EL ESTADO DE EXCEPCIÓN

Puede haber ocasiones en las que sea muy difícil cumplir con las leyes universales que caracterizan a una sociedad en Estado de derecho.

Imaginemos que un día el ejército del país A (que es una dictadura militar sin división de poderes) intenta invadir el territorio del país B (que es un Estado de derecho). Las leyes del país B dicen que cualquier decisión habrá de ser tomada por el poder legislativo, por lo que los parlamentarios tendrían que reunirse y ponerse a deliberar y decidir qué se hace. Pero como la deliberación es un proceso bastante lento (ya que hay que escuchar las opiniones y los razonamientos de muchos parlamentarios), puede ocurrir que para cuando se hay tomado una decisión, el ejército enemigo ya haya ocupado el país entero. Es verdad que las leyes de ese Estado determinaban que el poder legislativo tenía que deliberar sobre qué hacer y que sólo cuando hubiese tomado una decisión se dedicaría el poder ejecutivo a aplicarla. Pero también es verdad que las condiciones de urgencia particulares en las que se encontraba el país al enfrentarse a una invasión hacían que fuese imposible cumplir con las normas universales. Si el país B insistiese en que tiene que cumplir con las leyes, el resultado final probablemente sería la ocupación del país por parte de la dictadura militar enemiga y la eliminación de todas las leyes que ese país se había dado.

En una situación así, el país B podría decidir suspender temporalmente el funcionamiento de las leyes universales, acabar con la división de poderes, y darle el poder absoluto a un pequeño grupo de personas para que solucione el problema particular que hacía imposible el funcionamiento normal del Estado de derecho. Esta suspensión temporal del gobierno de las leyes universales se llama “Estado de excepción”. Las situaciones que provocan los Estados de excepción siempre se producen cuando la naturaleza de la sociedad cobra tanta fuerza que se hace imposible domesticarla por medio del derecho. La naturaleza puede sobrecalentar la vida de una sociedad hasta el punto de que lo que muy trabajosamente se había puesto en estado sólido(es decir, en Estado de derecho) comience a derretirse por efecto de alguna fuerza externa y en esa situación se hace necesario recurrir temporalmente a una refrigeración de emergencia que vuelva a poner las cosas en su sitio. Estas fuerzas externas que recalientan la sociedad, impidiendo la conservación del Estado de derecho, pueden ser de tres tipos: medioambientales ( es decir, si un huracán arrasara las costas de un país, podría decretarse el Estado de excepción para conseguir solucionar rápidamente el caos y los destrozos originados por la catástrofe); bélicas(cuando la guerra obliga también a tomar decisiones rápidas y contundentes porque el ejército enemigo está masacrando a la población y no hay tiempo para elaborar normas universales, interpretarlas, aplicarlas y juzgarlas); o económicas (cuando algunas grandes empresas o poderes económicos exigen que no se apliquen ciertas leyes porque en caso contrario podrían decidir marcharse a otro sitio, eliminando una enorme cantidad de puestos de trabajo y poniendo a los trabajadores de ese país en una situación de precariedad insoportable).

Los dos primeros tipos de causas son en cierta medida impredecibles y no se puede hacer mucho contra ellos. No está en poder del Estado impedir, por ejemplo, que haya terremotos; y, hasta cierto punto, si un Estado vecino es una dictadura militar fascista que quiere atacarnos, tampoco el Estado puede hacer mucho para evitar llegar a una situación en que se tenga que decretar el Estado de excepción. Sin embargo, los Estados de excepción económicos sí que son predecibles y se puede hacer mucho para impedir que se produzcan. De hecho, mientras que los dos primeros tipos de fuerzas producen Estados de excepción limitados en el tiempo, la economía capitalista (en la que la soberanía no la tienen ya las leyes universales, sino que toda la sociedad tiene que obedecer los dictados de la naturaleza capitalista de la producción) produce una especie de Estado de excepción permanente. Esta situación es permanente porque es la propia manera general de organizarse económicamente la que exige que no haya ya leyes universales que se aplican con independencia de las situaciones particulares (aunque adaptadas ejecutiva y judicialmente a ellas), sino que es la situación particular de los mercados la que ordena a la sociedad qué es lo que tiene que hacer en cada momento. Por eso, para que una sociedad esté en Estado de derecho es necesario que cierre las puertas a este Estado de excepción permanente provocado por la economía capitalista, impidiendo que sean los mercados los que dicten a cada momento las normas y utilizándolos sólo como una herramienta más para conseguir que la sociedad consiga realizar las normas universales que se haya dado a sí misma.

(Grupo Pandora. Filosofía y Ciudadanía.1º Bachillerato. Editorial Akal. Madrid. 2011)

La Filosofía se ocupa de dos clases de temas: las cuestiones resolubles que son triviales, y las que no tienen solución.

Autor: Stefan Kanfer

Compartir artículo

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn

Área privada

Hay 281 invitados y ningún miembro en línea

ACFILOSOFIA usa cookies para darle un mejor servicio.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto