LA TEORÍA PLATÓNICA SOBRE EL ORIGEN DE LA SOCIEDAD POLÍTICA

 Los primeros teóricos del Estado fueron los autores clásicos Platón y Aristóteles. Ambos reflexionaron acerca del modelo político vigente en la época, la ciudad-estado o polis, cuya concreción ideal como ente autosuficiente traería consigo la satisfacción de las necesidades de la comunidad.

Para Platón, el hombre forma el "contrato de ciudadanía", término que aparece en su obra "República". Por el contrato de ciudadanía el ser humano elige pertenecer a un estado y suscribe con él un pacto tácito por el cual se obliga a cumplir las leyes, incluso cuando éstas sean injustas. Para comprender el sentido de esta doctrina completamente, hay que entender que ser hombre y ser ciudadano es lo mismo para este filósofo.
1. La justicia.
En Platón la concepción política gira en torno a la virtud de la justicia, que es el fundamento de la ciudad-estado y la ley justa es la esencia de toda igualdad o derecho. A este respecto, un Estado es justo cuando cada individuo es justo y se ocupa de las tareas y cometidos que le corresponden según la clase social a la que pertenece. En consecuencia, Platón asigna a cada clase social una virtud específica o prioritaria, al igual que a cada parte del alma con las que se corresponden.
Así a los productores y trabajadores les corresponde, como virtud propia, la moderación o templanza. A la clase de los guerreros le corresponde, como virtud propia, la fortaleza y a los gobernantes la prudencia o sabiduría.
Para Platón se llega a ser justo después de un proceso de perfeccionamiento de las virtudes a través de la educación, la razón, la fortaleza y la prudencia. Este proceso sólo podía culminar en edad madura, alrededor de los cuarenta años.
2. Las clases sociales.
Según Platón, la población queda clasificada dentro de su Estado en tres grandes grupos o clases sociales:
+ Los productores. Está compuesta por agricultores, comerciantes, artesanos, trabajadores, etc. es decir, la forman todos aquellos que producen bienes de consumo o servicios, o bien comercian con estos bienes y promueven la actividad económica.
+ Los guerreros. Está constituida por el ejército y la policía. Es decir, la forman los que tienen la responsabilidad de defender a los ciudadanos de amenazas externas y de mantener el orden y la convivencia internas en paz.
+Los gobernantes. Son quienes tienen la responsabilidad de conducir la política, legislar, administrar, etc. y que, para Platón, deben ser los filósofos, porque son los que alcanzan el conocimiento de las ideas de Justicia, Verdad, belleza y Bien.
El Estado ideal que proyecta Platón es, pues, el Estado aristocrático, o sea, aquel en el que gobiernan los mejores. Se considera ideal porque no se corresponde con ninguna de las formas de gobierno realmente existentes, a las que Platón considera erróneas o degeneradas. En este sentido, nuestro autor distingue tres formas políticas degeneradas: timocracia, oligarquía y democracia.
*Timocracia: Se produce cuando el gobierno lo ostentan personas por razón de honor o prestigio. Se trata, por lo general, de gobiernos basados en la conquista militar de territorios o ciudades, o de gobierno de carácter hereditario, es decir, transmitidos de padres a hijos.
*Oligarquía. Se da cuando gobiernan unos pocos, generalmente los más ricos o ciertas personas ambiciosas que buscan en el poder, ante todo, su propio interés y beneficio.
*Democracia. Gobierno del pueblo. Platón tuvo una visión muy negativa de esta forma de gobierno, considerándola como imperio de las pasiones, de los abusos y de la demagogia.
3. El gobierno de los filósofos.
Platón, tanto por su tradición familiar como por su propia vocación, estaba destinado a las tareas políticas. Sin embargo, en el año 399 a. de C., Sócrates, su maestro, fue condenado a muerte y, Platón, decepcionado por esta condena, abandonó la política activa.
A los ojos de Platón, Sócrates era un dechado de virtud y, sin embargo, había sido condenado a muerte. Dicha había sido impuesta por un jurado "legal", compuesto por 500 ciudadanos atenienses elegidos de acuerdo con las leyes. A este respecto, el propio Platón, presente en el juicio, pudo comprobar que se cumplieron todos los requisitos exigidos por la Constitución democrática de Atenas. Y, no obstante, a su parece, esta condena había constituido una manifiesta injusticia, un colosal desatino.
Platón se resolvió, ante tal hecho, a llevar a cabo un profundo análisis filosófico encaminado a averiguar cómo debía ser una Estado en el que reinara una auténtica justicia y en el que no tuvieran cabida hechos como el señalado. Platón reconoce que para gobernar el Estado es necesario recurrir al poder. Ahora bien, una cosa es el poder egoísta e interesado, el poder arbitrario del tirano o el poder del más fuerte o el más astuto; y otro, el poder justo del gobernante legítimo y honesto. ¿Cuál es la diferencia entre ellos? Según Platón, la diferencia reside en que el poder legítimo y honesto se fundamenta en la idea de Bien, mientras que los otros tipos de poder se apartan en mayor o menor medida de dicho fundamento.
