GLOBALIZACIÓN Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA EN EL SIGLO XXI

Nuestro mundo ha ido cambiando y nuestros problemas también. Hemos pasado de una sociedad industrializada a la sociedad del conocimiento, de la política nacional a la política global, de la ciudadanía local a la ciudadanía cosmopolita. Estos cambios han llevado a la transformación de los Estados nacionales, impulsando políticas de descentralización y, a la vez, creando uniones interestatales, en la línea de lograr alguna forma de gobierno mundial. En una sociedad globalizada, y frente al aumento de las diferencias económicas entre los países del Norte y del Sur, el crecimiento de la población, el desigual reparto de los recursos o la crisis medioambiental son necesarias nuevas ideas e iniciativas políticas, así como una ciudadanía más democrática y participativa, a la vez que comprometida con el conjunto de la humanidad.

1. Problemas sociales, económicos y políticos actuales.
Las últimas décadas del siglo XX y los primeros años del siglo XXI han significado el fin de la sociedad industrial y el despegue de la sociedad del conocimiento: un modelo de sociedad basado en el dominio de la información y su aplicación a la producción y el consumo de bienes. Las tecnologías de la información y la comunicación han logrado globalizar la economía, la política y la cultura, de modo que vivimos en un mundo interconectado, donde los países dependen unos de otros, tanto para prosperar como para mantener su seguridad, luchar contra las enfermedades o enfrentarse a la degradación del medio ambiente. Habitamos una aldea global y, quizá por primera vez en la historia, nada humano nos es ajeno. Por eso, es importante afinar nuestra mirada crítica, observar lo que está pasando y juzgar los cambios con objetividad. Es posible que las novedades que estamos experimentando sean oportunidades que nos permitan mejorar nuestro futuro, siempre que podamos controlar la globalización y convertirla en un proyecto mundial solidario.
1.1. El fenómeno de la globalización.
La globalización es un proceso de interconexión económica, financiera, social, política y cultural entre personas y organizaciones a nivel mundial. La globalización es posible gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Dichas tecnologías permiten que muchas personas y grupos puedan entrar en contacto y tomar decisiones sobre su vida y sus intereses. Pero no todos pueden hacerlo. Hay extensas áreas de la geografía mundial donde no se tiene acceso a las telecomunicaciones y las personas quedan excluidas de la globalización.

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Quienes sí han sabido aprovechar la globalización han sido los grupos financieros y las empresas multinacionales, y también algunos Gobiernos. Gracias a la globalización, estas organizaciones pueden tomar decisiones de alcance mundial, llevar a cabo grandes negocios y aumentar su poder. Hoy en día, la globalización se manifiesta en todos los terrenos:
a. En el terreno económico, los capitales de los grupos financieros circulan libremente por todo el mundo, traspasando fronteras; las multinacionales extienden sus sistemas de producción, distribución y consumo por todos los países; con la globalización, el mercado se ha mundializado.
b. En el terreno industrial y comercial, las empresas se trasladan a países donde la mano de obra es más barata, se pagan menos impuestos o no se controla la contaminación. De este modo, consiguen abaratar sus costes.
c. En el terreno político, los Estados están perdiendo el control de la economía y ven disminuida su capacidad para intervenir en la vida de los ciudadanos, frente a los intereses de las grandes multinacionales. Además, las políticas nacionales tienen cada vez menos importancia frente a las políticas internacionales, aquellas que se deciden en centros alejados del ciudadano de a pie. Como consecuencia, la participación de los ciudadanos en política se ve empequeñecida con la globalización.
d. En el terreno sindical y asociativo, los sindicatos y los partidos políticos están en crisis, ya que ha perdido capacidad representativa y negociadora frente al poder de las grandes empresas. En contrapartida, han aparecido nuevos movimientos sociales implicados en problemas de alcance mundial (pacifismo, ecologismo, feminismo...). Uno de los movimientos sociales de más peso en la actualidad e, precisamente, el Movimiento de Resistencia Global (MRG) o movimiento antiglobalización, que es una respuesta a la globalización de los grandes organismos financieros y de las multinacionales.
e. En el terreno social, la globalización ha dividido a los grupos humanos en dos categorías: los que han conseguido dominar las TIC y tienen más posibilidades de enriquecerse, y los que han quedado excluidos de ellas. Los triunfadores tienen un nivel de vida alto, viajan por negocios y por turismo, hablan idiomas, dominan la informática y pueden acceder a todo tipo de productos culturales (música, cine, teatro, arte...).
f. En el terreno cultural, la globalización lleva a todos los rincones del planeta los mismos mensajes, la misma propaganda y las mismas ofertas de ocio. Hay quien interpreta que este proceso conlleva, además de cierto empobrecimiento cultural, cambios en la escala de valores de las personas.
