RACIONALIDAD TEÓRICA Y RACIONALIDAD PRÁCTICA

1.    LA RACIONALIDAD.
La actividad filosófica consiste en el uso o ejercicio de la racionalidad. Definimos la racionalidad como la característica específica que distingue a los seres humanos del resto de animales. Es la capacidad de obtener conocimiento concreto y abstracto, organizarlo y utilizarlo de una manera apropiada en la resolución de problemas.
Cuando nace la filosofía como ruptura con el mito se inicia una nueva forma de interpretar la realidad desde un plano teórico y desde un plano práctico. Por ello decimos que la  filosofía tiene dos dimensiones: una teórica y otra práctica.
La racionalidad teórica tiene como objeto el conocimiento de la realidad, tiene que ver con el hecho de descubrir cómo es el mundo, se ocupa del ser y debe  explicar lo que hay y formular juicios y raciocinios. Esta racionalidad teórica nos permite acceder a la realidad desde dos tipos de conocimiento: el conocimiento sensible y el conocimiento intelectual.
La racionalidad práctica tiene que ver con el razonamiento que nos conduce a la acción o que determina qué es lo que uno debería hacer y se expresa a través de imperativos. Esta racionalidad  tiene, por tanto, como objeto de estudio la acción humana dirigida hacia un fin, de manera individual (ética) o social (política).
Lo que debe quedar claro es que no se trata de dos tipos diferentes de razón, sino de una sola razón que ejerce funciones distintas que se complementan. Toda teoría revierte a la larga en la praxis y toda praxis hunde sus raíces en la teoría.

2.    LA RACIONALIDAD TEÓRICA. EL CONOCIMIENTO.

2.1.    El conocimiento.
“Conocer” significa darse cuenta de algo interno o externo a nosotros mismos. En términos más filosóficos, conocer implica establecer una relación representativa entre un “sujeto” que conoce y un “objeto” que es conocido. El sujeto es toda persona que tenga la capacidad de advertir experiencias internas  o fenómenos (un fenómeno es todo aquello que se nos muestra de inmediato y captamos en primera instancia a través de los sentidos) externos a sí misma. El objeto es la totalidad de las cosas de las que nos podemos dar cuenta desde las experiencias personales más inmediatas y los fenómenos que las causan hasta la comprensión de ideas, juicios y raciocinios.
El conocimiento puede producirse de forma inmediata, como sucede cuando el sujeto capta los datos que le proporcionan directamente los sentidos, la memoria o la imaginación. También se puede alcanzar de forma mediata, como ocurre cuando el sujeto elabora conceptos o ideas a partir de percepciones previamente adquiridas. Conocemos de forma inmediata el color de una rosa, pero qué es la rosa, aquello que subyace a las cualidades que captamos mediante los sentidos, lo inferimos racionalmente a partir de las percepciones.
El conocimiento que nos proporcionan directamente los sentidos se denomina conocimiento sensible. El conocimiento que trasciende el ámbito de los sentidos se llama conocimiento racional o inteligible o intelectivo.
Los órganos del conocimiento son los sentidos y la razón. Los sentidos son las facultades que nos permiten percibir los objetos concretos que nos rodean e impresionan directamente nuestra sensibilidad. La razón es la facultad que nos permite solucionar problemas complejos de adaptación al medio, crear símbolos (un símbolo es una representación convencional que indica algo para alguien, por ejemplo la bandera de un país) y establecer relaciones entre ellos para conocer de forma universal y abstracta los objetos de la realidad.
2.2.    El conocimiento sensible.
El conocimiento sensible es el que se alcanza a través de los sentidos. Por su parte, los sentidos son las facultades que hacen posible la percepción de los objetos que están presentes e impresionan directamente la sensibilidad de un sujeto cognoscente. La información adquirida de este modo se utiliza para dotar de significado a las cosas y adaptarse al medio. Después, esta información se almacena en la memoria para reproducirla cuando sea necesario o transformarla en nuevos conocimientos a través de la fuerza lúdica y creadora de la imaginación.
El conocimiento sensible es el  conocimiento de lo particular y lo contingente. Lo particular  es lo concreto, esta mesa. Lo contingente es lo que puede no ser (nada hay en la mesa que le obligue a ser de ese color para ser mesa).
