ANTIGÜEDAD Y VIGENCIA DE LA PREGUNTA POR EL SER HUMANO

Uno de los problemas fundamentales de la filosofía ha sido y sigue siendo "el problema del ser humano". Ese problema consiste básicamente en establecer si la especie humana cuenta o no con alguna propiedad exclusiva que la distinga del resto de las especies animales y si cumple alguna función especial en el mundo.

Esta problemática no es una inquietud reciente para los seres humanos, sino más bien una preocupación antigua y constante para la filosofía. Sin embargo, a partir de este último periodo de la filosofía contemporánea, las notables diferencias entre autores y épocas, se pueden trazar ciertas líneas de continuidad en ese proceso de búsqueda teórica sobre el ser humano y de introspección personal sobre el yo.

 1.1. Origen de la pregunta por el ser humano.

Las primeras representaciones antropomórficas del arte rupestre ya indican una cierta conciencia de la condición de la vida humana. En las pinturas prehistóricas se refleja a los hombres como seres-cazadores y a las mujeres como seres-reproductores. Además, en los mitos de las distintas culturas se reflejan también diferentes formas de entender al hombre y a la mujer.

Con la filosofía griega se inicia un largo proceso de reflexión racional acerca del sentido y significación del ser humano. Ya en el siglo VI a.C. podemos encontrar destellos de esa preocupación antropológica, tanto desde un punto de vista teórico como desde un punto de vista práctico. Desde el enfoque teórico, cabe señalar la extraordinaria intuición acerca de la evolución de las especies ofrecida por Anaximandro.

Desde el enfoque práctico, se deben recordar, por ejemplo, los versos áureos de Pitágoras y algunos de los aforismo de Heráclito, quien al final de su vida declaró:"Me he buscado a sí mismo". Sin embargo, habitualmente ese inicio teórico tiene lugar en el siglo V a. C., se denomina "período antropológico" y se marca en función de dos consideraciones:

*El intento de Sócrates por definir de modo objetivo lo humano, y algunas de sus preocupaciones, como "lo bueno" o "lo justo".

*La posición subjetivista de los sofistas, en especial la de Protágoras, para quien "el hombre es la medida de todas las cosas"(homo mensura omnia).

Pese a esas diferencias, tanto Sócrates como los sofistas reconocen la relevancia de definir al ser humano. Cabe apuntar que ese interés teórico por definir la naturaleza humana procede de una motivación profundamente personal: el deseo de autoconocerse. Esta "autognosis" es, sin duda, el motor de cualquier especulación o de cualquier intento de explicación antropológica. Esa raíz de interés personal ha permanecido a lo largo de toda la historia de la filosofía: desde el "conócete a ti mismo" del oráculo de Delfos hasta las actuales teorías genéticas y biopsicológicas. En definitiva, la preocupación por definir lo humano siempre ha respondido tanto a una actitud meramente teórica y objetiva como a una inquietud eminentemente práctica y subjetiva.

 1.2. Desarrollo de la pregunta por el hombre.

La reflexión filosófica sobre "el problema del hombre" se ha construido a lo largo de la historia a partir de cinco tradiciones culturales distintas: la tradición oriental, la griega, la judeo-cristiana, la humanista y la positivista.

*Tradición oriental. Según esta concepción, el hombre sería un ser trascendente que se caracteriza por contar con un elemento sobrenatural- el alma inmortal- que lo distingue esencialmente del resto de la naturaleza. Ese dualismo influirá en Pitágoras, en Platón y se instalará en el acervo intelectual de Occidente.

*Tradición griega. Los griegos apuntaron la idea de un ser humano que se diferencia del resto de los animales por su condición racional, es decir, por su logos. Al mismo tiempo, destacan su carácter naturalmente social a través del lenguaje. Emerge, además, una perspectiva que intenta estudiar al ser humano desde la investigación científica, analizándolo como un objeto más dentro de la realidad total de la naturaleza. Esta tendencia despuntará en el Renacimiento y aflorará con todo su esplendor a partir de la Ilustración.

*Tradición judeo-cristiana. Para esta tradición, el ser humano es una criatura de Dios. Así, el ser humano está subordinado a la divinidad, de la cual es hecho a "imagen y semejanza" pero al mismo tiempo establece una relación personal con la trascendencia. Junto con la tradición oriental, generará el marco de referencia del pensamiento de la Edad Media.

*Tradición humanista. Nacida en el Renacimiento, reconoce la natural y universal dignidad del hombre. Se desarrolla especialmente a partir del siglo XIX e intenta ofrecer una respuesta más amplia que la estricta explicación científica para el "misterio" del ser humano.

*Tradición positivista. A partir de las críticas a las perspectivas tradicionales y de los avances científicos de los siglos XVIII y XIX, se observa al ser humano como un ser dentro del conjunto de la naturaleza, que se debe explicar desde un punto de vista exclusivamente científico.

Además, debemos tener presente que la filosofía antigua estuvo centrada en torno al concepto de ser; la medieval se preocupó por el concepto de Dios; la filosofía moderna hizo hincapié en el concepto del conocimiento; y la filosofía contemporánea es el reino de la preocupación antropológica.

(AA.VV. Filosofía y Ciudadanía. Bachillerato 1. Editorial Mc Graw Hill. Madrid. 2012)

La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. la ciencia no es nada más que un valor entre otros.

Autor: Edmund Husserl

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