ROUSSEAU

    “Una marisabidilla es el azote de su marido, de sus hijos, sus amigos, sus criados(…) Fuera de casa es ridícula(…). Todas esas mujeres con grandes talentos nunca infunden respeto sino a los necios.” (Emilio o De la educación)

   “Cuando obra bien, el hombre sólo depende de sí mismo y puede afrontar el juicio público, pero obrando bien, la mujer sólo cumple la mitad de su tarea, y no le importa menos lo que se piensa de ella que lo que en efecto es. De donde se deduce que el sistema de su educación debe ser en este punto contrario a la nuestra: la opinión es la tumba de la virtud entre los hombres, y su trono entre las mujeres. (Emilio o De la educación).

1. Biografía.

Jean- Jacques Rousseau  Jean- Jacques Rousseau nació en Ginebra en 1712 en el seno de una familia con cualidades artísticas: su madre tenía destreza para pintar, cantar, tocar el laúd y escribir versos; su padre, cuyo oficio era el de relojero, fue durante un tiempo profesor de baile; una tía le inculcó la pasión por la música. La madre de Rousseau murió al nacer éste, lo que en su etapa adulta fue vivido por el autor como culpabilidad. Cuando tenía diez años su padre huyó de Ginebra para evitar la acción de la justicia por haber herido a un vecino en una disputa. Rousseau queda bajo la custodia de un tío que lo manda a estudiar con un cura rural, cuya esposa lo trataba como si fuese su hijo.

Su primera experiencia de la injusticia tuvo lugar cuando fue azotado por algo que no había hecho: romper las púas de un peine. Esta vivencia marca un antes y un después en su vida, según él mismo confiesa:

“Allí acabó la paz de mi vida infantil. A partir de ese momento dejé de disfrutar de la pura felicidad, y aún hoy siento que los gratos recuerdos de mi infancia se detienen ahí”.

   Más adelante, entró como aprendiz de un grabador muy bruto que le enseñó a codiciar, mentir y robar.

   La imagen que ofrece de sí mismo Rousseau es el de un continuo doliente y víctima. Pero había situaciones en las que se sentía en paz: cuando estaba en el campo y podía entregarse a la perezosa negligencia, seguir sus impulsos y remar por un lago.

   La naturaleza parecía ser lo único que calmaba el turbulento espíritu de Rousseau. Por el contrario, las relaciones con los humanos eran para él causa de desasosiego. Hume lo describe como alguien decidido a hundirse en la soledad.

   La salud física tampoco le acompañó. Vivía obsesionado con su enfermedad, que él consideraba singular, por lo que recomendaba que le fuese hecha la autopsia después de su muerte para saber más de ella. La enfermedad era la constricción de la uretra, lo que le producía retención de orina, goteo y una hernia que le exigía apretarse el abdomen para vaciar su vejiga.

   Su vida amorosa empieza cuando tiene 16 años y se enamora de Mme. Warnes, que se convierte en su amante. Más tarde tuvo relaciones amorosas con Mme. D´Houdetot. Pero la relación más duradera fue con la lavandera  Thérèse Levasseur a quien conoció a la edad de 32 años y a quien describe como “celosa, estúpida, chismosa y mentirosa”. Tuvo 5 hijos, ninguno de ellos deseado, y los 5 fueron a parar al hospicio. Rousseau, preocupado por la educación, dejó que sus hijos se criasen en el hospicio, argumentando que él era pobre y ellos ilegítimos y, además, que Platón recomendaba que los hijos no conociesen a los padres y fueran criados por el Estado. Por último- prosigue en las justificaciones- a los niños no les gusta la vejez, y él ya era viejo.

   Los últimos años de la vida de Rousseau transcurren entre la pobreza, la soledad y la angustia. Esta situación queda reflejada en su obra “Ensoñaciones de un paseante solitario”. A su muerte, las opiniones a favor y en contra del filósofo se suceden. Madame de la Charrière (Belle von Zuylen) publica en un periódico un artículo titulado:”Todo es moda”, donde critica la “moda” de defender a Rousseau después de su muerte. Madame de Stäel, defensora de Rousseau, ejerció la censura tal como se acostumbraba en la época: compró todos los periódicos en los que aparecía el articulo para que así nadie pudiera leerlo.

