EL CONOCIMIENTO Y LA VERDAD

1. RAZÓN TEÓRICA Y RAZÓN PRÁCTICA.


Sabemos que existen diversas vías para acceder al conocimiento de la realidad, como el arte, la filosofía, la religión y la ciencia. Pero ¿con qué fines persigue el ser humano, por esos diversos caminos, el conocimiento?
Buscamos el saber, por ejemplo, para tener un mayor dominio de la realidad natural, gracias a las aplicaciones tecnológicas de nuestros conocimientos científicos. También queremos saber para orientarnos en la vida y tomar buenas decisiones. En estos casos, el conocimiento está enfocado a su utilidad práctica.
Pero en muchas otras ocasiones, nos interesa el conocimiento por sí mismo, sin pensar en los beneficios que nos pueda reportar. De hecho, todos tenemos experiencia de lo intensamente satisfactorio que puede ser descubrir algo que no sabíamos.
Cuando buscamos el conocimiento como algo valioso en sí mismo y no como un medio para alcanzar alguna clase de beneficio práctico, hablamos de racionalidad teórica. Este conocimiento se ha plasmado históricamente en los logros de la ciencia positiva y de la filosofía. Por eso, esos saberes son fruto de la “actividad especulativa” de la razón, que intenta reflejar la realidad tal cual es, sin pretender intervenir en ella directamente.
Ahora bien, el ser humano, como animal racional, no busca simplemente saber, sino también “saber hacer”. Por eso se habla también de una racionalidad práctica, orientada a la acción o a la producción. No es que haya dos razones, sino una sola capacidad racional humana susceptible de dos usos distintos: teórico y práctico.
Por medio de la razón teórica, el ser humano trata de conocer el mundo en el que vive y no se conforma con menos que la verdad. Por eso la pregunta por el conocimiento humano acoge- como uno de sus temas principales- la pregunta por la verdad.
La rama de la filosofía que estudia la naturaleza, el alcance y los límites del conocimiento humano se denomina teoría del conocimiento. Esta parte de la filosofía ha recibido diversos nombres a lo largo de la historia, entre otros, gnoseología y epistemología. No obstante, este último nombre se reserva actualmente para el estudio del contenido y los métodos propios de la ciencia experimental.

2. CONCEPTO Y GRADOS DE CONOCIMIENTO.


Aunque todos entendemos intuitivamente qué significa conocer algo, definirlo rigurosamente resulta más difícil de lo que pueda parecer. Por eso, para contestar a la pregunta de a qué llamamos conocimiento o en qué consiste conocer nos puede ser de utilidad partir de un ejemplo:
“Imaginemos un accidente de tráfico en el que no está claro quién fue el culpable. Cuando la policía acude al lugar del siniestro intenta reconstruir exactamente cómo ocurrieron, paso a paso, los hechos: a qué velocidad iba cada vehículo, quién no guardaba la distancia de seguridad, quién invadió la calzada ajena, quién frenó primero, etc. Tas muchas interrogaciones, exploraciones de la carretera, mediciones, etc., se llega a una explicación que relata cómo fueron teniendo lugar, de un modo sucesivo, todos y cada uno de los hechos. Esta narración o descripción de los acontecimientos nunca puede ser un calco exacto de lo que pasó en la realidad, porque la policía no estaba ahí cuando sucedió. Por otro lado, los participantes en el accidente tampoco pueden tener una visión de conjunto de todo el escenario de los hechos, sino una visión parcial y subjetiva del mismo. Pero si la investigación se lleva a cabo con métodos correctos, la policía puede desechar por falsas algunas hipótesis o explicaciones posibles, y llegar finalmente a una única narración que se parezca mucho al suceso real que tuvo lugar.
A esta narración o descripción detallada y ordenada de cada uno de los hechos que fueron teniendo lugar, así como las consecuencias que cada uno de estos hechos provocó, se le llama conocimiento de los hechos. El conocimiento, por tanto, es una explicación de la realidad que nos permite comprenderla mejor: entender sus causas y poder predecir algunas de sus consecuencias. En este sentido, el conocimiento es una forma de saber que se puede distinguir de otras formas de saber o grados de conocimiento, que son:
*Opinión. Es una apreciación subjetiva de la que no podemos decir que estemos seguros y que tampoco podemos probar ante los demás. Suele ser una valoración de la realidad, o de cómo debería ser, que se basa en nuestros intereses, creencias, deseos..., pero no suele apoyarse en razones contundentes. En el caso del accidente, si alguien comentara: “no he visto el accidente, pero para mí que la culpa ha sido del conductor del coche grande, porque la gente que conduce coches pequeños es más prudente”, estaría expresando ciertamente una opinión.
*Creencia. En el concepto de creencia podemos distinguir dos usos o tipos fundamentales:
Uso dubitativo. Expresa que no estamos realmente seguros de la verdad de lo que afirmamos, es decir, tenemos dudas aunque tenemos razones que apuntan que las cosas son de una determinada manera. Alguien explica a la policía que vio el accidente y les cuenta cómo sucedió, pero avisa de que todo pasó tan rápido que no está seguro de no equivocarse.
Uso asertivo. En este segundo caso, hablamos de creencia cuando estamos seguros de algo, aunque no tengamos suficientes pruebas para demostrarlo. Precisamente, esta incapacidad para justificar nuestras creencias es lo que las distingue del auténtico conocimiento. En el ejemplo la policía podría estar convencida por sus experiencias anteriores, de quién es el culpable, sin poderlo probar ante el juez.
*Conocimiento. Es una creencia de la que estamos seguros, pero que, además, podemos probar. Poder justificar racionalmente algo (dar razones) es lo característico del conocimiento. Así, la creencia deja de ser meramente subjetiva y pasa a ser conocimiento objetivamente verdadero (aceptable por todos, no solo por mí). En el caso anterior, supondría disponer de pruebas concluyentes que permitieran afirmar sin posibilidad de una duda razonable que el accidente tuvo lugar de una determinada manera.

