LO QUE NO ES LA FILOSOFIA

1. La filosofía no es ciencia.

La base del conocimiento científico es la coherencia lógica (en las ciencias formales) y la observación y la experimentación (en las ciencias naturales y humanas). La filosofía, por supuesto, tiene que ser lógicamente coherente y ha de respetar los conocimientos que, desde la observación y experimentación, establecen las ciencias naturales y humanas.

Pero el fundamento de la filosofía no es la observación y experimentación que emplean las ciencias. La filosofía se basa en todo el amplio espectro de la experiencia humana, desde la observación del mundo natural hasta la mística religiosa, pasando por el estremecimiento que nos produce la belleza y el sentimiento de culpa al traicionar los bienes disponibles. Más aún, la filosofía trata de describir esa experiencia humana de la realidad en la que todo otro saber tiene su anclaje, y de la que surge la descripción científica, la valoración estética, la posibilidad moral,etc.

La filosofía tiende a dar una visión sistemáticamente global de la realidad, integrando en ella la totalidad de los saberes disponibles, mientras que la ciencia tiende a la especialización y a la fragmentación del objeto de estudio.

Si la ciencia progresa fundamentalmente gracias al desarrollo de la experimentación- y en esto los avances tecnológicos desempeñan cada vez más un papel de mayor importancia, pues permiten experimentaciones desconocidas hasta la fecha-, la filosofía es esencialmente reflexiva, lo que tiene una consecuencia fundamental: a fuerza de reflexionar sobre todo, la filosofía alcanza a reflexionar sobre sí misma, se pregunta por sus propias condiciones de posibilidad. Los filósofos se preguntan: ¿cómo es posible la filosofía- y la ciencia, y el arte, y la religión-? Pero los científicos no se preguntan: ¿y cómo es posible el conocimiento científico?, porque esta es una pregunta filosófica.

La filosofía tiene vocación práctica, es decir, pretende ser un saber que nos ofrezca orientaciones, consejos para la vida buena, cosa que la ciencia en tanto que ciencia no puede hacer, porque se limita a describir fenómenos, pero no a prescribir conductas. Por ejemplo, suponiendo que sepas lo que es la salud, un médico puede decirte que “para estar sano hace falta…”. Pero la cuestión es, ¿y por qué debo estar sano? A lo mejor, más importante que estar sano es acompañar a un enfermo a pesar del peligro de contagio, o renunciar a la medicación para seguir desarrollando mi creación artística. El establecimiento de lo bueno y de lo malo es asunto propio de la reflexión filosófica, no de la ciencia.

Estas son diferencias fundamentales entre filosofía y ciencia, pero de ellas se derivan otras dos que preocuparon mucho a Kant:

a) Porque la filosofía reflexiona sobre sí misma, todo filósofo, si de verdad quiere hacer filosofía, tiene que revisar la tradición filosófica que le precede y adoptar una postura frente a ella: “estoy de acuerdo con…”, “y en desacuerdo con…”. Digamos que no puede dar por bueno ningún saber acumulado en la tradición, que la reflexión tiene que empezar, por así decirlo, desde el principio. En ciencias esto no pasa, o no pasa tanto. El científico puede dar por válida buena parte de la enorme cantidad de información que la tradición pone a su disposición. Se puede decir, por tanto, que en filosofía no se da una acumulación del saber como acontece en la ciencia.

b) Esta tendencia a la acumulación del saber, se traduce en la tendencia al acuerdo entre los científicos sobre las teorías fundamentales de referencia, mientras que los filósofos viven en perpetua e irreductible discrepancia y, por eso mismo, son muy poco amigos de la idea de la acumulación del saber en filosofía. Se puede decir, en conclusión, que en filosofía es muy raro el acuerdo entre los filósofos.

2. La filosofía no es religión.

La filosofía se diferencia de la religión en que:

*En filosofía no hay lugar para un saber revelado.

*El saber filosófico es el que conquista el ser humano desde la reflexión racional sobre la totalidad de la experiencia de la humanidad.

Esta conquista se realiza a través de razones, porque conocemos aquello de lo que podemos dar razón. La filosofía es un saber racional. En religión hay, sin embargo, una dimensión del saber que no se basa en la razón, sino en la fe: “creo…”, porque, aunque no lo pueda entender con mi razón, confío en la palabra de quien me lo revela.

El saber de la filosofía es un saber de comprensión de la realidad hasta donde esta es inteligible al ser humano. La religión se postula a sí misma como un saber de lo real (quien afirma la existencia de Alá o la divinidad de Cristo dice algo sobre la realidad que cree verdadero), pero es también un saber de salvación: la religión aspira a la salvación del ser humano mediante su retorno a lo sagrado.

La religión da lugar a:

*Un dogma, el conjunto de creencias fundamentales que definen una opción religiosa.

*Un ritual, el repertorio ceremonial con el que el ser humano expresa su vínculo con lo sagrado.

*Una moral, fundada en la devoción que lo sagrado demanda de las personas.

Frente a ello, nada hay de dogmático en la filosofía, pues razonando, todo es discutible; no hay ritual, y las orientaciones morales que propone la filosofía nunca se remiten para su justificación al saber que nos ha sido revelado.

Establecidas las diferencias entre filosofía y religión, hay que decir que las relaciones entre ambas han sido uno de los puntos que mayor discrepancia han producido en la historia de la filosofía: desde los filósofos que ven en la religión una mentira y perversión moral de la que hay que liberarse definitivamente, hasta aquellos que ven la religión como el saber que culmina el anhelo oculto que alienta en la filosofía.

3. La filosofía no es literatura.

Son dos los tipos de diferencias que separan la literatura de la filosofía: de forma y de contenido.

*En cuanto a las diferencias formales, es obvio que la literatura trabaja con tramas y personajes en la novela y el teatro, y con imágenes y evocaciones en la poesía. Sin embargo, la filosofía aspira a ofrecer textos que presenten conceptos verdaderos y argumentaciones correctas (a veces, por cierto, con muy poca claridad, esa que Ortega y Gasset reconocía como cortesía exigible a los filósofos). Estas diferencias formales obedecen a preocupaciones fundamentales diferentes: la de la filosofía es primariamente gnoseológica, la verdad de cuanto se dice; la de la literatura, estética, la belleza de la palabra escrita.

*En cuanto a las diferencias de contenido, la filosofía tiende a integrar las experiencias individuales en teorías sistemáticas de la totalidad de lo real, en tanto que la literatura tiende a consagrar lo que lo individual tiene de único e irrepetible. Supongamos, por ejemplo, que poeta y filósofo se enfrentan a un mismo hecho de experiencia individual: la muerte.

-El poeta cantará lo que la muerte supone para él, la frustración de sus proyectos, la separación de los seres queridos, etc.

-El filósofo se preguntará qué función desempeña la muerte en la estructura de la realidad y en la vida humana, qué valor confiere la muerte a la vida de que disponemos.

Por tanto, podemos concluir que la filosofía no es religión, ni ciencia, ni literatura, pero filosofar exige tener presente lo que cada una de estas disciplinas nos desvela de lo real.

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