2.El ser humano.

   Al comienzo de “Emilio”, Rousseau apunta la siguiente sentencia: “todo es bueno cuando sale de las manos del creador de todas las cosas; todo degenera entre las manos de los hombres”. Esta sentencia significa que Rousseau se pronunciaba a favor de la naturaleza y en contra de la cultura. Según esto, el ser humano es bueno por naturaleza, pero malo porque la sociedad le ha corrompido.

   En consecuencia, Rousseau dirige sus críticas, especialmente contra la cultura y las grandes instituciones, contra las creaciones artificiales y barrocas de la civilización que, según él, pervierten los sentimientos naturales del ser humano. Así pues, a su parecer, el ser humano es bueno por naturaleza, pero degenera en sociedad.

   Otros ilustrados habían insistido en la negatividad y el egoísmo de los sentimientos humanos. Sin embargo, Rousseau rechaza esta opinión. Para él, sucede lo contrario: nuestros sentimientos primarios, nuestros sentimientos naturales no son negativos y egoístas, sino positivos y altruistas. Para nuestro autor, los sentimientos fundamentales del ser humano son el “amor de sí mismo”, la piedad y la benevolencia.

   Rousseau, distinguió entre “amor de sí mismo” y “amor propio”. El amor propio es un producto de la civilización que guarda una estrecha relación con nuestro deseo de acumula riquezas y dominar a los demás. El “amor de sí mismo”, en cambio, se relaciona con el amor a los demás, con los actos de altruismo, con la añoranza de nuestra inocencia, etc.

   Utilizando un lenguaje moderno, podríamos decir que “el amor de sí mismo” consiste en “empatía”, o sea, en una tendencia o capacidad para ponernos en el lugar de los otros. En cambio, el “amor propio” no consistiría más que en la manifestación del egoísmo, o sea, en una atención casi exclusiva a los propios deseos e intereses.

3. Rousseau contra corriente.

   La vida de Rousseau transcurrió en pleno siglo de las luces. Sin embargo, él vivió a contracorriente de las ideas y creencias vigentes en el mismo. Esta actitud quedó patente en diferentes manifestaciones, entre las que cabe señalar las siguientes:

-Primacía de los sentimientos sobre la razón. Mientras que la mayoría de los ilustrados sostenían que la razón debía controlar y encauzar los sentimientos, nuestro autor adoptó una posición contraria, reivindicando la primacía de los sentimientos sobre la razón.
- Significado del progreso. La fe en el progreso    constituyó una idea esencial en la Ilustración.
Sin embargo, cuando casi la totalidad de los ilósofos ilustrados cantaban las excelencias del mismo, Rousseau sostenía que no existía progreso alguno, sino, más bien, un continuo retroceso. Según el, el desarrollo de las artes, de la cultura, de las ciencias, en lugar de contribuir a la mejora de las personas, había contribuido a su perversión porque había despertado los instintos egoístas  y el espíritu calculador de la razón.
En contra de los ilustrados, Rousseau mantenía que la ciencia y la inteligencia no son elementos de progreso y desarrollo, sino que, para él “un hombre que piensa es un animal depravado”..
Con esta frase, Rousseau está minando las propias bases del pensamiento ilustrado, que centraba toda su fuerza en la capacidad liberadora de la razón y la ciencia. Para este autor, sin embargo, son  mucho más importantes en el hombre los sentimientos morales, que la ciencia y el progreso material sólo pueden pervertir. Las mejoras técnicas sólo han ocasionado el aumento de la competitividad y el egoísmo y han llevado al abandono de los buenos sentimientos naturales del hombre y de temas tan sagrados como el patriotismo o la fe. Los ilustrados sólo podían entender estas proclamas como una defensa de la tradición  y de la Iglesia, cosa que evidentemente no era, y por eso no lo comprendieron.

   En el “Discurso sobre las ciencias y las artes” pone de manifiesto que la ciencia, las artes y la filosofía son fruto de la ociosidad de los hombres, y de su deseo de destacar sobre los demás. Son la vanidad, la envidia y la debilidad humanas las que han llevado a esa carrera desenfrenada por el progreso, y han ofrecido la falsa idea de que con ello serían libres, cuando son realmente esclavos de un orden social y político despótico y de unas exigencias sociales cada vez más insaciables: lujo, posición social, vanagloria, etc.

   Si el objetivo de todas las críticas de la ilustración eran la tradición y el Antiguo Régimen, Rousseau sobrepasa este nivel y se adentra en la sociedad en la que está viviendo, y mira más hacia el presente y el futuro que hacia el pasado.

   Lo que está intentando poner en evidencia Rousseau son las contradicciones que se dan en la incipiente sociedad burguesa, cuyos valores no producen, para él, precisamente la mejora del ser humano; por eso su progreso es más aparente que real.

   -Devaluación de la sociedad en beneficio del estado natural. Rousseau sostuvo que la sociedad surgió en virtud de un pacto social, Esta idea había sido mantenida con anterioridad por otros filósofos como Locke y Hobbes. Sin embargo, todos estos coincidían en que dicho tránsito había supuesto un enriquecimiento y una mejora evidente. Es decir, la vida en sociedad era mejor que en el “estado de naturaleza”.

   - Contra el individualismo. El pensamiento ilustrado francés, por influencia de Locke, había defendido la existencia de unos derechos que todo individuo tiene por se humano (derechos naturales), entre los que destacan el derecho a la propiedad y el sentido meramente utilitarista de la sociedad. El valor de la comunidad estriba en que sirva para la protección de esos derechos individuales naturales; no tiene un valor en sí misma, sino como elemento que proporciona seguridad y comodidad a sus miembros, y descansa sólo sobre el egoísmo individual.

    Sin embargo, Rousseau pensaba, por influencia de sus lecturas de Platón, que es la vida en comunidad la que permite que el hombre tenga deseos de protección, ansias de libertad e incluso egoísmo particular. Fuera de la comunidad, el hombre no adquiere las posibilidades de tener sentimientos morales, pues éstos se forman desde la vida social. La sociedad es, por tanto, el factor de moralización más elemental, y no la suma de los intereses privados sino el origen de los mismos. Es en este sentido en el que va a defender posteriormente su idea de la superioridad de la comunidad sobre el individuo. El individualismo no es más natural que las necesidades sociales que levan al hombre a vincularse en comunidades.

   Sin embargo, la sociedad actual se ha organizado en función de estos calores individualistas y ello sólo ha llevado a la desigualdad entre los hombres y a su depravación moral. Esto nos lleva a uno de los núcleos de la filosofía rousseauniana: el concepto de hombre y el Estado de naturaleza.

   - Una vida marginal. A pesar de que se relacionó con la gran intelectualidad y la alta burguesía de su época. Rousseau fue un auténtico marginal, que casi nunca se adaptó a las convenciones sociales. En unas ocasiones fue la propia sociedad la que le marginó a él, por ejemplo, durante su adolescencia, cuando vivió mendigando por diversas regiones de la Saboya francesa e italiana. Sin embargo, en otros casos, fue su carácter misántropo lo que le condujo a la marginación. En este sentido, durante toda su vida conservó una fuerte inclinación a la soledad, una viva simpatía por las clases populares, en especial los campesinos, y una innata aversión por la aristocracia y la alta burguesía.

 4. Los temas rousseaunianos.

   Rousseau escribió diferentes tratados de música y economía, pero sus principales obras versaron sobre política y pedagogía. La primera obra política fue “Discurso sobre las ciencias y las artes”. En ella se planteó el problema de “si las ciencias y las artes habían contribuido a corromper  o mejorar las costumbres”. Según él, el progreso cultural y científico había contribuido a la corrupción de las costumbres y los hábitos de los seres humanos.

