TÉRMINOS DE MARX PARA LA PAU.

Infraestructura y superestructura.

  Para Marx, si realmente pretendemos cambiar al ser humano, deberemos cambiar las circunstancias en las que éste vive, porque son precisamente estas circunstancias, principalmente las económicas, las que determinan su manera de ser. “Si el hombre está formado por las circunstancias, estas circunstancias deben estar formadas humanamente”. No es posible salir de la situación de alienación si no se configura otro tipo de sociedad. No cabe, por otro lado, ningún modo de arreglo particular: o cambian las estructuras de la sociedad entera o no habrá cambio en la condición humana. Marx distingue diferentes sistemas o estructuras que configuran toda sociedad:

 a) la infraestructura o base de la sociedad: es el sistema económico, es decir, el modo en que está organizada la satisfacción de las necesidades materiales de la vida. Dicha infraestructura económica viene configurada por:

1. Las fuerzas materiales de producción que son los elementos que se usan en una determinada sociedad (y en una determinada época) para la producción de los diferentes productos:”Los medios materiales de producción que sirven para producir”. Se incluyen dentro de las fuerzas productivas diversos elementos: los recursos naturales de que se dispone, las herramientas, las máquinas, los conocimientos y habilidades del hombre, la mano de obra, la fuerza de trabajo que se emplea, las diferentes técnicas, etc.

2. Las relaciones de producción. Son las relaciones jerárquicas que se establecen entre las personas según su posición dentro del proceso productivo. Vienen dadas por el modo en que está organizado el trabajo productivo y dan lugar a situaciones de dominación o subordinación dependiendo del puesto y papel que cada cual desempeña dentro del sistema de producción. Estas relaciones se establecen, básicamente, entre los que son dueños de los medios de producción (que son los que dirigen el sistema productivo) y los que emplean su fuerza de trabajo (que son los dirigidos dentro del sistema de producción).

Teniendo en cuenta el tipo de “fuerzas productivas” que se usan y las “relaciones de producción”  que se establecen, podemos definir el sistema productivo o “modo de producción” de una sociedad dada. Los sistemas o modos de producción han ido cambiando a lo largo de la historia y son diferentes en las diferentes épocas. Marx habla de tres modos de producción sucesivos e históricos: el esclavista, el feudal y el capitalista.

b) La superestructura de la sociedad. Viene constituida por los diferentes sistemas de organización social, política (y jurídica) y por el conjunto de creencias que se tienen en una sociedad dada. Cabe entonces distinguir entre:

1. La superestructura social. Es el sistema de organización social, es decir, el sistema de división de clases. Marx consideraba que las diferentes clases sociales derivan de su posición en el sistema productivo, distinguiendo a grandes rasgos entre clases dominantes-propietarias de los medios de producción- y clases dominadas-empleadas en el proceso de producción.

2. La superestructura política y jurídica. Es el sistema en que está organizado el poder político y el conjunto de las leyes vigentes en una determinada sociedad. Marx consideraba que tanto la organización del Estado como el sistema de leyes están en consonancia con la infraestructura económica. El poder político siempre ha estado en manos de los propietarios de los medios de producción y las diferentes legislaciones siempre han sido coherentes con el sistema económico y protectoras del mismo.

3. La superestructura ideológica. Está constituida por el conjunto de creencias, formas de pensamiento o ideas que se tienen en una determinada sociedad. Estas creencias o ideas se manifiestan no sólo en la filosofía, sino también en el arte, la literatura o la religión.

c) La relación dialéctica entre infraestructura y superestructura. Según Marx, es la infraestructura económica la que determina a la superestructura, de modo y manera que cualquier cambio en el sistema productivo generará a su vez un cambio de la superestructura social, política e ideológica. Así, dice Marx en los Grundrisse:”El modo de producción de la vida material determina el carácter general de los procesos de vida social, política y espiritual”. ¿Se deriva de esta afirmación un “determinismo económico férreo? ¿No tienen las circunstancias sociales, políticas o ideológicas ninguna influencia en la transformación de la sociedad? Para Marx, cabe que la infraestructura y la superestructura se opongan dialécticamente y que, como consecuencia de esta contradicción, se produzca un cambio en la sociedad. Pero tal cambio tiene siempre la misma dirección: va de la infraestructura económica a la superestructura social, política e ideológica.

La alienación.

Para Marx, el ser humano es un ser natural, surgido de la naturaleza, y que se distingue de los animales por el hecho de que ha de fabricar los medios para sobrevivir, transformando la naturaleza en la que vive. Esta transformación de la naturaleza se realiza mediante el trabajo. Somos seres “activo-productivos” que necesitamos transformar la naturaleza para sobrevivir. Es precisamente en esta actividad productivo-transformadora como entramos en relación con los otros seres humanos y nos socializamos. Nuestro ser dependerá, por ello, de las circunstancias socioeconómicas. Así, para Marx, “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino por el contrario, su ser social el que determina su conciencia”. No cabe, pues, una consideración meramente abstracta del ser humano. El ser humano piensa y actúa determinado por las circunstancias sociales en las que se ve inmerso, las cuales, a su vez, están dadas por el sistema productivo concreto.

Además, para Marx, el ser humano es lo superior al ser humano. No hay una trascendencia más allá de esta vida. La creencia en Dios no deja de ser una ilusión que nace por el descontento humano con las malas circunstancias de la vida.

La situación del ser humano dentro del capitalismo industrial es una situación de alienación, pues el ser humanos (que es el esencia un ser trabajador) no se realiza en su trabajo, sometido a unas condiciones indignas, con un salario de mera subsistencia que no le permite llevar una vida verdaderamente humana.

Esta situación de alienación puede cambiar si se cambian las circunstancias, de modo que el trabajador pueda autorrealizarse en su trabajo. Para ello es necesario que el producto de su trabajo le pertenezca, sea suficiente para satisfacer sus necesidades materiales y, al mismo tiempo, le permita disponer de tiempo libre para desarrollar su personalidad y realizarse como ser humano. 

1. La alienación económica.

La situación de alienación básica es la que padece el trabajador dentro del proceso productivo en la realización de su trabajo. Marx detalla esta situación refiriéndola principalmente al obrero industrial dentro del sistema capitalista del siglo XIX.

Al respecto, Marx distingue entre el “sujeto productivo-transformador” y el “objeto producido”. El sujeto (el trabajador) en la realización del objeto (el producto) “sale de sí mismo” y entra en contacto con la naturaleza y los demás (a esto Marx lo llama exteriorización), realizando un esfuerzo en la elaboración del producto que le produce un desgaste o pérdida de energía(a esto lo llama Marx “enajenación de sí mismo”). Hasta aquí no hay nada negativo en el proceso, pues tanto la “exteriorización” como la “enajenación de sí mismo” resultan inevitables y necesarias para producir el objeto. Pero es a partir de la producción del objeto, y del modo en que éste es realizado, cuando se muestran los aspectos negativos del proceso productivo, que Marx resume en dos:

-El objeto producido no le pertenece al trabajador, sino al empresario, produciéndose una “expropiación del sujeto”.

-El trabajador es utilizado como un medio de producción dentro de una cadena de producción, deviniendo en una mercancía que e compra y se vende. Al limitarse a desarrollar tareas mecánicas, al igual que las máquinas que utiliza en su trabajo, se le restringe su capacidad creativa. En definitiva, es tratada como un objeto y no como un sujeto. A esto marx lo denomina “reificación” o “cosificación del sujeto”.

El resultado es que el trabajador no se realiza en su trabajo, se encuentra explotado física y mentalmente, y no se pertenece a sí mismo, sino al empresario que paga por su esfuerzo un salario miserable. Tampoco puede identificarse con el objeto producido, pues una vez realizado ya no le pertenece, sino que pertenece al empresario. Todas estas circunstancias vienen dadas por el sistema de producción capitalista. La única manera de cambiar  la situación de alienación económica es cambiar por completo el sistema capitalista por otro sistema, en el que el trabajador se realice en su trabajo, no sea tratado como un objeto y el producto de sus manos le pertenezca.

2. Las alienaciones social, política e ideológica.

De la alienación económica derivan otras situaciones de alienación de tipo social, político e ideológico.

- La alienación social. La configuración del proceso de producción, en el que básicamente cabe distinguir entre quien desarrolla el trabajo productivo- los trabajadores- y quien lo dirige-los empresarios- , determina la división social de la sociedad en clases dominantes y clases dominadas. Esta división y separación de clases resulta negativa y produce una situación d enfrentamiento entre las clases sociales. La situación debería ser, muy al contrario, una situación de igualdad, en la que no hubiera división de clases sociales. Ello no será posible-piensa Marx- si no cambia el sistema de producción capitalista por otro en el que no haya distinción entre empresarios y trabajadores.

-La alienación política. Tanto el Estado como su sistema legal amparan y protegen el sistema económico vigente en la sociedad. Por eso, el Estado es en realidad un “Estado burgués”, en manos de la burguesía, que está al servicio de sus intereses económicos. El proletariado ve entonces en el Estado a un enemigo cuando el Estado debería ser y estar al servicio de todos. Para Marx, no se ha cumplido el ideal hegeliano de la identificación con el Estado porque el Estado liberal, lejos de ser neutral, es un Estado que, con su política de no intervención en la economía, favorece a la clase dominante, dejando a su suerte a los más débiles.

