace para proteger, incluso con la violencia, los intereses de clase. Llegado el tiempo, se conseguirá abolir la lucha de clases, por lo que el Estado, sin función propia, podría ser abolido también.
Marx consideraba que la superestructura, en su época, empleaba sus instituciones y toda clase de instrumentos para legitimar una situación en la que los dueños del capital- la burguesía- explotaban al proletariado. La única manera de cambiar este orden de cosas habría de ser la revolución, lo que supondría la destrucción de todas las instituciones para crear otras formas de organización en la que no hubiera opresores ni oprimidos.
3.5.3. EL SIGLO XX.
El capitalismo provocó la crisis económica de finales de la segunda década del siglo XX, que puso de manifiesto que el mercado no era capaz de autorregularse. Asimismo, el comunismo de Marx se trató de implantar, primero en la Unión Soviética y, posteriormente, en China, Cuba y Corea, con un éxito más que dudoso.
Se produjo, por tanto, un consenso generalizado sobre la necesidad de repensar las propuestas del socialismo y del capitalismo si queremos caminar hacia una sociedad cada vez más justa. Así, durante el siglo pasado, se produjeron varios intentos de ofrecer una respuesta filosófica a los nuevos retos que la sociedad planteaba. De entre todo veremos la escuela de Frankfurt de orientación socialista, y a Karl Popper de orientación liberal.
Ambas doctrinas coincidieron en su defensa de la democracia y su rechazo de cualquier forma de totalitarismo.
3.5.3.1. LA ESCUELA DE FRANKFURT.
Los miembros de esta escuela (Adorno, Horkheimer y Habermas) llevaron a cabo una reflexión crítica de la sociedad. Para ellos, los ideales de la Ilustración y la Revolución Industrial tuvieron efectos opuestos en las sociedades occidentales.
*Produjeron un aumento de la productividad y la disponibilidad de bienes de consumo que hacen la vida más fácil.
* Facilitaron el sometimiento de la mayor parte de la población a unas fuerzas impersonales que carecen de control. La cultura se convirtió en una industria más al servicio de ese poder.
Estos filósofos defienden la crítica permanente de la sociedad que permita denunciar los abusos de un régimen tecnocrático e impulsar la verdadera emancipación de cada uno de sus miembros.
3.5.3.2. POPPER.
Karl Popper (1902-1994) afirmaba que, si bien la vida en sociedad supone que alguien manda y que otros obedecen, los diferentes sistemas políticos que han surgido en la historia no han tratado de igual manera a los individuos que forman parte de la sociedad ni han tenido el mismo respeto por sus libertades. ¿Cómo se pueden diferenciar unos y otros?
En su obra más conocida, La sociedad abierta y sus enemigos, Popper fue muy crítico con el fascismo y el marxismo, las ideologías paradigmáticas del totalitarismo. Algunos de los factores que esta obra recoge permiten determinar si un Estado contribuye a que sus ciudadanos sean más libres porque:
*Tienen la posibilidad de participar en la vida política.
*Disfrutan de unos derechos individuales que el Estado no solo no puede arrebatar ni menospreciar, sino que tiene la obligación de defender.
En un Estado existe libertad en tanto que los individuos que lo forman tienen la consideración de ciudadanos. En función de estos criterios, Popper distinguía entre sociedades abiertas y sociedades cerradas:
*En las sociedades abiertas, el Gobierno defiende y promueve los derechos individuales y las libertades políticas. Es decir, una sociedad abierta se identifica con los valores de la libertad. La alternancia en el poder se lleva a cabo sin derramamiento de sangre; simplemente se requiere realizar unas elecciones. Un ejemplo de sociedades abiertas son los Estados de derecho.
*Las sociedades cerradas, entre las que se encuentran los regímenes totalitarios, como el fascismo o el comunismo, son aquellas en las que no se respeta la libertad individual y el Estado tiene el poder para aplastar a los individuos en razón de un supuesto bien común. Para cambiar de líderes políticos, es preciso iniciar una revolución o una guerra civil. El miedo puede llevar a muchas personas a preferir opciones políticas que desprecian la libertad y pretenden abolirla.

