NIETZSCHE EN LA PAU DE CANARIAS

  EL CREPÚSCULO DE LOS ÍDOLOS.

 Pertenece al último período de su vida. Fue escrita en 1888, junto con el Anticristo y Ecce Homo. A finales de ese mismo año aparecen en él signos evidentes de locura y a principios del año siguiente es ingresado en una clínica de Basilea. Es el tercer escrito contra la moral. El primero es “Más allá del bien y del mal “, es lo mismo que más allá de lo verdadero y lo falso, y al revés: el problema gnoseológica se presenta como el reverso del conocimiento de la problemática moral. El segundo, también destructivo, es la “Genealogía de la moral” en el que afirma que el cristianismo es fruto de un resentimiento, la conciencia no es la voz de Dios en el hombre, sino el instinto de crueldad vuelto hacia atrás, y el sacerdote es el terrible poder del ideal ascético, el ideal nocivo por excelencia.

 El “Crepúsculo de los ídolos” o la manera de filosofar con el martillo, es el tercero. Supone una declaración de guerra contra la antigua verdad. El nombre, tomado de una ópera de Wagner, significa que ya no hay dioses, sólo hay deidades falsas veneradas por toda la humanidad. Wagner es para Nietzsche en la música, lo que Schopenhauer en filosofía. De Wagner se distancia por la aproximación de éste al cristianismo; desde entonces dirá de él que es un “decadente corrompido y desesperado...”. Cuando Wagner le envía su obra Parsifal, Nietzsche contesta con su obra “Humano, demasiado humano”.

 Las consecuencias son obvias. Toca a su fin “casi toda la moral que hasta ahora se ha enseñado, respetado y predicado”. Esa moral iba contra los instintos de la vida y representa una condena de tales instintos y toma a Dios como enemigo de la vida. La moral que aquí ofrece Nietzsche es una moral presidida por el instinto de vivir. A esta obra seguirá el “Anticristo” cuya tesis será la necesidad de aniquilar la gran maldición que es el cristianismo, una religión que interpretó mal a su fundador, empezando por Pablo.

 En cuanto obra filosófica, al pertenecer al último año de lucidez, significa que es una de sus obras más maduras. Se propone destruir toda huella de idealismo: sólo existe el  mundo real, el mundo del espacio y el tiempo, el mundo de los sentidos.

 El género literario que emplea es el aforístico (aforismo es una sentencia breve y doctrinal). Son sentencias que tienen una relativa unidad lógica. Se intenta decir con “frases” lo que otros hacen en libros enteros. En la crítica a la filosofía señala dos graves errores:
- minusvaloración de la realidad, de esa realidad que es devenir, cambio. Se ha rechazado el mundo real para afirmar un mundo imaginario, al que los filósofos llaman real.
- Confusión entre lo último y lo primero: los filósofos se han guiado por conceptos generales (que son vacíos, no son conceptos ni nada) y de esta manera llegan al supremo concepto, el más general: Dios. Este concepto es lo último (lo más vacío, lo más general) y es puesto como lo primero (como la base de todo).

Conclusión: 4 tesis que se basan en:
    a) hay que poner en entredicho la ontología (el concepto del ser).
    b) lo que se ha llamado aparente es real.
    c)   lo que se ha tenido como verdadero (intemporal, eterno, Dios) es pura invención.


TEXTO COMENTADO. "EL OCASO DE LOS IDOLOS"