3. LAS FACULTADES COGNITIVAS.


Las facultades cognitivas son las herramientas, los instrumentos de que disponemos para conocer la realidad que nos rodea. Las cuatro fundamentales son:
* La percepción. Nos pone en contacto con la realidad y nos permite construir representaciones de ésta a partir de los datos proporcionados por los sentidos. La percepción organiza e interpreta los datos sensoriales, configurando así una imagen unitaria y coherente del supuesto objeto externo. Esto es así porque no percibimos sensaciones aisladas, sino que construimos una imagen total que agrupa y combina lo que serían datos simples, como olores, colores...
*La memoria. Si la percepción nos permite formarnos imágenes más o menos fieles de la realidad, la memoria nos posibilita retenerlas y recordarlas en el futuro. Esta capacidad para retener experiencias del pasado permite tanto el aprendizaje como nuestra continuidad e identidad como personas. No obstante, con el tiempo, la huella que dejan nuestras experiencias se puede ir diluyendo, de manera que se hace imposible el recuerdo. Entonces, se produce el olvido, o incapacidad para recuperar información almacenada en la memoria.
*La imaginación. Es la capacidad de reproducir imágenes (en este sentido, está muy relacionada con la percepción y la memoria), pero sobre todo de modificar y crear otras nuevas con mayor libertad y espontaneidad. Por ello, podemos afirmar que hay dos tipos de imaginación o que ésta tiene dos funciones: reproductora, cuando trata de representar la realidad (imágenes que recrean paisajes, objetos o gente conocida, por ejemplo); y creadora o fantástica, cuando crea, inventa o anticipa nuevas imágenes, de modo que recrea un mundo diferente del real (imágenes de seres de ficción, idealización de personas, etc.).
*La inteligencia. Se trata de la capacidad de pensar, entender, asimilar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas. La palabra "inteligencia" significa etimológicamente "saber elegir", por lo que de acuerdo con el origen del término, esta capacidad que nos permite procesar la información y comprenderla ha de servirnos para saber escoger la mejor opción cuando tenemos delante distintas posibilidades a la hora de hacer frente a un determinado problema o una determinada situación. En el caso del ser humano, no obstante, la inteligencia adquiere una cualidad distinta a la de los animales en la medida en que se apoya en la capacidad simbólica, la cual posibilita el uso del lenguaje articulado y la abstracción mental.
Estos cuatro elementos no se hayan desligados entre sí, sino que trabajar a menudo conjuntamente y se retroalimentan en el proceso de conocimiento. Nuestro recuerdo del sabor de la pizza se apoya en la imaginación reproductora, que nos permite evocar la percepción que un día tuvimos. Gracias a nuestra inteligencia pudimos aprender la palabra que designaba dicha comida y dotar de sentido la experiencia que vivimos, lo cual hace posible también que podamos fantasear con la idea de que en el futuro volveremos a degustarla.

