EL MUNDO ROMANO

0. Introducción.

El mundo romano, desde su fundación hasta su caída en Occidente, perduró durante trece siglos: es una creación de gran importancia para la historia de Occidente. Es en el mundo romano donde se produce la confluencia entre el mundo filosófico y el mundo religioso.

1. Contexto histórico.

Con la hegemonía del Imperio Romano, el centro cultural y, por tanto, también el filosófico, se desplazó hacia Occidente, y los filósofos más emblemáticos de la Grecia helenística se trasladaron hacia el oeste del Mediterráneo.

COLISEUM1.1.    De la Ciudad Estado al Imperio.

La leyenda y la tradición sitúan el origen de Roma en el año 735 a.n.e., cuando ésta era una aldea formada por pueblos de pastores, entre los que destacan los etruscos, los sabinos, los samnitas y los latinos.

Durante el siglo VI a.n.e., los etruscos transformaron esta aldea en una auténtica ciudad. Poco a poco, ésta fue convirtiéndose en una ciudad Estado independiente y pasó a ser una importante población.

En el transcurso de los siglos V, IV y III a.n.e., Roma dejó de ser una ciudad Estado para constituirse en un fuerte estado y, más tarde, en un poderoso Imperio. Tras largos años de lucha con Cartago, su principal rival, se convirtió en la potencia más importante del Mediterráneo.

Con la consolidación de las estructuras políticas, se inició la etapa de expansión del Imperio Romano, que alcanzó su máxima expresión en el siglo II a.n.e., cuando ocupó todas las tierras que rodeaban el Mediterráneo, al que llamaron “Mare Nostrum” tras conseguir su dominio absoluto. Los pueblos que las habitaban fueron romanizados y adoptaron las formas de vida de sus colonizadores.

Formas de gobierno y periodización.

En la historia de Roa distinguimos tres grandes períodos: la Monarquía, la República y el Imperio.

* La Monarquía etrusca comprende desde la fundación de Roma hasta el año 510 a.n.e., cuando miembros de la aristocracia romana destronaron al último rey etrusco e instauraron la nueva forma de poder, la República.

*Con la República se dio plenos poderes al Senado, institución formada por miembros de las principales familias romanas. Entre mediados del siglo II y el I a.n.e., se alternaron cortos períodos de paz y de enfrentamientos, tanto externos (conquista de nuevos territorios) como internos (guerras civiles y revueltas sociales).

*La crisis de la República tuvo lugar en el año 30 a.n.e. y dio paso en el 27 a.n.e. al Imperio, en el que el emperador tenía el poder absoluto. Dividido en Alto Imperio (hasta el siglo III) y Bajo Imperio (hasta la caída de Roma), en esta etapa se produjo la crisis del siglo III, que desembocó en la fragmentación del Imperio Romano.

1.2.    La caída del Imperio Romano.

El siglo III  es el momento en el que se inicia el declive del esplendor del Imperio. La corrupción y la inestabilidad fueron las notas dominantes en este período. Paradójicamente, en el 212 se concedió la ciudadanía romana a todos los hombres libres del Imperio. Inicialmente, la ciudadanía romana había sido restringida a los habitantes libres de Roma, pero al final de la República (siglo I a.n.e.), se extendió a los hombres libres de Italia, y después fue concedida a todos aquellos que de una manera u otra colaboraban con Roma. A medida que se extendía, se perdían los privilegios asociados a ella.

En este clima de confusión y  dispersión, el ejército se iba haciendo más consciente que nunca de su poder, y empezó a proclamar y deponer emperadores a cambio de compensaciones y privilegios. El siglo III fue desastroso para la paz y la prosperidad. Se inició un período de permanente anarquía militar. Roma había perdido su esplendor.

El cristianismo en el mundo romano

El cristianismo surgió y se desarrolló en el Imperio Romano. Sin embargo, en un principio, las autoridades romanas no vieron con buenos ojos una religión que proclamaba la dignidad humana de todas las personas, incluso de los esclavos.