2.2.1.    La sensación.
La sensación es la excitación que produce un estímulo en un órgano sensorial. Es, pues, algo puramente físico y fisiológico, y, en sentido estricto, aún no es conocimiento. Una energía física provoca la estimulación de un órgano sensorial y éste genera un impulso eléctrico que se desplaza por el sistema nervioso hasta el cerebro, donde se descodifica el mensaje sensorial y se produce la imagen del objeto visto. En el caso de la vista, por ejemplo, las ondas electromagnéticas del espectro de luz visible entran por la córnea y, a través de la cámara anterior del ojo, por la pupila atraviesan el cristalino hasta llegar a la retina, donde excitan las células llamadas bastoncillos y conos, y producen un impulso, un mensaje sensorial codificado que se traslada, a través del nervio óptico, hasta el cerebro donde se produce su descodificación. Se puede decir, por tanto, que no es el ojo el que ve, sino que se ve a través del ojo. Y este esquema es similar en todas las sensaciones. Todo se reduce a energías físicas que producen reacciones bioeléctricas.
Tradicionalmente se ha hablado de cinco órganos de los sentidos. Pero la psicología, ya desde hace tiempo, distingue algunos más: los exteroceptores (son los que están en el exterior, e informan de estímulos externos, como la luz, el sonido, etc. Y que corresponden a los cinco sentidos tradicionales), los interoceptores (internos, captan los estados del organismo, como la sede, el cansancio o el hambre), los propioceptores (que permiten la coordinación muscular y el equilibrio, y están situados en los músculos), y los nociceptores (situados en cualquier parte del cuerpo, informan de estímulos perjudiciales o nocivos para el organismo, como el dolor, por ejemplo).
2.2.2.    La percepción.
La percepción, por su parte, “es un proceso sensocognitivo en el que las cosas se hacen manifiestan como tales en un acto de experiencia” (José Luis Pinillos). La percepción sí es conocimiento, puesto que en ella la sensación, o mejor aún las sensaciones- ya que no existen sensaciones aisladas- han sido organizadas, se les ha dado un sentido. El objeto singular que se ve-siguiendo con el ejemplo de la vista- para los ojos es sólo luz, pero el sujeto sabe que se trata de una mesa o cualquier otro objeto. La energía física, los impulsos bioeléctricos, adquieren una forma determinada: los objetos que se ven. La sensación se transforma en percepción y lo que era estrictamente un proceso físico- fisiológico pasa a ser un proceso psíquico que descubre objetos particulares.
El proceso que da origen a percepciones a partir de sensaciones está sometido a una serie de leyes, como ya demostraron los psicólogos de la Gestalt (en alemán, forma). Estos psicólogos, apoyándose en el hecho de que el ser humano percibe totalidades (objetos como tales) y no simplemente cualidades separadas (formas, tamaños, colores, etc.), estudiaron y describieron las leyes que rigen la organización o agrupación perceptiva de los estímulos, así como las relaciones entre el fondo y la figura. De todas maneras, en la formación de las percepciones no sólo intervienen sensaciones, sino también otros factores como los intereses, expectativas, actitudes, experiencias pasadas y motivaciones del sujeto, la cultura, el lenguaje de la sociedad en que vive, e incluso el medio ambiente. La percepción no es un proceso independiente y aislado de la mente.
2.2.3.    La memoria.
La percepción nos ata al presente pero somos capaces de mirar hacia el pasado y traerlo, de alguna manera, a nuestro aquí y ahora.
La memoria reproduce en la mente la percepción de un objeto que ya no está presente. Gracias a la memoria es posible el proceso del conocer, porque hace posible el reconocimiento de las cosas que se perciben. Si no fuera así, el mundo nos parecería inconexo, irreal.
Sin la memoria sería imposible la formación de los conceptos, base de lo que llamaremos conocimiento intelectual. Por otra parte, la memoria es imprescindible en la construcción de la identidad personal. Muestra clara de ello es la enfermedad de Alzheimer.