-La alienación ideológica. La conciencia del ser humano-lo que piensa- depende de las condiciones materiales de la vida. El proletariado se encuentra alienado ideológicamente porque la ideología dominante es la de la clase dominante. Tanto la filosofía como la religión- dice Marx- han contribuido, hasta ahora, a mantener esta alienación.

a) La filosofía se ha dedicado a explicar lo que pasa y no a criticarlo. Ha jugado siempre a favor de los intereses de las clases dominantes, que de esta manera ven teóricamente justificada su posición dominante. Por eso dice Marx: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos, hora es ya de transformarlo”.Pero mientras esta crítica no se produce, el proletariado se encuentra desarmado ideológicamente. A su mala situación económica se une una conciencia ideológica alienada por la filosofía, que le explica (y así le justifica) la inevitabilidad de su situación.

b) La religión proyecta al hombre fuera de este mundo, prometiéndole un mundo ficticio donde todos sus males serán resueltos. Además, predica la sumisión y la aceptación del sufrimiento en este mundo para alcanzar el premio en el otro. Por eso, Marx la considera “el opio del pueblo”. Su función social es servir de “dormidera” de todos los anhelos revolucionarios y emancipadores de la clase trabajadora. Juega, por tanto, a favor de las clases dominantes, que de esta manera no ven amenazada su posición de predominio. La Iglesia sirve a este propósito al predicar la mansedumbre y la resignación; se convierte así-según Marx- en un instrumento de la burguesía para reprimir los intentos de revolución del proletariado.

Capital.

El capital es el trabajo acumulado, es decir, es la suma de las plusvalías. Todo capital genera capital. Todo capitalista busca crecer a través de las plusvalías y eso obliga a intensificar la explotación del obrero, incrementando a su costa la productividad. El capital se concentra cada vez en menos manos, con la consiguiente caída de los menos poderosos, que en esa lucha y en esa competencia insostenible se ven obligados a vender sus empresas y a convertirse en asalariados.

Aumenta el proletariado, que cada vez se empobrece más (al aumentar la mano de obra se abaratan los salarios) y se reducen los capitalistas.

El capitalismo, al generar tanta mano de obra parada, produce su propia contradicción. La masa de parados sin medios para subsistir tiene que estar dispuesta a una revolución que acabe por expropiar a la minoría rica en beneficio de la mayoría desposeída.

Valor

El término “valor” ha sido usado para referirse al precio de una mercancía o producto.

Marx distingue en toda mercancía su valor de uso de su valor de cambio. El valor de uso es el valor que un objeto tiene para satisface una necesidad. Este concepto se refiere a los rasgos de las cosas gracias a los cuales nos son útiles para la satisfacción de cualquier tipo de necesidad, desde las más biológicas como comer, hasta las más espirituales como las que se refieren al ocio y el mundo de la cultura. El valor de cambio es el valor que un objeto tiene en el mercado, y se expresa en términos cuantitativos, medidos por el dinero. Dos objetos con diferente valor de uso pueden tener el mismo valor de cambio si así lo determinan las leyes del mercado, por ejemplo, un ordenador puede costar lo mismo que una moto. El rasgo peculiar de la sociedad capitalista es que en ella la fuerza de trabajo es también una mercancía: dado que el productor no dispone de otro recurso para obtener bienes y medios para su subsistencia, debe poner la fuerza de su trabajo en el mercado. Del mismo modo que en el mercado las mercancías están sometidas a las fluctuaciones del mercado, básicamente por las leyes de la oferta y la demanda, la fuerza de trabajo tiene también un precio determinado por las mismas leyes. Pero a diferencia de otras mercancías- un coche por ejemplo- que satisfacen meramente necesidades humanas, la mercancía que llamamos fuerza productiva tiene la peculiar  característica de producir otras mercancías. La fuerza de trabajo tiene un valor de cambio (el sueldo que recibe el trabajador) y un valor de uso (su valor para producir otras mercancías). A su vez, estas mercancías creadas por dicho trabajo tienen, claro está, valor de uso y valor de cambio, pero el valor de cambio que éstas tienen siempre es superior al valor de cambio que tiene la fuerza productiva que las ha creado (al salario). Aunque añadamos a este último valor otras cantidades como las que puedan corresponder a la amortización de las máquinas usadas en la producción, o los costes financieros que el empresario gasta para llevar adelante su negocio, siempre habrá una diferencia. A esta diferencia se le llama plusvalía y es el beneficio del capitalista. Sin este beneficio no habría sociedad capitalista.

