KANT Y OTROS FILÓSOFOS.

 Para esta pregunta existen varias posibilidades: La primera es hacer una comparación en el tema del estado de naturaleza y el contrato social. Para hacerla desde esta temática te presento ideas sobre dicho tema de Hobbes, de Rousseau, del propio Kant y de una filó-sofa del siglo XX llamada Carol Pateman.
 No se trata de estudiar todo, sino de seleccionar la información que te apetezca de forma que puedes comparar  a Kant sólo con Hobbes, o sólo con Rousseau, o sólo con Carol Pateman, o un poco con todos. Recuerda que la decisión es tuya.
 Otra posibilidad es hacer la comparación desde la teoría de conocimiento. Para ello puedes comparar a Kant con Hume y con Descartes, fundamentalmente.
Tienes a continuación material para ambas posibilidades.
1. ESTADO DE NATURALEZA Y CONTRATO SOCIAL.
 Muchos filósofos y filósofas clásicos y actuales, se han preguntado cómo seríamos las personas en este planeta hace mucho tiempo, cuando aún no vivíamos en ciudades ni se habían formado los Estados, naciones ni países, cuando no había sometimiento a un monarca o presidente, ni leyes, constituciones, normas escritas, obligaciones, deberes morales, educación, industria, propiedad privada, relaciones sociales, etc. En definitiva, se preguntaron cómo era el género humano  cuando, en épocas muy remotas, vivía en estado libre y semisalvaje, es decir, en estado de naturaleza.
 Responder a esta pregunta significa que, siendo buenos observadores del género humano y, sobre todo, analizando el desarrollo histórico, tecno-científico y moral de nuestro planeta, lanzamos una hipótesis para responder a cuestiones como las siguientes:

 ¿Cómo éramos y vivíamos en estado de naturaleza?

 ¿Qué nos llevó a los humanos a formar un Estado?

 ¿Qué nos llevó a abandonar nuestra libertad natural, nuestro derecho a hacer lo que nos plazca, para someternos a la coacción de un gobierno o las leyes de un monarca?
 En definitiva, se trata de responder a la pregunta por el paso del (hipotético) estado de naturaleza al estado civil (social, ciudadano) en el que se encuentran hoy prácticamente todos los pueblos del mundo.
Para que sea posible el paso del estado de naturaleza al estado social, se hace necesario un contrato social, un pacto; o bien entre dos partes (por ejemplo, entre quien va a go-bernar y quienes van a ser súbditos); o bien entre cada ser libre con la comunidad entera, uniendo voluntades (por ejemplo, cuando nos comprometemos todas las personas por igual a cumplir ciertas normas); o bien entre individuos, etc
Si una persona o grupo de personas somete y se impone a otras por la fuerza, no se considerará que ha mediado un acuerdo o contrato social, sino que se ha impuesto la fuerza bruta (Kant, Rousseau, Pateman, etc). De este poder impuesto  sobre los demás por la fuerza- sin diálogo o negociación previa no podrá salir jamás ningún atisbo de justicia ni de Derecho. Seguiremos siendo amos o esclavos de nuestra propia barbarie.
Veamos algunas teorías sobre el paso del estado natural al estado social mediante un contrato.
    A. El contrato social según Hobbes.
 Thomas Hobbes (1588-1679), en su obra”Leviatán”, observó que la mayoría de las personas desconfiamos de los demás, usamos cerrojos, armas, candados, somos egoístas e individualistas, todo lo hacemos de forma interesada y esperando recompensas o que nos devuelvan el favor.
 Hobbes observó, ya en el siglo XVII, que siempre que firmamos un contrato de cualquier tipo que sea (asegurar la moto, matricularse en el instituto...), hay cláusulas restrictivas que nos obligan a cumplir con lo que hemos firmado. De lo contrario, tendremos problemas, enfrentamientos, requerimientos, apercibimientos de expulsión, multas, sanciones o cárcel.
 Hobbes consideró que, desde luego, las personas no tendemos a ser sociales ni a comportarnos amistosamente como afirma Aristóteles, y que sólo cumplimos lo pactado si nos obligan.
 Consideró que, si así parecían ser las cosas a su alrededor, en un supuesto estado de naturaleza tuvieron  que ser mucho peores; y de la propia observación de su entorno extrajo la siguiente conclusión: homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre). El hombre es un ser belicoso y antisocial, egoísta y solitario. Nuestra antisociabilidad natural y desconfianza mutua es tal, que el Estado, el Gobierno Autónomo, el Ayuntamiento, todo el mundo, nos tiene- y se tiene- que obligar a cumplir con las leyes, bajo la pena de multas o cárcel. Hobbes lo expresaba diciendo:” Los contratos, sin la espada, son sólo palabras”.
 Ante esta perspectiva, Hobbes construyó una hipótesis según la cual el estado de naturaleza debió ser una especie de guerra continua de todos contra todos, una guerra en la que el hombre sólo se regía por dos principios básicos:

    - Principio de autoconservación: el afán por permanecer vivo y no morir a manos de sus propios semejantes.
    - Instinto natural: el afán por satisfacer todas sus apetencias y deseos.

 En esta situación caótica, cada hombre se convierte en una amenaza para los demás y, entre ellos, se enfrentan y disputan por tres motivos principales: la competición para lograr tener más cosas que nadie, la inseguridad que genera el desorden violento que le rodea y el deseo de gloria, es decir, de dominar a los demás por la fuerza bruta y ser admirado por ello, ya que en estado de naturaleza aún no existen leyes que prohíban matar, robar, esclavizar, etc, ni un gobierno que nos obligue a cumplirlas.
 Si el estado de naturaleza fue un caos de este tipo, Hobbes supuso que llegó el momento en que la situación, ya insostenible, forzó al hombre a establecer un gobierno que lo protegiera de su propia violencia. Al parecer, lo hizo impulsado por dos motivos principales: el miedo a perder la vida y la esperanza de lograr un estado mejor, más pacífico y seguro, un estado civil.
 Para Hobbes, la justicia y  el orden social sólo son posibles si hay leyes que emanan de la autoridad de un solo hombre (que pasa a ser el soberano), sobre el resto (que pasan a ser los súbditos). El derecho que teníamos en estado de naturaleza a hacer lo que ordenara nuestra libertad ciega, se va aplacando de una forma artificial (pues lo natural, si nadie nos lo prohíbe, es hacer lo que nos plazca). Nuestra agresividad natural, nuestra violencia diaria, nuestra tendencia a la discusión, se tiene que ir amoldando a unas leyes que obedecer, a unos deberes que hay que cumplir, a unos preceptos que respetar.
 Por ello, el pacto social es artificial, pues el hombre es, por naturaleza, antisocial y solitario. Si firma el pacto es porque no le queda más remedio si quiere conservar la vida y establecer la propiedad privada, entre otras leyes, para asegurar sus bienes.
 Si hacemos caso a Hobbes, que se nos tenga que obligar a cumplir esas leyes implica que nuestra desconfiada y antisocial naturaleza sigue estando latente aún creados los Estados y las leyes, y que Hobbes considera  que nuestro desarrollo moral, a lo largo de la historia, no ha sido posible porque la moral no tiene nada que ver con nuestra forma natural de ser, algo que no cambia ni el Estado. No es de extrañar que a Hobbes le apasionara la monarquía absoluta, pues sólo un gobierno absolutista garantiza una paz que no está en nuestra indomable naturaleza humana. Una paz que es igual de artificial y hueca donde quiera que se encuentre.
 Muy al contrario, para Aristóteles la finalidad del ser humano es vivir en compañía de los demás, tener casa, familia y colegas: ser sociables. El Estado (la casa, la tribu, la aldea, la polis) nace para satisfacer la necesidad humana de vivir en compañía, para que podamos cumplir con nuestra areté como personas y para deleitar nuestra naturaleza sociable y comunicativa. El Estado nace para lograr que viviendo en sociedad demos lo mejor que llevamos dentro, sólo hay que practicar y habituarse. Desde que hubo perso-nas- pensó Aristóteles- debió haber unión, tendencia a la amistad, cumplir con los acuerdos y aspirar a una patria independiente.
    B. El contrato social según Rousseau.
