LA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA

La cuestión de la definición del ser humano y de su papel en el cosmos la aborda la Antropología filosófica. Aunque esté emparentada con la Antropología científica, ambas tienen al hombre como objeto de estudio, y puede servirse de los resultados de la misma relativos a la diversidad cultural, los usos, las costumbres y tradiciones de pueblos primitivos, por ejemplo, así como de los de la Biología, Sociología, Psicología, Historia, etc., su pretensión teórica es diferente. La Antropología filosófica se afana por un conocimiento general, radical, sintético y esencial, del ser humano: qué es lo que lo define y cuál es su lugar dentro del conjunto de la realidad. Resulta evidente que tal pretensión es sumamente exigente y presupone una enorme cantidad de conocimientos "fácticos".

Se suele considerar a Max Scheler, con su obra de 1928 El puesto del hombre en el cosmos, el iniciador de la Antropología filosófica contemporánea. Scheler concibe kantianamente la función de esta disciplina como la de explicar "todos los monopolios, todas las funciones y obras específicas del hombre: el lenguaje, la conciencia moral, el Estado, la administración, las funciones representativas de las artes, el mito, la religión y la ciencia, la historicidad y sociabilidad" a partir de una idea o concepto de hombre, es decir, de la respuesta a la pregunta filosófica fundamental.

A la luz de lo que sabemos sobre la gran diversidad de concepciones filosóficas de la Filosofía, no es de extrañar tampoco que a esta pregunta fundamental le haya suministrado cada filósofo una respuesta particular.

(González Ruiz A. y González Ruiz F. Filosofía y Ciudadanía. Editorial Akal. Madrid. 2008)

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