Pero, ¿cómo alcanzar la idea de Bien? Para Platón, la idea de Bien no puede alcanzarse mediante ningún tipo de enseñanza mítico religiosa, ni tampoco mediante la decisión de la mayoría y mucho menos recurriendo a la fuerza o a la astucia, sino únicamente por medio de la facultad más alta y más sublime de cuantas poseemos los seres humanos, a saber, la razón.
Ahora bien, ¿cuál es la actividad propia y característica de la razón? La filosofía. En consecuencia, únicamente mediante un serio esfuerzo filosófico será posible alcanzar la idea de Bien. Para Platón únicamente la filosofía puede llevarnos a descubrir la esencia del poder legítimo y honesto, es decir, la naturaleza del Estado justo. Por tanto, los filósofos deberían ser los encargados del gobierno, porque únicamente estos son capaces de "llegar al conocimiento" de la idea del Bien y, en consecuencia, son los únicos capaces de conocer la auténtica verdad.
La política de Platón es, ante todo, una política de ideales, fundamentada en el mundo de las ideas, ya que, según él, sólo quienes logren comprender el orden y la jerarquía de dicho mundo y ascender a la contemplación de la idea de Bien, la idea suprema, serán capaces de averiguar en qué consiste el Estado perfecto y la justicia perfecta y, por ende, organizar y gobernar el Estado. No obstante, nuestro autor, en modo alguno se quedó en este nivel, sino que también intentó descender a la política concreta. A este respecto, según su opinión, la tarea política del filósofo debe abarcar, al menos, las cuatro dimensiones siguientes: En primer lugar, diseñar el prototipo del Estado ideal. En segundo, esforzarse sin pausa ni descanso, en mejorar tal diseño. En tercero, procurar que la práctica política concreta se aproxime lo máximo posible a las directrices del Estado ideal. Y, en cuarto, llevar a cabo una sana pedagogía política encaminada a la educación de los ciudadanos, pues tal y como pone de relieve Platón, ellos deben ser los encargados de impartir la educación para la ciudadanía.
Así pues, según nuestro autor sólo los filósofos deben gobernar. Ahora bien, ¿quiénes pueden llegar a ser filósofos? En teoría, todos los seres humanos. Pero a la hora de la verdad resulta que solo unos pocos lo logran. ¿Quiénes? Los mejor preparados: los más constantes, los más deportivos y los más altruistas. A este respecto, en el libro VII de la "República" se nos presenta una larga "carrera", que comienza desde niño y dura hasta después de los cincuenta años, y que tiene ligar, al principio, por el mundo de las artes y las ciencias y, posteriormente, por el de las ideas.
Y a "los que se hayan acreditado como los mejores" se les debe obligar a elevar el "ojo del alma" – o sea, el entendimiento- hacia la idea de Bien y, tras contemplar el Bien sí, "sirviéndose de éste como paradigma" serán los encargados de "organizar durante el resto de sus vidas- cada uno a su turno- el Estado, a los particulares y a sí mismos, pasando la mayor parte del tiempo con la filosofía, pero cuando el turno llega a cada uno, afrontando el peso de los asuntos políticos y gobernando por el bien del Estado".
Las tares del Estado son muy numerosas, pero además de las ya señaladas, Platón hace hincapié en las dos siguientes: la eliminación de la pobreza y de la riqueza y la educación de la juventud.
*La eliminación de la pobreza y la riqueza. A juicio de Platón, tanto la pobreza como la riqueza impiden a los individuos cumplir correctamente con sus funciones sociales. En consecuencia, proscribe la propiedad privada tanto para los guerreros, como para los filósofos o gobernantes. La clase de los productores podrían poseer propiedades y hacer el uso que consideren oportuno de las mismas; sin embargo las otras dos clases no.
*La educación de la juventud. Según Platón, las mujeres, exactamente igual que los varones, deben ser educadas tanto en las ciencias y las artes (astronomía, música, matemáticas, etc.) como en las actividades físicas (gimnasia, estrategia militar...); por tanto, el Estado deberá hacerse cargo de la educación de los hijos. A estos efectos, nuestro autor propone la supresión de la familia convirtiéndose así el Estado en la única y gran familia.
( AA.VV. Filosofía y Ciudadanía e Historia de la Filosofía.Editorial Mc Graw Hill. Madrid.)

La filosofía responde a la necesidad de hacernos una concepción unitaria y total del mundo y de la vida.

Autor: Miguel Unamuno

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