EL AUTOLIDERAZGO

Se produce un fenómeno curioso en las relaciones humanas: si tú no sabes adónde ir, qué hacer o qué objetivo seguir en la vida, siempre hay una multitud de personas a tu alrededor que te dirán qué hacer, qué objetivos seguir y adónde ir. A menudo, cuando sucede este hecho la persona no está satisfecha con su vida porque se da cuenta de que no hace aquello que cree que tiene que hacer sino aquello que los demás deciden por ella. En general esta situación es insatisfactoria y produce una sensación de infelicidad y de pérdida de libertad. Ante este hecho hay un camino posible: el autoliderazgo (tomar las riendas de la propia vida, decidir por uno mismo y por tanto liderar nuestra actividad vital). Es una habilidad que se puede aprender teniendo en cuenta unos criterios.
El primer criterio es conocerse a sí mismo, aprender a escuchar nuestro cuerpo, en el sentido físico, nuestras emociones y deseos y nuestros pensamientos. Nuestro cuerpo nos da muchas informaciones que no escuchamos porque estamos pendientes de lo que sucede en nuestro exterior y no en nuestro interior. Esta escucha de nosotros mismos refuerza nuestra autoestima y confianza, condiciones básicas para el autoliderazgo.
El segundo criterio es asumir la responsabilidad de nuestros actos y decisiones, teniendo consciencia de que somos nosotros mismos quienes ponemos los límites de nuestra acción. Esto implica no culpabilizar a los demás de lo que nos ocurre y al mismo tiempo saber reconocer nuestros errores y aprende de ellos.
El tercer criterio es marcarse unos objetivos claros, tanto en el ámbito personal como en los estudios y las relaciones, así como en las múltiples actividades que realizo a diario. Por ejemplo, es bueno para el autoliderazgo hacerse preguntas del tipo: ¿Cuál es mi objetivo al estudiar bachillerato? ¿Cuál es mi objetivo al convertirme en la pareja de determinada persona? ¿Cuál es mi objetivo al salir de marcha cada sábado con esta gente, a estos lugares y tomando lo que tomo? Quizá descubras que no estudias lo que quieres sino lo que te dicen, ni vas con la persona adecuada o tampoco el modelo de diversión es el que realmente deseas. Marcarse unos objetivos permite evitar que los demás te lideren.
El cuarto criterio es la coherencia ética interna, que consiste en actuar según nuestros valores y ser consecuente con ello. Eso implica realizar un trabajo personal de definición de mis valores éticos y de mis criterios sobre la dignidad personal. Eso no impide una actitud flexible que me permita modificar mis valores según vayan evolucionando como persona.
El autoliderazgo implica también tener consciencia de los obstáculos que lo impiden. Evitar estos obstáculos o luchar para que se difuminen es otra actitud necesaria. Existen dos tipos de obstáculos: internos y externos. Los internos son nuestros hábitos aprendidos, respuestas inconscientes ante situaciones, conflictos emocionales que bloquean nuestra autonomía. Los obstáculos externos son las personas más cercanas, empezando por la familia que, para nuestro bien y para protegernos, puede limitarnos a impedir que tomemos nuestras decisiones. También los amigos y amigas, profesorado, nuestra pareja pueden aconsejarnos de tal modo que sean ellos quienes nos lideren y no nosotros.
Otro obstáculo del autoliderazgo es el miedo al fracaso. Se trata de un obstáculo interno (la emoción del miedo que nos domina) y externo (el fracaso objetivo de aquello que nos proponemos). Esta situación produce una paralización y provoca que, para no fracasar o para evitar el temor, prefiramos que los demás decidan qué se debe hacer en vez de hacerlo nosotros mismos. Además, si fracasamos, siempre nos tranquiliza pensar que fue culpa de quien decidió por mí y no es mi responsabilidad. Ante esta situación el autoliderazgo consiste en aceptar que toda persona está sujeta al error, ya que el ser humano no es perfecto, y que en todo proceso vital los errores pueden reconvertirse en fuentes de aprendizaje, en lecciones que nos ayudan a ser nuestros propios líderes.
(Muñoz Redón J. y Güell Barceló M. Historia de la filosofía. 2º Bachillerato. Programa Praxis Competencias para el siglo XXI. Editorial Octaedro. Barcelona 2009).

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