ALBERT CAMUS

1. El existencialismo.

El existencialismo es una corriente filosófica muy heterogénea que ha seguido líneas de evolución diferentes y que ha tenido diversos representantes: existencialismo cristiano, existencialismo marxista, existencialismo ateo…Además, cada filósofo se caracteriza por su propio talante y por haber desarrollado de manera personal esta corriente. Dentro de este movimiento los representantes más significativos podemos decir que han sido Martin Heidegger y Sartre, pero no debemos olvidarnos de Jaspers. Además debemos mencionar especialmente al grupo de los existencialistas franceses como Gabriel Marcel, Simone de Beauvoir, M, Marleau- Ponty y  Albert Camus, quien, magistralmente supo transmitir en sus novelas la angustia y la absurdidad de la existencia.

1.1. La existencia sobre la esencia.

Cuando fabricamos o construimos cosas (mesa, libro..), antes diseñamos aquello que queremos hacer, reflexionamos sobre la función que le daremos y sobre las características que ha de tener dicho objeto. Después, teniendo en cuenta todo esto, construimos lo que nos hemos propuesto. En estos casos podemos decir que el concepto o la idea de lo que serán (mesa, libro…) es anterior (precede) a la existencia real del objeto. En términos filosóficos, podríamos decir que la esencia precede a la existencia.

Pero cuando hablamos de seres humanos el proceso es a la inversa según los existencialistas. El ser humano, en principio, es, existe y, después, ya veremos qué es. No existe un modelo de hombre anterior a los hombres concretos y del que seamos simples ejemplares. Cuando un ser humano llega al mundo, todavía no es nada, sólo alguna cosa que existe. La existencia es su única esencia; qué dirección seguirá, qué sentido y orientación dará a esta existencia (dedicación a la actividad médica, a la lucha política, vida disipada y delictiva…) es cosa de cada uno. Para estos pensadores, la existencia humana es pura posibilidad, un proyecto abierto que cada uno habrá de ir construyendo. Cada persona tiene la obligación y responsabilidad de elegir su propio modelo de hombre.

Así pues, son existencialistas todos aquellos filósofos que reivindican la prioridad de la existencia humana. Ahora bien, ¿qué se entiende por existir? Existir, en modo alguno, es sinónimo de ser: las piedras son pero no existen. Y es que la piedra, la hormiga o el jersey no tienen ninguna posibilidad de construirse en un proyecto, de determinarse su propia esencia. Únicamente aquellos seres, como el ser humano, que se definen y construyen a sí mismos tienen existencia. La existencia, pues, no es un estado, sino un acto, que consiste en el paso de una posibilidad a una realidad.EL_EXTRANJERO

1.2. El sujeto.

La esencia, que precede a las cosas naturales o fabricados, hace  que éstas sean simples ejemplares de una clase o especie. Para los existencialistas, esto no es aplicable a los seres humanos. Un ser humano no es un individuo más dentro de un posible grupo o especie, sino que es irrepetible y único. Ante una cosa desconocida preguntamos: “¿qué es esto?”, y la respuesta es una especie (un estetoscopio, una fruta tropical); ante un ser humano desconocido preguntamos: “¿quién es éste?”, y la respuesta no puede consistir en contestar que se trata de un ser humano; lo que nos interesa saber es aquello específico, conocer la singularidad de aquel sujeto concreto.

El existencialismo ha sido una filosofía de lo concreto que ha intentado captar y recoger la experiencia personal y exclusiva de cada individuo. Para los pensadores de tal tendencia filosófica, esta experiencia acostumbra a ser una vivencia angustiosa, ya que nace del descubrimiento del carácter absurdo de la existencia humana.

1.3. Elegimos.

Las cosas y los animales simplemente son. Y son de acuerdo a su esencia, según su naturaleza; el melocotonero da melocotones, la mesa es y sirve como mesa. El ser humano no tiene una esencia, una naturaleza. Por esta razón, es él mismo quien ha de definirse y construirse. Como ya hemos dicho, la existencia humana es posibilidad, y esto es sinónimo de libertad, libertad para llegar a ser cualquier cosa, para escoger nuestra vida. Dicho de otra manera, la existencia nos obliga a escoger, a decidir qué queremos ser.

Esta libertad de que goza el ser humano tiene dos caras. Es cierto que podemos ser lo que queramos, pero aquello que escojamos será responsabilidad exclusivamente nuestra. Ya no valen excusas, ni justificaciones…Pese a los condicionamientos, nos hemos hecho como hemos querido. En esta elección, no obstante, el hombre se enfrenta a un terrible inconveniente: está solo, no puede recurrir a normas, ni a preceptos… Esta falta de orientación y de razones propicia que la vida humana parezca absurda y carente de sentido, y eso produce angustia.