De la globalización se pueden esperar ventajas e inconvenientes y, por tanto, debería ser abalizada y valorada en su conjunto. Hay quien ve en ella la gran oportunidad para el desarrollo de los países pobres: solo hace falta aprovechar todo su potencial y ponerla al servicio de la igualdad y la justicia social. Para ello es necesario gobernar o civilizar a globalización.
1.2. El gobierno de la globalización.
Frente al fenómeno de la globalización y sus resultados, pueden adoptarse básicamente tres posiciones:
*La aceptación incondicional del modelo globalizador, puesto al servicio de los agentes económicos más poderosos, a los que se considera la garantía y el motor del progreso mundial. Quienes piensan así son los partidarios de la economía neoliberal. Están convencidos de que el bienestar de todas las personas del mundo depende del libre intercambio de bienes y servicios. En su opinión, no hace falta ninguna autoridad política que regule este proceso. Al contrario, el propio mercado y la libre competencia se encargarán de ajustar los precios y conseguir que el bienestar llegue a todos.
*El rechazo radical de toda forma de globalización, opuesto a cualquier movimiento de capital, empresas y productos industriales y culturales a nivel mundial. Quienes piensan así identifican la globalización con los intereses de los más ricos y poderosos, y consideran que dichos intereses no hacen más que ahondar las diferenciar económicas y de poder político y cultural entre los pueblos. La globalización crea una relación de explotación y dominio de los países ricos sobre los pobres. Este dominio no es solo económico, sino también político y cultural. Esta es la opinión de grupos fundamentalistas islámicos y de algunos sectores occidentales contrarios a la globalización.
*La posición intermedia, que consistiría en aceptar la interdependencia y la conexión entre los países como un hecho inevitable, aunque susceptible de mejora. En esta línea, habría que reconocer las posibilidades que ofrece la globalización, aunque se debería conseguir que estuviera al servicio de todos, ricos y pobres, sin excluir a nadie. Para lograrlo, la globalización debería ser gobernada o civilizada por algún organismo internacional que tuviera en cuenta los intereses de todo el mundo. Así pues, se debería intervenir en el fenómeno de la globalización, tanto a nivel económico como político, social y cultural, y no dejarlo todo en manos del mercado y la libre competencia.
1.3. Algunas propuestas para gobernar la globalización.
Con objeto de gobernar la globalización y lograr ponerla al servicio de la humanidad, los economistas críticos proponen medidas como las siguientes:
a) Iniciativas económicas.
- Reforzar y democratizar los organismo económicos internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio...) a fin de que puedan gobernar la globalización, hacerla ecológicamente sostenible y luchar contra la pobreza y la exclusión.
-Promover uniones económicas de carácter regional que permitan a los países aprovechar las ventajas del comercio internacional y mantener un poder político suficiente para dialogar con las multinacionales con ciertas garantías de éxito.
-Condonar la deuda externa de los países del Tercer Mundo, controlando que esos recursos reviertan en beneficio de toda la población y especialmente de los más pobres.
-Introducir en las empresas exigencias éticas y responsabilidades de tipo social, a partir de la presión ejercida por movimientos sociales de carácter ecologista, solidario y humanitario; asimismo, penalizar a aquellas empresas que intervienen en actividades ilegales o destructivas.
-Aprovechar el consumo para ejercer y fomentar la solidaridad por medio de la compra de productos de comercio justo o de bienes de empresas que dediquen parte de sus beneficios a la solidaridad. Acabar con las ayudas a los agricultores de países ricos, que exportan sus excedentes a bajo precio (dumping).

b) Iniciativas sociopolíticas.
-Promover los derechos humanos y las políticas de redistribución de rentas, luchar contra las redes globales ilegales o criminales, así como apoyar los mecanismos de participación política.