4. EL FUTURO DE LA POLÍTICA: LAS UTOPÍAS Y LAS DISTOPÍAS.


El concepto de utopía se refiere a la representación de un mundo ideal o irónico que se presenta como alternativo al mundo realmente existente, sobre el que se ejerce una crítica. El término fue concebido por Tomás Moro en su obra Utopía, que es el nombre dado a una isla y a la comunidad ficticia que la habita, cuya organización política, económica y cultural contrasta en numerosos aspectos con las sociedades humanas de su época.

4.1. FUNCIONES DE LAS UTOPÍAS.
A pesar de este carácter novelado o ficticio de las utopías, a lo largo de la historia del pensamiento se les ha atribuido funciones que van más allá del simple entretenimiento. Citamos las siguientes:
_Función orientadora. Las utopías consisten, básicamente, en la descripción de una sociedad imaginaria y perfecta. Algunos de los procedimientos que se describen pueden aplicarse a posibles reformas y a orientar la tarea organizadora de los políticos.
_Función valorativa. Aunque las utopías son obras de un autor determinado, a menudo se reflejan en ellas los sueños e inquietudes de la sociedad en la que el autor vive. Por esta razón, permiten reconocer los valores fundamentales de una comunidad en un momento concreto y, también, los obstáculos que estos encuentran a la hora de materializarse.
_Función crítica. Al comparar el Estado ideal con el real, se advierten las limitaciones de este último y las cotas de justicia y bienestar social que aún le restan por alcanzar. De hecho, la utopía está construida a partir de elementos del presente, ya sea para evitarlos (desigualdades e injusticias) o para potenciarlos (adelantos técnicos y libertades). Por esto, supone una sutil pero eficaz crítica contra las injusticias y desigualdades evidentes tras la comparación.
_Función esperanzadora. Para algunos filósofos, el ser humano es esencialmente un ser utópico. Por un lado, la necesidad de imaginar mundos mejores es exclusiva de la especie humana y, por otro, esta necesidad se presenta de forma inevitable. El hecho de ser libres, de poder soñar con lugares mejores que el que nos rodea y de poder actuar en la dirección de estos deseos está íntimamente conectado con nuestra naturaleza utópica. Esta es, además, la que justifica el hálito de esperanza que siempre permanece en los seres humanos: por muy injusto y desolador que sea el propio entorno, siempre resulta posible imaginar y construir uno mejor.
4.2. PROPUESTAS UTÓPICAS EN LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA.
La obra de Tomás Moro dio nombre a este estilo de pensamiento político y de literatura filosófica. Sin embargo, hay notables precedentes así como secuelas de este tipo de obras filosóficas:
*La República. Es un diálogo escrito por Platón, en el siglo IV a. C. En él diseña una sociedad justa que se caracteriza por la división en tres grupos sociales: productores, guardianes y gobernantes. Cada uno de ellos se encarga de asumir una de las tres tareas principales que requiere una buena organización social: la producción de bienes materiales, la defensa y el gobierno. La pertenencia a cada uno de los grupos dependerá de las habilidades naturales que se posean y que deberán ser cultivadas por medios de la educación. Platón sostenía que deben gobernar los filósofos. Ellos son quienes conocen los auténticos valores que deben imperar en la sociedad y, por tanto, son capaces de promoverlos y aplicarlos correctamente allí donde gobiernan.
*La ciudad de Dios. Es una obra de san Agustín, escrita en el siglo V. En ella, desde una perspectiva cristiana, distingue claramente dos concepciones de la sociedad: una formada por quienes aman a Dios hasta el desprecio de sí mismos y la otra, por quienes se aman a sí mismos hasta el desprecio de Dios. La primera es la ciudad de Dios, de inspiración cristiana y que es- según este autor- la que debe orientar a quienes tienen que organizar las sociedades reales. La segunda es una ciudad pagana contaminada por el pecado y que se presenta como modelo negativo del que hay que alejarse.
*Utopía. En su obra, Tomás Moro comienza ocupándose de los problemas que aquejaban a la política de la Inglaterra de su época. Posteriormente, describe una isla imaginaria llamada Utopía en donde habría una sociedad perfecta. La clave se encuentra en la abolición de la propiedad privada que Moro considera el origen de todos los males.
*La ciudad del Sol. Fue escrita por Tomás Campanella, a principios del siglo XVII, y describe una sociedad que recuerda, en parte, a la de san Agustín y, en parte, a la de Moro. Propone una organización teocrática, como lo era la ciudad de Dios, pero en la que se renuncie a la propiedad privada y se defienda una especie de comunismo ideal, similar al que había sugerido Tomás Moro en su Utopía.
*La nueva Atlántida. Fue escrita por Francis Bacon, en 1626, y presenta la particularidad de hacer vincular la perfección de esa sociedad ideal con la correcta utilización de los avances científicos.
En el siglo XIX, el pensamiento utópico abandonó el estilo literario y se centró en la implantación efectiva de una sociedad ideal. A esta época pertenecen los socialismos utópicos de Pierre de Saint- Simon, Charles Fourier y Robert Owen. Todos ellos comparten la preocupación por la correcta distribución de la riqueza que se generó gracias a la Revolución industrial. Fourier y Owen llegaron a poner parcialmente en práctica sus ideas al crear sociedades de voluntarios que decidieron vivir de acuerdo con los principios políticos propuestos por ellos.
