EL SER HUMANO EN EL RENACIMIENTO

El Renacimiento supone un importante giro en muchos de los aspectos del conocimiento y de la vida. Estos cambios se reflejarán en una nueva concepción del ser humano. De forma paulatina, pero inexorablemente, la nueva idea que se va formando del ser humano se irá constituyendo como punto de partida y como centro de la investigación filosófica. Es más, en realidad, esa nueva perspectiva se mantiene vigente, con algunos matices, aún en la actualidad.

El Renacimiento es la expresión cultural de una serie de profundos cambios económicos, políticos, sociales, científicos, técnicos, intelectuales, etc. Estos cambios se empezaron a gestar a partir del siglo XIII y paulatinamente fueron dando sus frutos entre los siglos XIV y XVI. Sin lugar a dudas, el Renacimiento supone una grandiosa revolución cultural. Algunos de sus aspectos relevantes son los siguientes:

a) Ámbito económico. El aumento de las necesidades monetarias del clero y de la nobleza implicará un crecimiento en progresión geométrica del tráfico comercial y de la cantidad de dinero acuñado. Aparecen los certificados de depósito, las letras de cambio y la banca. Con ello, se ponen los primeros cimientos del capitalismo. El Liber Abacci (1202) de Leonardo Pisano recoge estas bases.

b) Ámbito científico. Las ciencias matemáticas ya no representarán la pureza del conocimiento contemplativo y desinteresado, sino que deben servir al mundo práctico del cálculo mercantil. Así, contar, pesar y medir serán las nuevas consignas de la época. Estas consignas llegarán también al mundo de conocimiento científico de la realidad, pues este e convertirá en objeto de cuantificación. Se comenzará a entender la física tal como hoy la entendemos, es decir, como aplicación de la matemática a la realidad. Los experimentos de Galileo culminarán en la formulación de la física de Newton.

c) Ámbito social. Los campesinos podrán desvincularse del feudo y dirigirse a lo que definitivamente serán las ciudades. Este hecho dará lugar a los movimientos migratorios modernos, primero del campo a la ciudad, pero después de Europa a otros puntos del Globo. Es la época de la exploración del Planeta en busca de nuevos recursos y por tanto, de los viajes y de los descubrimientos, entre ellos el de América.

d) Ámbito técnico. Para responder a las nuevas necesidades de movilidad geográfica, se crearán o perfeccionarán aparejos y dispositivos de tiro, se construirán nuevas carreteras, se fabricarán embarcaciones con mejoras en el casco y en las velas, se emplearán mapas más precisos e instrumental de posición como la brújula, etc. El invento crucial, que revolucionará el mundo del conocimiento, será la imprenta de Gutenberg.

e) Ámbito religioso-político. El monopolio de las creencias religiosas y del poder civil de la Iglesia se ve cuestionado por la aparición de doctrinas de los reformistas Lutero y Calvino. Algunas monarquías adoptan las tesis de la Reforma para independizarse del poder de la Iglesia y crear así su propio dominio político-religioso.

Estos profundos cambios socioeconómicos, científico-técnicos y político-religiosos, provocarán una drástica sacudida en los cimientos de la sociedad medieval. Como consecuencia de todas estas transformaciones, se produce una especie de "ensanchamiento" en todos los aspectos de la vida de los seres humanos. El ser humano contará, a partir de ahora, con horizontes más amplios y, sin duda, emergerá una nueva concepción del ser humano.

-Visión más amplia del Planeta. Del miedo a los abismos oceánicos, más allá de la planicie del finis terrae ("confines del mundo"), se pasa al conocimiento y al interés de nuevas tierras y a la percepción de la amplitud y esfericidad del Planeta.

-Visión más amplia del Universo. La pulcritud y el orden estático del mundo supralunar de las estrellas fijas de Aristóteles se desvanece. Giordano Bruno intuye un Universo vasto, ilimitado, infinito y dinámico, y el telescopio de Galileo lo confirma.

-Visión más amplia de la percepción de la vida desde el arte. El románico, angosto, claustral y sombrío, deja paso al gótico, elevado, abierto y luminoso. La pintura hierática del románico se dinamiza en el gótico y se humaniza en el Renacimiento.

-Visión más amplia del ser humano. Aun reconociéndose como "cuerpo con pasiones"- tal como defenderá Hobbes- o como "pura alma racional"- como declarará Descartes-, ambas actitudes tienen un mismo fondo común: la revalorización del ser humano. Este concepto fue formulado en el Renacimiento por humanistas como Erasmo de Rotterdam o Leonardo da Vinci, entre otros.

Ante estos profundos cambios, que conllevan una visión más amplia del ser humano y del Universo, se derrumba el doble muro que encerraba al hombre entre dioses y bestias. Ahora, el ser humano se admira de sí mismo, y en ese proceso de autoconciencia de sí, se sitúa como principio y como centro (antropocentrismo). Como consecuencia de esta nueva perspectiva, se comienza a pensar en una plena y más autónoma libertad individual. La libertad individual se presenta como un principio básico de cada individuo para dirigir legítimamente su propia vida, dejando de lado las obligaciones y ataduras del Medievo.

El individuo comienza a erigirse plenamente como único dueño de sí mismo. Frente a los códigos morales supuestamente establecidos por Dios, nace la conciencia de que son los propios individuos los que deben crear sus propios códigos éticos. El principio de libre y persona interpretación de las escrituras, defendido por la reforma de Lutero, es un claro síntoma de esta nueva manera de entenderse el ser humano. Este principio significa una ruptura con la tradición y un ensalzamiento de la soberanía individual sobre los textos sagrados.

En cuanto a la dignidad del ser humano, en la mentalidad medieval no se observaba una posición común respecto a esta cuestión, pues en algunos casos se veía al hombre más cercano a Dios y, en otros, más cercano a las bestias.

Por el contrario, en la mentalidad renacentista se manifiesta una rotunda unanimidad en defensa de la dignidad propia del ser humano. Esta dignidad ya no se debe, como en el Medievo, al hecho de poseer un alma racional, destello de luz divina, sino a su producción intelectual, técnica y artística, como reflejo de lo excelso de lo propiamente humano. El cuerpo humano deja de ser sombra, signo y causa de pecado. En contraposición, se abre una visión optimista, abierta y entusiasta del ser humano, que pasa a ser como un "dios mortal".

(AA.VV. Filosofía y Ciudadanía. Bachillerato 1. Editorial Mc Graw Hill. Madrid 2012).

La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. la ciencia no es nada más que un valor entre otros.

Autor: Edmund Husserl

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