¿SON LAS MUJERES MÁS PROCLIVES A LA SUPERSTICIÓN? HUME Y LAS MUJERES

 En su Historia natural de la religión Hume recuerda a Estrabón, para quien las mujeres son más proclives a la superstición por ser más débiles y más tímidas. Las mujeres, a juicio de Hume, arrastran a los varones a la superstición, pues es difícil que un varón que viva apartado de las mujeres sea dado a las prácticas religiosas. Pero a la vez que suscribe esta idea de Estrabón, se da cuenta de que los más fanáticos religiosos son los monjes que viven apartados de las mujeres.

 Hay otros factores, a juicio de Hume, que favorecen la religiosidad: el miedo y la pobreza. Las mujeres son más miedosas porque tienen cualidades inferiores tanto mentales como corporales; aunque él aboga por una igualdad perfecta cual si fuesen dos partes del mismo cuerpo. Para ilustrar esta igualdad, Hume recurre al mito del andrógino, aunque introduciendo algunas modificaciones, que Platón relata en el diálogo Banquete a través del personaje de Aristófanes.

 Nada hay que yo recomendaría más a mis lectoras que el estudio de la historia por ser ésta una ocupación que, como ninguna otra, se adapte mejor al carácter y educación del sexo femenino; es mucho más instructiva que los comunes libros de entretenimiento, y mucho más amena que esas serias composiciones que generalmente se encuentran en las bibliotecas. Entre otras importantes verdades que pueden aprenderse de la historia, hay dos en particular cuyo conocimiento puede provocar a las mujeres tranquilidad y reposo: que el sexo masculino, al igual que el femenino no está integrado por criaturas tan perfectas como pudiera imaginarse, y que el Amor no es la única pasión que gobierna el mundo de los varones, sino que es a menudo supeditada a la avaricia, la ambición, la vanidad y a otras mil pasiones

 (...)Mostraré cómo esta disciplina es apropiada para todo el mundo, pero, muy en particular, para quienes por causa de la ternura de su carácter y de la debilidad de su educación están excluidos de estudios más severos.

(Hume. Sobre el suicidio y otros ensayos)

 La castidad y la modestia son también, a juicio de Hume, cualidades de las mujeres. Apoya esta creencia en exigencias prácticas; dado que la familia es la base de la sociedad y para que los padres cuiden a los hijos, han de estar seguros de que son suyos. La madre ha de ser casta para que el padre tenga la seguridad de que el hijo es suyo y cuide de él. Ahora bien, ciñéndonos a este principio de utilidad, no tendría ningún sentido la exigencia de castidad para aquellas mujeres que no son madres. Sin embargo, la exigencia se extiende a todas las mujeres, pues "una vez establecida la regla de este tipo ( la de la castidad de las mujeres para asegurar la paternidad y el mantenimiento del hijo) los hombres son propensos a extenderla más allá de los principios de los que surgió" y así exigen la castidad "desde la infancia hasta la extrema postración".Hume se da cuenta de que tal norma encarna una doble moral, dado que "así los solteros, aún siendo viciosos, no sólo no prefieren ejemplos de lascivia e impudicia en las mujeres, sino que se irritan ante ello". Que haya una justificación práctica para la exigencia de castidad en algunas mujeres y luego esta exigencia se extienda a todas las mujeres es producto de la imaginación, la cual extiende a todas aplicando la ley de la semejanza de un grupo.

ACFILOSOFIA usa cookies para darle un mejor servicio.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto