JOHN LOCKE

1. Vida.

Nació en Wrington, Inglaterra en 1632. Hijo de un funcionario judicial, Locke ingresó, en 1646, en la Westminster School, donde estudió hasta su ingreso en la Universidad de Oxford, en 1652. Allí se encontró con un escolasticismo rancio, oscuro e inútil que le llevó a considerar su educación filosófica como una pérdida de tiempo... hasta que la lectura de Descartes despertó su interés por la verdadera filosofía. Su formación se completó con el estudio de la química, la física y la medicina- que ejerció profesionalmente, aunque sin continuidad-. En 1667 entró al servicio del conde de Shaftesbury, a quien, e adelante, le uniría una gran amistad y con el que compartió fortuna e infortunios. Entre 1675 y 1680 residió, por razones de salud, en Francia, donde entró en contacto con cartesianos y anticartesianos. De regreso a Inglaterra, la acusación de conjura contra Jaime II que recayó sobre el conde de Shaftesbury llevó a ambos amigos a exiliarse a Holanda. Tras la revolución de 1688, Locke regresó a su país y se retiró a Essex, donde vivió como huésped de la familia Masham, en cuya compañía falleció mientras lady Masham le leía los salmos en 1704.

John_Locke2. Obras

Entre sus obras destacan Cartas sobre la tolerancia (1689), Ensayo sobre el entendimiento humano (1690) y Dos tratados sobre el gobierno civil (1690).

En las Cartas sobre la tolerancia, Locke recoge los variados argumentos propugnados en defensa de la libertad religiosa. Ésta es una cuestión crucial, a partir de la cual podría hacerse efectivo el resto de libertades individuales. La separación entre la Iglesia y el Estado es una reivindicación fundamental para conseguir que ambas instituciones se circunscriban a sus respectivas funciones. En el caso del Estado a asegurar la vida, la libertad, las propiedades de los ciudadanos, sin inmiscuirse en sus creencias ni en su elección confesional. Se trata, entonces, de secularizar el Estado y de mantener la religión dentro de los límites de la conciencia individual. En este escrito, Locke considera inútiles los mecanismos coercitivos de asimilación, es decir, el utilizar la fuerza para obligar a alguien a ser creyente de una religión determinada. Propugna una tolerancia efectiva entre los distintos credos, con la excepción de aquellos que atacan el núcleo mismo de esta idea: el ateísmo y el catolicismo.

En Ensayo sobre el Entendimiento Humano, Locke aborda el problema del conocimiento: su origen su certeza y sus límites. Dividida en cuatro Libros, el primero de ellos está dedicado a criticar el innatismo. No existen ideas innatas, como postula el racionalismo cartesiano, ni tampoco reglas morales innatas. Los otros tres Libros se ocupan, respectivamente, de: las ideas, las palabras; el conocimiento como tal.

Se trata de un texto fundamental del pensamiento empirista. Todo conocimiento tiene su origen en la experiencia; las ideas son un producto de sensaciones previas, o bien, se elaboran mediante la reflexión (pero a partir de ideas que mantienen un origen empírico). No puede haber otra fuente de conocimiento pues la mente es como un papel en blanco o un cuarto oscuro, es decir, está vacía de todo contenido hasta que los sentidos suministran datos del mundo externo. Locke elabora la distinción entre ideas simples y complejas, crítica nociones como la de sustancia, analiza la relación causa-efecto y, también, presenta una clasificación epistemológica que distingue entre el conocimiento intuitivo, el demostrativo y la mera opinión.

En vida de Locke se publicaron cuatro ediciones de esta obra que, durante el siglo XVIII, despertó gran interés e influyó notablemente en las distintas corrientes ilustradas europeas.

Los Dos Tratados sobre el Gobierno Civil, escritos después de la "gloriosa revolución", los Dos Tratados, sobre todo el Segundo, constituyen una aportación muy importante a la filosofía política y, en concreto, a la teoría política del liberalismo.

El Primer Tratado es una crítica al libro de Robert Filmer Patriarcha o el poder natural de los reyes (1680). Locke se opone a una obra que legitima el poder absoluto, por cuanto postula que el rey obtiene su poder en base a un Derecho Divino. Éste tiene su origen en la concesión que Dios hace a Adán, primero en la línea directa que llega a los monarcas de ese momento. Se trata de un pensamiento radicalmente contrario a las teorías contractualistas.

Precisamente en el Segundo Tratado, Locke va a elaborar su visión sobre el Estado de Naturaleza; apartándose de Hobbes sostiene que, en este estado, el ser humano se conduce por la razón. El paso al estado social tiene que ver con la seguridad, la ayuda recíproca y las garantías jurídicas de los derechos individuales. La sociedad, por otra parte, está basada en el respeto a la propiedad. Debe existir una separación entre la Iglesia y el Estado, y una división de poderes. Locke señala tres: ejecutivo, legislativo y federativo. La reivindicación de la libertad religiosa es un elemento fundamental en la sociedad tal y como la piensa Locke. No sólo se postula en el Segundo Tratado la igualdad entre los seres humanos, sino también la posibilidad de rebelarse frente a un poder tiránico.

3. Contexto social y político de la sociedad británica en el siglo XVII.

El siglo XVII resultó particularmente agitado en Gran Bretaña. A comienzos del mismo, el rey Jacobo I unió en su persona las coronas de Escocia, Inglaterra e Irlanda y gobernó despóticamente. Durante su reinado, persiguió tanto a los católicos como a los puritanos y protestantes, muchos de los cuales se sintieron obligados a emigrar a las colonias de América. Su hijo, Carlos I, siguió la línea del padre, pero tanto los ingleses como los escoceses terminaron por rebelarse, dando lugar a una guerra civil conocida como la "Gran Rebelión" (1642).

Esta guerra supuso un duro enfrentamiento entre la aristocracia tradicionalista, que apoyaba al rey, y el partido parlamentario, integrado por sectores enormemente heterogéneos-puritanos, campesinos, burguesía, etc.-. Durante varios años, se luchó cruelmente en toda la Isla y se produjeron enfrentamientos no solo entre los partidarios del monarca y los partidarios del parlamento, sino también entre los distintos grupos seguidores de este.

En 1648, la paz parecía estar llegando pero, tras un breve período de relativa calma, se reanudó la guerra. En este nuevo enfrentamiento, los puritanos, dirigidos por Oliver Cromwell, aplastaron al ejército realista, hicieron prisionero al monarca y, una vez juzgado por el Parlamento, Carlos I fue condenado a muerte y ejecutado en 1649. A partir de entonces, Cromwell se convirtió en dueño y señor del país, y, poco después, se impuso también en Irlanda y Escocia.

Tras la muerte de Cromwell, en 1658, se restableció la monarquía y, dos años después, Carlos II, hijo de Carlos i, fue reconocido como rey. No obstante, a la muerte de aquel, volvieron a surgir los problemas religiosos. El nuevo rey, Jacobo II, hermano de Carlos II, se convirtió al catolicismo y favoreció a los católicos. Debido a ello, los anglicanos y los puritanos se sublevaron, le expulsaron del país y llamaron en su lugar al holandés Guillermo de Orange, quien fue proclamado rey con el nombre de Guillermo III.

Los conflictos en la lucha por el poder y sus nefastas consecuencias, que se tradujeron en miles de muertes, no fueron ajenos al propio Locke. Nuestro autor se vio involucrado en ellos y, sin duda alguna, debieron contribuir al desarrollo de su pensamiento político y social.

4. Una visión general de Locke.

Locke radicaliza el empirismo tradicional inglés y plantea con todo rigor el problema fundamental de la filosofía moderna, el del conocimiento, al que trata de dar respuesta analizando la capacidad y los límites del entendimiento humano para, de esa manera, determinar qué es lo que se puede conocer.

A pesar de su posición empirista acepta el planteamiento de Descartes: conocer es tener ideas, y, como él, entiende por ideas los contenidos mentales. Piensa, sin embargo, que la experiencia de los niños y de los ignorantes demuestra que la mente es como un papel en blanco y rechaza la existencia de ideas innatas. El camino a través del que las ideas llegan a la mente humana es la experiencia.

La experiencia proporciona ideas simples. Primero, las de sensación, que proceden de los objetos externos y, luego, las de reflexión, que se originan en la mente humana al reflexionar sobre ellas.

La mente combina luego las ideas simples de sensación y reflexión para formar ideas compuestas, que son de tres clases: de modo, de relación y de sustancia. Los modos son ideas que no existen en sí mismas y son sólo manifestación de la sustancia, "docena", "belleza". Las relaciones son ideas que conectan una cosa con otra: la más importante es la de causa-efecto. La idea de sustancia es la más importante de las ideas compuestas. Pero, ¿qué es la sustancia? Algo en torno a lo cual se unen varias ideas simples. Y como la experiencia no l capta, no es más que un puro supuesto, algo que está por debajo, sub-stare, "un no sé qué".

Hay, además, ideas generales, ideas de las que se han abstraído- separado- las circunstancias concretas de espacio, tiempo, cualidad.

El conocimiento se basa en la percepción de la conexión y concordancia de algunas ideas entre sí. Locke distingue dos tipos de conocimientos. La intuición por la que se percibe inmediatamente la concordancia o no de dos ideas, y la demostración en la que la mente necesita ideas intermedias para percibir esa concordancia.

De las tres sustancias clásicas se conocen: el "yo" por intuición, a Dios por demostración y la existencia de los cuerpos con certeza sensitiva.

En cuanto a la ética, Locke pretende también fundamentarla de manera empirista. Como no admite ideas ni principios innatos de carácter teórico, tampoco los admite de carácter práctico. Las ideas sobre qué es lo bueno y qué es lo malo tienen que venir de la experiencia. Distingue tres tipos de leyes: la divina, la civil y la de la opinión pública. El bien y el mal están determinados por la conformidad o no con la ley y de esa conformidad o disconformidad se siguen el placer o el dolor.

En su teoría social ataca el absolutismo y es uno de los pilares de las ideas liberales. Defiende que los hombres son libres e iguales por naturaleza. También es natural el derecho de propiedad. Ante "las fuertes necesidades" del estado natural, el hombre se ve obligado a realizar un pacto y a vivir en sociedad y, de cara a evitar la arbitrariedad y el despotismo, cree necesaria la división de poderes.

5. Locke empirista.

Locke es considerado el padre del empirismo. El término "empirista" proviene del griego "empeirikós", un adjetivo derivado de "empeiría", que significa "experiencia". Por tanto, empirista significará "algo relativo a la experiencia o relacionado con ella". En consecuencia, el empirismo es la corriente de la filosofía que concede una gran importancia a la experiencia.

Desde luego, tanto en la Grecia clásica como en la Edad Media y toda la Edad Moderna, podemos encontrar diferentes filosofías susceptibles de ser calificadas como "empiristas". No obstante, con el término "empirismo" solemos referirnos a la filosofía británica inaugurada por Locke y a la desarrollaron posteriormente Hume y sus seguidores. Este hecho obedece a dos razones:

*En primer lugar, a que Locke y sus seguidores se esforzaron por construir un sistema filosófico fundamentado exclusivamente en la experiencia.

*En segundo, a que adoptaron una actitud científica nueva y de gran relevancia histórica, a saber, una actitud crítica. Esta actitud crítica consistía en comenzar la actividad científica examinando las propias facultades cognoscitivas.

En efecto, a la hora de poner en marcha la actividad científica, en lugar de dirigirse de modo primario y directo a examinar los objetos de la realidad, nuestro autor se dirigió a investigar dichas facultades cognoscitivas con el fin de averiguar su capacidad, su valor y sus límites, o sea, para determinar el origen, el valor y los límites del conocimiento.

A juicio de Locke, los filósofos anteriores habían actuado de modo un tanto temerario, pues habían aceptado como evidente que nuestras facultades cognoscitivas estaban suficientemente dotadas para llevar a cabo la actividad científica. Así pues, sin más consideraciones, se habían lanzado a ejercer dicha actividad.

Sin embargo, según nuestro autor, antes de lanzarse a conocer era preciso examinar dichas facultades. En otras palabras, era necesario buscar criterios o pautas que nos sirvieran para estar seguros de lo que podemos conocer, así como del motivo o fundamento en que se apoyan nuestras certezas.

Los filósofos anteriores cogían su red y, sin más, se ponían a pescar- a pescar la verdad-. En cambio, Locke nos propone que antes examinemos con detenimiento y rigor nuestras facultades. Este examen debe ser llevado a cabo por las propias facultades cognitivas. Estas, en virtud de su capacidad reflexiva, podían volverse sobre sí mismas y examinar su propia naturaleza y su propio funcionamiento.

6. El conocimiento.

La filosofía crítica de Locke está expuesta en su "Ensayo sobre el entendimiento humano" que tiene como objetivo principal "descubrir hasta dónde alcanzan las facultades" del entendimiento humano, qué realidades pueden conocer y cuáles no, de tal forma que nuestra mente "tenga más precaución al tratar cosas que exceden de su capacidad, y permanezca en una tranquila ignorancia de aquellas cosas que se hallan más allá del alcance de nuestras capacidades".

6.1. Negación de las ideas innatas.

Locke comenzó reconociendo que la mayoría de los filósofos de su tiempo admitía la existencia de ideas innatas que consisten en ciertas nociones o principios que no los adquirimos mediante nuestro conocimiento, sino que nacen con nosotros. Por tanto, se encuentran en nuestra mente desde el principio. A este respecto, los defensores de dicha postura- por ejemplo, Descartes-mantenían que gracias a tales ideas podíamos llevar a cabo nuestras actividades cognoscitivas.

Locke, por su parte, rechazó la existencia de ideas y los principios innatos, pues si fueran innatas deberían poseerlas todos los seres humanos. Sin embargo, "es evidente que los niños y los deficientes mentales no tienen el menor pensamiento de ellas", ya que si las tuvieran, deberían darse cuenta y, sin embargo, no es así. En consecuencia, no existen ideas innatas.

En contra de los filósofos racionalistas, Locke sostiene que nuestra mente es como un papel en blanco que, en principio, se encuentra totalmente desprovisto de contenidos y solo se va apropiando de ellos por medio de la experiencia-

6.2. El origen de nuestras ideas.

Para Locke todas nuestras ideas provienen de la experiencia. En consecuencia, nada hay en el entendimiento que no proceda de los sentidos. A este propósito, Locke distinguió dos formas de experiencia: la experiencia externa o sensación t la experiencia interna o reflexión.

*Experiencia externa o sensación. Mediante la sensación percibimos diversas cualidades de las cosas materiales, como la idea que tenemos de frío, caliente....

*Experiencia interna o reflexión. Aquí percibimos las operaciones de la mente. Así surgen las ideas de querer, creer, etc.

Ahora bien, la sensación y la reflexión son las únicas fuentes de conocimiento. Todas nuestras, tanto las más elementales como las más sublimes, tienen su origen en ellas y ninguna puede sobrepasar los contenidos suministrados por estas. En consecuencia, nuestro conocimiento carece de toda capacidad para hacer surgir una sola idea nueva.

6.2.1. Las cualidades.

Para Locke, nuestras ideas nos suministran únicamente cualidades. Así, por medio de los sentidos, recibimos colores, olores, ideas de extensión, etc., es decir, diversas cualidades. Ahora bien, ¿a qué se corresponden tales cualidades? El problema de la correspondencia entre ideas y la realidad llevó a Locke a distinguir entre cualidades primarias y cualidades secundarias.

*Cualidades primarias. Son objetivas o, lo que es lo mismo, se encuentran en los propios objetos materiales, y son inseparables de ellos. Por tanto permanecerán en todos los cambios que experimenten los objetos. Son cualidades primarias la solidez, la extensión, la figura y la movilidad. En este sentido, si dividimos un folio o una tiza, por ejemplo, por más divisiones que hagamos, cada una de las partes resultantes continuará siendo extensa, poseerá una solidez, una determinada figura, etc.

*Cualidades secundarias. A diferencia de las cualidades primarias, las secundarias no son propiedades de los objetos. En consecuencia, no tienen existencia real, sino que consisten en determinadas afecciones que dichos objetos producen en nosotros, en los órganos de nuestros sentidos. Por tanto, sin los órganos de los sentidos no podríamos apreciarlas. Como ejemplo de cualidades secundarias podemos señalar el sabor, el sonido, el color, etc.

En resumen, las ideas que se refieren a las cualidades primarias poseen una realidad objetiva, mientras que las referidas a las secundarias carecen de tal correspondencia.

6.2.2. Las ideas.

Además de la distinción entre cualidades primarias y secundarias, Locke distinguió entre ideas simples e ideas complejas. Las ideas simples son aquellas que recibimos por medio de la sensación y la reflexión. En cambio, las ideas complejas son aquellas que nuestro intelecto construye o fabrica a partir de las ideas simples. Veamos en qué consiste este proceso.

En un principio, nuestro entendimiento- es decir, nuestra mente- posee un carácter pasivo, pues, se limita a recibir los datos proporcionados por la experiencia. Sin embargo, una vez que le han llegado datos, el entendimiento adopta una función activa mediante la cual elabora las ideas complejas.

Más allá de este proceso, Locke insiste en que las ideas simples constituyen, en último término, el único material del conocimiento. En consecuencia, las ideas complejas no son nada creativamente nuevo. La posición de nuestro autor es contundente al respecto, pues para él nuestro entendimiento no tiene capacidad para hacer surgir una sola idea absolutamente nueva. Tan solo pueden combinar, modelar y transformar las ideas simples de múltiples formas y manera, dando lugar a una amplia gama de contenidos nuevos y diferentes que constituyen las ideas complejas. A este respecto, Locke distinguió tres clases de ideas complejas: modos, relaciones y sustancias.

*Modos: Equivalen a lo que Aristóteles y Tomás de Aquino entendían por 2accidentes", es decir, se trata de ideas que expresan afecciones de la sustancia.

*Relaciones. Expresan referencias de una idea a otra- o de una cosa a otra-, por ejemplo: madre e hija, causa, etc.

*Sustancia. Ahora bien, la idea compleja de mayor significado y entidad es la de sustancia, pues con ella nos referimos a las cosas que existen en sí mismas.

6.2.3. La idea de sustancia.

La nueva filosofía de Locke se puso especialmente de relieve a la hora de analizar la idea de sustancia. En la tradición filosófica occidental, la sustancia había sido considerada como la realidad fundamental. La sustancia era el ser que existía en sí, mientras que las otras clases de seres- es decir, los accidentes- existían en otro.

El obrar seguía al ser y el modo de obrar al modo de ser (por sus frutos los conoceréis, se decía). Por tanto, a partir de sus efectos, podíamos conocer la realidad de cada sustancia. Así, por ejemplo, partiendo de sus manifestaciones corporales y de su actividad racional, llegamos a la conclusión de que el ser humano es un "animal racional". Su naturaleza- la animalidad y la racionalidad- se pone en evidencia en sus manifestaciones, es decir, en sus obras.

Del mismo modo que el resto de los animales, el ser humano nacía, se alimentaba, sufría dolores, etc. Sin embargo, a diferencia de los animales, el ser humano gozaba de un alto nivel de inteligencia y podía razonar. En consecuencia, se trata de un animal racional. En cambio, para Locke este proceso resulta ilegítimo, porque, aunque podamos deducir la realidad o la existencia de la sustancia, este hecho no significa que la podamos conocer, ya que no se nos muestran ni por sensación ni por reflexión.

6.2.4. Crítica del concepto de sustancia.

Locke ofrece una explicación psicológica del origen de la misma. Para él, nuestras sensaciones y nuestras reflexiones nos muestran una amplia variedad de cualidades primarias y secundarias. Sin embargo, dado que nuestra mente es incapaz de imaginar que tales cualidades puedan existir en sí mismas, imagina o presupone la existencia de una "sustancia". La sustancia consiste en "un no sé qué" que se encuentra más allá de todas nuestras sensaciones y reflexiones, es decir, más allá de toda capacidad de nuestro conocimiento.

Para ilustrar este proceso, tomemos un objeto cualquiera, por ejemplo, un libro. Mediante la vista percibimos ciertos colores, cierta extensión, su movimiento o su reposo, etc. Mediante el tacto, apreciamos cierta solidez y cierta elasticidad. Si lo golpeamos, oiremos ruido y hasta puede ser que si nos lo llevamos a la boda experimentemos algún sabor. Ahora bien, ¿percibimos la sustancia libro? La respuesta de Locke es contundente. Para él, no tenemos ninguna percepción de la realidad sustancial libro, pues dicha realidad no consta a mis sentidos y, por tanto, no puede ser conocida. Simplemente, podemos suponerla, imaginarla o inferirla, pero no conocerla.

Así pues, nos sucede algo parecido a lo que le sucedía a un indio. Tras haber afirmado "que el mundo descansaba sobre un gran elefante, se le preguntó sobre qué descansaba el elefante, y repuso que sobre una gran tortuga; y como se le presionara otra vez para que dijera sobre qué se apoyaba la tortuga, repuso que sobre "algo", no sabía qué. Si hubiera dicho "sustancia"- indica Locke-, hubiera sido lo mismo". Con esta anécdota, Locke no, quiere decir que el concepto de sustancia no es más que el soporte desconocido que suponemos debajo de las cualidades percibidas.

6.3. Niveles de conocimiento.

Según Locke nuestras ideas únicamente nos proporcionan conocimiento de cualidades- de cualidades primarias y de cualidades secundarias- pero no de la realidad en sí. En consecuencia, parecería que el conocimiento habría de tener un alcance muy reducido. Sin embargo, veremos que no es así y que, a pesar de sus limitaciones, puede acceder a una amplia variedad de contenidos. A este respecto, Locke distingue tres niveles de conocimiento: el conocimiento intuitivo, el demostrativo y el sensitivo.

*Conocimiento intuitivo. Consiste en la captación inmediata y sin intermediarios del acuerdo o desacuerdo entre dos o más ideas, por ejemplo la intuición de que el blanco no es el negro, o de que el todo es mayor que la parte.

*Conocimiento demostrativo. Es el que se obtiene mediante una serie de pasos, cada uno de los cuales, se apoya en el anterior. Es lo que ocurre, por ejemplo, en los razonamientos matemáticos. En ellos, la verdad de unas proposiciones se demuestra mediante otras.

*Conocimiento sensitivo. Consiste en las ideas que tenemos de los objetos externos, es decir, de las cualidades de las cosas.

Ahora bien, para Locke, el conocimiento intuitivo es plenamente cierto e indudable. A este propósito, señala que quien "exija una certeza mayor que esta, no sabe lo que pide". En cuanto al conocimiento demostrativo, no todas nuestras demostraciones gozan de idéntico grado de certeza. El mayor grado se da en las demostraciones matemáticas: ejemplo de este tipo serían la demostración de que los ángulos de un triángulo son iguales a dos rectos. Sin embargo, las que se refieren a las ideas complejas de otra índole resultan problemáticas e imposibles de resolver, ya que, a veces, desconocemos la raíz de dónde surgen las cualidades primarias, y si no sabemos de dónde surgen las cualidades primarias, mal podremos conocer la razón de ser de las secundarias y menos su síntesis en una idea compleja.

En cuanto al conocimiento sensitivo, no puede superar su valor de mera probabilidad y, por tanto, todos nuestros conocimientos sensibles serán dudosos.

7. La realidad.

Los tres niveles de conocimiento de los que habla Locke se corresponden con tres clases distintas de realidad: el yo, la existencia de Dios y la efectividad de las cosas. Del yo tenemos un conocimiento intuitivo, de la existencia de Dios un conocimiento demostrativo y de las cosas materiales uno sensitivo.

Ante estas cuestiones, Locke parece titubear con frecuencia y, a veces, nos indica que todo nuestro conocimiento permanece "encerrado" en nuestras ideas y que, por consiguiente, resulta problemático todo salto a la realidad, o sea, que el mundo- las cosas del mundo- nos resulta prácticamente incognoscible. Sin embargo, como vimos en el caso de las cualidades primarias, en otras ocasiones, Locke afirma la existencia de una realidad trascendente- es decir, exterior a nuestras ideas-, que constituye la base de nuestros conocimientos.

7.1. El yo.

Para Locke, la propia actividad de pensar manifiesta de un modo tan evidente la existencia del sujeto pensante que no necesitamos ninguna otra prueba al respecto. En otras palabras, si pienso, razono, dudo, etc., estas mismas actividades ponen de manifiesto mi propia existencia. Por tanto, al igual que a Descartes, para Locke el enunciado "pienso, luego existo" resulta absolutamente evidente e indudable. En conclusión, de nuestra propia existencia, es decir, de nuestro propio yo, tenemos un conocimiento intuitivo.

7.2. Dios.

A pesar de que tanto la idea de Dios como la noción metafísica del principio de causalidad son ideas complejas y, en tanto que tales, ni por medio de la sensación ni por medio de la reflexión pueden ser captadas. A pesar de esto, Locke insistirá en que poseemos un conocimiento demostrativo de la existencia de Dios. Para llevar a cabo tal demostración, tomó como punto de partida la evidencia de nuestra propia existencia. Su demostración podría sintetizarse en los siguientes pasos:

_De la nada, nada puede proceder. Sin embargo, es evidente que existe alguna realidad, por ejemplo, mi propio yo.

_Ahora bien, yo no he existido siempre, sino que he comenzado a existir en algún momento. Por tanto, ha tenido que existir siempre algo, puesto que para que exista una realidad que ha comenzado a existir, es necesario una realidad que haya existido siempre.

_Luego debe existir una realidad divina de quien dependa mi existencia y la existencia de todo lo finito. Y a dicha realidad la denominamos "Dios". Por tanto, Dios existe.

7.3. Las cosas.

En cuanto de las cosas extensas- un libro, una mesa, etc.-, según Locke, tenemos un conocimiento sensitivo. Ahora bien, ¿cómo es posible dicho conocimiento? Si, según hemos visto, conocer consiste en conocer ideas. ¿A qué corresponden estas? ¿Podemos captar alguna conexión entre mis ideas y las cosas? ¿Podemos realmente asegurar la existencia de las cosas que vemos, tocamos o sentimos?

Locke nos asegura que, aunque el conocimiento que tenemos de las cosas extensas no sea tan claro como el conocimiento intuitivo de nosotros mismos, ni como el demostrativo de Dios, las noticias que nos llegan a través de los sentidos, generalmente, nos informan de un modo adecuado sobre la existencia de los objetos. Y, en este sentido, nos advierte que no debemos ser tan escépticos como para dudar de las cosas que vemos y sentimos. Finalmente, para confirmar el valor trascendente de nuestro conocimiento sensitivo, recurre a cuatro criterios:

*Nos faltan las ideas de las respectivas cualidades sensibles cuando carecemos del órgano sensible adecuado. Así, por ejemplo, los ciegos de nacimiento carecen de toda idea de color.

*En la recepción de nuestras ideas simples somos pasivos. Esto implica que las cualidades a las que dichas ideas se refieren se nos imponen con independencia de nuestra voluntad.

*Determinadas ideas, al imponérsenos, nos causan dolor o placer, dolor y placer que no dependen de nosotros. Así, por ejemplo, nos resulta desagradable la luz intensa.

*Con frecuencia, los sentidos se dan mutuo testimonio entre sí. Por ejemplo, vemos el movimiento por la vista y, al mismo tiempo, lo percibimos por el tacto o el oído.

Como vemos, Locke, a pesar de su concepción crítica y empirista, se esforzó por evitar la caída en el relativismo, escepticismo y fenomenismo y, en último término, acabó rechazando la postura extrema a que parecía llevarle su empirismo. No obstante, su filosofía supuso un paso notable hacia dicha posición y, en tal sentido, el conocimiento de las cosas externas aparece enormemente problemático. ¿Por qué? Porque si conocer es conocer ideas, establecer puentes entre las ideas y la realidad no resultará tarea fácil desde una posición empirista.

En consecuencia, una ciencia de la naturaleza- es decir, una física-, racional y deductiva, como la tradicional, resultará imposible y, por eso, habrá que echar mano de una física completamente diferente, la física experimental, o sea, la física actual.

8. La verdad.

"Aunque la verdad y la falsedad, rigurosamente hablando, sólo atañen a las proposiciones, sin embargo, las ideas también suelen ser designadas como verdaderas o falsas. Nuestras ideas, no siendo sino meras apariencias o percepciones en nuestras mentes, no puede decirse propiamente que sean verdaderas o falsas, como no puede decirse del simple nombre de algo que es verdadero o falso....la idea de un centauro no posee más falsedad cuando aparece en nuestra mente que la que tiene el nombre de centauro cuando se pronuncia o se escribe sobre un papel. Pues la falsedad o la verdad residen en alguna afirmación o negación mental o verbal; es decir, que nuestras ideas no son falsas hasta que la mente no se pronuncia acerca de ellas; es decir, hasta que se afirma o niega algo de ellas (Ensayo sobre el Entendimiento Humano).

La verdad no es una propiedad de las ideas como tales sino de las proposiciones. Sólo cuando una idea se refiere a algo exterior a ella, afirmando o negando, es decir, emitiendo un juicio, esa idea queda validada o no. Algo es verdadero si corresponde con una realidad externa, en caso contrario es falso. Pero las ideas son nombres de las cosas, por lo que la cuestión tiene un componente lingüístico inevitable. Pues es en el lenguaje, en todo caso, el que hace posible el saber.

"Siendo particulares todas las cosas que existen, quizá parecería razonable que las palabras, que deben conformarse a las cosas, deberían serlo también-quiero decir en su significación-, pero hallamos justamente lo contrario. La mayor parte de las palabras que existen en todas las lenguas son términos generales; pero esto no ha sido efecto de negligencia o azar, sino que ha ocurrido por necesidad... Lo que se cree que son naturalezas generales no son sino ideas abstractas y parciales de ideas más complejas que se adquieren primero de las existencias particulares" (Ibidem).

La primacía de lo singular- esto es, de los objetos particulares, que se entienden como lo único realmente existente- frente a los términos generales, supone una posición nominalista (Recordemos que el nominalismo niega la realidad de los universales, es decir, de los términos generales como, por ejemplo, las Ideas platónicas. Según el nominalismo los términos abstractos son meros nombres que designan conjuntos de individuos particulares. Estos particulares o singulares son lo único realmente existente).No se tata, en el caso de Locke, de un nominalismo radical, pues entiende que los nombres no se producen de manera arbitraria sino que reflejan de algún modo ciertas realidades que, en todo caso, tienen una referencia originalmente empírica. Los términos generales son necesarios, en opinión de Locke, por varios motivos:

• No es posible que cada cosa particular tenga un nombre distinto y privativo.

• Aunque se diese la circunstancia anterior, se producirían graves problemas de comunicación. Los términos generales, en este sentido, son más útiles.

• Los nombres generales favorecen el progreso del conocimiento.

Una característica, por la cual puede considerarse a Locke como un nominalista moderado, es la de distinguir entre lo que llama esencia nominal y esencia real.

Si nos fijamos en la palabra "oro", su esencia nominal es su significado: un cuerpo de color amarillo, que tiene unas determinadas propiedades como el peso, su grado de fusión, etc. Por otro lado, la esencia real del oro es su estructura última, su naturaleza, la diversa composición de sus partes. Ahora bien, la conformación real de las cosas, de las sustancias, es algo que no podemos conocer, no podemos penetrar en la estructura interna de ellas. Sólo conocemos algo a partir de las ideas de origen sensible, producto de la observación. Así pues, sólo conocemos su esencia nominal, que es como decir que no podemos ir más allá de los nombres que aplicamos a aquello que observamos.

9. La Política.

Locke no solo es un filósofo de gran importancia por haber sido el padre del empirismo, sino también por su visión de la política y del Estado. Su teoría política la encontramos en sus dos Tratados sobre el gobierno civil.

En el primer tratado, Locke refutó la teoría del origen divino del poder, expuesta por Robert Filmer en su obra El Patriarca. Según esta obra, el poder de todo príncipe tiene u origen divino, y, por tanto, el príncipe únicamente es responsable de su conducta ante Dios. Para justificar su tesis, Filmer señala que, en el principio de los tiempos, Dios concedió a Adán el señorío universal sobre sus mujeres, sus hijos y el mundo entero. Y Adán, a partir de entonces, lo transmite por herencia al resto de los príncipes.

En el segundo tratado, Locke rebatió la posición de T. Hobbes, para quien todos los seres humanos somos malos por naturaleza. Según dicho autor, en un principio los individuos humanos vivían en estado de naturaleza, completamente alejados de toda clase de organización social y en constante guerra de todos contra todos.

En esta situación, las relaciones humanas se regían por dos principios de sentido contrapuesto:

-por un lado, el egoísmo natural, según el cual cada ser humano tenía derecho a todo cuanto pudiera conseguir.

-por otro lado, el miedo a la muerte, lo que le llevaba, con frecuencia, a refrenar sus deseos y ambiciones, ya que podían chocar con los del vecino y verse obligado a enfrentarse con él.

Ahora bien, tal situación provocaba un estado de zozobra, difícil de soportar. Por ello, en un determinado momento, los seres humanos decidieron renunciar a su libertad natural y fundar la sociedad. En consecuencia, según Hobbes, la sociedad surgió en virtud de un contrato o un pacto entre los seres humanos. De acuerdo con el contrato social, todos los individuos renunciaban a su libertad y otorgaban todo el poder a un jefe o gobernante. En este sentido, Hobbes opinaba que el gobernante debía poseer un poder absoluto, de tal modo que tanto los asuntos políticos como los religiosos y morales debían caer bajo su mando.

Locke, rechazó ambas posiciones. En el primer tratado, intenta refutar la teoría del origen divino del poder de Filmer. Para Locke, ningún rey actual puede alegar el poder de Adán a la hora de detentar su propio poder. En primer lugar, Adán no pudo poseer ni como padre del género humano ni por concesión de Dios un derecho absoluto sobre sus hijos ni un poder ilimitado sobre el mundo. En segundo, aunque Adán hubiera disfrutado de tal poder, esto no significa que se lo hubiera transmitido a sus herederos. No existe ningún decreto positivo de Dios, ni ninguna ley natural que lo ponga de relieve.

En cuanto a la postura de Hobbes, la rechazó, en primer lugar, porque, según su opinión, los seres humanos en el estado de naturaleza eran más bien pacíficos; y, en segundo, porque, si abandonaron dicho estado, no fue para vivir sometido a un tirano, sino para vivir en paz, preservando, al mismo tiempo, su libertad, sus derechos y sus propiedades.

9.1. El estado de naturaleza.

Locke también admitió el estado de naturaleza, es decir, está de acuerdo con que, en un principio, los seres humanos vivían sin ningún tipo de organización social y en constante guerra de todos contra todos. Sin embargo, entre la concepción de Locke y la de Hobbes existen notables diferencias.

*Mientras que para Hobbes en dicho estado reinaba la guerra de todos contra todos, según Locke, en él predominaban la paz, la buena armonía y la mutua ayuda.

