LISA SIMPSON Y LA MORAL KANTIANA

  1. Lisa defiende sus principios.

La conciencia moral del deber queda descrita de manera muy gráfica en el personaje de la estudiante de segundo de primaria Lisa Simpson, que posee un agudo sentido del deber moral.

Lisa siSin embargo, la suya no es una moral jactanciosa y dependiente de la institución como la de Flanders, que nace únicamente del respeto a la autoridad de la Biblia y la Iglesia. La moral de Lisa surge de una reflexión individual precoz sobre los grandes temas de la vida moral: la sinceridad, la ayuda a quienes la necesitan, el compromiso con la igualdad entre los seres humanos y la justicia. Lisa nos muestra cuán difícil resulta a veces vivir de acuerdo con esos principios, en lugar de dejarse llevar por compromisos convencionales con el statu quo, adquiridos sin que haya mediado la reflexión. Esto nos lleva a otra característica fundamental de la moralidad según Kant. En esencia, ésta se determina en el fuero interno, surge de la reflexión individual antes que de las convenciones sociales externas o las enseñanzas religiosas autoritarias. Exige claridad y coherencia con los principios según los cuales una persona vive su vida.

En “Lisa, la iconoclasta”, Lisa descubre que el legendario y supuestamente heroico fundador de Springfield fue en realidad un pirata vicioso que intentó asesinar a George Washington. Lisa saca una “F”, la peor calificación, en su redacción sobre “Jebediah Springfield: Un superfraude”. La maestra le explica: “Es sólo la crítica a un difunto blanco por una destripaleyendas. Son las chicas como tú las que impiden que las demás pesquemos maridos”. Lisa sólo intentaba decir la verdad maquillada de los vendedores. Sino que la verdad objetiva, histórica y científica, que debe defenderse por su valor inherente y a pesar de las posibles consecuencias, sin que importen, por otra parte, los sacrificios necesarios

Algunas verdades sobre los padres fundadores, sin embargo, deben ser defendidas de ciertas prácticas contemporáneas. En “La familia va a Washington”, Lisa descubre que cierta figura política se encuentra en la nómina de unos empresarios privados e intenta poner al descubierto la perversión de los ideales fundacionales de la democracia estadounidense. Le expone el caso al mismo Thomas Jefferson y, como siempre, acaba defendiendo sus principios y pagando las consecuencias. Aunque el camino más fácil consiste en mezclarse con la masa, no llamar la atención y hacer la vista gorda, Lisa planta cara al ayuntamiento.

Comprometida como está a cumplir con el deber que determinan sus firmes principios, Lisa continuamente plantea preguntas difíciles. ¿Es correcto comer carne y causar de ese modo el sufrimiento de animales inocentes? En “Lisa, la vegetariana”, Lisa identifica la costilla de cordero en su plato con una criatura indefensa que ha visto en el zoológico infantil. Al generalizar a partir de esa única experiencia, se vuelve militante del vegetarianismo. Así, al tomar partido por una causa dictada por sus firmes principios, Lisa ejemplifica un aspecto central de la teoría moral kantiana, según la cual es menester que examinemos con atención los principios de nuestras acciones y nos hagamos cargo de las contradicciones que puedan surgir entre unos y otras. Si no es correcto hacer daño a un animal indefenso encerrado en un zoológico, ¿cómo puede serlo permitir la matanza de un animal similar para satisfacer nuestro gusto por la comida? Esta es una manera de comprender una de las fórmulas del imperativo categórico kantiano:”No debo obrar nunca si no es de modo que pueda aspirar a que mi máxima se convierta en ley universal”.

Al combatir por principio, Lisa arruina la barbacoa de Homer. Éste se molesta y Lisa siente que su familia y en general la comunidad le hacen el vacío, hasta que encuentra refugio en el huerto de Apu, dueño del Badulaque y vegetariano, tiene en el tejado de la tienda. Allí se encuentra con Paul y Linda Mc Cartney, vegetarianos también, y finalmente siente que se respetan sus ideas. “¿Cuándo aprenderán esos tontos que podemos mantenernos sanos comiendo simplemente verduras, frutas, cereales y queso? “. Pero el moderado Apu replica: “¡Agh, queso…!”. Al descubrir que hay quienes tienen exigencias incluso más elevadas que las suyas, Lisa reconoce la arrogancia de su sentido de superioridad moral. Apu, que ni siquiera come queso, le recomienda ser tolerante y, gracias a esta experiencia, Lisa afina su comprensión de la moral: “Creo que he sido algo dura con algunas personas, sobre todo con mi padre…Gracias, chicos”.

