LA FLEXIBILIDAD Y LA INTERDISCIPLINARIEDAD

Aristóteles afirmaba que la Tierra estaba quieta y que la bóveda celeste se movía. Hoy sabemos que todo se mueve: la Tierra, los planetas, las estrellas, las galaxias...Estos dos puntos de vista tienen una cosa en común constatación del movimiento y, por lo tanto, del cambio; un cambio constante en el mundo físico que tiene un reflejo del cambio constante en el mundo psicológico y social. Es preciso dar una respuesta a tal cambio: ha de darse una flexibilidad psicológica, o capacidad de adaptación.
La competencia de la flexibilidad psicológica nos permite, pues, adaptarnos a los cambios constantes de nuestro entorno y nuestra sociedad. Los cambios informáticos, o los cambios de costumbres debidas a la globalización, o los cambios constantes sobre los diversos sentidos o motivaciones de la propia vida, nos obligan a una flexibilidad mental que nos permita "sobrevivir" a esta realidad cambiante.
Tenemos tendencia a identificarnos con unas creencias y certezas firmes y seguras, y a actuar de acuerdo con ellas. Decimos esto está bien y esto no, las vacaciones tienen que ser así, los objetivos laborales adecuados son éstos, la relación con la gente debe ser de este modo. Estas afirmaciones nos dan seguridad y criterios para actuar en la vida, pero al mismo tiempo una rigidez. Cuando el entorno cambia y surgen nuevas realidades y nuevos problemas, no nos sirven las viejas certezas y nos bloqueamos. Para salir de este bloqueo es precisa una flexibilidad mental, ideológica y psicológica. Con una actitud flexible, podemos adaptarnos a la nueva realidad y así poder vivir de modo equilibrado. Con una actitud de rigidez e inflexibilidad gastamos nuestras energías y no somos felices.
La vida humana es una constante relación entre personas y el entorno. Mi vida es una búsqueda de equilibrio entre mi mundo interior, o sea, lo que yo creo, deseo, pienso, y el mundo exterior, esto es, la sociedad y los demás. La flexibilidad y la capacidad de adaptación indican actitud de conformismo, resignación o fatalismo, sino que precisa iniciativa y actividad. Consiste en analizar la realidad por un lado y analizar mis deseos, creencias, necesidades por otro lado, y buscar una armonía entre ellos. Es preciso tener una correcta percepción de la realidad con pensamientos coherentes y lógicos, y evitar los pensamientos distorsionados, exagerados o ilógicos. También es fundamental un buen autoconocimiento emocional que nos permita discernir si una determinada conducta ante un hecho nos es útil y satisfactoria o solamente nos causa dolor. En el segundo caso es preciso modificar nuestra emoción.
Desarrollamos, además, otra competencia paralela: la actitud interdisciplinaria ante el conocimiento. Aristóteles ya relacionaba sus conocimientos y se interesaba tanto por la física como por la poesía. En nuestro siglo XXI esta actitud supone una competencia muy útil ya que muchos conocimientos tienen puntos de contacto y podemos enriquecernos investigando en las diversas áreas del saber.
En el proceso del desarrollo de la flexibilidad y la adaptación al cambio se encuentran obstáculos y resistencias diversas. Es fundamental tener consciencia de las mismas y saber que, en un principio, la persona tiene una actitud de negación del cambio y defensa del estatus anterior. Se impone un proceso personal que precisa tiempo y dedicación para que se vayan debilitando estas resistencias, y la persona flexibilice su actitud hasta aceptar el cambio y ver sus ventajas.
Los cambios violentos, complejos e imprevistos conllevan momentos difíciles para cualquier persona, pero si además esta persona tiene una mentalidad rígida e inflexible, los problemas se vuelven más complejos y difíciles de solucionar. Una vez más, una actitud de flexibilidad permitirá reaccionar y resolver mejor cualquier situación de crisis.

(Muñoz Redón J. y Güell Barceló M. Historia de la filosofía. 2º Bachillerato. Programa Praxis Competencias para el siglo XXI. Editorial Octaedro. Barcelona 2009).

La filosofía puede ser descrita como el estudio experimental o empírico, y de las relaciones que se derivan de lo empírico con lo a priori.

Autor: Samuel Alexander

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