Albert_Camus

2. Albert Camus.

2.1. Vida.
Albert Camus (1913-1960) nació y se educó en Argelia. Marchó en 1940 a París, donde participó activamente en la Resistencia. En 1942 publicó su novela El extranjero y El mito de Sísifo. Después de la guerra siguió dedicándose a actividades políticas. La célebre novela La peste salió al público en 1947 y en 1951 El hombre rebelado, ensayo que llevó a Camus a un rompimiento con Sartre. La novela titulada La caída apareció en 1956. Al año siguiente recibía Camus el Premio Nobel de Literatura. Pero en 1960 pereció en un accidente de carretera.

2.2. Sus afirmaciones.
Es muy conocida la afirmación de Camus de que “no hay más que un problema verdaderamente importante: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de ser vivida es responder a la cuestión fundamental de la filosofía”. Ante esta declaración, quizá parezca propia de un excéntrico su opinión de la filosofía. Pero lo que Camus da por supuesto es que el hombre anda buscándoles al mundo, a la vida humana y a la historia un sentido en el que fundamentar sus ideales y valores. El hombre necesita asegurarse de si la realidad es un proceso teleológico inteligible que comprende un orden moral objetivo. Es decir, el hombre desea seguridad metafísica de que su vida forma parte de un proceso inteligible dirigido hacia una meta ideal, y de que al esforzarse por lograr sus ideales personales cuenta con el respaldo o con el apoyo del universo o de la realidad en todo su conjunto. Los grandes dirigentes religiosos y los creadores de sistemas metafísicos y de concepciones del mundo han procurado satisfacer esta necesidad. Pero sus interpretaciones del mundo no resisten la crítica: el mundo acaba revelándosele al hombre clarividente como falto en absoluto de  finalidad o de sentido. El mundo no es racional. De ahí el sentimiento del absurdo. Hablando con rigor, el mundo no es en sí absurdo: simplemente es.
“El absurdo surge de esta confrontación entre la llamada de auxilio del hombre y el irracional silencio del mundo (…) Lo irracional, la nostalgia humana y el absurdo que resulta de su confrontación, he aquí los tres personajes del drama (…).El sentimiento del absurdo puede originarse de diversos modos. Por ejemplo, al percibir la indiferencia de la naturaleza respecto a los valores e ideales del hombre, al reconocer que el final es la muerte, o al percatarse de pronto de lo indeciblemente tediosa que es la rutina del vivir. Hay quienes, reflexionando, llegan a darse cuenta del absurdo, pero entonces adoptan una actitud de escapismo, una actitud hacia el suicidio.
Sin embargo, Camus no recomienda el suicidio. En su opinión, suicidarse significa someterse al absurdo, capitular. El orgullo y la grandeza del ser humano no se muestran sometiéndose, ni tampoco mediante ese escapismo en  que incurren los filósofos existenciales, sino viviendo en la conciencia del absurdo y, no obstante, rebelándose contra él a base de comprometerse consigo mismo a vivir con la mayor plenitud o intensidad posible. Porque no hay patrones absolutos conforme a los cuales podamos dictaminar cómo ha de vivir cada hombre. Todo está permitido.
El hombre del absurdo puede adoptar varias formas. Una es la de Don Juan, que goza al máximo, mientras es capaz de gozarlas, cierto tipo de experiencias, aunque sabiendo que ninguna de ellas tiene significación última. Otra es la del que, reconociendo el sinsentido de la historia y la absoluta futilidad de la acción humana, se dedica empero, en su situación histórica, a una causa social o política. Otra forma es la del artista creador, que sabe de sobra que tanto él como sus creaciones están condenadas a la extinción y que, no obstante, consagra su vida a la producción artística. Y en La peste plantea Camus la cuestión de si es posible ser un santo ateo. El hombre del absurdo vive sin Dios. Pero de ello no se sigue, ni mucho menos, que no pueda dedicarse, autosacrificándose, al bienestar de sus semejantes. Y si lo hace así, sin ninguna esperanza de recompensa y consciente de que, a fin de cuentas, da lo mismo cómo actúe, demuestra la grandeza del hombre precisamente en este combinar el reconocimiento de lo fútil de sus acciones con el vivir sacrificándose y amando. Es posible ser un santo sin ilusión, sin autoengañarse.

