EL UTILITARISMO

Esta corriente filosófica, cuyos principales representantes fueron J Bentham y J. Stuart Mill, se desarrolló en Gran Bretaña entre los siglos XVIII y XIX.

Época que  coincidió con la Revolución Industrial; fue un período de una actividad febril que permitía augurar un nuevo ideal de mundo basado en el bienestar y la comodidad ( a pesar de que las condiciones de vida de la clase obrera eran nefastas). Los autores utilitaristas desarrollaron sus teorías adaptándose a este nuevo contexto histórico y social.

Los utilitaristas defienden una concepción ética teleológica, porque consideran que las acciones solo tienen un sentido por la finalidad a la que tienden; no tienen un sentido en sí mismas, a diferencia de lo que pensaba Kant. Estos pensadores son, por tanto, consencuentalistas: las acciones son buenas en función de sus efectos y consecuencias y no por sus intenciones. Las intenciones no son nada si no van seguidas de las consecuencias deseadas.

Para los utilitaristas hay que buscar el bienestar del mayor número de personas. Estos pensadores no se limitan a considerar exclusivamente lo que es útil para una sola persona, sino lo que es útil para la mayoría. Bentham y Mill se plantearon la siguiente cuestión: ¿qué ocurriría si todo el mundo actuara igual que yo? Por ejemplo, robar un libro de una biblioteca puede ser bueno para mí, pero no es lo mejor para la mayoría; por tanto, esta acción es condenable.

La finalidad a la que aspira todo ser humano es la felicidad, que para los utilitaristas es equivalente a placer o bienestar. La felicidad es un bien en sí misma y cualquier cosa que nos proporcione felicidad es un bien.

The_BettmannJeremy Bentham.

Para este autor, la ética consiste en el arte de dirigir las acciones de los seres humanos hacia la producción de la mayor cantidad de felicidad posible. El fin de las acciones humanas consiste en buscar la felicidad y tratar de escapar del dolor.

Para Bentham, cada placer tiene la relevancia que uno le quiera dar. Una actividad ran sencilla como un juego de cartas puede ser muy importante para numerosas personas. Lo importante es gozar y tener el mayor número de estímulos posibles. Por ello, también recomendaba compartir los placeres y darles publicidad, de modo que más personas puedan disfrutar de dichos placeres.

Bentham también es consciente de que hay satisfacciones que se obtienen a costa del sufrimiento de otras personas y que, en ocasiones, para disfrutar de una mayor satisfacción ha sido necesario un sufrimiento previo.

Como este autor primaba maximizar el beneficio, en caso de conflicto recomendaba sacrifica los intereses particulares o sufrir un dolor si con ello el beneficio que se obtenía era mayor. Por ejemplo, pagar impuestos puede resultar desagradable, pero si luego se tienen una escuela de calidad y buenos medios de comunicación, Bentham concluye que ese esfuerzo vale la pena.

John Stuart Mill.

Este filósofo asume las ideas de su predecesor, aunque Mill remarcó que no todos los placeres son iguales y que pueden jerarquizarse en placeres inferiores( los relacionadosJohn_Stuart_Mill con las pasiones) y superiores (los relacionados con el intelecto).

Mill afirmó en una ocasión: “es mejor ser un hombre insatisfecho que un cerdo satisfecho”. Con esta sentencia, Mill recalca que el ser humano es mucho más difícil de contentar que cualquier otro animal. Para satisfacer a un cerdo basta con proporcionarle abundante alimento mientras que los placeres humanos son variados y mucho más complejos, como por ejemplo, ir al teatro, leer una novela, conversar…

Mill defiende que el ser humano tiene la capacidad de desarrollar sus facultades más elevadas mediante el estudio y el conocimiento, y que este es el aprendizaje que le depara mayores placeres.

La felicidad se basa, principalmente, en la dignidad humana y el respeto por uno mismo; Mill también apunta que solo se puede ser feliz si las personas más próximas son felices. La felicidad no es, por tanto, individual sino solidaria.

( Corcho Orrit R. y Corcho Asenjo A. Filosofía y Ciudadanía. Bachillerato. Editorial Bruño. Madrid. 2008)

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