 LA «RAZÓN» EN LA FILOSOFÍA
 “¿Me pregunta usted qué cosas son "idiosincrasia" en los filósofos?... Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su "egipticismo". Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno], - cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos se¬ñores idólatras de los conceptos, cuando adoran, - se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando ado¬ran. La muerte, el cambio, la vejez, así como la pro¬creación y el crecimiento son para ellos objeciones, - incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es... “
-El término idiosincrasia lo emplea Nietzsche con su significado habitual de peculiaridad, pero haciendo hincapié en lo que hay en ella de idiota.
_El egipticismo es la tendencia a la permanencia estática, a la petrificación y a la intemporalidad. En su obra”Miscelánea de Opiniones y Sentencias” dice Nietzsche: “Cuando un pueblo tiene muchas cosas fijas, ello es prueba de que quiere petrificarse y de que le gustaría convertirse del todo en un monumento: como ocurrió, a partir de un determinado momento, con el mundo egipcio”.
_Nietzsche califica lo peculiar de los filósofos con las notas de falta de sentido histórico, su odio a la noción del devenir y su tendencia al estatismo y la petrificación. Se está refiriendo a los filósofos dogmáticos, idealistas y de corte platónico que manifiestan una  concepción de las cosas como si fueran definitivamente como ya son, en vez de considerarlas como en continua creación, en permanente desarrollo creativo. Cualquier elemento que afecte a la estabilidad de las cosas no son más que aspectos que no deben ser considerados. Su estatismo les lleva a considerar que sólo es lo que está quieto, lo que no cambia ni deviene. Lo que deviene, no es. Se trata, en definitiva, de la negación del tiempo, la separación del ser y el tiempo, del mundo de los fenómenos y de un mundo en sí no sujeto al cambio.
 “Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. «Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador? - «Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan immorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia [Historie], de la mentira, - la historia no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es «pueblo». ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono-teísmo con una mímica de sepulturero! - y, sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable idée fixe (idea fija) de los sentidos! , ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real! ... »
 Los filósofos creen sólo en los que es, pero, como no pueden captarlo en su totalidad, tienen que admitir que hay algo que los engaña. Es decir, no dudan del punto de partida, de la toma de postura previa, sino de algún elemento intermedio de los que intervienen en el intento de percibir eso que es. Así, encuentran ese elemento de duda en los sentidos que son los que nos engañan dándonos una falsa información sobre el mundo que consideran verdadero, un mundo en sí.
 Como consecuencia tienden a no considerar los sentidos ni todo aquello que se deriva de ellos, como es, por ejemplo, la historia en tanto que conocimiento directo de los hechos. Todo lo que está teñido por los sentidos es propio del pueblo, de quienes no tienen el conocimiento elevado, pero irreal, de los filósofos.
 El “monótono-teísmo” es una expresión burlesca con la que Nietzsche se refiere a la concepción estática cristiana del monoteísmo.
La exclusión de los sentidos afecta no sólo al conocimiento, sino también a todo lo que afecta al cuerpo, el elemento tan alejado del alma capaz de conseguir un conocimiento de lo que las cosas son, a juicio de los filósofos.

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“Pongo a un lado, con gran reverencia, el nombre de Heráclito. Mientras que el resto del pueblo de los filó-sofos rechazaba el testimonio de los sentidos porque éstos mostraban pluralidad y modificación, él rechazó su testimonio porque mostraban las cosas como si tu¬viesen duración y unidad. También Heráclito fue injusto con los sentidos. Estos no mienten ni del modo como creen los eleatas ni del modo como creía él, - ¡no mienten de ninguna manera. Lo que nosotros hacemos de su testimonio, eso es lo que introduce la mentira, por ejemplo la mentira de la unidad, la mentira de la coseidad, de la sustancia, de la duración... La «razón» es la causa de que nosotros falseemos el testimonio de los sentidos. Mostrando el devenir, el perecer, el cambio, los sentidos no mienten... Pero Heráclito tendrá eternamente razón al decir que el ser es una ficción vacía. El mundo «apa¬rente» es el único: el «mundo verdadero» no es más que un añadido mentiroso...  “
_ En toda su obra manifiesta Nietzsche un gran respeto a la figura de Heráclito. Su rechazo de los sentidos no se basaba en que mostraran el cambio y la pluralidad, sino justamente por lo contrario, porque mostraban la duración y la unidad de las cosas. Pero, en definitiva, también rechazaba los sentidos como elementos engañadores.
 La mentira de los sentidos no está en lo que los sentidos hacen, sino en lo que nosotros hacemos con lo que ellos nos ofrecen, porque su testimonio lo pasamos por el filtro de la razón, a la que se considera como el criterio más elevado para conocer la realidad.
 La reivindicación de los sentidos lleva a Nietzsche a decir que los sentidos no mienten nunca. Lo que la razón pretende buscar es una ficción vacía. El único mundo existente es el que nos muestran los sentidos. El mundo “verdadero” de la razón es la mentira que se añade a lo que captamos con los sentidos

 

 

 

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“ ¡Y qué sutiles instrumentos de observación tenemos en nuestros sentidos! Esa nariz, por ejemplo, de la que ningún filósofo ha hablado todavía con veneración y gratitud, es hasta este momento incluso el más delicado de los instrumentos que están a nuestra disposición: es capaz de registrar incluso diferencias mínimas de mo¬vimiento que ni siquiera el espectroscopio registra. Hoy nosotros poseemos ciencia exactamente en la medida en que nos hemos decidido a aceptar el testimonio de los sentidos, - en que hemos aprendido a seguir aguzándolos, armándolos, pensándolos hasta el final. El resto es un aborto y todavía-no-ciencia: quiero decir, metafísica, teología, psicología, teoría del conocimiento. O ciencia formal, teoría de los signos: como la lógica, y esa lógica aplicada, la matemática. En ellas la realidad no llega a aparecer, ni siquiera como problema; y tampoco como la cuestión de qué valor tiene en general ese convencionalismo de signos que es la lógica. “
Hace Nietzsche una reivindicación del olfato como uno de los sentidos menos considerados, pero con mayor poder de captación. En “Ecce Homo” dice en relación con su nariz:”Yo soy el primero que ha descubierto la verdad, debido a que he sido el primero en sentir- en oler- la mentira como mentira...Mi genio está en mi nariz”.
El arma más eficaz que encuentra Nietzsche para combatir las lucubraciones alejadas de la realidad que lleva a cabo la metafísica es la que viene representada por los sentidos. Ellos nos ponen en contacto con la realidad y, gracias a que hemos aceptado su testimonio, hemos podido hacer ciencia. Lo que no cuenta con los sentidos o no es todavía ciencia o es ciencia formal, en donde, por su propio carácter, la realidad no tiene por qué aparecer.