Perseguida y martirizada desde los tiempos de Nerón, la religión cristiana se propagó a una velocidad sorprendente. Además de satisfacer las ansias trascendentales de muchos intelectuales, la nueva religión comportaba un consuelo para muchos depauperados, a los que ni el Estado ni las religiones paganas ofrecían una solución o un sentido a su existencia.

 En el año 313, el emperador Constantino proclamó el Edicto de Milán, según el cual se garantizaba para todo el mundo la libertad de culto. El cristianismo dejó de ser una religión perseguida. Poco después, en el año 380, otro emperador Teodosio, reconoció el cristianismo como religión oficial del Imperio con el edicto de Tesalónica. Con otro edicto, el de Constantinopla, comenzó la persecución de las religiones paganas.

 Parecía que, a finales del Imperio, las relaciones entre el poder político y el cristianismo no podían ser mejores, pero esto es sólo un espejismo. En esta época se produjo el primer conflicto entre el Estado y la religión oficial. Éste fue un problema que se repitió a lo largo de la Edad Media: la lucha por el reconocimiento de la máxima autoridad, la del emperador, príncipe o autoridad política, o la de la Iglesia o autoridad religiosa.

Durante el siglo III, las fronteras fueron constantemente violadas por los pueblos germánicos. La situación del Imperio llegó a ser tan incierta que, en el siglo IV, se produjo una primera fragmentación, en este caso debida a factores internos. Los dos hijos del emperador Teodosio se repartieron el Imperio: Honorio se quedó la parte occidental y Arcadio, la oriental. Nunca más se volvieron a unificar. El Imperio Romano de Occidente, con Roma como capital, y el Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla, tuvieron futuros diferentes y además, se intensificaron las diferencias culturales que el Imperio había conseguido minimizar.

En el año 410 se produjo la conmoción definitiva. Los visigodos, con Alarico al frente, saquearon la ciudad de Roma. San Agustín fue el gran testigo intelectual del fin del Imperio de Occidente y, al mismo tiempo, el cristiano que estableció unos nuevos fundamentos de pensamiento para los siguientes mil años. En el siglo V, el Imperio Romano de Occidente quedó reducido a los límites del actual territorio italiano. Finalmente, en el año 476, el bárbaro Odoacro destituyó al último emperador romano y así acabó el poder de Roma. No obstante, el Imperio Romano de Oriente, el llamado Imperio bizantino, perduró aún mil años más.
 
      2. Las religiones orientales en Roma.

Inicialmente, los romanos adaptaron sus dioses a los dioses griegos; pero en la época final de la República se produjo una penetración creciente de las religiones orientales que habían impregnado la cultura griega a raíz de las conquistas de Alejandro.

2.1. La religión romana primitiva.

La religiosidad primitiva de los romanos se caracterizaba por la tendencia a creer que los más pequeños acontecimientos o acciones de la vida estaban presididos por una fuerza o voluntad divina a la que llamaban numen. Una divinidad o numen presidía y hacía posible cada uno de los trabajos del campo o cada uno de los momentos de la vida de una persona. La más insignificante actividad humana o acontecimiento cósmico tenía una divinidad asociada; consecuentemente, se produjo una fragmentación infinita del mundo divino.

Los romanos siempre se mostraron receptivos a las divinidades exteriores. Así, con la ocupación de Grecia, Zeus pronto se transformó en Júpiter. El resto de las divinidades griegas sufrió una transformación similar. El hombre romano utilizaba todos los medios para tener a su lado a las potencias sobrehumanas. En su visión del mundo era fundamental alcanzar la paz con los dioses. En cambio, el hombre griego, impregnado de tendencias racionalistas, había tenido una relación más crítica con la divinidad.

2.2. La llegada de las religiones orientales.

Con las rápidas conquistas de la República, Roma entró en contacto con las religiones orientales que habían penetrado en la cultura griega a partir de las conquistas de Alejandro. A raíz de ello, Roma se pobló de miles de esclavos procedentes de Oriente que llegaron con sus religiones, a menudo mucho más complejas que la primitiva religiosidad romana. Los propios legionarios, después de largas estancias en las fronteras orientales, volvían adorando nuevas divinidades que satisfacían sus inquietudes.

Las clases sociales bajas, más expuestas que otras al sufrimiento, fueron muy receptivas a estas religiones orientales. Y no sólo la religión, también la astrología y las supersticiones orientales se impusieron cada vez más.

Cuando Octavio César Augusto (siglo I a.n.e.), al organizar el Imperio, revitalizó la religión, no pensaba en este tipo de cultos, sino en una religión oficial del Estado, arraigada en la religiosidad primitiva romana y adaptada a los dioses de la mitología griega. Pero esta religión resultaba demasiado oficial, fría e insatisfactoria para las personas con inquietudes intelectuales. En este contexto, la efervescencia religiosa de Oriente se apoderó de una gran parte de la población.

Ya en el Bajo Imperio romano, incluso un emperador, Heliogábalo (siglo III), fue supremo sacerdote del Sol e introdujo en Roma prácticas religiosas procedentes de Siria. En el mismo siglo III, la religión de Mitra, de origen persa, penetró en Roma y llegó a tener numerosas adeptos.

Los soldados de las legiones romanas se sintieron atraídos por el culto a Mitra, un culto que exaltaba las virtudes viriles, por lo que era muy apropiado para la mentalidad militar. Los emperadores, al intentar controlar el ejército, adoptaban las religiones que les proporcionaban estabilidad.

Estas religiones orientales, como la de Mitra o la de Isis (procedente de Egipto), eran religiones histéricas, religiones en las que el dios muere y renace de la misma manera que muere y renace la naturaleza a lo largo de las estaciones. En sus ritos, los fieles se identificaban, mediante diferentes sufrimientos, con el dios que moría y, una vez purificados, renacían con él. El iniciado, en griego  mystes, se convertía en un hombre renovado, profundamente cohesionado con los otros fieles, y con la promesa de una salvación futura.

Los nuevos cultos histéricos se dirigían al individuo concreto, aislado y sufriente, lo colocaban ante una divinidad muy próxima, que exigía purificación pero daba seguridad, que inspiraba temor pero salvaba, que generaba entusiasmo y ofrecía una interpretación del mundo. Ofrecían a sus fieles un fervor y una nobleza moral que no aportaba la religiosidad oficial.

Muy pronto, estas religiones histéricas fueron aceptadas y utilizadas por los propios emperadores. Pero no ocurrió lo mismo con las religiones monoteístas que también habían entrado en contacto con la población romana: el judaísmo y posteriormente, el cristianismo.

2.3. Politeísmo grecorromano y religiones monoteístas.

El judaísmo y el cristianismo representaron una gran novedad tanto en lo que respecta a la primitiva religión romana como respecto a los cultos histéricos, y significaron para el pueblo romano el descubrimiento de una civilización muy diferente de la propia.

El encuentro entre dos culturas no siempre comporta una integración rápida; también implica momentos conflictivos. Sin embargo, en muchos casos sirve para constatar que muchas formas de vida y costumbres, que se tienen como naturales, no son las únicas posibles.

El judaísmo, tal como sucedió más tarde con el cristianismo, fue tolerado en un momento inicial, pero muy pronto fue mal visto, prohibido y reprimido con violencia. La represión de los emperadores romanos contra el judaísmo y el cristianismo se produjo debido a que el monoteísmo era incompatible con un Estado en el que lo divino estaba infinitamente fragmentado y donde incluso se daba culto, como si fuera un dios, a un ser humano: el emperador.

2.3.1. El judaísmo.

El judaísmo es una de las religiones más antiguas del mundo mediterráneo. Su libro sagrado, la Biblia Hebrea, que coincide con el Antiguo Testamento de la Biblia cristiana, comienza explicando la creación del mundo por Dios, y narra la historia de las constantes intervenciones de Él, el Único, en la vida de los humanos. Los judíos entienden que son el pequeño sector de la humanidad especialmente querido y preferido por Dios: son el Pueblo Escogido. A través de Moisés, la Ley Divina o decálogo fue revelada a este pueblo, que estableció una alianza con Dios. Sus profetas predicaron la venida de un ser extraordinario, el Mesías, el enviado de Dios que les aportaría bienestar terrenal y la victoria sobre sus enemigos. Los judíos creen en un mundo futuro, el Reino de los Cielos, donde continuaría su existencia gozando de un bienestar eterno.

Veamos algunos de los rasgos que caracterizan el monoteísmo semítico y lo oponen a la cultura indoeuropea (griegos y romanos):

Indoeuropeos

Semíticos

Son politeístas.

Son monoteístas.

Zeus, hecho a imagen del ser humano, es el dios supremo que mantiene el orden.

Es Dios quien se dirige al ser humano y elige a su pueblo.

Pintan imágenes y tallan esculturas de sus dioses.

Tienen prohibidas imágenes y esculturas.

El mundo es eterno, sin principio ni fin.

El mundo es creado, tiene principio y tendrá fin.

Visión cíclica del tiempo, un tiempo infinito, como una rueda o ciclo cuyos momentos se repiten.

Visión lineal del tiempo, que es finito. En esta visión histórica del tiempo hay momentos privilegiados.

Una antropología que habla de la transmigración de las almas.

Una antropología que habla del ser humano global, no sólo de las almas.

A menudo, la materia es vista negativamente.

La materia forma parte del universo, que es intrínsecamente bueno, ya que es obra de Dios.

La procreación no es enaltecida.

La procreación es un deber sagrado.


2.4. Intentos de conciliación: el neoplatonismo.

Mientras que en los primeros siglos de la era cristiana los desarrollos filosóficos postaristotélicos decaen, hay, por el contrario, un fuerte renacimientos del platonismo en distintas reformulaciones de fuerte tendencia místico-religiosa que constituyen lo que se denomina neoplatonismo. Recibió influencias de varias corrientes de pensamiento anteriores. Del neopitagorismo tomó principalmente dos ideas: el dualismo pitagórico, es decir, la creencia en la existencia de dos mundos, uno puro y otro impuro, y la idea de que Dios está totalmente alejado del mundo, pero que existe un lazo de unión en tanto que el mundo es imagen de Dios. A través de este vínculo y mediante la purificación el hombre puede divinizarse, aunque el dualismo nunca llegará a ser eliminado.

Filón de Alejandría(25 a.n.e.-40) es el principal representante del encuentro entre la filosofía griega y el judaísmo al interpretar el Antiguo Testamento desde un punto de vista platónico. Para este filósofo, Dios es absolutamente trascendente, por lo que no podemos decir nada sobre su naturaleza, solamente lo que no es. Encontramos aquí por primera vez la teología negativa: puesto que Dios es trascendente, está más allá de la capacidad no sólo de decirlo, sino también de entenderlo. La única forma de determinar la esencia divina es no por lo que es, sino por lo que no es. La creación no es un proceso que se lleva a cabo a partir de la nada, sino, al modo platónico, a partir de una materia preexistente eternamente, principio del mal. En el hombre, la materia es causa del pecado y el cuerpo sepulcro del alma, aunque en él se aúnan materia y espíritu, por lo que la tarea de la ética consiste en purificar el cuerpo mediante la sabiduría, y llegar a sí al éxtasis. Finalmente, para Filón, entre Dios y el mundo hay una serie de intermediarios, las potencias, que actúan en el mundo originando los géneros y especies, y convirtiendo el caos en cosmos. Tal y como las define Filón, estas potencias son, bien principios o ideas de Dios, bien siervos de Dios, ángeles y demonios. El Logos es la potencia de las potencias, segundo Dios, hijo de Dios; no es ni personal ni impersonal, pues no puede ser concebido; su ser coincide con la sabiduría y con la razón de Dios.

Sin embargo, se considera que el fundador de la escuela neoplatónica, la última gran filosofía clásica, es Plotino (205-270), discípulo de Ammonio de Saccas (242) en Alejandría. Sus escritos fueron recogidos y ordenados por su discípulo Porfirio en una obra titulada Enneadas, término que significa novenario, en referencia a los nueve tratados que contiene. A pesar de que los neoplatónicos se consideran a sí mismos discípulos de Platón y que, de hecho, en sus escritos abundan las expresiones platónicas, los conceptos están reelaborados y mezclados con ideas procedentes de otras corrientes de pensamiento como el estoicismo y el epicureísmo, e impregnados de un claro impulso místico-religioso. No muestran interés por el estudio del mundo físico, sino que se preocupan por la salvación del individuo en un mundo decadente. Para ello deben investigar cómo puede alcanzase lo simple y perfecto a partir de lo compuesto e imperfecto.

Plotino recoge de Platón la escisión del ser en dos esferas, la sensible y la suprasensible, y emprende la tarea de llenar ese abismo con seres intermediarios: en lo más alto está Dios, por encima y más allá del ser, por lo que no puede serle aplicado ningún predicado de los conocidos. Sólo lo Uno es el nombre que le conviene, en tanto que niega la pluralidad. Al utilizar, igual que Filón de Alejandría, la teología negativa, Plotino pretende acentuar la trascendencia divina. Lo Uno está más allá de la mente y de la ciencia, es inefable e incomprensible, El Uno se desborda, dada su plenitud, pero sin disiparse ni disminuirse, del mismo modo que el Sol vierte sus rayos o un manantial su agua. Así, el modo en que todo procede del Uno es la primera emanación. La segunda hipóstasis o emanación que surge de él es el Nous, lo Inteligible, compendio de todas las ideas, perfecciones, leyes y estructuras ontológicas. A su vez, el Nous es causa segunda pues, semejante al Demiurgo de Platón, continúa el proceso de emanación según las ideas que tiene en sí. La tercera hipóstasis es el alma del mundo, en la cual se encuentran encerradas las almas particulares. El alma es intermediaria entre lo inteligible y lo sensible, por lo que tiene una función de puente y pierde su libertad al quedar sometida a la causalidad física. La emanación sigue a través de los ángeles, los hombres, los animales, etc., hasta llegar al polo opuesto al Uno: la materia, principio del mal, Pero  el proceso aún no ha terminado, ahora comienza el retorno de lo emanado hacia el Uno mediante la purificación. En el caso del hombre, esta purificación, que afecta al alma, supone la felicidad y es concebida como iluminación y unión mística.

Hay que destacar también al neoplatónico Proclo (411-185) cuya obra “Elementatio theologica” ejerció un gran influjo sobre la escolástica a través del resumen “Liber de causis” de autor desconocido.

En la transmisión del neoplatonismo al cristianismo desempeñan un papel principal un conjunto de escritos conocidos como “Corpus areopagiticum”, atribuido a Dionisio Areopagita, quien se declara discípulo de San Pablo. El nombre procede del Nuevo Testamento: cuando Pablo pronunciaba un discurso en Atenas, entre los presentes se encontraba un miembro del Areópago, antiguo tribunal de Atenas, llamado Dionisio. El autor de los escritos se identificó con este magistrado al declarase discípulo paulino. Sin embargo, estos escritos muestran la influencia de Proclo, por lo que es imposible que su autor fuese contemporáneo de Pablo de Tarso. La gran influencia de este corpus se debe a que durante toda la Edad Media no se conoció este dato. En cualquier caso, este corpus pretende exponer una síntesis de las ideas cristianas, aunque en realidad las mezcla con tesis neoplatónicas, algunas poco compatibles con el cristianismo. Siguiendo la línea de los neoplatónicos, afirma el Pseudo Dionisio que Dios es incomprensible para los sentidos y la razón, sólo Él se conoce; por tanto, tampoco se puede nombrar. Los fieles pueden afirmar lo que Dios es- vía afirmativa-, para luego negarlo- vía negativa-; ambas vías se unen en una tercera, la de afirmar que Dios es pero de forma diferente, trascendental. Así, Dios es lo Uno, puesto que no posee multiplicidad. Es “el que es “, causa de todo ser en tanto que posee en su mente las ideas ejemplares, prototipos de todos los particulares. El alma, separada de Dios, puede retornar a Él, mediante el conocimiento de uno mismo, la oración y la fe.