4. LA ABSTRACCIÓN.


Cuando hablamos del proceso de conocimiento, a pesar de que entre los filósofos encontramos en ocasiones diferentes puntos de vista, podemos decir que en general se considera que el conocimiento de la realidad comienza en la experiencia o con los datos sensoriales que recibimos de esta. Ahora bien, la experiencia sensorial necesariamente tiene lugar en un momento y un lugar determinado, y aquello que percibimos es algo concreto: este árbol, esta mesa, esta persona...Es decir, la percepción siempre se refiere a algo particular.
Sin embargo, a partir del conocimiento de un caso o varios casos particulares nosotros podemos aspirar a un conocimiento de mayor alcance y con pretensión de objetividad (no solo poder afirmar: “esta vaca es un mamífero”, sino “todas las vacas son mamíferos”). ¿Cómo es ello posible? Gracias al proceso mental que conocemos como abstracción. Al abstraer “purgamos” un conocimiento de sus aspectos particulares o circunstanciales.
Por ejemplo, estamos haciendo abstracción del concepto de árbol, al observar muchos árboles, hacemos la operación mental de no tener en cuenta (abstraer, eliminar) las distintas tonalidades de colores que en ellos hemos detectado, los diferentes tamaños que hemos observado, las varias formas de hojas que hemos encontrado, las tipologías de frutas que hemos visto en ellos, etc. Esa abstracción es imprescindible para conocer qué es un árbol, es decir, para saber qué es lo común a todos los árboles del mundo y qué es lo que distingue a todo árbol del resto de cosas del mundo.
Los filósofos discuten, no obstante, si hay que situar la base de conocimiento en los datos que nos aportan los sentidos, o si por el contrario el fundamento del saber humano ha de recaer más bien en la razón. Los llamados empiristas entienden que la razón es clave para desarrollar el conocimiento, pero defienden que el conocimiento racional debe partir siempre de los datos sensoriales y apoyarse en ellos, si no quiere perderse en elucubraciones y fantasías.
En cambio, los racionalistas argumentan que, como los sentidos no son siempre fiables, es la razón y no la experiencia sensorial la única que puede constituirse legítimamente como una base sólida para el conocimiento. Por ello, un racionalista entenderá que las verdades que podemos conocer de manera más clara y evidente son siempre aquellas que reconoce nuestra razón (A=A, por ejemplo), mientras que un empirista seguramente apuntaría a alguna sensación que estuviera experimentando en ese momento ( “tengo calor”).