 

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“La otra idiosincrasia de los filósofos no es menos pe¬ligrosa: consiste en confundir lo último y lo primero. Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final - ¡por desgracia! , ¡pues no debería siquiera venir! - los «conceptos supremos», es decir, los conceptos más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora. Esto es, una vez más, sólo expresión de su modo de venerar: a lo superior no le es lícito provenir de lo inferior, no le es lícito provenir de nada... Moraleja: todo lo que es de primer rango tiene que ser causa sui (causa de sí mismo). El proceder de algo distinto es considerado como una objeción, como algo que pone en entredicho el valor. Todos los valores supremos son de primer rango, ninguno de los conceptos supremos, lo existente, lo incondicionado, lo bueno, lo verdadero, lo perfecto - ninguno de ellos puede haber devenido, por consiguiente tiene que ser causa sui . Mas ninguna de esas cosas puede ser tampoco desigual una de otra, no puede estar en contradicción consigo misma... Con esto tienen los filósofos su estupendo concepto «Dios»... Lo último, lo más tenue, lo más vacío es puesto como lo primero, como causa en sí, como ens realissimum (ente realísimo) ... ¡Que la humanidad haya tenido que tomar en serio las dolencias cerebrales de unos enfermos tejedores de telarañas! - y lo ha pagado caro! ... “
Además del vicio de eliminar el tiempo, los filósofos tienen el del confundir lo primero con lo último. Quiere esto decir que la metafísica se deja guiar por los conceptos supremos y más generales, los cuales no sólo no deberían estar al principio, sino que ni siquiera deberían existir, porque lo que debe hacer el filósofo es atenerse al dato, a lo que se muestra a los sentidos sin perderlo nunca de vista.
Los conceptos metafísicos son para Nietzsche imágenes que se han quedado vacías, abstracciones que ocupan el lugar en el que antes había intuiciones.
El proceder de los filósofos responde, no a un modo de mostrar la realidad tal como aparece, sino a un modo de venerar, esto es, de dar culto a una serie de normas a las que tiene que atenerse cualquier proceso de conocimiento de la realidad. Por eso dice que a lo superior no le es lícito provenir de lo inferior ni de nada. El conocimiento de la realidad no debe ser fiel a  esta misma realidad, sino a las leyes que regulan ese conocimiento.
Como consecuencia, lo superior, los conceptos supremos, tienen que ser causa de sí mismos, porque no deben estar contaminados con la realidad sensible, cosa que pondría en entredicho su valor. El concepto más alto de todos y, por tanto, el más vacío, es puesto por los filósofos como el ente más real; y las conse-cuencias para la filosofía son catalogadas por nuestro autor como dolencias cerebrales de unos enfermos tejedores de telarañas.

 