               

  1. El aislamiento de Lisa.

Lisa enfoca su atención en principios morales ineludibles y causa incomodidad a los demás al criticar sus compromisos tradicionales. Por ello, a menudo resulta aislada y sufre intensamente ese aislamiento. Lisa desea respeto y amistad, también ella quiere ser popular y gustar a los demás. Pero se trata de una Simpson: tampoco es una santurrona, ni se cuenta entre quienes encuentran la felicidad al hacer sencillamente lo que todos dan por bueno. Al igual que su hermano, tiene un carácter aventurero, aunque sus aventuras tengan lugar en el plano moral y no en el físico. A ello se debe que los valores morales se destaquen en mayor medida en los capítulos dedicados a Lisa, y esto de manera positiva, no negativa, como en muchos de los episodios de Homer; es decir, mediante la coherencia de los principios de Lisa, y no a través del contraste de papeles con Marge.

En “La guerra secreta de Lisa Simpson”, el aislamiento moral de Lisa se ilustra en su ingreso en la escuela militar. Envían allí a Bart con la premisa de que una disciplina militar estricta controlará ss tendencias delictivas. Pero de su fácil adaptación a la escuela se desprende que difícilmente será esa la manera de refrenar su tendencia a delinquir. “Mi profe de matar dice que tengo talento”, presume Bart. Este tipo de reflexiones sobre los valores morales convencionales comúnmente sorprenden al espectador de Los Simpson. Así pues, ¿la objeción es que no hay suficiente moralidad en la serie, o que hay demasiada? ¿Se trata acaso de una perspectiva excesivamente crítica de nuestra sociedad, una visión demasiado similar a la de Lisa Simpson?

El episodio no se centra en Bart, sino en Lisa, quien insiste en que deben matricularla también en la academia militar. Allí busca los retos que no encuentra en el programa para tontos de su escuela. Y también está defendiendo su derecho como mujer a obtener igualdad de trato en relación con los hombres. Como es la primera niña que entra en la academia, todos los chicos deben mudarse a otro dormitorio, lo cual no ayuda a que Lisa sea aceptada entre sus compañeros, como anhela. Sola y enfrentada a un entorno machista, Lisa se consuela pensando en Emily Dickinson; ella también estaba sola y, sin embargo, consiguió escribir hermosos poemas, piensa, ¡pero después recuerda que Dickinson acabó como una cabra!

En púbico, Bart continúa haciéndole el vacío, teme reconocerla como a un igual. En privado, se disculpa: “Perdona lo de ayer, Lis. No quería que pensaran que me había vuelto blando con el tema femenino”. En secreto, ayuda a su hermana a entrenarse por la noche para cruzar el “Eliminador”, ejercicio son el cual no se aprueba el curso, consistente en avanzar colgado de brazos y piernas por una cuerda tendida a una altura vertiginosa, “con un factor de llegas doce”. Al final Lisa conseguirá superar la prueba, a pesar de los gritos a su alrededor, “¡que se caiga!, ¡que se caiga!”. Bart acaba protegiéndola de los abusones, un apoyo único pero eficaz. Hasta Bart sabe que no está bien abandonar a una hermana. Me pregunto si esto podría ilustrarse también con ejemplos de Harry Potter.

  1. Las penas de Lisa y el saxofón.

Lo que convierte a Lisa en algo más que una santurrona es su aguda sensibilidad y su deseo de ser feliz. La naturaleza conflictiva del deber moral y su tendencia a exigir sacrificios personales se representa aquí en toda su intensidad. En Lisa se reconoce todo el sufrimiento que puede experimentar una criatura precoz y sensible dispuesta a cumplir con unos principios autodeterminados. Su gran amor por la vida y la belleza, en contraste con su no menos profundo compromiso con la verdad y el bien, resulta en la tristeza y la frustración que expresa en las melodías anhelantes y melancólicas de su saxofón. Kant sostiene que la belleza y el arte brindan la posibilidad de una vida moral más elevada. Cuando la vida real le presta escasa o nula atención a tal posibilidad, el grito afligido del alma de Lisa encuentra expresión en el gemido del saxo. En el personaje de Lisa, la comedia de Los Simpson no nos permite olvidar la profundidad de lo trágico.

En “El blues de la Mona Lisa”, Lisa no consigue plegarse al patriotismo convencional. Durante una lección de música, en lugar de tocar las sencillas notas de “Mi país es tu país”, improvisa un solo de jazz en el saxofón. “No hay lugar para ese loco jazz en una canción patriótica”, dice el profesor de música. “Pero, señor Largo, esto es lo que es mi patria en el fondo- contesta Lisa con vehemencia-: esas pobres familias que viven en el coche porque no tienen hogar, ese granjero de Iowa cuyas tierras le arrebató la insensible burocracia, ese minero de Virginia…”. “Todo eso me parece muy bien, Lisa- suelta el profesor-, pero ninguno de esos miserables va a venir al recital de la semana que viene”.

El director Skinner envía una nota sobre Lisa, y no sobre Bart, advirtiendo a la familia sobre su comportamiento: “Lisa se niega a jugar a balón prisionero porque está triste”. Este juego parece expresar de manera particular la situación de Lisa, pues se trata de atacar a una sola persona entre todas las demás. Lisa se deja bombardear sin contagiarse del espíritu del juego, es decir, sin defenderse. Cabe recordar aquí que el episodio fue realizado muchos antes de la embestida furiosa de los reality shows y su darwiniana glorificación de la lucha por la supervivencia.