-Aprovechar la dimensión internacional de los partidos políticos y de los sindicatos para establecer una cultura del diálogo entre las sociedades y los Gobiernos de los distintos países en relación con problemas de alcance mundial.
- Fomentar las instituciones internacionales de defensa de los derechos humanos, como el Tribunal Penal Internacional.
-Reforzar los movimientos sociales de solidaridad con los excluidos, así como las organizaciones de carácter no gubernamental (ONG).
c) Iniciativas culturales.
-Trabajar por la dignidad y el bienestar de las personas, centrando todos los debates y la toma de decisiones en el ser humano.
-Fomentar una conciencia ética de carácter universal, que luche por el reconocimiento de los derechos humanos en todo el planeta.
-Favorecer en las escuelas de todo el mundo una formación tecnológica y humanística de calidad, que permita a los alumnos y alumnas madurar como personas, a la vez que se les capacite para usar activamente las TIC.
-Fomentar el diálogo interreligioso y el diálogo entre las creyentes y los no creyentes, a partir de valores universales, como la igualdad, la justicia y la libertad.
2. Nuevos retos para la humanidad.
En un mundo globalizado, muchos problemas tienen una dimensión mundial. Sea porque sus consecuencias nos afectan a todos o porque se necesita la colaboración de todos para darle solución. Así sucede con la desigualdad económica entre los países, la crisis medioambiental, la amenaza nuclear, el terrorismo internacional, los movimientos migratorios o la crisis de los Estados frente al poder del mercado capitalista.
2.1. La crisis medioambiental.
Cuando hablamos de crisis medioambiental nos referimos a la situación creada por la sociedad humana a causa de la utilización de recursos naturales y la producción de desechos, en tasas que nos son sostenibles y que amenazan con efectos negativos globales y de gran intensidad. Partimos de la idea de que la actual crisis medioambiental es una consecuencia de la actividad humana en el planeta y, particularmente, del modelo económico que impera en los países desarrollados. Hubo un tiempo en que se creyó que el potencial de la naturaleza era infinito y que el medio ambiente podía soportar cualquier sobreexplotación por parte del ser humano. El modelo de desarrollo implantado por los países ricos se basaba en este (falso) supuesto que, de ser cierto, hubiera permitido extender el crecimiento industrial y consumista a toda la humanidad.
Sin embargo, hacia 1980, los países industrializados reconocieron que su modelo de crecimiento no era viable. Los estudios de ecología sobre niveles de contaminación y ritmo de utilización de los recursos naturales renovables y no renovables aconsejaban rebajar el nivel de explotación. El sistema económico capitalista- consumir para seguir creciendo- contenía la semilla de su aniquilación. Era necesario replantear su estructura y sus finalidades para no comprometer el futuro de las nuevas generaciones.
En 1987, la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo proclamó la necesidad de trabajar en la línea de un desarrollo sostenible: era el llamado "Informa Brundtland". Allí se dice que el desarrollo sostenible es aquel modelo de desarrollo capaz de satisfacer las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades. Con este modelo de desarrollo, se incorporó al debate económico el concepto de responsabilidad intergeneracional, para referirse a las consecuencias de nuestras acciones sobre el bienestar de las generaciones futuras.
La sostenibilidad es una manera de limitar la degradación de la naturaleza sin renunciar al desarrollo económico. La propuesta de un desarrollo sostenible ha sido aceptada por las instituciones internacionales, al menos de manera oficial. Pero esa política ha de ser dirigida por los Estados, exigiendo a las empresas que incorporen a sus procesos de fabricación los costes ecológicos derivados de su actividad. Se trataría de cuantificar el gasto que los procesos industriales generan en el medio ambiente y hacer pagar a las empresas y los consumidores una cantidad que tienda a compensarlo.
Por otra parte, un modelo de desarrollo sostenible debería atender a los costes sociales que produce el mercado, pues una economía basada en la libre competencia excluye a muchas personas del sistema, bien sea por falta de medios o de capacidad. Esto significa que, para valorar la prosperidad económica de una sociedad, se deberían tener en cuenta sus consecuencias sociales negativas (bolsas de pobreza, desocupación...), y no solo los beneficios que obtienen las empresas o los bancos. Una economía no puede ser realmente próspera si en ella conviven la riqueza de unos pocos y la pobreza de la mayoría. La referencia a los costes sociales del mercado manifiesta la importancia de la ética y la política a la hora de valorar la bondad o la maldad de las decisiones económicas.