3. El pensamiento cristiano.

La emergente religión cristiana representó una novedad de gran trascendencia dentro de la cultura romana.  El cristianismo aportó innovaciones tanto desde el punto de vista de la religión judía como desde la perspectiva de la cultura grecorromana. Muy pronto surgieron pensadores que reflexionaron acerca del cristianismo.

3.1. El surgimiento del cristianismo.

El mensaje o “buena nueva” de Jesús de Nazaret fue interpretado como un intento de fundar una secta judía y de cumplir la promesa bíblica de un Mesías que salvase a su pueblo. Con la condena a muerte y crucifixión de Jesús, el Cristo, las autoridades judías y romanas querían evitar problemas religiosos y políticos. Nadie parecía consciente de la fuerza interna de un mensaje emancipador para los esclavos y los pobres y que, por otra parte, contenía una doctrina monoteísta que hacía reflexionar a los hombres de aspiraciones intelectuales elevadas.

Cincuenta años después del nacimiento de Cristo, el emperador Claudio todavía no distinguía entre judíos y cristianos. Fue Nerón quien captó la diferencia, y en el año 64, acusó del incendio que había destruido buena parte de la ciudad de Roma, no a los judíos, sino a la minoría indefensa de los cristianos.

Las relaciones de los cristianos con el poder no siguieron siempre las mismas pautas, Muchas veces los emperadores fueron tolerantes con ellos; otras veces, su religión fue prohibida y condenados los creyentes. A mediados del siglo III, durante la época de anarquía militar, se produjeron persecuciones generalizadas.

A medida que pasaba el tiempo y crecía el número de seguidores de Cristo, sus creencias comenzaron a inquietar a los emperadores. Los cristianos se oponían a muchos de los rasgos culturales que contribuían a configurar el apogeo de Roma. Por ejemplo, despreciaban las categorías sociales (un esclavo era considerado como un ser humano libre), rechazaban la vida militar y afirmaban que todos los seres humanos han de amarse los unos a los otros. Estas creencias cristianas chocaban frontalmente con una sociedad que basaba gran parte de su poder político y económico en las conquistas bélicas y en el trabajo no remunerado de los esclavos. Sin embargo, la seguridad de las comunicaciones romanas y la falta de fronteras facilitaron la propagación del cristianismo.

3.2. Aportaciones.

Los pensadores cristianos, a partir del mensaje evangélico, aportaron nuevos conceptos e ideas sobre temas que ya había preocupado a numerosos filósofos. Así, el cristianismo aportó una visión del mundo o cosmología, una nueva visión de la divinidad o teología, una visión del hombre antropología, una nueva reflexión sobre la moral o ética…

* Aportación en cosmología. El cristianismo rechaza la concepción cíclica de los griegos y la teoría de Parménides según la cual es imposible el paso del no-ser al ser. En efecto, los cristianos creen que el mundo ha sido creado por Dios a partir de la nada y que tendrá un final en el tiempo. En esta línea, se alejan de la concepción cíclica y circular del tiempo y aceptan un tiempo lineal, en el que cada acontecimiento se produce una sola vez.

En cuanto a la visión de la Tierra podemos observar en algunos de los primeros pensadores cristianos una cierta influencia platónica que les lleva a considerar las realidades terrenas como cosas perecederas, que no tiene la permanencia de lo divino.

*Aportación en teología. El cristianismo introduce novedades en el monoteísmo. Afirma la existencia de un único Dios que, sin embargo, es trinitario: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; es el denominado monoteísmo trinitario. Esta concepción se aleja tanto del politeísmo griego y romano como del monoteísmo propio de la religión judía.

*Aportación en antropología. Desde la perspectiva  cristiana, el hombre y la mujer son considerados hijos de Dios, dotados de alma inmortal y creados a imagen y semejanza de Dios.

Aunque el mensaje evangélico promete una resurrección completa de cuerpo y alma, la influencia platónica que impregnaba a algunos pensadores cristianos los llevó a defender un dualismo antropológico, en el que el alma quedaba asociada a la espiritualidad y el cuerpo quedaba asociado al mundo de las cosas y a la materia. Siguiendo el relato bíblico, veían la materia como obra de Dios, pero el alma era considerada como la parte más noble y elevada del ser humano.