 En su “Discurso sobre las Artes y las Ciencias” (1750), Rousseau se muestra abierta-mente contrario al optimismo de su época sobre el progreso. El avance técnico y material es visible, pero no el progreso moral humano. El estado, desde luego, no ha hecho a los humanos más felices, más libres ni menos malos.
 En estado de naturaleza, pensaba Rousseau, los seres humanos eran potencialmente ra-cionales pero hacían escaso uso de la razón, pues aún vivían en un estado semisalvaje. Aún no existía la moralidad, la educación, ni la capacidad de hablar. Éramos amorales, es decir, ni buenos ni malos. No había entre las personas otras diferencias que no fueran las biológicas (edad, sexo, altura...) Supone Rousseau que fue una época feliz de la humanidad, en la que vivíamos, según su hipótesis, en pequeñas comunidades familiares guiándonos por la solidaridad y la costumbre.
 El desarrollo de la agricultura y la minería hizo aparece la riqueza, más para unos que para otros y, con ello, para salvaguardar cada cual lo suyo, aparece también la propiedad privada. Será con esta última con la que se inicie la desigualdad entre los hombres, pues quienes menos tenían terminaron siendo siervos y esclavos de los más ricos. La esclavi-tud es la mayor desigualdad que se generó desde las sociedades más primitivas, y ya no será considerada como algo natural (Aristóteles), sino como un producto social que termina alienando a las personas.
 Pero, por naturaleza, el ser humano es bondadoso, tiende al bien y a ser solidario. Si unimos todas nuestras voluntades surge una voluntad común, una voluntad, general que, igualmente, tenderá al bienestar de la comunidad. Nuestra tendencia al bien y nuestra naturaleza solidaria nos permiten armonizar cada voluntad particular con la voluntad general. Si así ocurriera, en vez de un orden social y un gobierno establecido  por la fuerza que nos obliga a cumplir sus leyes (Hobbes), lograríamos un orden social en que las leyes nos las damos todas las personas en igualdad y libertad. De la fuerza bruta no puede salir ningún tipo de justicia, sólo de un pacto entre toda la comunidad cuya  voluntad general es el fundamento del poder político. En vez de hablar sobre el gobierno, Rousseau prefiere hablar de comunidad civil de seres libres e iguales.
    C. El contrato social según Kant.
 El estado de naturaleza, también para Kant, es el estado en que (hipotéticamente) se encontraba el hombre antes de constituir el estado civil. Según su hipótesis, podría haber sido un estado de degradación donde primaba el ejercicio de la fuerza bruta. Era un estado de “libertad salvaje y sin ley” (“Metafísica de las Costumbres”). En estado de naturaleza el hombre vive bajo la amenaza de la violencia porque cada uno hace lo que le place o lo que le manda su instinto; estamos juntos y enfrentados, sin leyes ni poder instituido que las respalde.
 Para salir de esta situación y lograr la paz se hace necesario convertirla  en un objetivo por el que hay que trabajar cada día-también hoy-. Por tanto, salir del estado de naturaleza y someterse a las leyes respaldadas por un  poder en el estado civil es una obligación, un deber moral. Probablemente fuera esa la primera obligación moral que nos propusimos las personas: salir del estado de naturaleza y buscar paz y justicia. Intentar construir una constitución perfecta cuyas leyes debieran armonizar con la voluntad unida del pueblo. Así, Kant, como Aristóteles o Platón, considerará que ética y política son dos mundos inseparables que requieren también del derecho para su pleno desarrollo.

 El estado social incluye:
     1. El establecimiento de leyes coactivas.
     2. El  poder del Estado para obligar al cumplimiento de las mismas, pues la paz sólo es posible en el estado civil, nunca en un estado de naturaleza.
 El derecho en Kant tiene un objetivo muy claro: hacer compatibles las libertades de to-das las personas (colibertad); es decir, una vez creado el Estado mediante un contrato social, empiezan a surgir leyes que debieran ir regulando la vida social de la forma más justa posible, garantizando la libertad de todos. El soberano debería legislar- sería lo idóneo- de acuerdo con la voluntad unida del pueblo. A su vez cada persona debería actuar según las leyes morales que ella misma se dé. El ideal sería que legalidad y mora-lidad estuvieran unidas.
 Hace dos siglos (ya casi tres), Kant pensaba que sólo debíamos obedecer aquellas leyes que hemos aceptado previamente. Si les hemos dado nuestro consentimiento porque nos parecen justas, entonces esas leyes nos permitirán ser libres. Ya no será una libertad ciega y semisalvaje, como la del estado de naturaleza, sino una libertad jurídica, conforme a las normas que hemos aceptado libremente. Es por eso que el Estado tiene que garantizar el cumplimiento del Derecho y debería someter sus leyes a la opinión pública, para que el pueblo las conozca y juzgue si le parecen o no idóneas.
    D. El contrato social según Carol Pateman.
 Decíamos más arriba que del ejercicio de la fuerza bruta no puede emanar ninguna ley justa (Kant, Rousseau,etc). Igualmente ocurre cuando el contrato social se establece entre una sola parte consigo misma, sin contar con la otra (por ejemplo, entre todos los hombres, excluyendo a las mujeres). Según esta última teoría formulada por Carol Pateman (profesora de Filosofía de la Universidad de Sydney, Australia), el origen de la discriminación sexual que ha habido históricamente en casi todas las culturas, se explicaría desde hace milenios por la imposición de un pacto entre los hombres, que se empiezan a tratar como hermanos libres e iguales (pacto de fraternidad) para salir de la barbarie.
 Este pacto, al excluir a las mujeres por el hecho de serlo, las está discriminando por su sexo, que es algo biológico y no social. Si partimos de que una simple cuestión biológica (el sexo de nacimiento) está determinando nuestros derechos como seres libres e iguales, entonces se tratará de un contrato sexual.
 Este pacto sexual presupone que el espacio público, aquel donde las personas desarrollamos nuestros derechos y deberes ciudadanos, nuestro trabajo remunerado, etc.- el estado social, en suma pasa a ser un ámbito exclusivamente de hombres libres. La mujer queda poco a poco relegada al ámbito de lo privado, al mundo doméstico (la casa, la familia, los hijos, la ausencia de derechos, etc) Este proceso se fue realizando durante mucho tiempo, hasta que se terminó aceptando como algo “natural” cuando, realmente, fue impuesto por la práctica social diaria y por las normas, pactos y leyes que favorecían la discriminación.
 Recuerda que, para Aristóteles, la polis era el lugar del hombre libre. La mujer y el esclavo, al ser excluidos de la polis, se quedan sin voz, sin voto y sin representación política. Tienen deberes y obligaciones domésticas, pero no tienen derechos de ciudadanía. Las labores domésticas de mujeres y esclavos eran entonces las más desdeñosas, las menos nobles. No eran seres libres, ni podían votar, ni participar en los asuntos de la polis, ni en las asambleas de una Atenas con más de 400.000 habitantes y sólo 20.000 hombres libres.
 Mucho tiempo antes de que naciera Aristóteles, en el viejo imperio medio-asirio surgían las primeras legislaciones importantes de la historia de nuestro planeta. Igual que hoy en día se impone llevar un velo o un burka a las mujeres en algunos países integristas, en las viejas leyes medio-asirias ya se imponía el velo para las mujeres casadas y sus hijas. El velo era indicativo de que estas mujeres eran “intocables” porque el matrimonio con un hombre las hacía respetables. Por sí mismas no eran seres respetables ni tenían derechos de ningún tipo. La imposición del velo a las mujeres en las viejas leyes medo-asirias eran un elemento diferenciador (jerarquizador), según el status social que adquirían gracias al matrimonio.
 No es de extrañar que tanto tiempo después, ya en época de Aristóteles o Platón, el contrato sexual impuesto desde hacía siglos estuviera en pleno apogeo, pues ya había convertido un simple hecho biológico (nacer hombre o mujer) en una cuestión legal que determinaba que alguien pudiera estudiar, tener un empleo, votar en las elecciones, o ser aceptado.
 Ni siquiera los grandes legisladores atenienses (Solón, Pericles, etc), ni los líderes más revolucionarios (Napoleón) se percataron de esta situación de injusticia.
 A su vez, el estado social, tal como lo hemos estudiado en todos los autores, se fue alejando de su propósito original (lograr la paz, la justicia o la moral) convirtiéndose en una fuente de esclavitud, desigualdad, xenofobia y guerra.
 Incluso Kant cometió el error de excluir del voto a las mujeres y a los asalariados. Ello evidencia el enorme esfuerzo que nos cuesta a las personas- hombres y mujeres desprendernos de los estereotipos sociales, de los prejuicios, de las falsas creencias y de la ignorancia, pues es evidente que aquellos filósofos y legisladores, a pesar de su talla intelectual, llegaron a considerar que la libertad, la igualdad y la ciudadanía dependían del sexo de las personas (que es algo biológico, y no cultural) o de nuestro grado de riqueza. Desprendernos de estas falsas creencias, como nos enseña Platón, significa huir del conocimiento dóxico y aparente de las cosas, romper las cadenas de nuestra propia ignorancia y aprender a llegar al fondo de las cosas. Intentar ver lo esencial y no fiarnos de las apariencias cotidianas.
 Otros filósofos del pasado no tuvieron estos prejuicios, como Condorcet, a pesar de que en plena época revolucionaria francesa, Olimpia de Gouges fue guillotinada por escribir una Declaración sobre los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.
 También John Stuart Mill y Harriet Taylor escribieron sobre la igualdad en el siglo XIX.Mill pidió abiertamente el voto para las mujeres en 1869.
 Hoy en día es muy amplia la legislación que expresa y regula la igualdad de derechos y oportunidades entre todos los habitantes del planeta, sin discriminarlos por su sexo, etnia, creencias, edad o grado de riqueza (Constitución Española, Estatuto de Autonomía de Canarias, Planes NOW de la Unión Europea, Declaración de los Derechos Humanos…
2. LA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO.
 Una posibilidad es establecer relaciones entre Kant, Descartes y Hume en base al origen del conocimiento. Ya sabes que Descartes defiende el conocimiento racional (todo em-pieza y termina en la razón) frente a los sentidos o la experiencia que según él, no son fiables; sin embargo, Hume defiende una postura empirista donde todo nuestro conoci-miento proviene de la experiencia, de los sentidos. Todo lo que existe en nuestra mente son impresiones y las ideas son sólo el resultado de la manipulación que nuestra mente hace con las percepciones. Una idea es verdadera si corresponde con una impresión, de lo contrario será una ficción; y Kant elabora una concepción síntesis de racionalismo y empirismo Dice que todo conocimiento comienza con la experiencia, pero no todo él procede de la experiencia porque la mente del sujeto es activa aplicando sus funciones a lo dado por la experiencia.
 Con estos autores también puedes afrontar una comparativa desde el concepto de “ideas innatas”.Respecto a ello, Descartes piensa que el conocimiento es un proceso deductivo similar al de los matemáticos, cuyo punto de partida son las ideas innatas, a partir de las cuales y sin ayuda de la experiencia es posible demostrar la existencia de Dios, de un alma inmortal y un mundo cuya esencia es la extensión.