2.2.4.    La imaginación.
La imaginación actúa a través de los elementos que le proporciona la memoria pero sin esas ataduras del tiempo pasado, Cuando recuerdo algo, gracias a la memoria, ese algo recordado está íntimamente relacionado con otras cuestiones o sucesos. La imaginación, por el contrario, no necesita de esa relación espacio-temporal y puede jugar a su antojo con las imágenes evocadas.

3.    El conocimiento inteligible.
Cuando nace un bebé su inteligencia es como una semilla, recién sembrada, que necesita desarrollarse. Sus primeros comportamientos son reacciones mecánicas a determinados estímulos. Pero poco a poco va adquiriendo formas plásticas de conducta, los estímulos no desencadenan respuestas automáticas sino respuestas que requieren un cierto grado de conciencia de ejercicio de la razón. A la capacidad de conocer mediante la razón la llamamos inteligencia.
3.1.    Formación y desarrollo de la inteligencia.
La inteligencia es la facultad  que dirige y controla la adaptación del ser humano a situaciones nuevas de forma voluntaria e inventa símbolos abstractos para conocer el ser de las cosas. Estas son las dos funciones básicas de la inteligencia: la función teórica y la función práctica y productiva. La función teórica es la capacidad de crear signos abstractos y establecer relaciones entre ellos para conocer qué son las cosas. La función práctica es la capacidad de solucionar problemas con fines de adaptación al medio.
En el desarrollo de la inteligencia se distinguen varias etapas que se van sucediendo de forma gradual durante la infancia y la adolescencia.
Piaget (1896-1980) fue in psicólogo suizo que creó la epistemología genética y escribió numerosos libros sobre la educación, el lenguaje y el desarrollo de la inteligencia. Según este psicólogo la inteligencia se desarrolla en cuatro etapas que se desarrollan durante la infancia y la adolescencia.
   A.    La infancia.
Este primer período va desde el nacimiento hasta la pubertad, sobre los doce o catorce años. Se divide en tres etapas:
*Primera infancia: inteligencia práctica. Abarca desde el nacimiento hasta los tres años. Esta etapa se caracteriza por el predominio sucesivo de intereses sensoriales, motóricos y lingüísticos.
*Segunda infancia: inteligencia intuitiva. Se extiende desde los tres a los seis o siete años. Predominan los intereses lúdicos y concretos. Con la adquisición del lenguaje el niño y la niña acceden al campo del pensamiento simbólico y concreto(es la facultad de sustituir acciones u objetos por símbolos sensibles concretos y establecer relaciones entre ellos, en oposición al pensamiento simbólico abstracto, que sustituye acciones u objetos por conceptos), afianza la posibilidad de sustituir una acción u objeto por un signo y razona por deducciones analógicas   ( que consisten en derivar una conclusión particular de uno o varios casos particulares con los que guarda cierta semejanza).
*Tercera infancia: inteligencia lógico-concreta. Va de los seis o siete años a los doce. Aparecen los intereses abstractos y se refuerza el aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo. Se desarrolla el pensamiento lógico concreto y también por una inteligencia que puede efectuar operaciones concretas que consisten en seriar y clasificar objetos.
   B. Adolescencia: inteligencia lógico-formal.
Abarca desde los doce o trece a los dieciséis o dieciocho. Se desarrolla el pensamiento abstracto y formal, que capacita para realizar las operaciones más complejas del pensamiento adulto. Podemos ya elaborar y comprobar hipótesis empíricamente(a través de la experiencia) o bien resolver problemas matemáticos complejos y construir razonamientos deductivos).
3.2.    Formas del pensamiento abstracto.
El conocimiento intelectual es el conocimiento de lo universal y necesario (aquello cuyo opuesto o cuyo no ser es imposible). Es un tipo de conocimiento que se da exclusivamente en el ser humano gracias a la inteligencia. Este conocimiento se construye y formula a través de los conceptos, los juicios y los razonamientos.
La elaboración de conceptos es la primera función del conocimiento intelectual (primera no necesariamente en un sentid temporal sino en el sentido de más simple). El concepto es la representación mental, universal y abstracta de un objeto, no necesariamente material, Son conceptos: mesa, verde, peircing,etc. Los conceptos son universales porque no se refieren a un objeto singular, sino a cualquier individuo miembro de una clase de objetos; y abstractos, porque son el producto de una operación mental- la abstracción- que consiste en separar las propiedades comunes a una serie de objetos, de las propiedades singulares de cada uno de ellos.