5. PRIMER PROBLEMA: EL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO.


La primera cuestión que nos vamos a plantear para definir el conocimiento es la de su origen. Este problema va a ocupar gran parte del interés de los filósofos de la Edad Moderna (siglos XVII y XVIII). Dentro de estos filósofos vamos a encontrar dos grupos: los racionalistas y los empiristas con propuestas diametralmente opuestas. Por otro lado, en el siglo XVIII aparecerá Kant con un intento de superación de ambas posturas.
Sobre el origen del conocimiento los racionalistas afirman que el conocimiento lo produce la razón. Filósofos como Descartes defienden que nuestra razón posee ciertas ideas innatas que garantiza la objetividad del conocimiento. Por otro lado, están los empiristas que piensan que el conocimiento se produce a partir de la experiencia. Filósofos como Hume niegan la existencia de ideas innatas, que son imposibles de comprobar empíricamente, y concluyen que el ser humano, al nacer, es como una hoja de papel en blanco, donde la experiencia va grabando todo cuanto llega a conocer. Para ellos, la percepción es la única fuente de conocimiento que tenemos.
Ante todo, hay que reparar en que estas dos posiciones conciben el conocimiento como captación inmediata o intuición (racional o sensible). Los racionalistas hablan de intuición racional, y consideran que los verdaderos objetos de conocimiento no son las cosas, sino las ideas o los conceptos. Por lo tanto, el verdadero conocimiento supone la captación inmediata de estas ideas o conceptos.
En cambio, los empiristas, hablan de intuición sensible, como captación inmediata de los datos de los sentidos sin intervención de ningún proceso intermedio: las cosas se conocen por experiencia (externa o interna) inmediata, y no hay otra forma de conocer más que ésta.
Sin embargo, ambas posiciones presentan inconvenientes:
a) Contra la intuición racionalista, no se puede admitir el conocimiento a priori, o sea, independiente de la experiencia y basado en ideas innatas. Los racionalistas pensaban que los conocimientos objetivos y universales solo podían derivar esa objetividad del hecho de ser a priori, o sea, de no proceder de la experiencia, sino de la razón, que es la misma en todos los seres humanos.
b) Contra la intuición empirista, no se puede aceptar su concepción ingenua del conocimiento como simple receptividad pasiva de los estímulos, sino que es preciso suponer algún tipo de actividad productora de la razón por parte del sujeto. Algo aporta el sujeto desde su razón, su conciencia, o desde su condicionamiento cultural.
Superando estas dos propuestas aparece Kant con su unificación que consigue hacer compatibles estas dos posturas. Para él, el conocimiento objetivo es resultado de dos procesos de síntesis.
a) Por el primer proceso, los datos que, a través de la percepción, proporcionan los sentidos son elaborados y articulados con lo que Kant denomina “las formas a priori de la sensibilidad” (el espacio y el tiempo), dando lugar a los fenómenos.
b) Por el segundo proceso de síntesis, el entendimiento elabora esos fenómenos con otros esquemas a priori, “las categorías”, dando lugar al conocimiento objetivo.
Tanto el espacio como el tiempo (formas a priori de la sensibilidad) como las categorías (esquemas a priori del entendimiento) son funciones “innatas” de la mene humana como tal, iguales en todos los individuos y que, al actuar sobre el material cambiante de las sensaciones que aporta la experiencia, proporcionan el conocimiento objetivo. “Sin sensaciones- dice Kant- ningún objeto nos sería perceptible, y sin entendimiento ninguno sería pensado. Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas”.
Kant establece así, desde un principio, la distinción básica entre conocimiento sensible, o sensación, y conocimiento racional o intelectual:
a)el conocimiento sensible es la simple recepción pasiva de los datos sensoriales- o estímulos procedentes de la experiencia externa e interna- a través de las sensaciones. Estos estímulos son luego configurados por las formas a priori del espacio y del tiempo que tiene el sujeto para formar las percepciones.
Perciben tanto los animales como los seres humanos, pero con la diferencia de que la percepción humana está directamente relacionada con el pensamiento.
b) el conocimiento intelectual es la captación del objeto mediante un esquema mental, o “categoría”, normalmente llamado concepto.
Las percepciones elaboradas antes a partir de los estímulos de los sentidos son ahora reelaboradas de manera activa por el entendimiento y filtradas u organizadas por sus conceptos. Así se produce el conocimiento objetivo.

6. SEGUNDO PROBLEMA: LA POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO.


El nivel de conocimiento de que disponemos en la actualidad aumenta día a día. Pero ¿hasta cuándo?, ¿existe un límite para el saber teórico? ¿hasta qué punto estamos seguros de los conocimientos que vamos adquiriendo?
Estas preguntas hacen que nos planteemos si el conocimiento es posible. Esta cuestión ha sido planteada en filosofía y las actitudes ante la posibilidad del conocimiento han sido variadas:
*Dogmatismo. Es la posición filosófica según la cual podemos adquirir conocimiento seguro y universal, y tener absoluta certeza de ello. Además, defiende la posibilidad de ampliar progresiva e ininterrumpidamente nuestros conocimientos. Esta es la actitud más optimista dentro de la filosofía. Uno de los filósofos que ha sido considerado dogmático, en este sentido, es el racionalista Descartes. Aunque es consciente de los peligros que acechan a la razón, considera que, con un buen método, aquella es capaz de proporcionar conocimiento válido y universal acerca de todo lo que se proponga.
*Escepticismo. Es la posición opuesta al dogmatismo. El escepticismo moderado duda de que sea posible un conocimiento firme y seguro. El escepticismo radical niega que sea posible tal conocimiento. Consideran que la pretensión de acceder a un conocimiento firme y seguro es un deseo inalcanzable. Mientras que para algunos escépticos el deseo de conocer ha de ser aceptado como aquello que orienta nuestra vida, para otros, en cambio, debe ser rechazado por irrealizable. Pirrón (360-270 a. C.) es considerado el primer escéptico. Para este filósofo, la base de nuestras creencias acerca de la realidad son las sensaciones. Defiende que, como las sensaciones son cambiantes, no pueden proporcionar conocimiento firme y seguro.
*El criticismo. Es una postura intermedia entren el dogmatismo y el escepticismo. Para los pensadores críticos, como Kant, el conocimiento es posible (a diferencia de lo que afirman los escépticos). Sin embargo, este no es incuestionable y definitivo (como defienden los dogmáticos), sino que debe ser revisado y criticado continuamente para detectar posibles falsificaciones y errores.
*El relativismo. Es la postura que niega la existencia de una verdad absoluta, es decir, válida en sí misma en cualquier tiempo y lugar. Por esta razón, rechaza la pretensión de un conocimiento objetivo y universal, y considera que solo existen opiniones particulares y válidas en un determinado contexto social, cultural e histórico. Así, lo que es verdad en una determinada época y cultura no lo es en otra. Los sofistas (siglos V-IV a.C.) son considerados los padres del relativismo epistemológico y moral.
*El perspectivismo. Aunque tiene muchos aspectos en común con el relativismo, se diferencia en uno fundamental: no niega la posibilidad teórica de una verdad absoluta. Según el perspectivismo, cada sujeto o colectivo que conoce lo hace desde un punto de vista o perspectiva particular; por tanto tiene una visión parcial de realidad. Esta visión no es falsa y, además, es insustituible porque toda perspectiva recoge un aspecto importante de la realidad. Así pues, en su medida, todas las perspectivas son verdaderas, y la reunión de todas ellas, si fuese posible, sería la verdad absoluta.

