LA LECHUZA

Hegel452La lechuza, símbolo de Minerva, diosa de la sabiduría, no comienza su tarea, su vuelo escrutador, más que cuando comienza a caer la noche. En este enigmático y lírico aforismo ha cifrado Hegel uno de los sentidos fundamentales de la filosofía, representada no por Minerva misma, que es sabiduría, sino por algo que pertenece a Minerva, que depende de Minerva, que tiene que ver con Minerva, pero no es la propia Minerva. Es algo, si se quiere, más sutil y etéreo incluso que Minerva: su lechuza, animal alado, animal del aire, de grandes ojos siempre abiertos, capaz de ver los más finos detalles en la noche, donde para el resto reina la oscuridad.

Pero más esencial y decisivo que su poder analítico, la capacidad de atención, de concentración y fijeza característicos de la lechuza, aunque también de otras rapaces diurnas y de la propia Minerva, es el hecho verdaderamente diferenciador de que su tarea se inicie con el crepúsculo vespertino, cuando comienza a anochecer, transcurrido el día, cuando las tareas están ya hechas: pues es esencial a la Filosofía su carácter ulterior, de postrimerías, que comienza a laborar cuando los demás han acabado con sus tares: donde acaba el científico comienza el filósofos de la ciencia, donde concluye el artista empieza a reflexionar el filósofo del arte, donde se detiene el físico, comienza a especular el metafísico. Donde hay un límite- la noche- , la Filosofía lo rompe, trasgrede, traspasa con ojos acostumbrados a ver en la oscuridad. Donde acaban los seres y, con ellos, todo objeto de estudio posible, el filósofo tematiza la nada. Se trata de la razón humana- la lechuza que sale de la cabeza de Minerva-, que nunca reposa buscando principios últimos, condicionantes absolutamente incondicionados, causas incausadas. Justo cuando una parte de la razón duerme, alza el vuelo esa sombra suya que nunca descansa. La Filosofía queda convertida con ello en una actividad de segundo grado, en una reflexión de segundo orden, en una metarreflexión, pero con afán y vocación sustantivos, propios de un soberbio “querer ir siempre más allá”.

En este sentido, aparece la Filosofía como algo secundario en la medida en que viene después, que presupone y necesita las demás ciencias. Sin embargo, éste sería un modo superficial de ver las cosas: la Filosofía viene después, pero para dar basamento, rematar, apuntalar lo que se ha hecho antes- de día-. Así, en el terreno de la moral, del comportamiento libre de los seres humanos en relación a los conceptos de “bueno” y “malo”, la reflexión filosófica, la Ética, busca establecer puntos de referencia comunes por debajo de la diversidad, es decir, definir lo que son el bien y la justicia- y sus opuestos.

La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. la ciencia no es nada más que un valor entre otros.

Autor: Edmund Husserl

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