LAS FASES DEL PROCESO DE HOMINIZACIÓN

   La antropología define el proceso de hominización como el conjunto de transformaciones producidas en la línea evolutiva de los animales hasta alcanzar la complejidad biológica necesaria para hacer posible la aparición del ser humano.

Estas transformaciones permiten, por un lado, comprobar que la especie humana guarda una estrecha relación con otras especies, con las que comparte un antecesor común y, por otro, examinar las diferencias específicas que nos separan de ellas. La tarea de la antropología consiste, por tanto, en intentar reconstruir, a pesar de las numerosas lagunas que presenta el registro fósil, las relaciones filogenéticas entre nuestros antepasados, y en averiguar cómo y en qué momento se produjo el salto evolutivo desde la animalidad.

La afirmación de que los humanos proceden de los simios exige, como toda simplificación, ser matizada; aún más si entendemos que el conocimiento del origen del ser humano se hace más intrincado a medida que nos acercamos a nuestros antepasados más próximos. Dejando a un lado las controversias especializadas, consideramos que el proceso de hominización tiene su origen, sobre todo, en dos grandes innovaciones evolutivas: el bipedismo y la elaboración de una cultura material a la que se asocia un aumento de la capacidad craneana. Por tanto, atendiendo a las funciones que cumplen ambas innovaciones, podemos distinguir dos fases en el proceso de hominización: la bipedestación como factor discriminador de los homínidos, y la creciente capacidad craneana como factor determinante de la aparición del género Homo.

1.    Los homínidos.

El bipedismo no es simplemente la capacidad de algunos animales de levantar las manos y mantenerse erguidos sobre las extremidades posteriores. La mayor parte de los primates tienen esta capacidad e, incluso algunos llegan a caminar sobre dos pies. Es esta una tendencia evolutiva de todos los primates pero que acabó consolidándose en una sola especie, la primera de los homínidos, diferenciándola del resto de los simios.

En la actualidad se considera la hipótesis de que el bipedismo se remonta a unos diez millones de años y su origen pudo ser provocado por la escasez de alimento que sufrió el hábitat ocupado por los simios. Obligados a la búsqueda permanente de alimento, resultó favorecida aquella especie que mejor se adaptó a las nuevas condiciones gracias al desarrollo del mecanismo adecuado: caminar con las extremidades inferiores movidos por la necesidad de buscar de forma permanente nuevas fuentes de comida.

El primer homínido conocido, de la especies Australopitecus afarensis, vivió en África, en una región comprendida entre las actuales Etiopía, Kenia y Tanzania, hace unos cuatro millones de años. Los yacimientos más importantes de esta especie son el de Laetoli, en Tanzania, que conserva las huellas sobre piedra de tres individuos que caminan, y el de Hadar, en Etiopía, del que proceden los restos fósiles de Lucy, la representante más conocida de la especie.

Hace tres millones de años, los homínidos se diversificaron en distintas especies, entre las cuales destacan, por una parte, los Australopitecus robustus, boisei y gracilis o africanus, provistos de cerebros muy pequeños y molares grandes, y, por otra parte, una especie que había desarrollado un cerebro relativamente grande y unos molares pequeños, y que se conoce con el nombre de Homo habilis.

2.    El género Homo.

Al igual que la bipedestación de los homínidos con respecto de otros primates, el tamaño del cerebro es la señal que caracteriza y discrimina al género Homo en el seño de los homínidos y que permite distinguir las sucesivas formas de Homo que fueron apareciendo en el camino de la hominización. Los especialistas han convenido que un animal es miembro del género Homo cuando tiene una capacidad craneana mayor de 600 centímetros cúbicos.

2.1.    El Homo habilis.

El primer representante del género Homo conocido hasta ahora es el Homo habilis, una especie que vivió hace unos dos millones de años en Olduvai, en la actual Tanzania. Muchos otros restos encontrados en los yacimientos de Koobi Fora, en  las orillas del lago Turkana, en Kenia, y en otros yacimientos de Etiopía y de África del Sur, confirman que la capacidad craneal del Homo habilis oscilaba entre 650 y 775 centímetros cúbicos, significativamente mayor que el promedio del los Australopitecus que es de 450. Por otra parte, los restos fósiles de las manos demuestran su capacidad para construir y utilizar guijarros, piedras de pedernal y otros utensilios de piedra, lo que se confirma a partir de la cantidad de herramientas relacionadas con el descubrimiento de cada nuevo yacimiento. Así pues, el Homo habilis fue el primer fabricante de herramientas, y su industria lítica se conoce con el nombre de cultura olduvaiense, por el nombre del lugar en que se encontraron los primeros restos.