En lo de que el mundo y la historia humana carecen de sentido (esto es, de una meta y una finalidad dadas con independencia del hombre) Camus está sustancialmente de acuerdo con Sartre, aunque éste no insista tanto como aquél en el tema del “absurdo”.
También estará de acuerdo con Nietzsche en la necesidad de alcanzar el nihilismo aunque no lo podemos considerar nietzscheano pues a Camus le preocupó profundamente la injusticia y la opresión en la sociedad humana. Camus nunca dejó de creer “que este mundo carece de sentido último”, insistió  cada vez más en la revuelta contra la injusticia, la opresión y la crueldad antes que en la rebeldía contra la condición humana en cuanto tal. Y llegó a convencerse de que el sentimiento del absurdo, tomado de por sí, puede ser utilizado para justificar cualquier cosa, incluso el asesinato. “Si no se cree en nada, si nada tiene sentido, si no podemos afirmar ningún valor, cualquier cosa puede permitirse y nada es importante( …) Se es libre para encender hornos crematorios o para dedicar la vida a cuidar leprosos”.
De hecho, la revuelta presupone la afirmación de unos valores. Caro que son creación del hombre. Pero esto no quita que, si me rebelo contra la opresión o la injusticia, afirmo los valores de la libertad y la justicia. En otras palabras, con Camus el absurdo cósmico tiende, por así decirlo, a retirarse hacia el fondo, y pasa al primer plano un idealismo moral que no propugna la formación de una élite, de una aristocracia de hombres superiores a expensas del rebaño, sino que insiste en que ha de haber para todos libertad y justicia, una libertad y una justicia autentica y no esclavitud u opresión que se enmascaren con tan prestigiosos nombres.
Camus no fue un admirador de la sociedad burguesa. Pero llegó a comprender muy bien que la rebeldía contra el orden establecido puede degenerar en imposición de esclavitud. “El terrible evento del siglo XX fue el abandono de los valores de la libertad por el movimiento revolucionario, la gradual retirada del socialismo basado en la libertad ante los ataques de un socialismo cesarista y militarista”. El hombre no puede representar el papel de espectador de todo el conjunto de la historia, y ninguna compresa histórica puede ser más que un riesgo o una aventura a la que quepa atribuir algún grado de justificación racional. Por consiguiente no es legítimo aducir ninguna empresa histórica para justificar “el exceso de una posición tiránica y absolutista”. Así no se justifica el matar y oprimir en nombre del movimiento de la historia o de un paraíso terrenal que haya de alcanzarse en un impreciso futuro. Si el nihilismo absoluto puede servir para justificar cualquier cosa, también sirve para ello el racionalismo absoluto, en el que Dios es sustitutito por la historia. Tocante a sus consecuencias, “en nada difieren las dos actitudes. Desde el momento en que se las acepta, la tierra se transforma en un desierto”. Dejémonos de absolutos y volvamos a la moderación y a las limitaciones. “La libertad absoluta es el derecho del más fuerte a imponer su dominio”, con lo cual se prolonga la injusticia. “la justicia absoluta se logra suprimiendo toda contradicción: así pues, destruye la libertad. Es en nombre de los seres humanos vivientes y no en el de la historia ni en el de una edad futura en el que se nos llama a rebelarnos contra la opresión y la injusticia actuales, dondequiera se hallen. “La auténtica generosidad de cara al futuro consiste en dar todo al presente”.

Camus-elmalentendidoLa publicación de El hombre rebelado fue la causa de la ruptura entre Camus y Sartre. Sartre se había aproximado al comunismo y Camus pensaba que el marxismo con su secularización del cristianismo y su sustitución de Dios por el movimiento de la historia, llevaba directamente a la muerte de la libertad y a los horrores del estalinismo. En cuanto a la democracia burguesa su mal está para Camus en que los principios no han sido aplicados porque en nombre de la libertad se ha caído en la injusticia social. Pero lo cierto es que Camus critica los movimientos pero no ofrece una alternativa detallada porque su filosofía de la revuelta apunta principalmente a los valores morales y al desarrollo de la responsabilidad moral e insiste en que, si bien rebelde deberá actuar cuando crea tener razón para hacerlo, deberá también actuar admitiendo que pudiera equivocarse. Mientras que el comunista no quiere ni oír hablar de que él pueda equivocarse, Camus nos habla de una sociedad abierta, en la que la pasión por la rebeldía y el espíritu de moderación se contrarresten en constante tensión equilibradora.

Más ello no supone que Camus sea un optimista que confíe de un modo ilimitado en el hombre con sólo que se puedan echar abajo las instituciones injustas, porque tiene claro que la raíz del mal está en el hombre.

Camus nunca  se sintió atraído por el cristianismo pero tampoco podemos decir que fuese un anticristiano al estilo usual. Como no se dedicó a la filosofía de forma profesional nunca reflexionó lo suficiente sobre estos temas. Pero estaba convencido de que el hombre no puede vivir sin valores. So prefiere vivir, afirma ya con ello un valor a saber, que la vida es buena o digna de vivirse, o que debería hacerse  que lo fuera. El hombre, en cuanto tal, puede rebelarse contra la explotación, la opresión, la injusticia y la violencia, y por el mismo hecho de rebelarse afirma los valores en cuyo nombre se rebela. Una filosofía de la rebeldía o de la revuelta tiene, por tanto, una base moral; y si esta base se niega, ya sea explícitamente ya a título de alguna abstracción como el movimiento de la historia o por una política expeditiva, lo que empezó como rebeldía, como expresión de libertad, degenera en tiranía y en supresión de la libertad.
Por todo ello podemos concluir que Camus contrajo un compromiso moral, no político

La Filosofía se ocupa de dos clases de temas: las cuestiones resolubles que son triviales, y las que no tienen solución.

Autor: Stefan Kanfer

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