En estos momentos, la intervención humana puede ser un peligro para el medio ambiente y para el propio ser humano, sobre todo si tenemos en cuenta los intereses de las generaciones futuras. Por tanto, hay que asumir que el modelo de desarrollo económico actual no puede durar siempre, ni hacerse extensivo a toda la humanidad. El sueño de un progreso infinito a costa de la naturaleza es un sueño imposible porque la naturaleza tiene sus límites.
2.2. Las desigualdades económicas.
En nuestro mundo globalizado e interdependiente, la pobreza y el hambre, así como las diferencias entre ricos y pobres van en aumento, a pesar de que la riqueza mundial, la capacidad tecnológica y las conexiones internacionales sean mejores que nunca. El problema, por tanto, no tiene su origen en la falta de recursos, sino en el desigual reparto de la riqueza.
El libre comercio, que es uno de los pilares de la globalización, no es una realidad para todos: las empresas del norte tienen cada vez menos barreras para vender o invertir en el sur, mientras que los países del sur difícilmente pueden vender a los del norte, cuyas economías suelen ser más proteccionistas. La realidad es que las economías desarrolladas solo han liberalizado aquellos sectores que les convienen, pero no lo sectores que convienen a los países en desarrollo, como la agricultura. De ahí que, en la era de la globalización, el comercio sea una fuente de riqueza que queda reservada a unos pocos, ya que se excluye del mercado a millones de personas que no pueden competir en condiciones de igualdad.
Además, las diferencias económicas no se dan únicamente entre países, sino también dentro de un mismo país. La fractura social afecta incluso a Estados Unidos, patria del liberalismo económico y de la globalización. En ese país, la cifra de pobres supera, actualmente, el 11% de la población y crece cada año en varios cientos de miles de personas. Por otra parte, el nivel de vida del 10% más pobre de las familias americanas es significativamente más bajo en la actualidad que hace una generación. Lo curioso de este fenómeno es que la población estadounidense no cuestiona ni se rebela contra el aumento de la desigualdad. Muchos de ellos creen que con la nueva economía tienen más oportunidades de progresar y esperan encontrar esa oportunidad.
Una vez más se trata de gobernar la economía y evitar que las grandes decisiones se tomen en instancias supranacionales de carácter privado. Parece necesario establecer alguna forma de regulación externa para que el mercado no aumente la pobreza en el mundo. Esta regulación o control externo debería, además, compensar las desigualdades, favoreciendo a los países menos desarrollados y, dentro de cada país, a las economías de las personas más débiles. Quizá una solución fuera la creación de un fondo mundial contra la pobreza que permita a los países pobres garantizar un mínimo de necesidades básicas a su población.
3. El Estado ante los nuevos retos mundiales.
El Estado, tal como hoy lo conocemos, "se ha hecho demasiado grande para las cosas pequeñas y demasiado pequeño para las cosas grandes", como afirma el sociólogo Daniel Bell (1919). De ahí que muchos Estados experimenten en la actualidad una doble tendencia, aparentemente contradictoria. Por un lado, la tendencia hacia la descentralización, y cedan poder a las Administraciones autonómicas y locales; por otro, la tendencia hacia la creación de uniones interestatales, y busquen apoyo para el poder estatal participando en proyectos con otros Estados. Así pues, observamos cómo el Estado centralista y soberano que conocíamos se está transformando en una organización política más flexible, a la vez que se integra en redes mundiales de decisión.
Las razones para la descentralización estriban en una creciente desconfianza hacia el Estado central, que se ve obligado a compartir su soberanía con instituciones de gobierno, regionales o locales, reconociendo la diversidad que se da en su interior, buscando la manera de gestionar mejor sus recursos y acercando los poderes políticos de decisión a los ciudadanos afectados por estas decisiones. Cada vez más se considera que las Administraciones cercanas al ciudadano dan un mejor servicio y, por tanto, se prefiere su gestión frente a la del Estado central.