4.3. LAS DISTOPÍAS.
Por distopías entendemos la descripción de una sociedad futura en la que se han desarrollado exageradamente algunos de los rasgos que son sobrevalorados en la civilización actual. Por ello, constituyen un macabro espejo de aquello en lo que se podría convertir la sociedad si no se pone fin a algunas de las tendencias que en ella se dan. Lo que más destaca en estos relatos futuristas no es su carácter idealizador, como ocurría en las utopías, sino que en las distopías el ser humano se halla ante un mundo en el que superficialmente existen más adelantos, comodidades y bienestar material, pero en el que se encuentra asfixiado por un Estado despótico y una tecnología deshumanizadora.
A pesar de las diferencias entre utopía y distopía, ambas comparten una función similar: servir de crítica a una sociedad que se centra exclusivamente en objetivos y valores superficiales (progreso técnico, crecimiento económico...) olvidando a menudo otros más fundamentales (libertad, solidaridad, ecologismo...).
Las tres que han tenido mayor relevancia e influencia dentro del género son: Un mundo feliz, de Aldous Huxley (1894-1963), 1984 , de George Orwell(1903-1950) y Farenheit 451, de Ray Bradbury (1920-2012).
Huxley, en su novela Un mundo feliz, describe una sociedad destinada a conseguir la máxima felicidad de sus miembros. En esta sociedad se han dedicado todos los medios técnicos para garantizarla, ya que esta es la mejor forma de asegurar la estabilidad del estado. La manera más eficaz de que las personas se sometan al Estado es moldear individuos que deseen hacer lo que deben hacer, es decir, que haciéndolo sean felices. Esto es posible, en un mundo feliz, mediante sofisticados adelantos tecnológicos de manipulación que comienzan ya desde antes de que uno nazca. Para conseguirlo se utiliza la ingeniería genética.
Sin embargo, esta no es la felicidad propia del ser humano, pues es una felicidad conseguida mediante la anulación de la libertad, la autonomía y la capacidad de decisión del individuo. Esta felicidad, estatalmente garantizada, es engañosa, es la felicidad del niño, inconsciente e ingenua. Y todo en aras de la supremacía del Estado, como se refleja en el lema que reivindican: “Comunidad, identidad, estabilidad”, manifiestamente opuesto al de la Revolución Francesa: “Libertad, igualdad, fraternidad”.
En la obra de Orwell titulada 1984 la distopía también se caracteriza por la preeminencia del Todo, del Estado, por encima de sus miembros. Sin embargo, esta supremacía no se alcanza consiguiendo la artificial felicidad de los individuos. En este caso, son las técnicas más sofisticadas de control y opresión las que garantizan la estabilidad del sistema. La policía del pensamiento, adscrita al Ministerio de la Verdad, se dedica a eliminar cualquier signo de disensión u oposición política. La propaganda es masivamente utilizada, difundiéndose por doquier retratos del líder absoluto con el eslogan “El Gran Hermano está vigilándote”. Esta vigilancia continua se hace realidad mediante el uso obligatorio de una televisión especial que emite programas y a la vez permite a la policía del pensamiento vigilar a los televidentes. Además, el Ministerio de la Verdad se encarga de falsear la Historia suprimiendo cualquier hecho que pueda servir como crítica al poder.
Por su parte, en Farenheit 451 (referencia a la temperatura a partir de la cual arde el papel en la escala Farenheit), Bradbury nos habla de una sociedad imaginaria en la cual los bomberos se dedican a quemar los libros (las casas se fabrican de manera que no pueden incendiarse), pues estos son un peligro para la sociedad, ya que al leerlos las personas empiezan a pensar en exceso y dejan de ser felices. En realidad, el gobierno necesita de la ignorancia de la gente para que no se cuestionen su forma de actuar y mantengan la producción.
4.4. LOS IDEALES UTÓPICOS ACTUALES.
La crisis de los modelos utópicos no debe hacernos pensar que la época actual es un tiempo carente de ideales, sensibilidad e iniciativa por mejorar la sociedad. Continúa presente la existencia de una serie de ideales, podríamos decir utópicos, lo que demuestra la necesidad de utopía inherente al ser humano. Estos ideales han sido recogidos en la formulación de los Derechos Humanos, principal aportación del siglo XX a la conquista de un mundo mejor. Los ideales son una meta para la humanidad y entre ellos podemos destacar los siguientes:
4.4.1. PACIFISMO.
La esperanza en un mundo que no viva desolado por las guerras ha sido constante en la historia de la humanidad. Casi todas las culturas han valorado la convivencia pacífica como un ideal digno de alcanzarse.
4.4.2. ECOLOGISMO.
Con el desarrollo técnico e industrial, el interés explotador sustituye a la admiración y el respeto que la antigüedad tenía por la naturaleza. Entonces empieza una relación de opresión y dominación que hace peligrar no solo a la misma naturaleza, sino a todos los seres vivos que perviven gracias a ella. Es evidente que esta relación ha de cambiar.
4.4.3. SOLIDARIDAD.
Es el apoyo desinteresado a causas o personas que se encuentran en una situación difícil, ya sea por causas naturales (una inundación) o humanas (exiliados a causa de conflictos armados). El desarrollo de los medios de comunicación y el sabernos más cerca que nunca del resto de los habitantes del planeta han hecho que se extienda un sentimiento de fraternidad humana.

4.4.4. IGUALDAD DE DERECHOS Y OPORTUNIDADES.
Este ideal se asienta en la convicción de que todo ser humano, sean cuales sean sus peculiaridades personales, ha de gozar de las condiciones que le permitan llevar una vida digna. Esto significa, en definitiva, la defensa de una justa distribución de las riquezas y una efectiva y real igualdad de oportunidades.
Los derechos humanos fueron recogidos por la Asamblea de las Naciones Unidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Esta declaración era la heredera de los primeros documentos en los que se pusieron por escrito los ideales de ilustrados como Rousseau y Montesquieu. Hablamos de la Carta de Derechos norteamericana de 1791 y la Declaración francesa de 1789.
Los derechos humanos tienen tres características fundamentales:
*Son inherentes a la naturaleza humana, es decir, son una expresión de la dignidad humana de toda persona. No pueden ser otorgados ni cancelados por ninguna institución ni Estado, pues se poseen simplemente por ser persona. Así que existen incluso cuando no son reconocidos.
*Son universales porque son válidos para toda persona en cualquier tiempo y lugar independientemente de su posición social religión, raza o sexo.
*Son ideales porque deben orientar e inspirar el código legal de todo Estado que se considere de derecho. Cuando esto ocurre, cuando la legislación concreta de un Estado los recoge, pasan a formar parte del Derecho positivo de este y a garantizarse más su respeto y protección.


(AA.VV. Filosofía 1º de Bachillerato. Editorial Mc Graw Hill. Madrid. 2015.
AA. VV. Filosofía 1. Editorial Edebé. Barcelona. 2015.
Ríos Pedraza F. Filosofía Bachillerato. Editorial Oxford Educación. Madrid. 2015
Corcho Orrit R y Corcho Asenjo A. Filosofía. Editorial Bruño. Madrid 2015.
AA. VV. Filosofía 1. Editorial Casals. Barcelona 2015.
Vicenta LLorca).

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La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. la ciencia no es nada más que un valor entre otros.

Autor: Edmund Husserl

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