El problema es que, al parecer, no hay nadie a quien Lisa pueda contarle los motivos que cree encontrar en la raíz de su melancolía. Bart y Homer se hallan absortos en sus violentas sesiones de videojuegos, ¿cómo podrían entender sus problemas? Lisa intenta explicarse: “Simplemente no le encuentro sentido a nada. Decidme, ¿habría cambiado algo el que yo nunca hubiera existido? ¿Cómo podemos dormir por la noche cuando hay tanto sufrimiento en el mundo? “. Homer intenta animarla haciéndola saltar sobre sus rodillas. “Tal vez sea un problema de ropa interior”, piensa el padre más tarde cuando Marge le señala que Lisa está en una edad difícil. Homer al menos tiene buenos sentimientos.

La melancolía de Lisa empieza a desaparecer cuando oye las notas quejumbrosas de un colega, Gingivitis Murphy, quien bajo la luz de la luna toca su saxo en el puente solitario de un inquietante paisaje urbano iluminado por la luna. A Murphy le sangran las encías porque nunca ha ido al dentista. “Ya tengo bastante sufrimiento en la vida”, dice. Lisa le dice que a ella también le “ocurren cosas”. “Pues yo no puedo ayudarte con eso-responde Murphy, pero agrega-: podemos improvisar juntos”.

Es así como Lisa y Gingivitis acaban tocando juntos. Él canta “La soledad me puede, mi chica me dejó”, y Lisa replica:

Mi hermano es malo, malo

No hace más que chinchar.

Y mi madre en vez de palos,

Magdalenas encima le da.

Mi padre más que un padre,

Parece un chimpancé.

Soy la niña más triste,

De cuarto de EGB.

Marge interrumpe la sesión y se lleva a Lisa por la fuerza. “No es nada personal- le dije a Gingivitis- pero desconfío de los desconocidos”.

Marge, en un papel de madre tradicional, le pide a Lisa que sonría. Se trata del mismo consejo que le da su madre en un flash-back de su juventud, “antes de que cruces esa puerta debes poner cara de felicidad, porque la gente sabrá si tu madre es buena o mala según el tamaño de tu sonrisa”. Lisa responde que no tiene ganas de sonreír. Marge se mantiene en sus trece: “Lo que cuenta de verdad es lo que manifiestas por fuera. Me lo enseñó mi madre. Coge todas tus penas y empújalas hacia abajo todo lo que puedas, hasta más debajo de las rodillas, hasta que andes sobre ellas. Y, como nunca desentonarás, te invitarán a todas las fiestas, y gustarás a todos los chicos, y eso te traerá la felicidad”.

Lisa, que necesita consuelo como nunca antes. Sigue la recomendación de su madre. ¡Y da resultado! “Eh- dice un chico-, bonita sonrisa”. Un segundo crío le dice al primero “Oye, para qué hablas con ésta, seguro que te contesta algo extraño”. Lisa sigue sonriendo. “¿Sabes? Antes pensaba que eras una especie de cerebrito- dice uno de los chicos-, pero ahora veo que eres normal”.”¿Oye por qué no te vienes a mi casa después de clase?-le dice el otro-. Podrías hacerme los deberes”. “Si tú quieres…” responde Lisa. En ese momento aparece el profesor y agrega: “Espero que hoy no se repita el estallido de desbocada creatividad de ayer”.”No, señor”, contesta Lisa con una amplia sonrisa.

Al observar la escena, Marge reconoce el error de la enseñanza tradicional, y se lleva a Lisa de allí haciendo chirriar las ruedas de su coche. “Ya sabemos a quién ha salido”, dice el profesor, revelando la verdad profunda sobre la relación entre Lisa y su madre. Marge pide disculpas a Lisa: “Estaba equivocada, lo retiro, sé siempre tú misma. Si quieres estar triste, cariño, estate triste. Nosotros te apoyaremos. Y, cuando te canses de sentirte triste, nosotros seguiremos a tu lado. Desde ahora, tu madre está dispuesta sonreír por las dos.

Al escuchar esta afirmación de sus propios sentimientos, por primera vez Lisa sonríe con ganas. Y, a sugerencia suya, la familia entera va al club donde Gingivitis rinde tributo a “una de las pequeñas damitas del jazz” e interpreta el tema de Lisa. En compañía de su alegre familia, incluida Maggie, que succiona rítmicamente el chupete, Lisa está radiante. La chica libre, independiente y recta merece ser feliz.

( William Irwin- Mark T. Conard- Aeon J. Skoble. Los Simpson y la filosofía. Editorial Blackie Books. Barcelona. 2009)

La filosofía puede ser descrita como el estudio experimental o empírico, y de las relaciones que se derivan de lo empírico con lo a priori.

Autor: Samuel Alexander

Compartir artículo

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn

Área privada

Hay 312 invitados y ningún miembro en línea

ACFILOSOFIA usa cookies para darle un mejor servicio.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto