EL CONTRATO SOCIAL Y EL CONTRATO SEXUAL

 Las teorías del contrato social afirman que la sociedad humana se rige por un contrato o pacto entre los individuos. Los defensores de estas teorías no consideran que este pacto haya tenido lugar en un momento histórico, al igual que tienen lugar otros pactos, sino que consideran la sociedad como si realmente hubiese ocurrido ese pacto. Esta teoría surgió en los siglos XVII y XVIII y constituyó una crítica moderna a la autoridad divina. La fe basada en la autoridad divina ya no fundamenta el conocimiento, sino que éste tiene, para bien y para mal, la razón y la experiencia humanas como elementos. De modo similar, la vida política ya no está garantizada por Dios, sino que también para bien y para mal, se funda en un contrato entre humanos.  Todos los autores del contrato establecen la dicotomía entre el estado de naturaleza y el estado de civilización o cultura. La línea divisoria la marca el contrato. Esta ficción del estado de naturaleza estuvo propiciada en gran parte por la experiencia del descubrimiento de América. Los descubridores y quienes les acompañaban polemizaban acerca de la naturaleza de las gentes que acababan de conocer. Para unos eran auténticos humanos no corrompidos por la civilización; mientras que para otros eran unos brutos cercanos a los animales con los que difícilmente se podían tratar.

El contrato social ya había sido formulado en el siglo XVII por los empiristas Hobbes y Locke.

1. Hobbes (1588-1679).
  Vivió la época eufórica e incierta de la revolución científica en cuyo método se basó para el estudio de la sociedad. De origen inglés, viajó por Europa continental, donde conoció a Descartes y Galileo. En Francia escribió su obra más importante Leviatán. En ella utiliza para el conocimiento de la vida social el mismo método que Galileo estaba usando para el conocimiento de la naturaleza. Así, el método constaría de dos pasos: descubrir las partes mínimas del objeto (las causas) y descubrir cómo a partir de las causas se genera algo.

  En la vida social las partes mínimas son las pasiones: el amor y el odio. Todos somos iguales ya que tenemos las mismas pasiones. Como todos somos iguales, todos deseamos o amamos las mismas cosas y, al no haber suficientes, luchamos unos contra otros por ellas. De ahí la frase más famosa de Hobbes: "El hombre es un lobo para el hombre". Tal es el estado de naturaleza, en el que no hay normas, ni leyes, ni poder; todo se rige por la exteriorización de las pasiones.

  Esta situación es de libertad, pero también de inseguridad. Para salir de ella, es necesario el contrato social, mediante el que dejamos de ser libres, pero habitamos un mundo más seguro. Damos toda nuestra libertad a un poder absoluto que nos garantice nuestra seguridad. En el estado de naturaleza no existe la familia, sólo la relación entre madre e hijo. La madre puede ser la biológica o alguien que decide criar a la criatura. Aquí tenemos un primer problema de la definición general de Hobbes del "hombre como lobo para el hombre", pues si tal cosa fuese siempre así, no habría crianza, dado que ésta siempre supone un compromiso y múltiples sacrificios: un ocuparse de los otros antes que de uno mismo; de manera que en el estado de naturaleza existe también lo que podríamos llamar un estado de contrato no explícito: el de la crianza. Por lo tanto, si existe ésta, la afirmación de Hobbes no incluiría a quienes deciden criar. Cuando una criatura nace, dice Hobbes, la madre puede criarlo o abandonarlo para que lo críe otro, luego quien cría, durante el tiempo de cuidado de la criatura, necesariamente tendría que suspender esa tendencia egoísta, ha de dejar de ser "lobo", al menos para quienes dependen de él para vivir, cosa que Hobbes no advierte.

  Según Hobbes, la familia como tal comienza a existir después del pacto o contrato social y la autoridad en ella, en principio, corresponde tanto al padre como a la madre, pero como es imposible obedecer a dos amos, el soberano la hace recaer en el padre. En el estado de civilización el individuo conserva la libertad en la familia; pues puede decidir con quién casarse, dónde vivir, qué comer, cómo tratar a sus hijos, etc.

  Mary Astell responde a Hobbes que precisamente es en el ámbito familiar de la casa donde las mujeres no tienen ni seguridad, ni libertad; pues aunque el marido puede ser castigado si mata a la esposa, nada le ocurre si la priva de toda libertad.

2. Locke (1632-1704).

  Usa los mismos conceptos que hobbes, pero con significado diferente: el estado de naturaleza no es un estado de lucha, sino de derecho natural: a la vida, a la libertad y a la propiedad basada en el trabajo. Los humanos tienen una moderación natural. La primera sociedad constituida en el estado natural es la conyugal. De ella surgió la comunidad entre padres e hijos, amos y siervos. El estado de civilización no es un vuelco del estado natural, tal como enseñaba Hobbes, sino un perfeccionamiento necesario, debido a que el estado natural tiene excepciones; pues, aunque pocos, hay quienes no respetan los derechos naturales y entonces es necesario contar con un juez imparcial para los casos de litigio. Y en el caso de que no se respeten las decisiones acordadas por el juez, disponer de una fuerza que obligue a acatarlas.