 Hume por su parte niega la existencia de las ideas innatas, por lo que la relación causa-efecto ( en la que se basa la demostración de la existencia de Dios, un alma o un mundo exterior a nuestra mente) no es a priori sino a posteriori pues por más que pensemos en una causa es imposible prever cuáles serán sus efectos.
 Y puesto que el principio de causalidad carece de valor, lo mismo ocurre con las demostraciones que se basaban en dicho principio. Kant dirá que no existen las ideas innatas pero que las reglas de funcionamiento de la mente son innatas, anteriores a la experiencia.
3. LA ÉTICA.
 Recuerda que Kant  hace una crítica a las éticas anteriores por considerarlas materiales y heterónomas, frente a su propuesta que es el formalismo kantiano, la ética formal y autónoma.
Para enfocar esta pregunta desde dicho punto de vista puedes ayudarte del material de 1º de bachillerato e, incluso, del tema de Kant de 2º de bachillerato.
4. EL PACIFISMO JURÍDICO.
 La filosofía no siempre ha creído en la posibilidad de la paz. A principios del siglo XVII mientras los humanistas como Erasmo planteaban los primeros desarrollos pacifistas del Renacimiento, otros autores como Maquiavelo preferían escribir sobre las estrategias militares idóneas para que los príncipes ganaran una guerra. Prácticamente hasta el siglo XVIII muchos fueron seguidores de las teorías sobre una guerra justa, Estas teorías no eran propiamente pacifistas, como la de Kant, pues solo aspiraban a poner límites a los motivos para hincar la guerra. Era más una forma de justificar los conflictos para seguir guerreando.
 La religión fue, y sigue siendo a veces, uno de esos flacos intereses que supuestamente son más importantes para un pueblo, a lo largo de la historia (la guerra de los Treinta Años entre católicos y protestantes; o el conflicto entre palestinos e israelíes….por ejemplo). Morir, guerrear y matar por motivos religiosos llegó a ser la  tónica europea durante siglos, sobre todo cuando el absolutismo se amparaba en la religión, con la ayuda de ésta, para seguir ejerciendo su poder imperialista.
 Tanto Kant como Saint- Pierre y Rousseau, estaban convencidos de que el derecho y la justicia jamás podrían surgir por imposición de la fuerza bruta de unas personas sobre otras, por ello rechazaban las teorías sobre la guerra justa y apostaron por el Pacifismo jurídico, es decir, intentaron demostrar que no hay guerra justa o razonable, sino que lo único razonable es erradicar para siempre la violencia. El ideal pacifista de estos autores les lleva a reflexionar cuáles son las condiciones necesarias para lograr una paz duradera entre los pueblos.
 Saint- Pierre escribe “Proyecto de tratado de paz para hacer posible la paz perpetua entre los estados cristianos”. Pretende en ella ofrecer fórmulas para que sea posible la paz duradera entre los príncipes cristianos de Europa mediada una liga o federación que los aglutine a todos. Este proyecto no abarca todo el problema porque sólo favorecía a las grandes dinastías monárquicas europeas.
Además sostenía que los ejércitos tendrían que seguir existiendo, muy al contrario que Kant, que veía en la progresiva desaparición de los ejércitos una garantía de la paz.
Para Rousseau la guerra se da entre Estados y no se daba entre los individuos hace miles de años, cuando aún no había no gobiernos ni gobernantes ni leyes, cuando aún éramos amorales y pacíficos. Prefiere hablar de una Europa de los pueblos. Desconfía de los príncipes a los que cree guiados por la ambición y el poder. Viendo su tendencia hacia el despotismo no cree en la federación de los monarcas. Él espera más de la voluntad general de los pueblos que de sus príncipes. Confía más en los ciudadanos libres que en sus gobernantes.

                                                                                                                                                                                                    VOLVER

La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. la ciencia no es nada más que un valor entre otros.

Autor: Edmund Husserl

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