Sea cual sea el proceso a través del que se forman los conceptos, en tanto que representaciones mentales  están inevitablemente asociados al lenguaje que los expresa: se expresan en palabras, que reciben el nombre de términos.
La segunda función es la de elaborar juicios relacionando conceptos de forma ordenada. Todo juicio consta de tres elementos: el sujeto, el verbo y el predicado. El juicio es la relación que el pensamiento establece entre dos conceptos cuando afirma o niega el uno del otro. Se realiza un juicio, por ejemplo, cuando se establece una relación entre los conceptos “nieve” y “blanco” y se afirma que “la nieve es blanca”, o cuando se establece una relación entre los conceptos “nieve” y “verde” y se afirma que  “la nieve no es verde”.
La expresión del juicio- expresión que siempre se da, puesto que el ser humano no sólo manifiesta su pensamiento con palabras sino que también piensa con ellas- recibe el nombre de proposición o enunciado. Por eso, y aunque existe alguna diferencia de matiz, se pueden considerar como sinónimos, los términos juicio, proposición y enunciado.
Podemos clasificar los juicios en verdaderos, falsos, sintéticos, analíticos. Un juicio es verdadero cuando lo que enuncia se corresponde con la realidad de los hechos. Es falso en caso contrario.
Lo juicios analíticos expresan contenidos cuya verdad o falsedad  se puede demostrar sin recurrir a la experiencia. Si el predicado se deriva del sujeto, el juicio es verdadero, mientras que si el predicado está en contradicción con el sujeto, el juicio es falso. Lo juicios analíticos se limitan a explicita en el predicado lo que está implícito en el sujeto. Un ejemplo es “El triángulo tiene tres ángulos”.
Lo juicios sintéticos expresan contenidos propios del ámbito de la experiencia. Su verdad o falsedad se determina al comprobar empíricamente si lo que dice el juicio sucede o no sucede en la realidad. La relación entre el sujeto no es una relación de necesidad, sino de contingencia. Un ejemplo sería “Los ciudadanos de Santa Cruz de Tenerife son ciudadanos europeos”.
La tercera función es el razonamiento, que no es sino una relación ordenada de juicios. Se puede definir el razonamiento como el proceso mediante el cual el pensamiento relaciona dos o más juicios conocidos, que obran como premisas, e infiere de ellos un nuevo juicio que recibe el nombre de conclusión. Se realiza un razonamiento, por ejemplo, cuando el pensamiento establece una relación entre las proposiciones “todo los alumnos y alumnas de 1º de bachillerato estudian filosofía” y “Susana estudia 1º de bachillerato”, y de ellas infiere “Susana estudia filosofía”. En el razonamiento, el pensamiento pasa de una cosa conocida a otra conocida gracias a ella; es, pues, el medio por el que el ser humano progresa en el conocimiento a partir de lo que ya conoce.
La expresión del razonamiento- expresión que también se da siempre- recibe el nombre de argumento o argumentación.
Así, pues, razonar es sacar, “inferir” conclusiones de unos datos y, para hacerlo, se pueden seguir fundamentalmente dos caminos. O bien partir de unos datos más reducidos, menos generales que la conclusión que se infiere de ellos- es el razonamiento inductivo que va de lo particular a lo general-, o bien partir de unos datos más amplios, más generales que la conclusión que se saca de ellos- razonamiento deductivo que va de lo general a lo particular-.
En el razonamiento deductivo, la conclusión que se infiere de los datos es una conclusión necesaria en virtud de la estructura misma del razonamiento y sin que tenga nada que ver ello el contenido de esos datos. Si alguien, por ejemplo, afirma que “todos el alumnado de un determinado centro mide más de 1,80”, y afirma, asimismo, que “Sonia es alumna de dicho centro”, necesariamente tiene que concluir de esos datos que “Sonia mide más de 1,80”. No puede ser de otra manera. Por el contario, el razonamiento inductivo, y también por su misma estructura, sólo proporciona probabilidad, nunca seguridad. Si alguien, después de muchas comprobaciones afirma que “el agua hierve a 100 grados centígrados”, esa afirmación sólo será probable, por muy alto que sea su grado de probabilidad, ya que no ha hecho hervir, ni podrá nunca hacerlo, “todas” las aguas.

3. LA RACIONALIDAD PRÁCTICA. LA ACCIÓN.
La racionalidad práctica tiene dos aplicaciones principales: la ética y la política. La racionalidad ética se ocupa de aclarar qué es lo moral, fundamentar la moralidad y aplicar sus principios a las distintas facetas de la vida. La racionalidad política responde al deseo del sujeto portador de derechos de incidir en lo social, participando y tomando decisiones mediante deliberaciones.
Estas dos aplicaciones derivan de las dos dimensiones básicas de la acción humana:
*La dimensión individual, sobre la que reflexiona la ética.
* La dimensión colectiva, que trata la política.
Ambas son dimensiones básicas porque el ser humano, como individuo, pretende hacer el bien en su actuar; y a su vez, su acción es inseparable de un hacer junto con los demás. Esta relación entre ética y política se fundamenta en que el ser humano, como ya decía Aristóteles, es social por naturaleza, tiende a la vida en comunidad. La política no es otra cosa que la manera de regular esa visa en sociedad.
3.1. Ética y política a través de la historia de la filosofía.
3.1.1. Pensamiento antiguo.
3.1.1.1. Platón. (427-347 a.n.e)
Platón, en su obra La República, afirma que la ética y la justicia dependen del conocimiento del bien. Y la existencia del bien tanto en la vida individual como en la vida social solo es posible si la razón domina el alma y los filósofos gobiernan el Estado. En esta obra explica además el paralelismo que existe entre el alma humana, la ética y la organización social.
Para Platón en el ser humano podemos hablar de un alma racional, situada en la cabeza, un alma irascible situada en el pecho y un alma concupiscible o apetitiva situada en el bajo abdomen.
Desde el punto de vista de la ética existen tres virtudes que se corresponden con las tres almas: al alma racional le corresponde la prudencia; al alma irascible le corresponde la fortaleza; y al alma apetitiva le corresponde la templanza.
Desde el punto de vista de la política Platón  habla de tres  tipos de seres humanos: los gobernantes son los que deben gobernar porque en ellos domina el alma racional y la prudencia. Los guardianes son aquellos donde domina el alma irascible y su virtud es la fortaleza. Por último, los productores son los dominados por la virtud de la templanza y en los que domina el alma apetitiva.
Cuando cada clase social cumple con su función a partir del alma dominante y de su virtud correspondiente, Platón habla de la Justicia que se da no sólo en la sociedad, sino también en el individuo.
El Estado procura la felicidad de los ciudadanos a través de la virtud. Considera que el fin del alma y el fin del Estado es el mismo: realizar la Idea de Bien y de la Justicia. La justicia, armonía entre las partes, es la que regula las tres partes del alma, las otras tres virtudes y los tres estamentos sociales.
El objetivo de una comunidad es la realización de la justicia. A la política, entendida como el derecho del más fuerte, opone la política que basa la vida del Estado en la justicia. Y la justicia se alcanza cuando cada ciudadano cumple la tarea que le es propia.

3.1.1.2. Aristóteles. (384 a. C. – 322 a. n.e.)
Aristóteles identifica el bien supremo con la felicidad. Así pies, el objetivo que debe perseguir la ética es alcanzar dicha felicidad. Para ello existen bienes mediatos que nos conducen a ella y que se convierten, por tanto, en objetivos de un comportamiento ético. Entre estos bienes está la polis (ciudad) y la politeia (política).
Por lo que se refiere a la polis, en Aristóteles se convierte en algo constitutivo de la esencia de lo humano. El autor reconoce que establecer una organización política fue el mayor de los bienes, puesto que permite a los seres humanos desarrollar el sentido de la justicia y encaminarlos hacia la perfección.
La polis está por encima de cada familia, por eso el Estado se encuentra dentro del orden natural, pues al no poder bastarse cada individuo por sí solo, la naturaleza inclina a todos los seres humanos a asociarse. El Estado es, por tanto, antes que el individuo. El ser humano tiende por naturaleza a vivir en, por y para la polis, es decir, para el Estado y el objetivo último de la política es el bien común y la felicidad común.