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“Contrapongamos a esto, por fin, el modo tan dis¬tinto como nosotros - (digo nosotros por cortesía ... ) vemos el problema del error y de la apariencia. En otro tiempo se tomaba la modificación, el cambio, el devenir en general como prueba de apariencia, como signo de que ahí tiene que haber algo que nos induce a error. Hoy, a la inversa, en la exacta medida en que el prejuicio de la razón nos fuerza a asignar unidad, identidad, duración, sustancia, causa, coseidad, ser, nos ve¬mos en cierto modo cogidos en el error, necesitados al error; aun cuando, basándonos en una verificación rigurosa, dentro de nosotros estemos muy seguros de que es ahí donde está el error. “
El saber que su postura no es compartida por la generalidad de los filósofos lleva a Nietzsche a emplear con ironía “nosotros” para designar a los que piensan como él.
Considera el tema de la diferenciación entre apariencia y realidad. En su opinión, antes se consideraba el devenir como prueba de una apariencia que nos induce a error. Pero la razón necesita que las cosas no cambien, sino que sean, por lo que se ve abocada a admitir el error procedente de no considerar las cosas tal como nos aparecen.
“Ocurre con esto lo mismo que con los movimientos de una gran constelación: en éstos el error tiene como abogado permanente a nuestro ojo, allí a nuestro lenguaje. Por su génesis el lenguaje pertenece a la época de la forma más rudimentaria de psicología: penetramos en un fetichismo grosero cuando adquirimos consciencia de los presupuestos básicos de la metafísica del lenguaje, dicho con claridad: de la razón. Ese fetichismo ve en todas partes agentes y accio¬nes: cree que la voluntad es la causa en general; cree en el «yo», cree que el yo es un ser, que el yo es una sustancia, y proyecta sobre todas las cosas la creencia en la sustancia -yo- así es como crea el concepto «cosa»... El ser es añadido con el pensamiento, es introducido subrepticiamente en todas partes como causa; del concepto «yo» es del que se sigue, como derivado, el concepto «ser»... Al comienzo está ese grande y funesto error de que la voluntad es algo que produce efectos, ¬de que la voluntad es una facultad... Hoy sabemos que no es más que una palabra "...
Una vez embarcados en la razón nos vemos necesitados de utilizar su lenguaje. Las palabras actúan como fetiches, como elementos mágicos que nos introducen en un ámbito del que no podemos salir sin aceptar sus reglas. De esta forma el lenguaje metafísico racional nos hace ver causas, sustancias, etc. Las cosas ya no son, sino que su ser es añadido con el pensamiento. Y, por otra parte, se dota de ser a entidades que no son sino palabras.
“Mucho más tarde, en un mundo mil veces más ilustrado, llegó a la consciencia de los filósofos, para su sorpresa, la seguridad, la certeza subjetiva en el manejo de las categorías de la razón: ellos sacaron la conclusión de que esas categorías no podían proceder de la empiria, - la empiria entera, decían, está, en efecto, en contradicción con ellas. ¿De dónde proceden, pues? - Y tanto en India como en Grecia se cometió el mismo error: «nosotros tenemos que haber habitado ya alguna vez en un mundo más alto ( - en lugar de en un mundo mucho más bajo: ¡lo cual habría sido la verdad! ), nosotros tenemos que haber sido divi¬nos, ¡pues poseemos la razón! »... De hecho, hasta ahora nada ha tenido una fuerza persuasiva más ingenua que el error acerca del ser, tal como fue formulado, por ejemplo, por los eleatas: ¡ese error tiene en favor suyo, en efecto, cada palabra, cada frase que nosotros pro¬nunciamos! -También los adversarios de los eleatas sucumbieron a la seducción de su concepto de ser: entre otros Demócrito, cuando inventó su átomo... La «ra¬zón» en el lenguaje: ¡oh, qué vieja hembra engañadora! Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática... “
Con el tiempo los filósofos fueron adquiriendo seguridad en el manejo de las categorías de la razón, llegando a la conclusión de que éstas no podían proceder de la experiencia, sino que el hombre tenía que haber habitado, antes de hacerlo en este mundo, en otro más alto en el que imperara la razón.
Mientras el lenguaje esté teñido de las categorías de la razón permanecerán los instrumentos útiles para engañarnos respecto a la realidad. Por eso va a ser difícil que nos deshagamos del concepto de Dios, porque continuaremos creyendo en la gramática, que es considerada por Nietzsche como “la metafísica del pueblo”.

 

 


“Se me estará agradecido si condenso un conocimiento tan esencial, tan nuevo, en cuatro tesis: así facilito la comprensión, así provoco la contradicción.
Primera tesis. Las razones por las que «este» mundo ha sido calificado de aparente fundamentan, antes bien, su realidad, - otra especie distinta de realidad es absolutamente indemostrable.
Segunda tesis. Los signos distintivos que han sido asig¬nados al «ser verdadero» de las cosas son los signos distintivos del no-ser, de la nada, - a base de ponerlo en contradicción con el mundo real es como se ha construido el «mundo verdadero»: un mundo aparente de hecho, en cuanto es meramente una ilusión óptico-moral.
Tercera tesis. Inventar fábulas acerca de «otro» mundo distinto de éste no tiene sentido, presuponiendo que no domine en nosotros un instinto de calumnia, de empequeñecimiento, de recelo frente a la vida: en este último caso tomamos venganza de la vida con la fantasmagoría de «otra» vida distinta de ésta, «mejor» que ésta.
Cuarta tesis. Dividir el mundo en un mundo «verdadero» y en un mundo «aparente», ya sea al modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en última instancia, un cristiano alevoso), es únicamente una sugestión de la décadence, -un síntoma de vida descendente... El hecho de que el artista estime más la apariencia que la realidad no constituye una objeción contra esta tesis. Pues «la apariencia» significa aquí la realidad una vez más, sólo que seleccionada, reforzada, corregida... El artista trágico no es un pesimista, - dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco... “
El último apartado de este capítulo es empleado por Nietzsche para hacer un resumen en cuatro tesis de su pensamiento sobre el papel de la razón en la filosofía. Tales tesis son las siguientes.
1. Las razones por las que este mundo es considerado como aparente, esto es, el que sea captado a través de los sentidos, son precisamente las que nos hacen ver que es real, pues no hay otra realidad posible que la que nos viene por ese medio.
2. Las características que se le atribuyen al “ser verdadero” no son más que características de la nada. El llamado mundo verdadero no es más que algo ilusorio, creado por las necesidades de mantener una moral que necesita que se cumplan sus leyes.
3.No tiene sentido inventar fábulas acerca de otro mundo, a menos que queramos mentir o que estemos poseídos de un recelo frente a la vida que nos lleve a vengarnos de ella.
4. Distinguir un mundo real y otro aparente no es más que un síntoma de decadencia, de alejamiento de la vida real, de pesimismo ante las posibilidades de la vida. El artista, en cambio, estima más la apariencia de este mundo que la realidad del otro, porque es dionisíaco.
_ Repárese en la distinción entre apolíneo y dionisíaco, tan empleada por Nietzsche. El símbolo de Apolo se refiere a lo aparente- lo que los filósofos consideran real-, lo perfectamente formado, lo armónico y lo bien expresado. Dionisos, por el contrario, denota lo que está en camino de ser, lo que aún no tiene forma, pero posee la fuerza arrolladora de la vida, del deseo de ser.
Según las cuatro tesis, la tarea que propone Nietzsche es la de invertir la ontología, y poner en entredicho la valoración que se ha hecho hasta ahora del ser; lo que la Filosofía había considerado como apariencia, es decir, lo sensible, lo temporal, es lo verdaderamente real para Nietzsche; y, en cambio, lo que hasta ahora se creía verdadero Ser- lo intemporal, lo eterno, Dios-_ es pura invención del pensamiento.
Con la alusión que hace al “artista trágico” en los últimos renglones, parece indicar que la apariencia del artista es más real que la apariencia del pensar conceptual, propio de los filósofos, porque en la apariencia del arte la vida misma se transfigura.

