BERKELEY

GEORGE BERKELEY George Berkeley, aunque de familia inglesa, nació en1685 en Irlanda. Estudió en el Trinity College y poco después fue profesor en esta misma institución. En 1710 fue ordenado sacerdote de la religión anglicana. Durante un tiempo, proyectó la creación de una escuela en la isla de las Bermudas, con el objetivo de formar y educar a los hijos de los colonos ingleses en América. Sin embargo, este proyecto fracasó y tuvo que volver a Inglaterra. Tras su regreso, permaneció en Londres durante una temporada antes de ser nombrado obispo. Murió en 1753 en Oxford.

Berkeley es uno de los filósofos modernos de clasificación más delicada. Aunque pertenece a la tradición británica, las conclusiones a las que llega lo alejan del empirismo ortodoxo. Su filosofía ha sido calificada como empirismo espiritualista, ya que, partiendo de principios empiristas, llega a defender la exclusiva existencia de entidades espirituales.

Sus obras más importantes fueron escritas en sus primeros años como profesor: Ensayo sobre una nueva teoría de la visión (1709), Tratado sobre los principios del conocimiento humano (1710) y Tres diálogos entre Hylas y Filonus (1713).

1.       Su objetivo.

La finalidad que mueve la obra de Berkeley es "demostrar con la máxima claridad la realidad y perfección del conocimiento humano, la naturaleza inmaterial del alma y la providencia inmediata de una deidad, frente a escéptico y ateos".

La crítica empirista tiene en Berkeley una finalidad peculiar: acabar con el materialismo que mina los cimientos teóricos del teísmo y de la religión. El joven Berkeley veía en los éxitos de la ciencia del siglo XVII y en la confianza en ella depositada el peligro de la extensión del materialismo, que explicaba la realidad en términos de materia y movimiento, suprimiendo la realidad espiritual.

Ningún otro modo más directo de atacar al materialismo que la eliminación de la materia, que Locke había mantenido como causa de nuestras sensaciones. Suprimida la sustancia material como causa de nuestras ideas, habremos de afirmar la existencia de Dios, dirá Berkeley, como la causa de la aparición de las ideas en mi mente. El resultado será la radicalización del principio empirista sobre el origen de nuestras representaciones, y la negación de lo que parece más evidente, la existencia de los objetos, que se convierten así en simples percepciones.

2.       Las ideas.

Berkeley parte de la crítica de las ideas abstractas para realizar la crítica al materialismo. Afirma que la convicción de que existen cosas materiales independientes de nosotros proviene de ideas abstractas como sustancia, extensión o movimiento. Estas ideas nos hacen atribuir sin motivo a nuestras percepciones un sustrato independiente de nuestra mente. Según Berkeley, el análisis de algunas palabras permite comprobar que las ideas abstractas, como la idea de materia o de sustancia material no tienen un significado.

Berkeley no niega que haya ideas generales, sí que haya ideas abstractas. Las ideas generales se forman cuando a partir de una idea concreta nuestra mente prescinde de las circunstancias de lugar, tiempo, cualidad o cantidad, y así podemos referirnos con ellas a diversas ideas particulares.

Esas ideas generales ejercen la función de representar o significar a todas las demás ideas particulares de la misma especie. Cuando ante una figura triangular prescindo de las cualidades de sus ángulos o de las relaciones entre sus lados, la idea particular puede convertirse en una idea general, representando a todos los triángulos, aun cuando su contenido propio sea el de una idea particular. No hay un contenido universal propio de la "triangularidad", las esencias universales no existen. Las ideas generales son en realidad "nombres comunes" o signos con los que nos referimos a diversas ideas concretas y particulares.

Las ideas abstractas no existen como tales, ni la mente tiene capacidad para percibirlas. Cuando se acude a la introspección para localizar las ideas abstractas sólo se encuentran imágenes, que son siempre particulares. Cualquier cosa que se pueda imaginar va acompañada de cualidades determinadas: un color, una figura, un tamaño, etc., es decir, es una idea concreta y particular. No se puede imaginar un triángulo que no sea isósceles, rectángulo o escaleno.

3.       El percibir.

Es de sentido común, dice Berkeley, darse cuenta de que los entes sensibles no existen ni pueden existir con independencia de ser percibidos. Afirmo que algo existe cuando puedo verificar su existencia, es decir, cuando puedo percibirlo: existe un olor porque lo huelo, un sonido porque lo oigo, una figura porque la veo y la toco. Tan obvio es reconocer la existencia de aquello que es percibido como absurdo es aceptar que existe aquello que no puedo percibir.

Locke había atribuido a las ideas el papel de intermediarias entre las cosas y la mente, en cuanto que las ideas representan cosas exteriores a nuestra mente. Sin embargo, para Berkeley no hay ninguna razón para distinguir entre el mundo de las ideas y el mundo de las cosas, el ser de las cosas es lo percibido, las ideas.

La distinción entre cualidades primarias y secundarias de Locke había servido de fundamente a la diferenciación entre un mundo real, matemático, y un mundo puramente subjetivo. Esta distinción deja de tener sentido para Berkeley, porque no es posible concebir cualidades primarias separadas de las secundaras, más aún, lo que percibimos son las cualidades secundarias.

Tanto las cualidades primarias como las secundarias son ideas y, como tales, no pueden existir fuera de la mente. Los entes sensibles no tienen una realidad subsistente, independiente de ser percibidos, son para Berkeley colecciones o combinaciones de sensaciones o ideas.

Esta afirmación de Berkeley de que las cosas son ideas no compromete la existencia de los seres que llamamos sensibles, sino que aclara el sentido de su existencia, que no es otro que el ser percibidos. "Lo que vemos, sentimos, oímos o concebimos, o comprendemos de cualquier modo, sigue siendo tan seguro como antes, y tan real como siempre".

4.       Lo espiritual.

Además de los seres sensibles, cuya existencia es ser percibidos, haya mentes  o espíritus cuya existencia es percibir. El yo o espíritu es "totalmente distinto de las ideas", es uno, simple, indivisible y activo, mientras que las ideas son pasivas e inertes. Del yo no tenemos una idea, sino una intuición directa, una conciencia inmediata por el sentimiento interior o de reflexión. Deduzco la existencia de otros espíritus semejantes a mí a partir de ciertos cambios y combinaciones de ideas que percibo.

Pero las ideas son percibidas siguiendo un orden, de modo que podemos distinguir las realidades de las fantasías. En este sentido diferencia Berkeley entre las ideas, que están impresas en mis sentidos, no dependen de mi voluntad y responden a lo real, y las imágenes, que pueden combinarse libremente en mi mente que no responden a algo real.

Berkeley acepta, por tanto, un orden en la naturaleza, un modelo coherente de ideas independiente de la voluntad del ser humano. Pero, eliminada la sustancia material, ¿cómo explicar la aparición de las ideas en la mente y el orden de las mismas?

Pues llegando a Dios que es el creador y ordenador de todo lo real, es la causa de la constancia de nuestras ideas y del orden independiente de nuestra voluntad. Las ideas que constituyen el mundo sensible o naturaleza son creadas por Dios en nuestro espíritu.

La filosofía de Berkeley incurre en una aplicación incoherente del principio empirista que sitúa el origen y el límite de nuestro conocimiento en la experiencia sensible. La negación de la sustancia material, porque no es objeto de nuestra percepción, y la reducción de las cosas a combinaciones de ideas se hace compatible con la aceptación de la sustancia espiritual propia, la de otros y la de Dios, que no quedan reducidas a ideas.

Poca filosofía aparta de la religión, mucha filosofía lleva de nuevo a ella

Autor: Francis Bacon

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