*Mientras Hobbes concebía la libertad natural como total ausencia de leyes, Locke afirmaba la existencia de una ley natural común a todos los seres humanos. En consecuencia, mientras que para Hobbes cada cual era libre de actuar como le viniera en gana, según Locke cada cual era libre para gobernar y dirigir, por sí mismo, su persona, sus actos, sus propiedades y todo cuanto le pertenezca, no obstante, poseía determinadas normas morales que podían servirle de guía.

Vemos, entonces, que para Locke el ser humano es libre por naturaleza, está dotado de inteligencia y, por tanto, es capaz de examinar si sus acciones son conformes con la ley. Finalmente, según Locke el estado de naturaleza no supone la ausencia de leyes, pues existe la ley natural (comprende una serie de principios existentes en nuestra propia razón, o conciencia, de acuerdo con los cuales se reconocen una serie de derechos y deberes como es la prohibición de atentar contra la vida, la salud, la libertad y las propiedades de nuestro prójimo), que orienta nuestra conducta.

Sin embargo, en el estado de naturaleza, dado que reinaba la igualdad y la liberta entre todos, cada cual era juez de sus propios asuntos. En consecuencia, podía reprimir las injusticias sufridas y castigar o sancionar a quien hubiera violado sus derechos. En otras palabras, en el estado de naturaleza únicamente reinaba la justicia privada, que residía en manos de la propia víctima o sus amigos o familiares.

No obstante, ser juez en los asuntos propios entraña numerosos peligros, entre otros el de sobrepasarse a la hora de intentar aplicar la justicia. Además, puede darse el caso de que quien agrede o viola la ley sea más fuerte y triunfe la injusticia de manera rotunda.

9.2. El pacto social.

Ante los peligros e inconvenientes que representaba el estado de naturaleza, en un determinado momento, los seres humanos decidieron abandonar el estado de naturaleza y fundar la sociedad civil.

En efecto, según Locke, los seres humanos formaron dicha sociedad empujados por sus propios intereses, que consistían en vivir en paz y poder conservar sus propios derechos, sin los riesgos e inseguridades que podían aparecer en el estado de naturaleza. Por tanto, el objetivo último del pacto social era el provecho mutuo, es decir, el beneficio de todos y cada uno de los asociados.

El cambio del estado natural a la sociedad civil supuso el paso del derecho natural al derecho positivo o, lo que es lo mismo, de la ley natural a la ley positiva. A este propósito, Locke distinguió, de acuerdo con su pensamiento liberal, entre los individuos y el gobierno, o sea, entre la sociedad civil y la sociedad política. Además, hizo hincapié en que, por el hecho de haber suscrito el pacto civil, en manera alguna los individuos perdían su libertad ni sus derechos naturales. Por el contrario, una de las primeras razones de ser de la organización social residía, precisamente, en conservar y proteger tales derechos.

Dentro de los derechos naturales, Locke dedicó especial atención al derecho de propiedad. Según Locke, el derecho de propiedad se funda en el trabajo. Esto obedece a que el ser humano, mediante el trabajo, saca las cosas del dominio de la naturaleza, en donde eran comunes a todos los individuos, y les añade algo suyo, algo propio, algo de su propia vida.

Según esta concepción, en el estado de naturaleza la tierra y todas las criaturas inferiores pertenecen a la totalidad de los seres humanos. Sin embargo, cuando una persona fabrica un objeto o, por ejemplo, cava un pozo para obtener agua, añade algo a la naturaleza y, en consecuencia, los objetos producidos le pertenecen. Ahora bien, el derecho de propiedad tiene su continuidad lógica en el derecho a heredar. Así, todo ser humano posee "un derecho a heredar con sus hermanos, antes que ningún otro ser humano, los bienes de su padre".

9.3. La sociedad política.

Una vez surgida la sociedad, aparece también la organización política o el Estado, cuya principal misión consiste en gobernar dicha sociedad. A este respecto, con Locke aparecen las primeras ideas sobre el pensamiento político liberal. Según este pensamiento, mientras que para la inmensa mayoría de los tratadistas políticos anteriores la unidad de la sociedad se fundamentaba en la persona del príncipe- o sea, en la persona del rey-, para Locke se fundamenta en la voluntad libre de los ciudadanos. Dicha posición tiene una serie de implicaciones.

*En primer lugar, la unidad de la sociedad es previa a su organización política, es decir, al surgimiento del Estado.

*En segundo, el Estado se fundamenta en la voluntad de los ciudadanos, lo cual significa que el poder reside en el pueblo.

* En tercero, los gobernantes- o sea, el Estado- son responsables ante el pueblo de sus actuaciones. A este respecto, el pueblo conserva siempre el poder y, por tanto, si los gobernantes no cumplen con su deber, puede deponerlos.

9.4. La división de poderes.

Como vemos, el poder político reside en el pueblo y debe ser este el encargado de establecer las condiciones de organización y su ejercicio. A este respecto, Locke postuló la división de poderes y distinguió entre poder legislativo, poder ejecutivo y poder federativo.

*Poder legislativo. Es, por naturaleza, el poder supremo, para Locke. Para él, en cualquier Estado la ley debe constituir el principio de todo orden o, dicho de otro modo, toda sociedad debe organizarse de modo legal.

*Poder ejecutivo. Este poder debe encontrarse subordinado al anterior. Su función esencial consiste en aplicar las leyes que se promulgan a través del poder legislativo y hacer que se cumplan.

*Poder federativo. La función principal de este poder reside en conducir todo lo relacionado con los "asuntos exteriores o internacionales". Consistiría en actuaciones como declarar la guerra o negociar la paz, establecer pactos y alianzas con otros Estados, etc.

Adelantándose a Montesquieu, Locke separa los poderes legislativo y judicial para que el rey esté sometido a las leyes, y otorga mayor importancia al poder legislativo. Además, según Locke, el poder legislativo no debería jamás residir en una única persona, sino en un organismo colegiado. Así, se reduciría el peligro de que se legislara de acuerdo con los intereses particulares. Además, como la tarea de legislar es un tanto difícil, entre varios existen mayores posibilidades de llevarla a cabo con éxito.

Conviene señalar que la división de poderes establecida por Locke no coincide con la que se encuentra vigente en los Estados democráticos actuales pero, sin duda alguna, esta hunde sus raíces en aquella. Hoy en día, se distingue entre poder legislativo, judicial y ejecutivo. En este sentido, lo que Locke designa como "poder federativo" en la actualidad recae dentro de las funciones del poder ejecutivo. Por el contario, lo que hoy constituye el poder judicial, en la distinción de Locke formaría parte del poder ejecutivo, pues para nuestro autor el poder ejecutivo sería el encargado de administrad justicia.

9.5. La tolerancia religiosa.

La Carta sobre la tolerancia de Locke representa una de las primeras reflexiones sobre la tolerancia religiosa. La obra resume los argumentos aportados por los defensores de la libertad religiosa, desde la Reforma de Lutero, en un momento en que ese respeto entre las diferentes confesiones religiosas no era aceptado por todos. Este derecho es uno de los primeros que la modernidad asume. Por ello esa pequeña obra de Locke adquirió una enorme importancia e influencia.

La defensa de la tolerancia es una exigencia en el contexto de las relaciones morales, pero también se inscribe dentro de los principios de la tolerancia política social y civil. La tolerancia debe enmarcarse en el respeto a la libertad individual. Su teoría sobre la tolerancia es una consecuencia lógica de su teoría sobre la naturaleza de la sociedad y el gobierno.

Para Locke, los males que padece la sociedad política no son consecuencia de la división religiosa, sino de la intolerancia de unas personas con las creencias de otras.

La Iglesia y el Estado son dos sociedades distintas. La iglesia es una sociedad libre y voluntaria de personas que tiene por finalidad dar culto público a Dios y a través de él adquirir la vida eterna. Por ello nadie puede ser obligado a entrar o a permanecer en una iglesia determinada. El uso de la fuerza para coaccionar en cuestiones de creencias religiosas no tiene sentido y es absurda e ineficaz, ya que nadie puede configurar sus creencias según el mandato de otras personas.

El Estado se ocupa de los bienes civiles, y el poder de los gobernantes no debe extenderse hasta las cosas que tocan a la salvación de las almas. Una de las condiciones de un gobierno que vele por los intereses de todos los individuos es el principio de la tolerancia.

Locke rechaza las guerras, especialmente las guerras religiosas, que son fruto de la intolerancia. Las comunidades religiosas son sociedades libres y voluntarias y ningún poder puede forzar a abrazar una religión sin consentimiento individual. Defiende, por tanto, la libertad de creencia. Así mismo, rechaza la persecución religiosa, la manipulación de la verdad que debe ampararse en la razón. El Estado puede se intolerante frente a las doctrinas que pongan en peligro las cosas necesarias para la conservación del poder civil.

En el contexto de la lucha por la tolerancia, Locke entiende que la libertad religiosa presupone la secularización del Estado y la política, a la vez que la conveniente diferenciación entre lo civil y lo religioso.

10. Importancia e influencia de Locke.

Locke es importante por haber iniciado el empirismo moderno y haber sido el fundador del liberalismo político.

Su teoría del conocimiento, todavía muy influida por el racionalismo de Descartes, conduce a la idea de que el límite de nuestro conocimiento es la experiencia y que, además nuestro conocimiento sobre el mundo tiene un carácter probable, dada la imposibilidad de llegar a conocer la esencia de las cosas. Estas ideas influyeron decisivamente en Hume, quien las desarrolló y llevó hasta sus más radicales consecuencias, dando lugar a toda una tradición de filosofía (el neopositivismo y la filosofía analítica) vigente en la actualidad, principalmente en los países anglosajones.

Su teoría política revolucionó el panorama del pensamiento político moderno. Sirvió para justificar ideológicamente las revoluciones antiabsolutistas que se produjeron en Inglaterra, Francia y América del Norte durante los siglos XVII y XVIII. A Locke se le puede considerar el padre, no sólo del liberalismo político, sino también de la democracia liberal, ya que, además de defender la primacía de los derechos naturales individuales frente a cualquier poder, también sostuvo, antes que Rousseau, que el pueblo es quien en última instancia ostenta el poder de poner o quitar a los legisladores y gobernantes. Su idea de la división de poderes, desarrollada y perfilada posteriormente por Montesquieu ha llegado hasta nuestros días y constituye una de las piezas básicas de nuestros sistemas políticos.

A Locke se le ha objetado, desde posiciones marxistas, que su liberalismo conduce a un "individualismo posesivo" (Macpherson) que es la ideología política de la burguesía capitalista de la época moderna. Otros, sin embargo, como F. Hayeck, desde posiciones liberales, consideran injustificada esta crítica y señalan que Locke siempre puso límites al derecho de propiedad vinculándolo al trabajo, y que la defensa de la propiedad privada que hace Locke resulta fundamental para evitar las tiranías: si el Estado es el poseedor de los bienes, y no el individuo, entonces su vida y su libertad estarán a merced de la voluntad de los que mandan, porque "si no obedece no comerá".

Su idea de la subordinación de la ley positiva a la ley natural, que hunde sus raíces en Aristóteles y santo Tomás de Aquino, sigue siendo en nuestros días una idea muy influyente. Ha impulsado el movimiento por los derechos humanos, considerados como una concreción de esa ley natural que toda legislación debe acoger y respetar.

Finalmente, la defensa que hace Locke de la tolerancia religiosa (ningún credo religioso debe creerse a la fuerza, pues, entre otras razones, la creencia no sería auténtica), reforzó la idea de la separación Iglesia- Estado. Esta idea es hoy generalmente admitida en las democracias occidentales.

Una colección de pensamientos debe ser una farmacia donde se encuentra remedio a todos los males.

Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés.

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