   Sin embargo, mal podemos interpretar tal degeneración, si no sabemos cómo era- como debía ser- el genuino ser humano. En este sentido, en el “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” Rousseau intentó mostrar la diferencia que existe entre el ser humano natural y el ser humano social o entre el “hombre” y el “ciudadano”.

   Ahora bien, si el ser humano no es como debe ser, ¿qué cabe hacer? La solución parece clara: educarle, o sea, tratar de cambiar sus costumbres mediante una adecuada educación, y de este interés surgen los temas pedagógicos del “Emilio” o “De la educación”. Por último, si nuestra sociedad, en lugar de contribuir a nuestra perfección y nuestra felicidad, nos corrompe y nos hace desgraciados, habrá que modificar sus estructuras y sus instituciones para que pueda surgir de nuevo el auténtico ser humano, y con esta intención se elabora el “Contrato social”.

El caso Marión.

Al final del libro segundo de "Confesiones" y en el cuarto paseo de "Ensoñaciones de un paseante solitario", Rousseau no sucinta lo ocurrido cuando tenía 16 años y era sirviente en una casa de Turín.

Rousseau había robado una cinta, pero cuando los dueños la echaron en falta y reunieron a la servidumbre, acusó a Marión, otra sirvienta del robo. Los dueños le creyeron a él y, en consecuencia, Marión fue despedida. Esta falta le acompañó toda su vida y constituyó el mayor trauma de su existencia.

Según Rousseau, en los momentos en que Marión era condenada él sentía esa condena sobre sí mismo y sufría como sufría ella. Sin embargo, no se atrevió a hacer lo que su naturaleza-sus sentimientos- le exigían, sino que se dejó vencer por su timidez, su miedo y su vergüenza. O sea, la cultura se impuso sobre la naturaleza. En este sentido, "el ser humano nace sincero y muere mentiroso".

5. Discurso sobre las artes y las ciencias.

   En 1750 la Academia de Dijon premió un trabajo de Rousseau titulado “Discurso sobre las artes y las ciencias”. En este trabajo nuestro autor defendió la tesis de que el progreso de las ciencias y las artes había contribuido a corromper las costumbres.

   Según Rousseau, los seres humanos son libres por naturaleza, pero los gobiernos, de un modo más o menos despótico, los mantiene esclavizados. Ahora bien, para encubrir esta situación, las letras, las ciencias y las artes “extienden sus guirnaldas de flores sobre las cadenas de hierro” y, ahogando el “sentimiento de libertad originaria(…), les hacen amar la esclavitud y forman lo que llaman “pueblos civilizados”. Según esto, la sociedad utiliza las normas de urbanidad para uniformar a los ciudadanos y eliminar los sentimientos y las pasiones naturales. En estas circunstancias, lo artificial sustituye a lo natural, y los preceptos a la libertad. Nadie se atreve a portarse tal y como es, sino que todo el mundo procura adaptarse a los principios prescritos.

6. Discurso sobre el origen de la desigualdad.

   El segundo discurso de Rousseau se titula “Discurso sobre el origen de la desigualdad de los hombres”, y supone una continuidad del anterior. En efecto, si la sociedad- el progreso de las artes y las ciencias-corrompen al ser humano, ¿cómo es el genuino ser humano, o sea, el que aún no está corrupto por la sociedad?

   A esta pregunta respondió en la primera parte de este discurso. Rousseau parte de la hipótesis de que, en un principio, el ser humano vivía en estado de naturaleza. En él, además de poseer un cuerpo sano, robusto y resistente, era feliz deambulando libremente de un lugar a otro, en medio de un hábitat fértil, que le ofrecía cuanto alimentos necesitaba.

   En esta situación, se regía por sus sentimientos naturales, de los cuales los dos más importantes eran el “amor de sí” y la “piedad”. Gracias al primero, se preocupaba por la conservación de su propia vida y, gracias al segundo, sentía conmiseración por sus semejantes y tendía a colaborar con ellos.