En segundo lugar, los Estados nacionales han perdido competencia frente a los retos de la globalización y la crisis medioambiental. Los problemas actuales son de tal complejidad, que ningún Estado puede abordarlos satisfactoriamente de manera aislada. De ahí que los Gobiernos impulsen la integración de los Estados en unidades políticas de carácter regional; por ejemplo, la Unión Europea, que, desde su integración económica y monetaria, camina hacia la unidad política. Hay otros procesos similares en América, como el Mercado Común de América del Sur(MERCOSUR) o el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; en África, la Unión Africana; en Asia, la Asociación de Naciones del Sureste Asiático. Algunos de estos procesos de regionalización, se origen económico, no excluyen la creación de auténticas federaciones políticas.
Además, los Estados nacionales han de competir y colaborar con otros actores políticos internacionales que, con frecuencia, invaden competencias que hasta ahora se habían considerado exclusivas de los Estados. Entre dichos actores internacionales podemos mencionar:
-Las organizaciones de carácter mundial: la ONU y todos sus organismos dependientes (el Foro Monetario Internacional, La Organización Mundial de Comercio, la UNESCO, la FAO, la OIT,etc.).
-Las grandes empresas multinacionales, cuyo potencial económico permite tratar de igual a igual a los Estados en la gestión de las comunicaciones, de la energía, de las finanzas, de la producción tecnológica o farmacéutica...
-Las organizaciones no gubernamentales de carácter transnacional, como Greenpeace, Médicos sin Fronteras, Amnistía Internacional, Oxfam...
-Las redes internacionales que mezclan negocios y delitos a nivel internacional: blanqueo de dinero, tráfico de armas, narcotráfico, etc.
Este nuevo escenario ha llevado a que los Estados vean difuminarse dos de las características que los distinguían de otras organizaciones: la soberanía o independencia política y el monopolio del poder en un territorio. En estos momentos, el poder del Estado parece estar en cuestión, tanto desde dentro como desde fuera.
4. La superación del Estado
A principios del siglo XXI, se apuntan diversas formas de organización política como sustitutivas de la organización estatal:
*La creación de un "Estado mundial" con la estructura y medios de que disponen los Estados nacionales, es decir, con instrumentos de coacción, deliberación y gestión; diversos "ministerios" u organismos internacionales de carácter económico, cultural, educativo o sanitario, y tribunales de justicia. De este modo, se podrían elaborar políticas de alcance mundial y aplicarlas con ayuda de la coacción si fuera preciso.
*La creación de un "Estado en red", integrado por un conjunto de centros de decisión y gestión, en la que el Estado compartiría protagonismo con otros actores de naturaleza política y no política. Habría que contar con los Gobiernos autonómicos y locales, con las organizaciones interestatales de carácter regional y los organismos internacionales de carácter mundial; pero también con organizaciones de índole no política que ejercen su actividad a nivel mundial: las distintas confesiones religiosas, las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario, los medios de comunicación de masas de alcance mundial, las empresas multinacionales, etc.
Todos estos actores intervendrían en la elaboración de políticas de carácter planetario, manteniendo informada a la opinión pública de carácter planetario, dinamizando la participación ciudadana, influyendo a la hora de tomar decisiones...Todos ellos se relacionarían a través de una compleja red de comunicaciones, estableciendo conexiones multidireccionales, sin ningún tipo se jerarquía ni centralismo.
Existen razones que avalan la necesidad de una organización política de este tipo, ya que, por ejemplo, no se puede hacer una política económica eficaz sin tener en cuenta los diversos protagonistas y actores interesados: las Administraciones estatales, las multinacionales, los organismos económicos internacionales, los sindicatos y las organizaciones patronales, los Gobiernos subestatales y locales, los medios de comunicación, etc.
No obstante, la superación de los Estados nacionales, por alguna de las formas de Estado que acabamos de apuntar, no se justificaría únicamente por la eficacia de su gestión, sino por el valor de sus objetivos y la capacidad de lograrlos por vías adecuadas de tipo democrático. ¿Qué objetivos debería marcarse un Estado mundial y a través de qué medios podría justificarse su existencia?
Básicamente, serían los siguientes:
-La actividad de un Estado mundial debería estar al servicio del desarrollo de todo el planeta y, por tanto, tratar de superar las actuales diferencias económicas entre el Norte y el Sur.
-También debería estar al servicio de la democratización de todas las sociedades, especialmente de aquellas donde se vulneran los derechos políticos, civiles y sociales de la población.
-Debería estar al servicio de la paz mundial; es decir, evitar políticas imperialistas y avanzar en políticas de interdependencia, equidad y solidaridad mutua.
-Finalmente, no puede haber autoridad mundial que no respete las diferencias culturales de los pueblos. Esta exigencia comportaría impulsar un verdadero "diálogo de civilizaciones" en condiciones de igualdad y, por tanto, defender la democracia y, a la vez, la identidad cultural de cada civilización, sin dejarse arrastrar por la cultura occidental, así como defender los derechos humanos.
5. Participación política y ciudadanía a comienzos del siglo XXI.
Los cambios sociales, económicos y políticos que hemos visto influyen y condicionan la actividad de las personas en el mundo actual. Se trata de cambios globales que afectan al conjunto de los individuos del planeta: todos estamos implicados y todos podemos colaborar en la solución de dichos problemas. En este sentido, podemos considerarnos "ciudadanos del mundo", miembros de la misma aldea global. Además, las tecnologías de la información y la comunicación abren nuevas perspectivas de actuación a la ciudadanía. Si nos lo proponemos, podemos participar más y con mayor efectividad en la política local, nacional y global, ampliando los márgenes de la democracia. En dichas circunstancias está emergiendo una ciudadanía global y cosmopolita, interesada por lograr un mundo más justo e igualitario.
5.1. Modelos de participación política.
La participación política es el proceso mediante el cual un ciudadano o ciudadana puede tomar parte o influir en las decisiones políticas. La participación política:
a)Es un valor: por ello debe formar parte de la educación de la ciudadanía como un factor fundamental de la actitud democrática.
b)Es un medio para conseguir un fin: es un medio para lograr la implicación de las personas en los asuntos públicos y dinamizar la democracia.
c)Es un mecanismo de transformación social porque fomenta un tipo de ciudadanía crítica que aporta ideas para resolver problemas y ejerce presión sobre las instituciones para conseguir mejoras sociales.
d)Es un deber y una responsabilidad, porque sin participación política no hay democracia. La democracia se crea y se renueva con cada generación de ciudadanos y ciudadanas y de ahí el compromiso de la ciudadanía para evitar perderla.
e)Es la forma de dar legitimidad a la democracia porque la participación política da valor a la democracia cuya esencia es la voluntad popular y, por eso, el grado de participación ciudadana es un indicador clave de la madurez democrática de una sociedad.
5.2. Clases de participación política.
La participación política se puede ejercer de muchas maneras, pero a grandes rasgos podemos distinguir dos:
a)La participación directa: la ciudadanía ejerce por sí misma su capacidad de influir sobre los órganos de dirección del Estado, bien sea formalmente ( referéndum, consultas a la ciudadanía...) o de manera informal ( encuestas, foros de debate...)
b)La participación indirecta: la ciudadanía elige a sus representantes mediante elecciones libres para dirigir la gestión de los asuntos públicos. Ir a votar es la forma más característica de participación política y cada ciudadano equivale a un voto, es decir, no hay votos más cualificados que otros.
Estas dos formas de participación, que se dan simultáneamente en una sociedad democrática, tienen como fin la gestión del poder político. En la primera, la ciudadanía ejerce directamente su soberanía; en la segunda, la ejerce a través de sus representantes.
Con frecuencia, la ciudadanía elige medios no convencionales para hacer llegar su malestar a los gobernantes o reclamar sus derechos. Estamos hablando de la participación en la calle (manifestaciones...) y la participación persuasiva (recogida de firmas, escritos en los medios de comunicación...). Se dan porque las vías institucionales no son suficientes, ha crisis de partidos políticos y, por tanto, hay crisis de la democracia representativa y se empieza a hablar de la democracia participativa como alternativa.
No significa que la democracia esté en crisis, sin la forma de ejercer la participación en la democracia. Se están abriendo nuevos canales de participación (SMS, Internet) para nuevos movimientos sociales (ecologismo, feminismo...).
5.3. Una ciudadanía más participativa.
Desde hace algunos años, la ciudadanía exige nuevas formas de participación para influir en las decisiones políticas. El ciudadano y la ciudadana quieren intervenir en las decisiones políticas con más frecuencia y efectividad, en vez de limitarse simplemente a los comicios electorales.
Esta nueva cultura política ha difuminado la distinción entre izquierda y derecha y se interesa por cuestiones que n son estrictamente materiales (el derecho al paisaje), por valores "postmateriales" (la paz), por problemas mundiales (la desigualdad económica) o por el reconocimiento de minorías sociales, culturales (minorías étnicas, etc.).
En esta línea, las tecnologías de la información y la comunicación constituyen un terreno muy apropiado donde practicar la democracia participativa.
5.4. Las TIC.
Las nuevas tecnologías de la comunicación permiten formas hasta ahora desconocidas de participación en el control político. Por ello se habla de:
a)Democracia electrónica. Se trata de hacer llegar al Gobierno o a los políticos las opiniones de la ciudadanía en asuntos como proyectos de ley que se tramitan en el Parlamento, acceder a las enmiendas presentadas por algún grupo político. Esta democracia favorece la transparencia y el control del poder político, aproxima a los gobernantes a los gobernados y aumenta el grado de legitimidad de la actividad política.
b) Democracia directa electrónica. Se usarían las nuevas tecnologías para recabar la opinión del ciudadano sobre cuestiones concretas, en referendos y la emisión electrónica del voto. Así podríamos votar. Esta es una posibilidad que ha sido ensayada en algunos países, pero que como sistema no ha sido implantado en ninguno, aunque podría aplicarse en lugares donde es frecuente la participación directa de la ciudadanía, como sucede, por ejemplo, en Suiza.
Entre las ventajas de estas formas de participación podemos ver la mayor implicación de la ciudadanía en los proyectos políticos, la ampliación del contacto entre instituciones y ciudadanos, la inmediatez con la que pueden decidirse consultas electorales, el intercambio y difusión de información a través del ordenador, la posibilidad de interacción y debate directo entre ciudadanos, la posibilidad de que los ciudadanos y ciudadanas construyan sus propias corrientes de opinión...
También presenta inconvenientes, como la dificultad para identificar al ciudadano que vota o expresa su opinión; la pérdida del sentido social y comunitario de la política, esto es, el riesgo de entender la política como un asunto privado entre la ciudadanía y los gobernantes, poniendo en peligro el consenso de las instituciones; el riesgo de practicar políticas populistas, " a la carta", según la inmediatez de los intereses ciudadanos; la desigualdad entre aquellos que tienen acceso a los medios de democracia electrónica y los que no...
6. Sociedad mundial y nuevo modelo de ciudadanía.
Frente a todos los problemas que venimos viendo el ciudadano del mundo se plantea cuál debe ser su actitud. Algunas de las líneas de actuación que podemos tomar son:
-Apoyar todas las iniciativas que pongan la globalización al servicio de todas las personas.
-Apostar por el desarrollo sostenible y por el consumo responsable.
-Luchar para que las empresas incorporen los costes ecológicos y sociales que genera la producción de bienes.
-Combatir el poder de los grandes grupos financieros y las multinacionales en el diseño de la actividad económica.
-Dar apoyo a las políticas estatales que limiten el poder dl mercado y compensen a los más desfavorecidos.
-Apoyar las formas de comercio justo y las políticas de redistribución de la riqueza.
Todas estas iniciativas se fundamentan en los valores de justicia e igualdad. Si todos somos iguales debemos ser tratados de la misma manera y esto significa, sin duda, completar el déficit de justicia que observamos a nuestro alrededor con una decidida intervención solidaria y humanitaria que acabe con las desigualdades.
Este ideal de ciudadanía cosmopolita, activa, participativa y que se hace responsable del bienestar de toda la humanidad es una prolongación del pensamiento de Kant que, en el siglo XVIII, propuso un derecho de ciudadanía mundial como medio y condición necesaria para la paz perpetua.
Por todos los cambios que se están produciendo en el mundo debemos buscar un nuevo modelo de ciudadanía de orientación universalista basado en la igualdad de todos los seres humanos y la justicia, construido sobre una ética y una política de la solidaridad mundial y la responsabilidad compartida.
( AA.VV. Filosofía y Ciudadanía. Bachillerato. Editorial Almadraba. Madrid. 2008).

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La filosofía puede ser descrita como el estudio experimental o empírico, y de las relaciones que se derivan de lo empírico con lo a priori.

Autor: Samuel Alexander

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