2.2.    El Homo ergaster y el Homo erectus.

Hace más de 1,6 millones de años se produjo la aparición de la especie Homo ergaster, claramente diferenciada del Homo habilis. Los restos más significativos de esta nueva especie corresponden al esqueleto casi completo encontrado en 1985 a orillas del lago Turkana. Esta especie se diversificó y dio origen a otras, entre las que se cuenta el Homo erectus. El aumento de su capacidad craneal, que oscila entre 850 y 1200 centímetros cúbicos, indica un grado de evolución superior al del Homo habilis.

Estas especies presentan, además, otras características que indican su importancia en la filogénesis de la especie humana:
* Los bebés del Homo ergaster necesitaban un largo período de crianza, atenciones y dependencia, lo cual favoreció, probablemente, unas relaciones estrechas entre los miembros del grupo y la posibilidad de aprendizaje de técnicas, hábitos y pautas culturales.
* El Homo ergaster se expandió por el continente africano y se diversificó en las especies Homo erectus y, posteriormente, Homo antecessor.
* El Homo erectus se diseminó por gran parte del planeta hace más de un millón de años, como lo certifican los descubrimientos del hombre de Java y del Homo pekinensis o Sinanthropus pekinensis.
* La abundante industria lítica del Homo erectus, conocida con el nombre de cultura achólense, permitió que sus miembros fueran buenos cazadores, una actividad que, al exigir una alta cooperación, manifiesta el grado de perfección que había alcanzado el proceso de hominización.
* La domesticación del fuego fue la conquista más importante del Homo erectus, que resultó decisiva en el proceso de hominización, no solo como elemento de mejora de la calidad de vida, sino, y sobre todo, como herramienta de cohesión del grupo y generadora de cultura. Los hogares más antiguos que conocemos, los de Terra Amata (Niza) y los de Choukoutien (China), no permiten situar la datación de esta conquista fundamental más allá de hace 2000.000 años.
* En África, la especie Homo ergaster, por su parte, derivó hacia el Homo antecessor, cuya presencia en Europa, según se ha podido constatar, data de hace 780.000 años.

2.3.    El Homo antecessor, el Homo neanderthalensis y el Homo sapiens.

Homo antecessor es el nombre de una nueva especie, descubierta en 1994 en la sierra de Atapuerca, cerca de Burgos, por un equipo de paleontólogos españoles dirigido por Luis Arsuaga y Eudald Carbonell. La investigación sistemática de los yacimientos de Atapuerca, que comenzó en 1978 y aún sigue en curso, ha permitido replantear algunas de las teorías más arraigadas hasta el momento acerca de nuestros orígenes más recientes.

La hipótesis de estos investigadores sugiere que una parte de la especie Homo antecessor surgió del continente africano hace más de un millón de años y colonizó el continente europeo, mientras que otra parte permaneció en  África y evolucionó diversificándose en distintas poblaciones de nuestra propia especie.

La población que pasó a Europa evolucionó de una manera independiente hacia la especie denominada Homo heidelbergensis, hace 500.000 años, y más tarde hacia la especie Homo neanderthalensis, en la que se produjo un colapso evolutivo hace unos 50.000 años que, tras una lenta agonía, acabó en su extinción hace 30.000 años, durante la última glaciación, la de Würm. De este modo, en el hombre de Neanderthal quedó abortada la filogénesis human en un punto muy alto del proceso de hominización.

Nuevos movimientos migratorios procedentes de África llevaron a Europa, hace unos 40.000 años, a una nueva especie, el Homo sapiens, descendiente del Homo antecessor que había permanecido en el continente africano. Estos nuevos colonizadores compartieron el territorio europeo con los neandertales, ya en regresión, y fueron testigos de su extinción. Ocuparon el espacio vacío y se expandieron en forma de explosión demográfica por todo el planeta.

Actualmente, después de años de impetuosa actividad, nuestra especie intenta nuevas rutas de colonización, ahora en el espacio, y ha tomado conciencia, por primera vez, de no ser la única especie que ha contado con algunas de las conductas que la definen como humana.

No hay ninguna filosofía de la vida que un hombre razonable no pueda fundamentar de manera convincente.

Autor: Leszek Kolakowski

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