EL ESCÁNDALO DE LA FILOSOFÍA

Son varios los aspectos que han llevado a los detractores de la filosofía a hablar de escándalo filosófico apoyándose en algunas de las siguientes críticas:

a) La falta de acuerdo en la metodología, en los presupuestos y en las diversas teorías explicaría la variedad de corrientes filosóficas contradictorias.

Después de siglos de actividad filosófica, no parece haber progreso significativo, ya que, a menudo, el pensamiento de un autor no supone la superación del pensamiento de autores anteriores, sino que puede constituir un cambio de perspectiva radical o un rechazo total de las conclusiones a las que se había llegado. La filosofía, además, no parece llegar a resultados positivos como la ciencia. Las preguntas y los problemas que se plantean quedan abiertos y sin solución definitiva.

b) Su carácter residual. Aunque la filosofía empezó siendo una forma de de saber universal que abarcaba todos los ámbitos de conocimiento, con el tiempo, fueron desgajándose del gran tronco común las actuales ciencias específicas: la física, la psicología, la sociología, la lingüística…Para algunos pensadores, lo que todavía forma parte de la filosofía son futuras ciencias que aún no han logrado la madurez suficiente para independizarse.

c) La futilidad de sus problemas. Para algunos pensadores, los problemas filosóficos son sutiles pasatiempos carentes de importancia; es decir, complejas discusiones acerca de cuestiones que no tienen ninguna relevancia en la vida práctica o en el avance del conocimiento científico.

d) Su hermetismo. Por un lado, porque el empleo de una terminología muy especializada la convierte en una actividad reservada a los doctos y especialistas. Y, por otro, por el carácter insoluble de las cuestiones de las que se ocupa, ya que, a pesar del profundo interés que suponen para el ser humano cuestiones como la relación mente-cuerpo, la verdad, el más allá…,parece imposible darles una solución satisfactoria.

A pesar de este desacuerdo, hay algo común en los planteamientos filosóficos. Es lo que se ha llamado la actitud filosófica, que nace de la admiración y el asombro.

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.

Sir Francis Bacon (1561-1626) Filósofo y estadista británico.

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