  El gobernante no es el soberano, ya que la soberanía reside en el pueblo. El poder ha de estar dividido para evitar abusos: legislativo, ejecutivo (que incluye el judicial) y federal (declarar la guerra, concertar la paz y establecer alianzas con otras comunidades). A Locke, la idea del monarca absoluto le parece una contradicción, pues al no estar limitado su poder, se le permite vivir en estado de naturaleza.

  En su análisis de las teorías del contrato social la filósofa Carole Pateman manifiesta que estas teorías, aunque en principio pueda parecer neutrales (esto es, formuladas para toda la humanidad tanto para varones como mujeres), quienes pactan son sólo algunos varones, no todos; pero todas las mujeres están excluidas del pacto. Por ello, Pateman sostiene que el contrato social lleva implícito un contrato sexual, una especie de pacto no explícito mediante el cual los varones (bien es cierto que sólo quienes sean propietarios) pactan excluir a las mujeres de ese contrato, de manera que....

...las mujeres no son una parte de ese contrato originario a través del cual los hombres transforman su libertad natural en la seguridad de la libertad civil. Las mujeres son el objeto del contrato (...).Pero si las mujeres no toman parte en el contrato original, si no pueden tomar parte, ¿por qué los teóricos clásicos del contrato (con excepción de Hobbes) hacen del matrimonio y del contrato matrimonial parte de la condición natural? ¿Cómo puede suponerse, sin embargo, que seres que carecen de capacidad para realizar contratos siempre lleven a cabo este contrato?

  Rousseau sigue con el esquema de la división entre estado de naturaleza y estado de civilización, pero invirtiendo los términos de Hobbes. Las artes y las ciencias nos llevan a una vida de disimulo, de artificio, de mera apariencia. Mejor es la vida en estado de naturaleza en la ue no había ni instituciones, ni leyes, ni bienes, ni ambición, ni egoísmo, un estado en el que el individuo es bueno. La propiedad nos empuja a abandonar la "buena" vida natural para establecernos la "mala" civilizada. Así es cuando un individuo "tras cercar una porción de tierra, tuvo la ocurrencia de decir esto es mío y tropezó con gente lo suficientemente obtusa como para hacerle caso". La propiedad privada es el origen de todos los males sociales; no los clérigos y tiranos como pensaban el resto de los ilustrados.

  En opinión de Rousseau, los individuos somos una mezcla de sentimiento y razón. En el caso de los varones, la educación debe fomentar ese sentimiento natural para llegar a la sabiduría y la bondad; en el caso de las mujeres la educación debe reprimir los sentimientos naturales para que florezcan los de los varones. Las niñas han de ser orientadas hacia la función de buenas esposas y madres, puesto que....

...el mejor antídoto contra la degradación moral es el atractivo de la vida doméstica (...).Cuando la familia es viva y animada los quehaceres domésticos resultan lo más querido para la mujer y el más delicioso entretenimiento para el marido.

La civilización debe promover una vida natural para los varones y esto hace necesario que las mujeres no se desarrollen más que para la vida doméstica. Así:

  La mujer está hecha especialmente para agradar al hombre; si el hombre debe agradarle a su vez, es una necesidad menos directa; su mérito está en su potencia, agrada por el sólo hecho de ser fuerte. Convengo que no es ésta la ley del amor, pero es la de la naturaleza, anterior al amor mismo.

  El varón necesita ser educado en la libertad para después poder ejercerla, mientras que la mujer, al no tener derecho a la vida política, según Rousseau, sino obligación de la vida doméstica, necesita ser adiestrada en la obediencia y la paciencia. La naturaleza de las mujeres y la de los varones es diferente. Los varones han de desarrollar la suya en la política, mientras que las mujeres en la casa.

  Estos varones son los sujetos del contrato social mediante el cual cada individuo varón cede su poder natural a favor de la comunidad. La soberanía, reside en la Asamblea, que es la expresión de la voluntad general, la cual no es igual a la voluntad de todos, sino de todos aquellos que desean lo mejor; son quienes están informados, educados y votan libremente y de modo directo, no por delegación en representantes. Mediante la voluntad general se sale de la corrupción y puede recuperarse parte de esas bondades naturales perdidas en el curso del desarrollo de la civilización: se recupera el varón bueno y libre.

  Rousseau es el teórico de la democracia radical y, aunque parezca contradictorio, de la exclusión de las mujeres de esa democracia. La democracia y la libertad es asunto de la política, y ésta compete a los varones; la sumisión es asunto de la vida doméstica y ésta compete a las mujeres.

  La familia y la exigencia de obediencia de las mujeres a los varones tienen lugar en el tránsito desde el estado de naturaleza al social, en el llamado estado "presocial". Este pacto de sujeción que Rousseau no admite entre varones, lo admite entre un varón y una mujer. Así, tal como dice Rosa Cobo, "la mujer-dependiente y subordinada- está definida desde el estado presocial, mientras que el varón-libre e igual- está definido desde el estado de naturaleza. Cada sexo posee una naturaleza y cada naturaleza sirve de soporte respectivo a los dos espacios que forman el modelo político anhelado por Rousseau".

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.

Sir Francis Bacon (1561-1626) Filósofo y estadista británico.

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