   Rousseau, en contra de Hobbes, sostenía que el ser humano en el estado de naturaleza era bueno y vivía feliz. Rodeado de cuanto necesitaba, satisfechas todas sus necesidades y con unos sentimientos positivos, ¿qué motivos podrían empujarle al mal? Si en el estado de naturaleza era bueno y feliz, ¿por qué lo abandonó? Rousseau dicho que esto se debió a la institución- al invento- de la propiedad privada. Para él, dicho acontecimiento poseyó una importancia crucial, ya que señaló el fin del estado de naturaleza y el inicio de la sociedad.

   Con la institución de la propiedad privada surgió la rivalidad económica, y con la  rivalidad, la ambición y la desigualdad social. Las relaciones del ser humano con  la naturaleza fueron sustituidas por el dominio de unos individuos sobre otros y, en consecuencia, comenzó la “guerra de todos contra todos” y para poner fin a tal situación se recurrió a un pacto social.

   Ahora bien, dicho pacto nació viciado, ya que se trataba de un pacto impuesto por los ricos, los cuales, mediante el mismo, añadieron a la desigualdad económica la desigualdad política. Como consecuencia de tales desigualdades, en todas partes reina la injusticia y la opresión. La cultura, las ciencias y las artes contribuyen a sustituir los sentimientos humanos por la razón, y el “amor de sí mismo” por el “amor propio”. Debido a tales transformaciones, el ser humano se vuelve ambicioso: la piedad se transforma en rivalidad, y la libertad y la igualdad naturales son reemplazadas por el poder y la esclavitud social.

   No obstante, Rousseau también indica que la desigualdad y la injusticia no pueden durar para siempre y que el poder político no puede residir, ni en el derecho del más fuerte, ni en un contrato inicuo. Frente al derecho fáctico, es decir, frente al derecho vigente, existe un derecho ideal que pone de relieve que todos los seres humanos son libres e iguales. En consecuencia, dado que el ser humano es bueno por naturaleza, la sociedad injusta y opresora, tarde o temprano, dará paso a este nuevo derecho que garantizará la libertad y la igualdad entre todos los seres humanos.

El_contrato_social7. El contrato social.

   Esta obra comienza donde termina la anterior, a saber, en la necesidad de superar las injusticias sociales. Este problema se plantea al comienzo del “Contrato social”: “El ser humano ha nacido libre y en todas partes está encadenado”. Esta paradoja le sirve a Rousseau para enfocar la cuestión esencial  que es cómo recuperar la libertad.

   Rousseau, en primer lugar, rechaza que el poder político pueda fundamentarse en la fuerza, en el derecho divino de los reyes, en la autoridad patriarcal o en el derecho del amo sobre los esclavos. Tras refutar indica que el único principio posibles es el pacto social.

7.1. La naturaleza del contrato.

   Según Rousseau, cuando los seres humanos llegaron a una situación donde la vida en el estado de naturaleza resultaba imposible, no les quedó más remedio que encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con toda la fuerza común a la persona y a los bienes de cada asociado, y por la cual, uniéndose cada uno a todos, no obedezca, sin embargo, más que a sí mismo, y permanezca tan libre como antes. Se trata de la esencia misma del contrato o pacto social, mediante el cual tuvo lugar el surgimiento de la sociedad y, al mismo tiempo, la instauración del poder político.

   No se trata de que tal pacto haya sido establecido de una manera real y efectiva, es decir, que todos los seres humanos se hayan puesto de acuerdo para rubricarlo. Sin embargo, incluso si tal pacto no ha tenido lugar en ninguna parte- lo cual, dicho sea de paso, es lo más probable-, se encuentra vigente en todas las sociedades, de tal modo que constituye el único fundamento de la vida social y política.

   El contrato o pacto social supone la transformación de la libertad natural del ser humano en libertad social (libertad civil) y la transformación del “hombre” en “ciudadano”.

   Ahora bien, esta transformación solo es posible mediante una correspondencia mutua entre todos los miembros de la sociedad o, como señala el mismo Rousseau, mediante “ la enajenación ( la entrega) total de cada asociado con todos sus derechos a toda la comunidad”. En este caso, todos los individuos se convierten en miembros de la sociedad y las voluntades particulares se integran en la voluntad general.

7.2. La voluntad general.

   Rousseau entiende por voluntad general la voluntad del conjunto de los ciudadanos, unidos en el cuerpo social y político, que tiene como objetivo el interés común. Según su opinión, en este caso, “cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general”.

   Este cuerpo social se compone de tantos miembros como ciudadanos lo constituyen, de tal modo que, cuando estos actúan unidos, es decir, en asamblea, constituyen un “yo” común, una misma voluntad, o sea, una voluntad general. Pues bien, cuando se trata del cuerpo político, este “yo” común o esta voluntad general es el Estado. Por tanto, el Estado ha de regirse por la voluntad general.

   En consecuencia, al aceptar la voluntad general, cada individuo garantiza su propia libertad porque, por una parte obedece a la voluntad que ha contribuido a constituir y, por otra, a su propia voluntad, ya que mediante ella se ha comprometido a aceptar la voluntad general como propia. A este respecto, se ha de tener en cuenta que:

   *La voluntad general se distingue de la voluntad de todos, Para Rousseau, la diferencia entre la voluntad general y la voluntad de todos es esencial. La voluntad de todos tiene un carácter cuantitativo, o sea, consiste en la mera suma de las voluntades individuales y tiende a querer bienes particulares.

   En cambio, la voluntad general posee un carácter cualitativo, es decir, consiste en la unión o coincidencia de intenciones y tiende hacia un fin común. En otras palabras, la voluntad general subordina los bienes particulares al bien común, o sea, al bien de la comunidad, mientras que en el caso de la voluntad de todos el interés común se subordina a los intereses particulares.

  A este respecto, según Rousseau, un grupo pequeño puede encarnar la voluntad general cuando antepone el bien común a su interés particular, Por el contrario, un grupo grande como, por ejemplo, un gran partido político, actúa de acuerdo con su voluntad particular cuando antepone sus propios intereses al bien común, por ejemplo, cuando subordina el bien común al interés del partido.

   * La voluntad general no se equivoca nunca. Esto obedece a que la soberanía o el poder del cuerpo político carece de límites. O, dicho de otro modo, porque la voluntad general del pueblo e soberana, o sea, no puede poseer otros objetivos ni otros programas que los que ella misma se proponga.

   * El gobierno se fundamenta en la ley. En efecto, para Rousseau el gobierno se ejerce bajo el imperio de la ley, la cual es siempre una y la misma para toda la ciudadanía. Ahora bien, ¿quién hace la ley” Rousseau no admite la división de poderes. Según él, la soberanía es indivisible, por tanto, el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial residirán en la voluntad general. En consecuencia, ricamente la voluntad general podrá elaborar la ley. En este sentido, Rousseau hace hincapié en la importancia de elaborar leyes justas, para lo cual sugiere la conveniencia de poder contar con un legislador sabio que oriente e ilumine la voluntad general.

   * La aplicación de la ley se lleva a cabo mediante las autoridades políticas. Sin embargo, las autoridades políticas no poseen autoridad en sí, sino que su autoridad es meramente delegada. Como sabemos, el sujeto de la soberanía o poder político es la voluntad general del “pueblo”. Esta voluntad general decide la forma de gobierno y nombra a los gobernantes.

   Ahora bien, no les concede o transfiere el poder por la sencilla razón de que el poder soberano del pueblo es intransferible. Por tanto, los gobernantes carecen de autoridad: son simples delegados o representantes del pueblo y se limitan a actuar en nombre de este. Esto significa que el pueblo puede deponer a sus representantes cuando lo desee.

7.3. El estado natural y el estado civil.

   Como se ha visto, al comienzo de “El contrato social” Rousseau lanzó esta contundente afirmación: “el ser humano ha nacido libre, y en todas partes está encadenado”. Sin embargo, poco después, en la misma obra, lleva a cabo una exaltación reiterada del estado civil, es decir, de la sociedad, de acuerdo con la cual “la transición del estado natural al estado civil produce en el ser humano un cambio muy notable, sustituyendo en su conducta la justicia al instinto, y dando a sus acciones la moralidad de que carecían en principio”. En esta nueva situación, el deber sustituye al impulso físico, el derecho a los apetitos y la razón a las inclinaciones instintivas.

