ACTUALIDAD DEL PENSAMIENTO DE NIETZSCHE

  Los aspectos más actuales del pensamiento de Nietzsche los constituyen varios de sus principios fundamentales: el perspectivismo, la interpretación, la creación. Podemos ver a Nietzsche en todas partes y en ninguna, siguiendo también su enigmático lenguaje.
1. La defensa de los valores terrenales.
 Lejos queda la época en la que se delinquía contra Dios y los preceptos religiosos cuando se alababa la liberación sexual. Si bien es cierto que una gran parte de la población mundial (con diferentes ideologías y confesiones religiosas) juzga negativamente una concepción del sexo desligada de afectividad, el amor o el compromiso, no lo es menos que su demonización y el tabú que representaba han quedado atrás.
En nuestra cultura, su normalización, desde luego, dista mucho de los cánones de la época nietzscheana. Pongamos como ejemplo el rigor y el puritanismo extremo en la época victoriana sobre ese y sobre otros muchos temas.
En nuestros días, no solo ha dejado de considerarse tabú, sino que constituye un elemento cotidiano, vivimos en un ambiente pansexualista: desde los anuncios publicitarios como reclamo al consumo, a la exposición, alarde y jactancia en manifestaciones artísticas.
Esta trivialización de la sexualidad se encuentra en las antípodas de la visión nietzscheana; el sexo es considerado como premisa potente y noble de la vida, alejada de cualquier instrumentalización mercantil o comercial.
2. La creación de valores individuales.
  Nos encontramos en una época y en un marco concreto (Europa occidental, España), donde la libertad de culto se manifiesta de una forma diversa. Con la proliferación- en los Estados democráticos. De las leyes permisivas y garantistas, no es extraño hallar en una misma comunidad, en un mismo pueblo o en una misma familia, portadores de valores diferentes, cuando no opuestos. Y todas esas leyes son el resultado de la positivación de estas leyes morales.
Evidentemente, la diversidad no es sinónimo de individualidad, pero es lo más cercano a las propuestas autolegislativas que en el plano moral hacía Nietzsche. Sería difícil imaginar la convivencia pacífica en el mismo entorno de la amalgama de valores de las sociedades contemporáneas occidentales a finales del siglo XIX. Nietzsche, probablemente, estaría en sintonía con el "politeísmo moral"1 de nuestros días.
3. La "muerte de Dios", la crisis de valores.
  Es innegable el paulatino proceso de laicización que se ha producido en la últimas décadas, al menos en el marco del cristianismo en Europa y, concretamente, en nuestro país.
Sería falsear el pensamiento de Nietzsche si tomamos al pie de la letra la expresión "muerte de Dios", pues con ella no sólo se refería a la necesidad de liberarnos de las creencias en entidades absolutas y en otros mundos trascendentes, sino también al abandono de unos valores que él tildaba de agotados y decadentes.
Con todo, es palpable la plasmación de la propuesta nietzscheana en el ámbito geográfico antes reseñado: las encuestas, al menos eso dicen.
En este sentido, Nietzsche se adelanta proféticamente con su diagnóstico nihilista a lo que se vivirá en los siglos XX y XXI. No obstante, no parece que haya signos evidentes del período posnihilista que preconizaba.
La idea de crisis de valores no nos ha abandonado, de hecho, la damos por cierta, sobre todo referida a los jóvenes. ¿Estaremos viviendo una desazón angustiosa producto del "abandono normativo" por parte de los padres? ¿Acaso el papel normativo de la Iglesia y del Estado no ha sido suplido por ninguna institución? ¿Habremos delegado exclusivamente en un agente social, como la escuela o los medios de comunicación?
No obstante, cabría una lectura complementaria sobre la idea de la "muerte de Dios" en el sentido de que no se ha producido en su totalidad. Por un lado, perviven las grandes religiones monoteístas y, por otro, hemos sustituido al viejo Dios cristiano por otros "dioses" que nos ofertan paraísos terrenales: liberación del pesimismo vital refugiándonos en el trabajo o en el dinero y las posesiones (adicción es a la compra y el consumismo vertiginoso), refugiándonos en el triunfo, la fama y la gloria para exaltación de la vanidad y el egocentrismo, etc.
Al final, muchos ídolos con pies de barro, pero alejados del marco politeísta soñado por Nietzsche, ya que desprecian la vida, traicionan el sentido de la tierra2 y el amor fati3 . Ahora, la cruzada nietzscheana vendría encaminada, probablemente, contra estos nuevos "dioses".
4. La agudeza y el coraje de Nietzsche como ejemplo contra las ilusiones y las mentiras.
  La sospecha es necesaria igual o más que en la época de Nietzsche. ¿Acaso son creíbles todos los anuncios publicitarios?¿No habría que investigar sobre la mitificación de todo lo que se proclama científico?
Quizá hoy día habría más razones que nunca para que un nuevo Zaratustra nos ayudara a rebelarnos críticamente contra todo un modo de vida que no la exalta ni se rige por los valores que la potencian.
El aumento de enfermedades psiquiátricas- desde el punto de vista individual- y la incertidumbre en los planos ecológico o del terrorismo internacional- desde el punto de vista global- pueden ser síntomas también de una situación de crisis de valores( de otros valores) y de que el nihilismo aún perdura.

[1] Politeísmo moral. Es la multiplicidad o variedad de códigos morales dentro de una misma sociedad, cultura o época histórica. Significa, por tanto, que no hay una homogeneidad de valores, situación esta que podría darse si se impusiera por el Estado u otra institución. La convivencia de diferentes códigos axiológicos presupone, por ello, la libertad de pensamiento y la asunción del relativismo moral.
[2] Sentido de la tierra. Es la propuesta nietzscheana de abandonar la "moral descendente" que desprecia los valores terrenales. Él preconiza y defiende estos valores: la vida y los instintos. La idolatría de la razón, la verdad y las "esperanzas ultraterrena", que han imperado hasta ahora, han de ser sustituidas por los nuevos valores de la "moral ascendente" que defiende la tierra, la vida, el cuerpo y que es encarnada por el superhombre.
[3] Amor fati. Término estrechamente ligado a la noción nietzscheana de eterno retorno, significa la aceptación sin reparos del destino. Esta vida, la única que hay, debemos asumirla con la alegría y la fortaleza suficientes para querer vivirla cuantas veces fuera necesario, con sus designios y avatares. El propio Nietzsche, refiriéndose a su modelo de individuo- el artista trágico-, se expresa así:"... dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco..."

Un poco de filosofía inclina la mente del hombre al ateísmo; pero profundizar en la filosofía la conduce a la religión

Autor: Francis Bacon

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