*Aportación en ética. El cristianismo afirma el deber de amarse los unos a los otros, sin excepción. La defensa de esta actitud conduce a reivindicar el amor fraterno entre todos los seres humanos. Esta actitud enlazaba con el planteamiento ético del estoicismo, que buscaba un entendimiento universal entre todos los humanos. Pero la idea de amar y perdonar a todos, incluso a los enemigos, representaba una novedad y chocó profundamente con la cultura romana, que otorgaba un gran valor a las virtudes del guerrero. Esta concepción cristiana del hombre se reflejó en la forma de vida de los creyentes. Así, por ejemplo, en algunas comunidades cristianas se ponían en común todos los bienes y se intentaba llevar a cabo una convivencia armoniosa y pacífica.

3.3. La Patrística.

Una de las primeras tareas de los pensadores cristianos fur, a partir de los Evangelios
(pertenecientes a la parte de la Biblia denominada Nuevo Testamento), hacer entender el mensaje cristiano y diferenciarlo de otros pensamientos. La propagación de la fe exigía interpretar bien los textos bíblicos, adoptar los conceptos de la filosofía griega necesarios para expresar adecuadamente el nuevo pensamiento, y distinguir lo propio de la razón y lo propio de la fe. También era necesario evitar interpretaciones erróneas del mensaje evangélico, es decir, evitar todo tipo de herejías. Los pensadores cristianos que desarrollaron rodas estas tares son los Padres de la Iglesia. El período en el que las llevaron a cabo se llama Patrística, y va desde el siglo II hasta el siglo VIII.

Los Padres y escritores cristianos de los primeros siglos suelen llamarse apologistas o defensores del cristianismo. Muchos de ellos eran intelectuales convertidos al cristianismo que luchaban con argumentos contra los paganos o contra tendencias o sectas que interpretaban de forma heterodoxa el mensaje cristiano. Una de las sectas más extendida y contra la cual tuvieron que debatir fue la del gnosticismo o gnosis. La palabra griega gnosis significa “conocimiento”, la secta, formada por creyentes que conocían bien el pensamiento griego, defendía que el conocimiento era una condición indispensable para la salvación, es decir, era más importante el conocimiento que la propia fe. En un segundo momento, los Padres se centraron en la formulación doctrinal de las creencias cristianas. La figura más brillante de este momento y de toda la patrística fue el norteafricano san Agustín (354-4309; su filosofía cristiana determinó el pensamiento medieval.

Dentro de la Patrística podemos distinguir dos vertientes:

*Patrística latino-occidental. Un Padre de la parte occidental del Imperio, el escritor Tertuliano (siglos II-III), mantenía una actitud negativa hacia la filosofía, afirmando que el filósofo es el amigo del error, mientras que el cristiano es el enemigo del error. El pensamiento de Tertuliano se condensa en la célebre frase “Creo quía absurdum”: “creo porque es absurdo”, el mundo de la fe es incomprensible racionalmente. San Agustín (siglo IV) revalorizó el papel de la razón y creó las bases de la filosofía cristiana medieval.

*Patrística greco-oriental. Mantenía una actitud positiva ante la filosofía. San Justino (siglo II), por ejemplo, afirmaba que algunos escritos de los filósofos escogidos por Dios, intuyeron la verdad evangélica. El escritor Orígenes de Alejandría  (siglo II-III) fue uno de los que más arriesgó para conciliar el mundo filosófico y el mundo religioso, pero su síntesis da más relevancia al conocimiento y, consecuentemente, fue acusado de herejía gnóstica. En el tiempo de decadencia de la patrística, un Padre oriental, san Juan Damasceno (siglo VIII), expresó la relación entre el cristianismo y la filosofía de una manera que en la Edad media fue repetida: la filosofía es la sirvienta de la teología.

Una colección de pensamientos debe ser una farmacia donde se encuentra remedio a todos los males.

Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés.

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