 CÓMO EL «MUNDO VERDADERO» ACABÓ CONVIRTIÉNDOSE EN UNA FÁBULA
 Historia de un error
1. El mundo verdadero, asequible al sabio, al piadoso, al virtuoso, -él vive en ese mundo, es ese mundo.
(La forma más antigua de la Idea, relativamente inteligente, simple, convincente. Trascripción de la tesis «yo, Platón, soy la verdad».)
2. El mundo verdadero, inasequible por ahora, pero prometido al sabio, al piadoso, al virtuoso («al pecador que hace penitencia»).
(Progreso de la Idea: ésta se vuelve más sutil, más capciosa, más inaprensible, - se convierte en una mujer, se hace cristiana ... )    
3. El mundo verdadero, inasequible, indemostrable, imprometible, pero, ya en cuanto pensado, un consuelo, una obligación, un imperativo.
(En el fondo, el viejo sol, pero visto a través de la niebla y el escepticismo; la Idea, sublimizada, pálida, nórdica, konigsberguense ).
4. El mundo verdadero - ¿inasequible? En todo caso, inalcanzado. Y en cuanto inalcanzado, también desconocido. Por consiguiente, tampoco consolador, redentor, obligante: ¿a qué podría obligarnos algo desconocido?...
(Mañana gris. Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo.)                                                                  
5. El «mundo verdadero» -una Idea que ya no sirve para nada, que ya ni siquiera obliga,-una Idea que se ha vuelto inútil, superflua, por consiguiente una Idea refutada: ¡eliminémosla!
(Día claro; desayuno; retorno del bon sens [buen sentido] y de la jovialidad; rubor avergonzado de Platón; ruido endiablado de todos los espíritus libres.)
6. Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿acaso el aparente?... ¡No!, ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente!
(Mediodía; instante de la sombra más corta; final del error más largo; punto culminante de la humanidad; INCIPIT ZARATHUSTRA [comienza Zaratustra].)
En este párrafo se recogen cinco momentos en la evolución del pensamiento respecto a la verdad y a la apariencia:
1) platonismo : la verdad es accesible al sabio;
2) cristianismo: el mundo verdadero, el cielo, es alcanzable por el sabio en la otra vida;
3) Kant: referencia a la creencia de Kant en los postulados de la razón práctica- existencia de Dios, del premio en la vida futura, etc;
4) Positivismo: doctrina formulada por August Comte ( 1798-1857), que fue la ideología dominante en el pensamiento científico de finales del siglo XIX. El positivismo no concede valor más que a las verdades positivas( por positivo entendía Comte a lo real, frente a lo imaginario: lo demostrable frente a lo indemostrable). Consideraba que las verdades positivas sólo pueden hallarse en cinco ciencias: astronomía, física, química, fisiología y física social ( sociología). Fuera de ellas, sólo reina el subjetivismo, la incertidumbre y el error. El positivismo renuncia a lo a priori y a la “cosa en sí”, valorando únicamente lo que es experimental y se expresa mediante leyes científicas.Una tesis central en la teoría del conocimiento de Comte y los positivistas es la de que hay que atenerse a los puros hechos. Frente a esto Nietzsche sostiene que no hay puros hechos, que todo hecho es siempre fruto de una interpretación. Es decir, los hechos se dan siempre dentro de una previa concepción del mundo, de una teoría, o de una manera afectiva de relacionarse con el mundo. Esto le lleva a Nietzsche a sostener que la psicología del propio observador también cuenta. 
5) Zaratustra: sacerdote persa al que Nietzsche usa como protagonista en su principal libro”Así habló Zaratustra” en el que expone sus tesis fundamentales
6) Al eliminar el mundo verdadero, se elimina también el aparente.

2ª CUESTIÓN. VOCABULARIO.

 DIONISÍACO.

Aunque el término de la Pau es Dionisíaco se trata de  explica el término y contraponerlo a Apolíneo Por ello vamos a hablar de ambos términos.

 La primera obra de Nietzsche “ el origen de la tragedia” , contiene el núcleo de su filosofía: el reconocimiento de la vida como valor fundamental y la convicción de que la cultura occidental ha rechazado la vida o le ha tenido miedo.

 En esta primera formulación de su pensamiento, Nietzsche afirma que la tragedia griega clásica nos muestra los dos principios que componen la realidad; el espíritu dionisíaco ( del dios Dionisos), que contiene los valores de la vida, y el espíritu apolíneo ( del dios Apolo), que contiene los valores de la razón.

 

                Espíritu dionisíaco                                            Espíritu apolíneo
  En la tragedia griega, el dios Dionisio representa los valores de la vida. Dionisio es la divinidad del vino, la fecundidad, la salud; es la imagen de la fuerza instintiva y pasional, de la corriente vital efervescente. El hombre dionisíaco vive en plena armonía con la naturaleza.   En la tragedia griega, el dios Apolo representa los valores de la razón. Apolo es la divinidad de la luz, la proporción y la justa medida, del equilibrio y la serenidad; encontramos su espíritu en la obra bella, equilibrada y perfecta. El hombre apolíneo quiere dormir y enmascarar la realidad, ya que en él predomina la razón.


Nietzcshe considera que la Grecia presocrática no ha olvidado a ninguno de los dos dioses: en el equilibrio griego apolíneo podemos encontrar la pasión dionisíaca. Así, el arte de la tragedia clásica griega manifiesta lo más profundo de la existencia humana: muestra y mantiene la oposición inconciliable entre los dos órdenes de valores: los de la vida y los de la razón, entre el espíritu dionisíaco y el espíritu apolíneo. El arte trágico es una valiente y sublime aceptación de la vida, un sí a la vida, a pesar del dolor que ésta comporta.

 

Según Nietzsche, con la irrupción de Sócrates y Platón comenzaron la decadencia y el error; los elementos morales e intelectuales se impusieron y se inició el predominio histórico de todo aquello que es lógico y racional, es decir, de los valores apolíneos por encima de los valores dionisíacos. Sócrates prefirió la muerte a la lucha.

Nietzsche se convirtió en el gran defensor de la actitud dionisíaca de aceptación de la vida, de la vida tal como es, con el dolor y la muerte que comporta. Fue el gran crítico de la actitud de renuncia a la vida, de huida ante la vida; consideraba que esta actitud fue iniciada por Sócrates y asumida por el pensamiento cristiano.

En la realidad hay dolor y destrucción; ahora bien, el camino superior para enfrentarse a esta realidad no es la renuncia ni el ascetismo, sino el arte, un arte que afirme la vida en su plenitud. Ya hemos visto que este arte se había manifestado en la tragedia griega; pues bien, el drama musical de Wagner ocupa, según Nietzsche, el lugar  que la tragedia clásica ocupaba en el mundo griego presocrático: expresa el sí a la vida del espíritu dionisíaco. Wagner es el prototipo de artista trágico.

 

 


INOCENCIA DEL DEVENIR.

En opinión de Nietzsche, la filosofía tradicional ha sentido siempre rechazo al devenir, al carácter cambiante y fluyente de las cosas, persiguiendo ilusoriamente el ideal de una realidad superior que poseyera los caracteres contrarios a los de este mundo cambiante en el que habitamos. Para estos filósofos el carácter fluyente de la realidad, el incesante cambio de todas las cosas, el devenir, en suma, ha sido algo molesto que no coincidía con las características que, según ellos, debería tener la verdadera realidad: inmutabilidad, eternidad, universalidad, etc. Frente a esta actitud de rechazo al devenir y de minusvaloración del mundo sensible, Nietzsche afirma la sola existencia del mundo del devenir y de las apariencias, considerando que no existe más que este mundo, perpetuamente móvil y cambiante, sin que exista ninguna realidad superior a esta, ni ninguna meta ni estado último que sea la culminación del devenir.

