EL FIJISMO

ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LA ESPECIE: EL FIJISMO.

 La perspectiva esencialista que mantuvieron Platón y Aristóteles, bloqueó el camino para entender que el universo puede cambiar y los seres vivos también. La consecuencia directa de esta teoría fue que la astronomía y la biología siguieron un camino errático durante siglos. En cuanto a la evolución de las especies fue muy difícil de asumir, debido a las grandes críticas que recibió alimentadas a la vez por la filosofía y la religión. Una de las primeras teorías sobre el origen y evolución de las especies fue el fijismo.

 

Partiendo del esencialismo platónico, Aristóteles llevó a cabo una serie de estudios sobre los seres vivos. Sus investigaciones le condujeron a una clasificación del reino animal y vegetal en especies y géneros. Una especie es cada uno de los grupos en que se dividen los géneros. Está formada por individuos que, además de los caracteres genéricos, tienen en común otros caracteres por los cuales se asemejan entre sí y se distinguen de las demás especies. El género, en cambio, es el conjunto de especies que comparten ciertos caracteres.

La idea fundamental del fijismo es que mantiene que las especies y géneros son fijas, no han sufrido ni sufrirán cambio alguno.

Las especies, entonces, son un conjunto de individuos con características comunes, capaces de reproducirse entre sí y cuya descendencia perpetúa las características de un grupo originario y sin variaciones desde el inicio de los tiempos. Otras conclusiones a las que llegó Aristóteles en el campo de la biología se pueden resumir en tres principios fundamentales:

*Las especies son eternas, inmutables y permanecen inalteradas de generación en generación.

*La biología se interesa sólo por la especie y no por los individuos. Su objeto de estudio reside en las características típicas de los animales, pero no se interesa por las variantes individuales.

*La forma de los órganos está siempre ligada a las funciones. Por ejemplo, un tipo de extremidad depende de la finalidad que vaya a desempeñar.

Sin embargo, Aristóteles, no excluía ciertos procesos evolutivos en las especies. Éste era el caso de la domesticación de algunos animales como los caballos. En cualquier caso, se trataba siempre de la intervención humana en oposición a las leyes naturales de la biología.

El creacionismo se sumará posteriormente a esta concepción fijista de Aristóteles. Para esta teoría Dios creó esas especies. Al ser obra divina, serían perfectas, por tanto, no necesitarían mejorar ni cambiar nunca más. Como consecuencia, las especies son invariables e independientes entre sí y fueron creadas para proporcionar al ser humano el mejor de los mundos posibles.

La conclusión a la que se puede llegar es que existe una finalidad en la naturaleza: seguir el orden divino para conseguir que el mundo pueda llegar al máximo grado de perfección posible. El ser humano es quien disfrutará de ese mundo, ya que es el más perfecto de los seres y el único completamente distinto a los demás animales.

Los principios aristotélicos marcaron el estudio de la naturaleza hasta tal punto que fue imposible vencerlos en muchos siglos. Incluso en el siglo XVIII, Linneo y Cuvier realizaron grandes contribuciones en este campo, pero siempre partiendo de estos presupuestos erróneos. Incluso hoy en día todavía hay quien defiende el fijismo en contra de todo tipo de evidencias empíricas.

La razón de esta resistencia se debe a que el esencialismo es más fácil de comprender. El sentido común está preparado para aplicarlo de forma rápida y efectiva, pues se apoya en generalizaciones para tratar de entender la diversidad de lo real, Mediante este procedimiento, se orden el mundo en distintas clases y se crea un concepto abstracto a modo de etiqueta, para diferenciar cada una de ellas. Pero aunque esta forma de proceder sea común, no es científica ni válida, ya que esas generalizaciones las hacemos nosotros y no existen en la realidad, que es diversa y no homogénea.

El antropocentrismo es otra teoría clave dentro de la concepción fijista. Se trata de un punto de vista típico de la filosofía posterior a la Edad Media. El antropocentrismo considera al hombre el centro de la creación, al tratarse del ser más importante. Además, el ser humano es el elemento a partir del cual se deben medir todos los demás. La influencia del relato del Génesis donde se narra cómo el mundo se crea para nosotros fue determinante. De ahí que bajo esta teoría se entienda la naturaleza desde nuestro punto de vista, proyectando en ella nuestro modo de actuar: si cuando nosotros hacemos algo es debido a que pretendemos conseguir un determinado beneficio o fin, también en la naturaleza toda acción tiene un motivo, y la vida existe en ella con una finalidad.

Del mismo modo, algo complejo debió ser proyectado antes por un autor inteligente, es imposible que haya llegado a existir de otra manera. La incapacidad para imaginarnos procesos que duran millones de décadas, dado que nosotros normalmente medimos lapsos de tiempo muy cortos en nuestra vida cotidiana, hizo el resto.

(AA. VV. Filosofía y Ciudadanía. 1º Bachillerato. Editorial Mc Graw Hill. Madrid.2008)

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