En consecuencia, por lo que se refiere a la política, no hay que olvidar que para Aristóteles el ser humano es, ante todo, un animal político. Es más, según él, “el que no puede vivir en sociedad o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios”. Tanto es así que Aristóteles plantea el problema del conocimiento moral y afirma que el saber más importante para alcanzar una vida feliz es la política.
Aristóteles, al igual que Platón, defiende que la dimensión moral de las personas es inseparable de su dimensión política y que el fin del individuo sólo puede ser pensado en el marco de la comunidad. Sin embargo, Aristóteles no diseña una república ideal en la cual se puede alcanzar la felicidad, como hace Platón, sino que admite que este objetivo se puede alcanzar en distintas formas políticas.
3.1.2. Pensamiento medieval y renacentista.
3.1.2.1. Maquiavelo (1469-1527)
El problema filosófico aquí planteado es si la política debe fundarse en principios éticos. Esta relación fue tratada por primera vez de forma explícita por Maquiavelo. La respuesta que se planteaba es si quien gobierna el Estado debe seguir las normas morales. Para Maquiavelo, la respuesta s clara: si se observan los procedimientos históricos con objetividad, emerge el criterio del realismo. La política es autonormativa porque tiene en sí misma la propia justificación, por eso no debe recurrir a consideraciones externas a ellas, como la que pueda ofrecer la moral. Esto no significa que el príncipe deba ser inmoral o indiferente ante el bien y el mal, sino que a veces lo que para un individuo es cruel resulta útil y necesario para el gobierno del Estado.
Maquiavelo separa los ámbitos de la mora y de la ética del de la política. Así, aconsejaba a los príncipes que se comportaran cristiana y honestamente, es decir, que se adornaran  con virtudes como el honor, la justicia o la clemencia. El príncipe, afirma Maquiavelo, “debe tener el vigor o la virtud del león y la sagacidad o prudencia de la zorra”.
Para Maquiavelo la virtud representa la capacidad del príncipe o del Estado para mantenerse y hacerse fuerte. Se corresponde con la capacidad de acción política: la competencia técnica, la eficacia y el valor militar, así como la capacidad de ganar el “consentimientos” social.
Para Maquiavelo la prudencia se corresponde con la sagacidad, la astucia y la inteligencia práctica del  príncipe. La prudencia es la capacidad para decidir adecuadamente los medios que  aseguren el éxito.
La virtud y la prudencia se relacionan con lo que Maquiavelo denomina “fortuna”, que es todo aquello que está fuera del control de los seres humanos. Viene a representar lo arbitrario y lo imprevisible, pero interviene más o menos decisivamente en el desarrollo de la acción política.
La virtud es la capacidad para hacer frente a los efectos adversos de la fortuna, mientras que la prudencia es la capacidad de adaptarse oportunamente a ella. Así pues, todas las consideraciones morales quedan asumidas por la política. En cuanto a la concepción en torno al ser humano, Maquiavelo adopta una perspectiva pesimista. Para él, el ser humano es esencialmente malo.
Así, cuando definamos cuál debe ser el mejor modo de actuar en política, debemos hacerlo bajo el supuesto de que los seres humanos se pueden comportar mal. El ser humano por tanto, no se define por sus virtudes morales, sino por la ausencia de dichas virtudes. Así pues, el gobernante debe desconfiar de sus súbditos.
Como se ha señalado anteriormente, el fin de la acción política no es moral, como en las concepciones de los autores griegos. Para Maquiavelo el fin de la acción política es lo que denomina “bien de Estado”, es decir, lo que en la actualidad entendemos por razón de Estado (por este concepto Maquiavelo entiende las medidas racionales que un gobernante debe tomar con objeto de conservar la salud y la fuerza de un Estado. Actualmente, esta expresión se usa para justificar las medidas ilegítimas tomadas por un Gobierno con la finalidad de mantener el poder o mejorar su posición frente a sus opositores políticos). Desde este punto de vista, el Estado se concibe como un organismo autónomo que cuenta con sus propios fines que son la conservación, la estabilidad y la prosperidad (expansionismo). A este respecto, un principio nada ético que se le atribuye a Maquiavelo es el que refleja la expresión “el fin justifica los medios”. Este principio sostiene que cualquier medio puede ser válido para alcanzar el poder político. En palabras de este filósofo: “trate, pues, un príncipe de conservar su Estado y los medios siempre serán juzgados honrosos y ensalzados por todos”.