Del mismo modo, a Nietzsche le parecen errados y falaces los intentos de encontrarle un sentido al devenir, una interpretación verdadera y exclusiva, un modo único de valorar a una realidad que, por esencia, es fluyente y cambiante, multiforme e inabarcable, en nada parecida a esa supuesta “verdadera realidad”, de la que desde siempre han hablado los metafísicos y los creyentes. Aceptar que el mundo es tal como se nos aparece y no como a la Razón le gustaría que fuera implica comprender la inocencia del devenir y la vanidad de las pretensiones humanas de hallar verdades y valores absolutos.

MORAL CONTRANATURAL.

Nietzsche critica de la moral tradicional su dogmatismo moral y  su carácter antivital.
1)  El dogmatismo moral. El dogmatismo moral presenta las dos características siguientes: consideración de los valores morales como valores objetivos y universalidad de los valores morales:

crítica a la consideración objetiva de la moral: Platón situó los valores en el mundo eterno e inmutable de las Ideas, el cristianismo los sitúa en el ámbito eterno e inmutable de la mente de Dios. Pero la moral tradicional, dice Nietzsche, se equivoca totalmente: los valores morales no tienen una existencia objetiva, no existe un ámbito en el que se encuentren los valores como realidades independientes de las personas, no existen los valores como una de las dimensiones de las cosas, ni como realidades que estén más allá de éstas, en un supuesto mundo objetivo. Los valores los crean las personas, son proyecciones de nuestra subjetividad, de nuestras pasiones, sentimientos e intereses, los inventamos, existen porque nosotros los hemos creado. Sin embargo, es frecuente olvidar este hecho, de ahí que habitualmente los vivamos como objetivos y los sintamos como mandatos, como exigencias que vienen de fuera (de la ley de Dios, de la Naturaleza o de la conciencia moral). El dogmatismo moral consiste precisamente en olvidar que los valores dependen de noso¬tros, consiste en mantener que tienen una existencia objetiva;

universalidad de los valores: como consecuencia de la creencia en el carácter independiente de los valores, la moral tradicional creyó también que las leyes morales valen para todos los hombres: si algo es bueno es bueno para todos, si algo no se debe hacer no es correcto que lo haga nadie. Esto es, precisamente, lo que indicaba el imperativo categórico kantiano y la conclusión a la que se podía llegar también a partir de la consideración tomista de la ley moral como consecuencia de la ley natural, y ésta de la ley eterna. Nietzsche niega este segundo rasgo del dogmatismo moral: si realmente los valores existiesen en un Mundo Verdadero y Objetivo podríamos pensar en su universidad, pero no existe dicho Mundo, por lo que en realidad los valores se crean, y por ello cambian y son distintos a lo largo del tiempo y en cada cultura. Una vez criticado el fundamento absoluto que sirve de soporte a la validez de la moral, no se puede pensar en su universalidad.

2)  La moral tradicional es antivital: podría parecer que con la descripción anterior Nietzsche está justificando toda apreciación moral, sea cual sea, ya que todas en el fondo valen lo mismo: nada. Pero esto no es así: aunque la defensa de un criterio de verdad moral puede parecer algo paradójico desde su punto de vista, Nietzsche nos propone uno pues todas las tablas de valores son inventadas, pero hay algunas mejores que otras;  el criterio utilizado para esta apreciación es el de la fidelidad a la vida: los valores de la moral tradicional son valores contrarios a la vida, contrarios a la categorías básicas que parecen estar involucradas en la vida. La moral tradicional (la moral cristiana) es “antinatural” pues presenta leyes que van en contra de las tendencias primordiales de la vida, es una moral de resentimiento contra los instintos y el mundo biológico y natural. Esto se ve claramente en la obsesión de la moral occidental por limitar el papel del cuerpo y la sexualidad.

El dogmatismo moral tiene varias implicaciones (para Nietzsche “patológicas”): la idea de pecado y de culpa, y la de la libertad. La idea de pecado es una de las ideas más enfermizas inventadas por la cultura occidental: con ella el sujeto sufre y se aniquila a partir, sin embargo, de algo ficticio; no existe ningún Dios al que tengamos que rendir cuentas por nuestra conducta, sin embargo el cristiano se siente culpable ante los ojos de Dios, se siente observado, cuestionado, valorado por un Dios inexistente, del que incluso espera un castigo; situación paradójica por cuanto este Dios y los propios valores morales son una creación de él mismo. El cristianismo (y todo el moralismo occidental) tiene necesidad de la noción de libertad: para poder hacer culpables a las personas es necesario antes hacerlas responsables de sus acciones. El cristianismo cree en la libertad de las personas para poder castigarlas. “No puede negarse que el error más grave, más pertinaz  y peligroso, que jamás fue cometido, ha sido un error dogmático, es decir, la invención de un espíritu puro y del bien en sí de parte de Platón” (“Más allá del bien y del mal”).

 Los valores tradicionales son los de la moral de esclavos y frente a ellos Nietzsche propone la moral de los señores, los valores del superhombre y de afirmación de la vida.

 MUNDO APARENTE/ MUNDO VERDADERO.

 En el examen de Pau aparecerá sólo el término “mundo aparente” pero hay que compararlo con el concepto de “mundo verdadero”. Por ello hablaremos de ambos.

Para Nietzsche los sentidos no mienten nunca, por ello, considerará a la razón una invención vacía de contenido. En consecuencia el único mundo que puede existir es el que nos muestran los sentidos. Esto lleva al autor a afirmar que el mundo aparente es el verdadero, mientras que el mundo verdadero sólo es una mentira que se completa con todo aquello que percibimos con los sentidos.

Por eso manifiesta continuamente sus dudas sobre la correspondencia de la verdad conocida con la realidad. Nietzsche crítica a Platón por defender el mundo verdadero de la Idea frente a la Cosa, ya que como es sabido, Platón defendió el dualismo ontológico, dividió la realidad en dos mundos opuestos a los que atribuyó las siguientes características:

 


DUALISMO ONTOLÓGICO EN PLATÓN
 se alcanza mediante Es le corresponde se relaciona con
MUNDO VERDADERO la razón objetivo inmutable la eternidad el bien el alma
MUNDO APARENTE los sentidos subjetivo cambiante el nacimiento, la duración y la muerte el mal el cuerpo

Nietzsche también criticará a Kant porque defendía como verdadero el mundo del noúmeno frente al fenómeno.
 
PLATONISMOS
 En Platón
 En el cristianismo En Kant
MUNDO VERDADERO Mundo de las Ideas Mundo Sobrenatural, particularmente Dios Realidad Nouménica o Cosa en Sí
MUNDO APARENTE Mundo Sensible Mundo terrenal o finito Realidad Fenoménica

En definitiva, para Nietzsche el único mundo que existe es el nuestro, el mundo terrenal, el del espacio y el tiempo. Y eso le lleva a considerar como el gran error de la metafísica, desde Sócrates, el inventarse un mundo racional que además resta valor al mundo que le es opuesto, es decir, el que se ofrece a los sentidos, el mundo del devenir. Esta situación confunde a los filósofos que terminan defendiendo la existencia de dos mundos: uno aparente e irreal (el mundo de los sentidos) y otro racional y horizonte último de nuestra existencia
(el mundo verdadero). A esto Nietzsche lo denomina platonismo. 

TRANSMUTACIÓN DE LOS VALORES.

Momento necesario para el final de la moral tradicional (o moral de esclavos) y la aparición del superhombre.
 
 Nietzsche no propone vivir sin valores (llega a considerar incluso que esto es imposible); propone más bien invertir la tabla de valores: superar la moral occidental, moral de renuncia y resentimiento hacia la vida, mediante una nueva tabla en la que estén situados los valores que supongan un sí radical a la vida.
 
Con una expresión excesivamente retórica Nietzsche llama “rebelión de los esclavos” a la situación que se crea con el triunfo del cristianismo: el cristianismo y el judaísmo sustituyen la moral aristocrática (que Nietzsche cree encontrar en el mundo griego antiguo) por la moral de los esclavos. Con el cristianismo prospera la moral de los débiles, de los que quieren huir del rigor de la vida inventándose un mundo objetivo, de reposo, de justicia. Nietzsche nos dice que los judíos invierten el código moral aristócrata: “Han sido los judíos los que, con una consecuencia lógica aterradora, se han atrevido a invertir la identificación aristocrática de los valores (bueno = noble = poderoso = bello = feliz = amado de Dios) y han mantenido con los dientes del odio más abismal (el odio de la impotencia) esa inversión, a saber, “los miserables son los buenos; los pobres, los impotentes, los bajos son los únicos buenos; los que sufren, los indigentes, los enfermos, los deformes, son también los únicos piadosos, los únicos benditos de Dios, únicamente para ellos existe la bienaventuranza.” (“La genealogía de la moral”).

MORAL DE SEÑORES     MORAL DE ESCLAVOS  
voluntad de jerarquía, de excelencia       voluntad de igualdad
ama lo que eleva, lo noble       resentimiento contra la vida superior  
 quiere la diferencia      iguala, censura la excepción     
 es la moral del héroe, del guerrero, del que no teme el dolor ni el sufrimiento     glorifica lo que hace soportable la vida  a  los pobres, los enfermos y débiles de espíritu, la concordia 
 
•         altruismo, hermandad entre los hombres
  es la moral de la persona que crea valores       se encuentra con los valores dados 
      ama la muerte de Dios     ama y teme a Dios
   
 La transmutación de los valores es la superación de esta moral de esclavos para recuperar de nuevo la moral aristócrata, y permite el triunfo del código moral del superhombre

Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos.

Buda (563 AC-486 AC) Fundador del budismo.

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