Fuerza productiva: valor de uso: produce la mercancía 1(una silla, por ejemplo)

Valor de cambio= X (sueldo)

Mercancía 1: valor de uso (cualquiera de las utilidades de la silla)

Valor de cambio= Y

Plusvalía= Y – (X+ Z)

Siendo Z otros gastos del empresario (financieros, amortización de las máquinas…)

Esto, traducido en términos de hora-trabajo, quiere decir: de las ocho horas que el trabajador trabaja, una parte trabaja para él (la que revierte en lo que realmente le paga el empresario) y otra para el empresario (la que da lugar al exceso de valor de cambio que no revierte sobre el trabajador y que da lugar a la ganancia del empresario o plusvalía).

Trabajo.

Actividad por la que el hombre transforma la realidad para satisfacer sus necesidades físicas y espirituales. En las sociedades de explotación el trabajo se vive como una experiencia alienada, y no como una actividad de autorrealización.

Es preciso darse cuenta de que para Marx la noción de trabajo va más allá de su dimensión puramente económica y se convierte en una categoría antropológica: Marx caracteriza al hombre como un ser dotado de una “principio de movimiento”, principio que determina su impulso para la creación, para la transformación de la realidad. El hombre no es un ser pasivo sino activo, y el trabajo o la actividad personal la expresión de sus capacidades físicas y mentales, el lugar donde el hombre se desarrolla y perfecciona (más exactamente, donde se debería desarrollar y perfeccionar); de ahí que el trabajo no sea un mero medio para la producción de mercancías sino un fin en sí mismo y que pueda ser buscado por sí mismo y gozado. Dada esta comprensión de la naturaleza humana como la de un ser que sólo puede encontrar su perfección en el trabajo, no es extraño que el tema central de la filosofía marxista sea la transformación del trabajo sin sentido, enajenado, del trabajo como un mero medio, en un trabajo enriquecedor, en un trabajo libre. En sus primeros escritos, llamó “actividad personal” a la realización de esta inclinación al movimiento, y cuando criticó la forma concreta de darse esta actividad en las sociedades de explotación pidió la “abolición del trabajo”. En escritos posteriores estableció la diferencia entre trabajo libre y trabajo enajenado y su crítica a la alienación se expresó en su preocupación por la “emancipación del trabajo”.

La plusvalía.

Es el beneficio que obtiene el capitalista con la venta de las mercancías producidas por el trabajador.

Para Marx la plusvalía es la clave del capitalismo. En el sistema capitalista, el valor producido por la fuerza de trabajo es mayor del necesario para reponer y sostener esa fuerza de trabajo. La plusvalía es la diferencia  entre lo que cuesta la fuerza de trabajo y el valor de la mercancía en el mercado. Esta ganancia la ingresa el capitalista. En una jornada de trabajo de doce horas, las seis primeras son para abonar lo que cuesta el obrero, y las seis restantes, no se pagan y son para engrosar la plusvalía que va al bolsillo del capitalista.

La relación entre trabajo suplementario y necesario es lo que se conoce como tasa de plusvalía. Esta tasa crece en la medida en que se alarga la jornada de trabajo. Por eso la lucha por reducir la jornada de trabajo es una lucha contra la plusvalía.

Los límites de la plusvalía se deben a que el día sólo tiene 24 horas, a los límites biológicos de las personas y a la resistencia de los obreros. De ahí se pasa a la plusvalía relativa: si se disminuye el tiempo necesario de trabajo, aumenta la productividad a causa de las máquinas introducidas en la producción. El capital constante (bienes inmuebles) aumenta con mayor rapidez que el variable. La plusvalía relativa consiste en la reducción del tiempo de trabajo necesario a cambio de la perfección de los medios de producción.

En la economía mercantil domina el valor de uso, y su fórmula de cambio es MDM

(mercancía-dinero-mercancía). En la economía capitalista domina el valor de cambio, el dinero es un fin en sí mismo y la mercancía sirve para conseguirlo. La fórmula es DMD. Pero el fin último capitalista consiste en obtener beneficio a través de la plusvalía.

La propuesta del marxismo es la desaparición de la plusvalía, es la idea de que  el valor del objeto producido por el productor vuelva a éste, bien sea porque los beneficios se reparten directamente entre todos los obreros, como ocurre en la interpretación cooperativista del socialismo, bien sea porque el Estado los restituye indirectamente al productor en la forma de otros bienes de los que puede disfrutar (carreteras, educación y sanidad gratuitas, subsidios de desempleo, o de vejez…), como es el caso de la interpretación más estatalista.

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