3.1.3. Ética y política en la Edad Moderna.
3.1.3.1 Hobbes (1588-1679).
La justificación del estado absoluto que realiza Hobbes en su obra “Leviatán” (escrita en 1651 en  la que Hobbes expone, a partir del análisis de la naturaleza humana, su teoría acerca del poder político) tiene componentes políticos y morales. Su teoría parte de la existencia del ser humano en un estado de naturaleza previo a la organización social. En ese estado, la vida del hombre es “solitaria, mísera, peligrosa, brutal y corta”. El ansia de obtener más  y más bienes crea la competitividad, las luchas por la propiedad, la inseguridad y la guerra. En orden a conseguir la paz y una vida más duradera, los hombres tienen que crear una sociedad estable, la cual supone que tienen que renunciar a su derecho natural.
Con el fin de lograr la seguridad y superar el peligro que el estado de naturaleza implica, los individuos ceden su derecho natural a favor de un tercero, llámese república o Estado absoluto, también denominado “Leviatán”. La moral es otro instrumento para garantizar la seguridad y la paz, y se genera mediante el mismo pacto o donación que sirve de base al poder político. Poder político absoluto y moralidad están al servicio del individuo.
El Estado soberano aparece como la fuente única del derecho, la moral y la religión. Para Hobbes, el Estado representa un elemento de coacción perpetua sobre el ser humano, aunque haya sido aceptado por el sujeto racional como medio para conseguir la seguridad y la paz. El resultado es el que el Estado absorbe al individuo.


3.1.3.2. Locke (1632-1704).
Locke, al igual que Hobbes, afirma que la sociedad es fruto de un pacto entre los seres humanos si bien tiene una visión más positiva sobre el mismo y es defensor de un sistema político diametralmente opuesto al de Hobbes.
Locke nos hace imaginar al ser humano en un estado presocial. En ese estado de naturaleza, así llamado por Locke, el ser humano, que vive en un estado de  completa libertad e igualdad, tiene dos derechos:
*El derecho a la propiedad privada.
*El derecho a castigar.
Este estado de naturaleza, aunque en principio nos pueda parecer que contiene hasta tintes idílicos, tiene limitaciones muy importantes. En este estado la vida se haría insostenible porque, al no haber leyes concretas ni quién imparta justicia ante posibles atropellos, se degeneraría en un estado de guerra. Pero esta situación de violencia tampoco sería estable, pues el hombre recapacitaría e intentaría buscar soluciones. Esto sería impensable para Hobbes, que sostenía una visión muy negativa del ser humano.
La solución que, según Locke, encontrarían los seres humanos es el pacto por el que cada uno cedería el poder de castigar a un poder legítimo y se reservaría para sí el derecho a la propiedad privada. Por tanto, se cede el poder a algunos para que salvaguarden el derecho de todos a vivir una vida en paz y armonía. Es el único poder que tienen los dirigentes, ya que ha sido dado por los ciudadanos.
En caso de conflictos, la mayoría tendría la decisión sobre los criterios que deban prevalecer. Locke defiende también la separación de poderes tal como los entendemos, en cierta medida, en la actualidad.
Estos poderes son los siguientes: el poder legislativo, encargado de elaborar las leyes; el poder ejecutivo, encargado de ponerlas en práctica; y, finalmente, el poder judicial encargado de arbitrar en caso de conflictos. La independencia de los tres poderes es básica en un sistema democrático actual.
3.1.4. Ética y política en la época contemporánea.
En la época contemporánea se manifiesta una tensión entre la ética individual y la ética social que ya venía de atrás. Para algunos pensadores como K. Jaspers o  G. Hegel, la teoría del Estado se sitúa por encima del deber individual y del reino económico social. Esta idea obedece a que el individuo participa de la cultura y de la dignidad humana a través del Estado. Varios pensadores, como Habermas, se mantienen dentro de esta línea de contenidos.