   O sea, en el capítulo I Rousseau tenía una visión negativa de la sociedad; sin embargo, en el capítulo VIII parece que ha cambiado por completo de opinión. ¿Con qué postura nos quedamos? En el capítulo VIII se encuentra la solución. En efecto, allí se indica que “si los abusos de esta nueva condición no la degradasen a menudo hasta colocarse en una situación peor que aquella en que antes se encontraba, debería bendecir el dichoso instante en que la dejó para siempre y en que de animal estúpido y limitado, se convirtió en un ser inteligente”.

   Por tanto, Rousseau no deja lugar a dudas: una sociedad correcta, una sociedad en la que reine la voluntad general y se anteponga el bien común al bien particular resulta maravillosa. Sin embargo, en nuestras sociedades ocurre, con frecuencia, lo contrario: reina la injusticia y los poderosos vulneran la voluntad general y sacrifican el bien común a sus intereses particulares.

   En conclusión, Rousseau en modo alguno desea la vuelta al estado de naturaleza, cosa, por otra parte, que cree imposible. Su principal objetivo consiste en invertir la situación, o sea, en renovar el pacto social, de tal modo que, en lugar de los intereses particulares de los poderosos, sirva para defender el interés común.

8. Emilio o De la educaciónEmilio o De la educación probablemente es la obra de mayor influencia en la pedagogía moderna, ya que sus ideales fueron recogidos por los grandes pedagogos del siglo XIX-Pestalozzi, Fröbel y Herbart- y transmitidos a las generaciones posteriores.

   Esta obra consta de cinco libros, cada uno dedicado a una etapa de la vida, a saber, la infancia, la niñez, la pubertad, la plenitud de la adolescencia y la juventud. En ella se nos muestra un sistema ideal de educación: Emilio, un joven huérfano, se educa en el campo, alejado de la sociedad, y sin más ayuda que la de un preceptor. Este sistema educativo se diferencia en dos fases diferentes:

   *1ª etapa. Esta fase llega hasta los quince años. Según Rousseau, “la primera educación debe ser puramente negativa”, es decir, se debe evitar al niño toda imposición externa, especialmente los hábitos negativos y los vicios sociales, A estos efectos, su preceptor ni le da consejos, ni le impone deberes, ni siquiera le indica qué es beneficioso y qué perjudicial. El preceptor deja al niño  libertad a fin de que, mediante la experiencia, vaya aprendiendo por sí mismo a diferenciar lo positivo y lo negativo y a resolver los problemas que se le vayan presentando.

   Por otra parte, la actividad intelectual durante esta primera etapa es mínima: nada de libros ni de razonamientos. No obstante, al final de la etapa aparece por primera vez un libro. Curiosamente, se tata de Robinson Crusoe, la obra de Daniel Defoe. En ella el protagonista, perdido en una isla desierta, tiene que ingeniárselas por si mismo para procurarse todo lo que necesita para vivir. ¿Por qué esta obra? Rousseau eligió esta obra porque constituye el tratado más acertado de educación natural.

   *2ª etapa. Esta fase va desde los quince años hasta la entrada en la vida adulta. Esta segunda fase comienza en la adolescencia, período que supone, para Rousseau, un segundo nacimiento. Según él, por el primer nacimiento nacemos a la “existencia”, mientras que por este segundo lo hacemos a la “vida” o al mundo.

   En consecuencia, de la misma manera que en la primera etapa se nos educó para la existencia, ahora se nos educará para la vida. De este modo, la educación de Emilio toma una perspectiva diferente. Si en la etapa anterior se ha procurado que el niño se desarrollara alejado de la sociedad, en la adolescencia el preceptor comienza a instruirle en actividades útiles como el trabajo-que implica el aprendizaje de un oficio-,las tareas intelectuales- que conllevan el ejercicio de la razón-, así como en la conducta moral y en las demás tareas y funciones de la vida.

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