ALGUNOS PROBLEMAS DEL IDEAL DE CIUDADANÍA DEMOCRÁTICA

Son múltiples los problemas teóricos y prácticos del ideal de ciudadanía democrática. Algunos de esos problemas teóricos son los siguientes.

Es posible que el ideal de ciudadanía sea un ideal prestado de las morales religiosas, y que no sea viable sin el fundamento que esas morales le proporcionan. Y es que la consideración de la persona como alguien dotado de dignidad absoluta parece demandar un fundamento absoluto, esto es, un fundamento “sagrado”. No es asunto a discutir aquí, pero se debe tomar en serio la crítica de Peter Sloterdijk a los derechos humanos como rescoldos de una tradición religiosa.

Peter_SloterdijkPuede que el ideal de ciudadanía democrática sea legítimo en la tradición occidental en la que se enmarca, pero que no sea capaz de trascender esas fronteras. Aun asumiendo, lo que es discutible, que otras culturas reconocen el principio axiológico de la dignidad de las personas, lo interpretan de modos que no son en absoluto reconciliables con la interpretación occidental.

Pero es que en el mismo seno de la tradición occidental la dignidad de las personas es término con significados muy distintos. Para unos, remite a Dios Creador; para otros, a la libre voluntad de las personas que deciden reconocerse como dotadas de dignidad. Y estas diferencias de fundamento se traducen en diferencias de valoración moral: para unos, por ejemplo, el aborto es sencillamente un asesinato del no-nato, reflejo de la dureza de corazón de nuestro tiempo; para otros, intervención libre y soberana de la mujer sobre su cuerpo, y quien tiene dureza de corazón es el que recrimina a la mujer por ejercer su libertas en un acto que casi siempre le resulta muy doloroso física y emocionalmente. ¿Quién tiene razón?

Pero es que, además, aunque existiera un consenso universal sobre el sentido de la dignidad humana, hay que reconocer que la sola idea de dignidad no es capaz de alumbrar moralmente todas las situaciones humanas: ni las víctimas de la historia no el sentido que tiene lo inevitable (la muerte y el sufrimiento espiritual en la existencia humana) tiene respuesta en la idea de dignidad. No todo problema moral es un problema de justicia.

En cuanto a sus problemas prácticos, es posible que el ideal de ciudadanía democrática sea, sencillamente, un “imposible” al que nos referimos como una vieja cantinela para legitimar el sistema democrático, pero sin ninguna “base real”. La razón es que la complejidad de los problemas globales exige un nivel de información, formación y participación que no se puede generalizar a toda la ciudadanía. Citemos un ejemplo de los muchos posibles, un debate que recorre el mundo en la actualidad: la utilización de la energía nuclear. El debate sobre “energía nuclear sí/energía nuclear no” exige la evaluación de consecuencias que solo los expertos estarían en disposición de calibrar, y ello además con un alto grado de incertidumbre. ¿Cómo vamos a esperar que una trabajadora de 40 horas semanales, madre de dos hijas, cuidadora a tiempo parcial de su padre, miembro del Consejo Escolar, etc., le dedique al asunto de la energía nuclear el tiempo que este requiere para tomar una decisión “cabal”?

(Pérez Carrasco J. Bien Pensado. Filosofía y Ciudadanía. Editorial Pearson Alhambra. Madrid 2008)

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