3.1.4.1. Habermas.
Habermas es el representante más afamado de la segunda generación de la Escuela de Investigaciones Sociales de Francfort, fundada en el primer tercio del siglo XX. Los autores más representativos de la primera generación fueron T. Adorno y M. Horkheimer, de los que se fue separando poco a poco. En los años 60 se propone realizar una crítica inmanente de la sociedad capitalista, centrándose en el entorno inmediato del actor social individual, al que Habermas llama “mundo vital”. Dicha crítica, que acabará siendo “teoría crítica”, se dirige también contra la ciencia positivista y el estado moderno.
*Crítica de la ciencia positivista. La ciencia positivista acabó siendo esclava de la “racionalidad instrumental” (que atiende a fines) y permitió que el capitalismo desarrollara armamento más sofisticado y mercancías cada vez más variadas y complejas, pero fue incapaz de producir una justificación creíble del sistema capitalista. Así, la ciencia y la racionalidad instrumental se pusieron en contra de los seres humanos en lugar de servirles. Para dar la vuelta a esta situación propone elaborar una teoría crítica para cambiar la cara negativa de la ciencia y convertirla en una actividad emancipadora que se ocupe de la reforma social y política.
*Crítica del Estado. En los años 70 Habermas intentó demostrar que el Estado moderno era un producto de la supervivencia del capitalismo y que no podría proteger a la gente en las situaciones de crisis económicas por falta de capacidad para conseguir las rentas necesarias para apoyar los programas de bienestar  social. Cuanto más incapaz sea el Estado de proteger a la gente, menos podrá garantizar su legitimidad. Sin embargo, Habermas no acepta un instrumento revolucionario, en el sentido de la revolución marxista. Para lograr la emancipación, prefiere buscar nuevas vías emancipadoras.
*Análisis de las estructuras del mundo vital. El mundo vital s un horizonte de conciencia que incluye la esfera pública y privada, la esfera de la formación de la identidad y la esfera de la acción comunicativa. Habermas se centra en el examen de las estructuras del mundo vital entre las que destacan la acción comunicativa, el lenguaje y la conciencia moral.
*La acción comunicativa. La comunicación es para Habermas el aspecto más importante de todas las actividades del mundo vital, porque en la comunicación es donde las personas pueden obtener el reconocimiento de la validez de sus expresiones y donde  se pueden modificar las estructuras del mundo vital para detener el crecimiento de la racionalidad instrumental. Se esfuerza por demostrar que debe haber un elemento normativo que domine en la interacción y un elemento instrumental que se ocupe de la satisfacción de las necesidades humanas.
*El lenguaje. La naturaleza del lenguaje como comunicación significa que tanto el hablante como el oyente del discurso poseen un interés a priori que es el interés de entenderse. Entenderse significa llegar a un acuerdo que supone el reconocimiento intersubjetivo de la validez de lo que expresa el otro. Cada interlocutor se verá arrastrado a reflexionar sobre su propia posición en el proceso comunicativo, con ello aumentará el reconocimiento de cada persona sobre sí misma, a partir de su interacción con los demás, que es el verdadero telos       (finalidad, objetivo) del lenguaje.
*Conciencia moral. Pretende demostrar que el punto de vista moral se apoya en un núcleo original dentro de la estructura del medio vital. Una posición moral sustancial se deriva de un núcleo universal de moralidad. El interés emancipatorio puede llevar a los seres humanos a la verdad y a la moralidad. Las normas que deben fundamentar la sociedad son las ideas de verdad, libertad y justicia. Su valor normativo no se puede descubrir en una teoría idealista, religiosa o metafísica sino en las estructuras del medio vital a través de la acción comunicativa.
Habermas fundamenta el núcleo de su ética comunicativa en el concepto de comunidad ideal de diálogo. Para él, un procedimiento imparcial y justo parte del reconocimiento de los límites de la racionalidad humana, que debe basase en el diálogo. La falta de diálogo provoca distanciamiento entre los distintos sectores sociales que existen en el ámbito de la comunicación. Nadie puede vivir, crecer, desarrollarse y amar sin comunicación.

Material elaborado por Vicenta Llorca

La filosofía responde a la necesidad de hacernos una concepción unitaria y total del mundo y de la vida.

Autor: Miguel Unamuno

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