7. EL CONOCIMIENTO ORDINARIO.


Cuando hablamos de conocimiento no nos estamos refiriendo exclusivamente al conocimiento científico o al conocimiento filosófico. No podemos olvidar que nuestra vida está gobernada por otro tipo de conocimiento, el conocimiento ordinario. Las mujeres y los hombres de las culturas precientíficas, pasadas y actuales, pero también, los hombres y las mujeres de las sociedades industrializadas poseen una serie de conocimientos que son de gran utilidad en su adaptación al medio y que no proceden directamente de la ciencia. Aunque no seamos científicos, sabemos qué frutos y animales son comestibles, cómo se pueden cocinar y conservar, cómo tejer prendas de abrigo, cómo construir casas y, en fin, todo aquello que es necesario para la vida y que consideramos de sentido común. Este tipo de saber es lo que llamamos conocimiento ordinario.
Los antropólogos han puesto de relieve la importancia de este conocimiento como sostén de una forma de vida.
Este tipo de saber es una forma de conocimiento vinculada a nuestras actividades ordinarias y no algo que se aprenda en la escuela o en la universidad; por esta razón, existen varios modos, todos ellos válidos, de denominarlo: conocimiento vulgar u ordinario; sabiduría popular; experiencia o sentido común. Bajo cualquiera de esos nombres agrupamos una gran variedad de creencias, ya que el conocimiento ordinario va desde cuestiones generales y básicas, como la certeza de que es imposible andar a través de objetos sólidos, hasta más específicas, como la habilidad de montar en bicicleta. Además, el conocimiento ordinario es tan amplio que incluye conocimientos propios de ámbitos distintos: cuestiones naturales, como en el refrán “en abril, aguas mil”; cuestiones de tipo técnico, como la utilización de herramientas; de carácter social, como el trato con personas de otras edades, o incluso, de índole moral, como la máxima “nada debe hacerse en exceso”.
El conocimiento ordinario es un conjunto de creencias más o menos justificables racionalmente, pero en el que, sobre todo, tiene una gran importancia la tradición. Estas creencias pueden ser individuales, como nuestra experiencia personal en el manejo de algún instrumento, o colectivas, como las técnicas de poda usadas en ciertas zonas.
Gran parte del conocimiento ordinario está implícito en los modos usuales de comportarse que tiene la gente. Por eso, muchas veces, no somos plenamente conscientes de que creencias o prácticas como la costumbre de limpiar los alimentos antes de cocinarlos; el evitar corrientes de aire mientras dormimos...forman parte de nuestro cuerpo de conocimientos. Sin embargo, otras veces las creencias y costumbres que forman lo que llamamos sabiduría popular se verbalizan y expresan mediante el lenguaje. En estos casos, el conocimiento ordinario suele estar contenido en los refranes de una cultura.

8. LA VERDAD.


La verdad, así como su relación con la realidad, sus tipos y formas de reconocerla, han constituido uno de los problemas fundamentales de la filosofía. Veamos algunos enunciados donde aparece la palabra verdad o alguno de sus derivados: “Silvia buscaba a su verdadera madre” “Este collar es de perlas de verdad”, “Es verdad que 3+2=5”, “Es verdad que fuimos al cine”. Aunque haya parentesco entre todos estos usos del término verdad y sus derivados, el significado no es exactamente el mismo en todos ellos.
Consideramos que hay hechos y objetos que son verdaderos o auténticos (verdadera madre, perlas de verdad). Pero, también, consideramos que nuestras afirmaciones o proposiciones pueden ser ciertas o verdaderas. En los dos últimos ejemplos, la verdad se aplica a una oración y no a un hecho. Cuando decimos “Es verdad que fuimos al cine”, lo que estamos afirmando es que la oración “Fuimos al cine” es verdadera. Por ello debemos distinguir dos tipos de verdad: verdad de hechos y verdad de proposiciones.
8.1 VERDAD DE HECHOS.
Cuando decimos: “Silvia buscaba a su verdadera madre” o “Las perlas eran de verdad”, estamos usando este término como sinónimo de auténtico (auténtica madre, perlas auténticas). Pero ¿esto significa que algunos son auténticos y otros no? Para algunos filósofos, es preciso distinguir entre auténtica realidad: objetos y hechos del mundo tal como son realmente (por ejemplo, cómo es realmente una amapola), y realidad aparente: forma como aparece o se manifiesta esta realidad (por ejemplo, roja para nosotros y violeta para las abejas).
La distinción entre realidad y apariencia ha sido de una larga polémica en la historia de la filosofía. Sin embargo, ha predominado la concepción que considera que las apariencias son ocultaciones de la realidad. Las cosas no son como parecen (los objetos no empequeñece cuando se alejan, el bastón no se quiebra cuando se sumerge en el agua...) Las apariencias nos engañan y ocultan la auténtica realidad, pues no nos dejan ver cómo son realmente las cosas.
Según esta concepción, la verdad se identifica con la realidad auténtica, en oposición a la realidad aparente; es decir, los hechos verdaderos son los hechos auténticos frente a los aparentes o engañosos. Por ello, se entiende la búsqueda de la verdad como un proceso de desvelamiento de lo auténtico, que, de otro modo, permanecería oculto por las apariencias. Recuerda a los racionalistas que rechazaban que el conocimiento se 'pudiera fundamentar en los sentidos, precisamente por el hecho de que en ocasiones la apariencia que nos muestran no refleja fielmente la realidad.
8.2.VERDAD DE PROPOSICIONES.
La verdad no solo se atribuye a la realidad, sino, sobre todo a las afirmaciones que hacemos acerca de ella. Así entendida, la verdad sería una propiedad que pueden tener nuestras proposiciones. Ahora bien, podemos diferenciar dos tipos de proposiciones (empíricas y formales), por lo que también podemos distinguir dos clases de verdad.
8.2.1.VERDAD DE LAS PROPOSICIONES EMPÍRICAS.
Respecto a la verdad de las proposiciones que afirman algo de los hechos y acontecimientos del mundo, existen varias teorías:
*La verdad como correspondencia. Considera que una proposición es verdadera cuando hay una adecuación entre lo que la proposición expresa y la realidad a la que se refiere. Por ejemplo, “María y Juan fueron al cine” es una proposición verdadera si María y Juan fueron al cine, y es falsa si no fueron. El primero que propuso esta teoría fue Aristóteles (384-322 a.C.). Desde entonces, numerosos filósofos consideran que una proposición es verdadera cuando en la realidad sucede lo que esta indica. Sin embargo, aunque esta teoría resulta muy intuitiva, no consigue determinar en qué consiste exactamente esta correspondencia entre el lenguaje y la realidad.
*La verdad como coherencia. Considera que una proposición es verdadera si no entra en contradicción con el resto de las proposiciones aceptadas. Por ejemplo, la proposición “Si sigues hacia el horizonte, llegarás al fin del mundo” es falsa porque contradice numerosas proposiciones verdaderas (por ejemplo, “La Tierra es redonda”.) . El primer filósofo que la propuso fue F. Hegel (1770-1831). Según Hegel, la verdad de una proposición no se determina por recurso a la realidad, sino al resto de las proposiciones de la teoría. Por tanto, la coherencia (no contradicción) de la nueva proposición con las que ya sabemos que son verdaderas indica que esta nueva también lo es.
*La verdad como éxito. Considera que una proposición es verdadera cuando es útil y, por tanto conduce al éxito. La verdad o falsedad de una proposición coincide con las consecuencias que resulten de aplicarla. Una proposición es verdadera si su puesta en práctica tiene resultados positivos; en cambio, una proposición falsa es aquella cuyas consecuencias son negativas. Así, una teoría verdadera sobre el sida será aquella que permita curarlo. W. James (1842-1910) fue el principal autor de esta teoría.
8.2.2.VERDAD DE LAS PROPOSICIONES FORMALES.
Como las proposiciones formales no dicen nada acerca de la realidad, su verdad no puede consistir en la correspondencia con esta ni en la utilidad de su aplicación. Así, en las proposiciones formales, el único sentido que puede tener la verdad es como coherencia. Una proposición como “3+3=8” solo puede ser verdadera sin no entra en contradicción con el resto de las proposiciones aceptadas del sistema o teoría ( en este caso, las matemáticas).
8.3. CRITERIOS PARA RECONOCER LA VERDAD.
Saber en qué consiste la verdad no es suficiente. Además, necesitamos saber cómo estar seguros, necesitamos un criterio que nos permita reconocer la verdad. Al respecto, suele señalarse como criterios de verdad la evidencia y la intersubjetividad.
8.3.1. LA EVIDENCIA.
La palabra evidencia proviene del término latino (“ver”) y se refiere a la especial forma de presentarse que tienen ciertos hechos y proposiciones que consideramos evidentes. Un conocimiento es evidente cuando produce una certeza que nos impide dudar de su verdad. Por ejemplo, es evidente que “A es A”, “El todo es mayor que las partes”... Porque, aunque no puedo probarlo, su verdad se me presenta de forma directa e indudable.
Insuficiencia de este criterio. Este sentimiento de certeza y seguridad que acompaña la evidencia y que nos impide dudar de las proposiciones que lo son es un estado mental o sentimiento y, por lo tanto, es propio del sujeto que conoce y no de aquello que conoce; o sea, es algo subjetivo. En consecuencia, no es un criterio satisfactorio. Mientras que yo siento la certeza de que hay vida en otros planetas, otro puede no sentirla y tener serias dudas acerca de ello. Además de la subjetividad, existen otras razones que nos hacen rechazar la suficiencia de la evidencia como criterio de verdad. No solo no sabemos con precisión en qué consiste, sino que, además, resulta difícil poder asegurar críticamente su legitimidad. Por el hecho de que estamos conformados social y culturalmente a ver las cosas de una determinada manera, tendemos a considerar evidentes cosas que pueden no serlo. Nuestra educación y concepción del mundo, que, a menudo, tenemos asimilada inconscientemente, pueden distorsionar nuestra manera de acercarnos a la realidad, de forma que lo falso nos resulta evidente e incuestionable.
8.3.2. LA INTERSUBJETIVIDAD.
Consiste en que nuestras creencias, para ser admitidas como verdaderas y constituir conocimiento, han de ser aceptables para cualquier sujeto racional. Este criterio se basa en la idea de que el conocimiento es objetivo y, por tanto, compartible por todos y todas y no exclusivo de una persona en particular. Respecto al criterio de evidencia, tiene la ventaja de que no solo se basa en el reconocimiento de la verdad que haga un único sujeto, sino en el reconocimiento de muchos; por lo que, en principio, existen más garantías de acierto. La verdad no es algo privado, sino que requiere el consenso de la comunidad.
Insuficiencia de este criterio. Sin embargo, aunque la verdad exija consenso, este no es garantía suficiente de verdad. Aunque es cierto que los conocimientos verdaderos han de ser admitidos por todos los sujetos, no es cierto lo contrario: esto es, que lo admitido por todo el mundo haya de ser indudablemente verdadero. Prueba de ello son las teorías, hoy desfasadas, pero que fueron admitidas y apoyadas durante algún tiempo por la comunidad científica. Toda la comunidad puede estar equivocada, como lo estaba la sociedad de Galileo, profundamente convencida del geocentrismo.

AA.VV. Filosofía 1. Editorial Edebé. Barcelona.2015. AA.VV. Filosofia 1. Editorial Casals.Barcelona. 2015.

AA.VV. Filosofía. 1º Bachillerato. Editorial Mc Graw Hill. Madrid. 2015.

Vicenta Llorca.

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